6 de febrero de 2008

La Comisión Europea y la “prohibición” de las jaulas en batería


El 18 de enero de 2008, la Comisión Europea rechazó los pedidos de aplazamiento de su Directiva que requiere la “prohibición” de la jaula en batería convencional, proyectada para entrar en vigencia en el 2012 (después de haber sido anunciada en principio para 1999). De acuerdo a la Directiva, los productores tendrán la opción de pasarse a la cría “a campo libre”, en “granero” (conocida como “sin jaula” en EE.UU.) o de usar jaulas “acondicionadas” donde la densidad del almacenamiento es más baja y que deben tener un nido, litera, perchas y una tabla donde limar las garras.

Y los bienestaristas están, como ustedes podrán imaginar, tan entusiasmados como les es posible, aunque algunos al menos tuvieron el buen talante de revelar un pequeño indicio del escepticismo que está garantizado.

La Royal Society for the Prevention of Cruyelty to Animals es una organización bienestarista. De hecho, la RSPCA apoya la Freedom Food Label, un artificio que engaña a los consumidores haciéndoles creer que están comprando carne y productos animales “felices.” Aunque la RSPCA elogió la decisión de la Comisión de no posponer la prohibición, al menos señaló:

Si por un lado la RSPCA considera a las jaulas “acondicionadas” como un pequeño avance en comparación con las jaulas en batería convencionales, por otro lado aquéllas aún no proporcionan adecuadamente ni siquiera algunas de las necesidades de bienestar más básicas de las aves. Esto incluye falta de espacio para desplegar sus alas apropiadamente o comodidades suficientes para darse un baño de barro satisfactorio, llevándolas a la frustración y el estrés.

La RSPCA está a favor de los sistemas de “campo-libre” y “sin-jaula”, los cuales, por supuesto, no pueden ser descriptos como “humanitarios” sin una grotesca distorsión de la palabra. Un repaso de la información sobre estos sistemas provista por Peaceful Prairie Sanctuary, incluyendo su impresionante video sobre la producción de huevos a “campo libre” (free range), debería dar un descanso a cualquiera que promocione estas formas alternativas de tortura. Pero ni siquiera la RSPCA aprueba las jaulas “acondicionadas” que son una de las opciones otorgadas por la “prohibición” de la Unión Europea.

Otra organización bienestarista británica, Compassion in World Farming, elogió la “prohibición” de la UE en su comunicado de prensa como “un gran éxito.” Pero la CIWF previamente había publicado un extenso documento en el que condenaba el sistema de jaula “acondicionada” que se permite bajo la “prohibición.” Sin embargo, no había ninguna mención de las jaulas en batería “acondicionadas” en el comunicado de prensa de la CIWF elogiando la “prohibición.”

Y de todas maneras, aún se permite importar huevos producidos en jaulas en batería convencionales desde los países no pertenecientes a la Unión Europea que las usan.

¿Qué dicen los bienestaristas en EE.UU. acerca de la “prohibición”?

Aunque People for the Ethical Treatment of Animals (PeTA) manifiesta correctamente que “la mejor cosa que puede usted hacer es hacerse vegetariano y dejar de comer huevos,” PETA describe la decisión de la Unión Europea como una “victoria para las gallinas” y declara que “la prohibición de las jaulas en batería para el 2012 es un paso increíble para las gallinas ponedoras.” No se menciona que la “prohibición” no prohibe las jaulas en batería “acondicionadas”, las cuales están condenadas incluso por los grupos bienestaristas conservadores.

Pero por otro lado, en la edición de Invierno de 2007 de su revista, Animal Times, PETA declaró que su “estrategia corporativa” está ayudando a los animales, dando como un ejemplo que Safeway, una cadena de supermercados, “ha concordado en defender la matanza bajo atmósfera controlada” (CAK)- que pone a los pollos y a los pavos ‘a dormir’ rápidamente y sin dolor –con sus proveedores de aves de corral.” (p.3)

Y The Humane Society of the United States (HSUS), que elevó el elogio de la insignificante reforma bienestarista a una forma de arte, tiene esto para decir:

"La Humane Society of the United States aplaude esta memorable decisión de hoy de la Comisión Europea de prohibir las ineficaces jaulas en batería comforme había programado. La sumamente significativa mudanza para el bienestar animal muestra al lobby de la in dustria de cría intensiva que la opinión del público importa."  

"La Comisión Europea rechazó las demandas de los grupos lobistas de la industria para posponer la prohibición y, en vez de eso, respondió a los deseos de los ciudadanos de la Unión Europea. Algunos países miembros de la UE y algunos funcionarios de la industria del huevo lucharon por el aplazamiento de la prohibición. Adoptada en 1999, la Directiva de la Unión Europea para las Gallinas Ponedoras prohibe el uso de las jaulas en batería convencionales a partir del 1° de enero de 2012." 

“El confinamiento de las gallinas ponedoras en jaulas en batería está entre las prácticas más crueles e inhumanas en el mundo de la cría industrializada. Es alentador ver que la Comisión Europea rechaza los pedidos de aplazamiento de la prohibición del 2012. Felicitaciones a los ciudadanos europeos y a los grupos de defensa animal que han apoyado esta prohibición para el 2012,” dijo Wayne Pacelle, el Presidente y Director ejecutivo de la Sociedad Humana de EE.UU. (The Humane Society of the United Status: HSUS)"

Aunque la HSUS sí menciona que las jaulas “acondicionadas” pueden todavía ser usadas, inexplicablemente declara que la Directiva “es un avance importante hacia la prohibición total de las jaulas para las gallinas ponedoras.”

La “prohibición” es una farsa. Tales regulaciones no hacen más que lograr que el público se sienta mejor acerca de la explotación de los no humanos. Esto no es más que otro intento de hacer que el público crea que las regulaciones bienestaristas resultan en mejoras significativas e importantes en el tratamiento de los animales explotados como comida.

Y esta misma lamentable broma no incumbe sólo a los animales; tiene que ver también con los consumidores de productos animales. La Comisión Europea cita estudios que indican que el costo incremental para los productores de las jaulas “acondicionadas” será de menos de un centavo de euro. Los productores no tienen más que hacer este sutil incremento cargando una suma para los huevos que son rotulados como “amigos-del- bienestar”

Los defensores de los animales comenzaron esta campaña en los 90’ y consiguieron que la UE emitiera una Directiva en 1999. La “prohibición” no entrará en vigencia hasta el 2012, y permitirá a los productores usar los sistemas de producción que ni siquiera los grupos bienestaristas conservadores de Europa aprueban. Y los sistemas de “campo libre” y de “granero” o “libre de jaula” son igualmente horribles. La “prohibición” puede ser evitada por completo importando huevos desde fuera de la UE que son producidos en los sistemas de jaulas en batería convencionales. Finalmente, aunque la UE rechazó las demandas de posponer la “prohibición”, está por verse si los estados poderosos de la UE, tales como Francia, España y Polonia, proseguirán oponiéndose a la prohibición, haciéndose necesario que los bienestaristas continúen gastando tiempo, dinero y otros recursos en esta campaña insignificante.

Si alguien piensa que esta campaña representó un buen uso de los recursos del movimiento, entonces estoy en desacuerdo. Es claro para mí que el tiempo, dinero, y trabajo deberían ser mejor invertidos en una clara e inequívoca campaña vegana, en vez de confundir el público al llevarlo a pensar que los huevos “amigos-del-bienestar” son algo más que unicornios.



28 de enero de 2008

Entrevista de DefensAnimal.org al Profesor Gary L. Francione


Enero 2008

¿Está de acuerdo con la afirmación generalizada de que en los últimos 15 años se han producido mejoras significativas en cuanto al respeto a los intereses de los animales no humanos?

Gary L. Francione: No, no estoy de acuerdo. Esa “afirmación generalizada” a la que os referís es la opinión de grandes organizaciones bienestaristas, las cuales tienen un interés muy especial en fomentar la impresión de que ha habido un progreso en ese sentido. La realidad, sin embargo, es que las cosas no han mejorado de forma significativa alguna y, en ciertos casos, han ido realmente a peor.

¿Cómo valora el hecho de que se estén promoviendo reformas legales que regulen los métodos de explotación, con la intención de ayudar a algunos animales no humanos?

GLF: No es nada nuevo, los bienestaristas llevan más de 200 años proponiendo reformas legales. Esas reformas no han conseguido mucho. De hecho, ahora usamos más animales y de más horrorosas formas que nunca antes en la historia humana. La única diferencia es que hay una nueva generación de activistas que no conocen la historia del movimiento y los grandes grupos bienestaristas son felices manteniendo a esos activistas en un estado de ignorancia.

Los grupos bienestaristas ahora afirman querer la abolición como un objetivo a largo plazo, pero promueven reformas bienestaristas convencionales —yo llamo a estas personas «neobienestaristas». A menudo utilizan el lenguaje de los derechos y de la abolición, pero se dedican al mismo tipo de reformas a las que se dedicaban los bienestaristas en los años cincuenta en Estados Unidos.

¿Son compatibles las reformas legales con el movimiento abolicionista?

GLF: Como regla general, no. De hecho, estas reformas no son coherentes con el movimiento abolicionista. En su mayor parte, estas reformas sólo consiguen que la explotación animal sea más eficiente económicamente y más aceptada socialmente. Por consiguiente, las reformas consolidan el estatus de propiedad de los animales y eso es la antítesis de la posición abolicionista. Por ejemplo, muchos grupos bienestaristas en los Estados Unidos, PeTA incluido, proponen que el gaseado de pollos reemplace al método del electroshock. Y alegan que el gaseado conseguirá carne de mejor calidad, menos accidentes laborales, menor gasto económico para la empresa. Ese tipo de reforma no acerca a la abolición; incrementa el beneficio del productor y hace que el público sienta que está actuando de una manera más justa.

A nivel mundial, ¿podemos hablar de que existe un fuerte movimiento por el abolicionismo, o por el contrario cree que mayoritariamente hay un movimiento que sólo busca el bienestar animal, sin pedir que los demás animales dejen de ser propiedades humanas?

GLF: Creo que está empezando a emerger un movimiento abolicionista. Hasta hace muy poco, las grandes corporaciones bienestaristas controlaban la comunicación y suprimían totalmente el movimiento abolicionista. Ahora Internet ha hecho posible que los defensores puedan comunicarse y formar comunidades fuera de las estructuras impuestas por los grandes grupos. Por ejemplo, grupos como Defensanimal.org ahora son capaces de esquivar a los grandes grupos y dedicarse a importantes proyectos educacionales utilizando Internet.

Mi compañera, Anna Charlton, y yo tenemos un sitio web, [www.AbolitionistApproach.com], el cual contiene presentaciones sobre derecho animal, abolición contra regulación, animales como propiedad, y abogacía animal. Estas presentaciones están en inglés y francés, pronto estarán disponibles en español, alemán y portugués. También tengo un blog en el mismo sitio web. Recibimos miles de visitas, y pronto empezaremos también un podcast. Todo esto hubiera sido imposible hace unos pocos años.

Como he dicho antes, los grandes grupos a veces utilizan el lenguaje de los derechos y de la abolición, pero generalmente solo promueven reformas de bienestar. No tratan el problema de la propiedad.

¿Cuál cree que es la estrategia que debería seguir una asociación que luche por los intereses de los animales nohumanos?

GLF: En este momento, lo único que deberíamos hacer es dedicarnos a una educación vegana creativa y no-violenta. Mientras la mayoría de personas siga comiendo carne y productos animales, nunca habrá un progreso real. Debemos hacer del veganismo la piedra angular del movimiento. También deberíamos educar al público sobre la relación entre el especismo y otras formas de discriminación como el racismo, el sexismo y el heterosexismo.

¿Cree usted que el lenguaje especista es uno de los grandes elementos que mantienen y fomentan la discriminación hacia los demás animales?

GLF: Sí, por supuesto, pero debemos entender que aunque el lenguaje especista refuerza actitudes especistas, ese lenguaje está reflejando un pensamiento especista, el cual no va a desaparecer como consecuencia de cambios en el lenguaje. En los Estados Unidos la gente ya no utiliza calificativos racistas como en los años cuarenta o cincuenta, pero éste aún es un país muy racista. Tenemos que cambiar el pensamiento. Aún pensamos como racistas aunque nuestro lenguaje haya cambiado. Deberíamos procurar no utilizar lenguaje especista, pero no engañarnos pensando que ello tendrá efectos mágicos. El lenguaje especista simplemente refleja el pensamiento especista, el cual no desaparece porque desarrollemos formas de hablar políticamente correctas.

Para erradicar el especismo, ¿cree prioritario conseguir una educación infantil que no discrimine a los demás animales, o ve otras áreas como más importantes?

GLF: Educar a los niños es crucial. El problema es que la mayoría de padres son especistas y se oponen a que sus hijos sean educados sobre el veganismo y la discriminación de especies. Creo que deberíamos centrarnos en el público en general, haciendo énfasis en los estudiantes de secundaria y universitarios.

¿Cree usted que todo animal que dispone de sistema nervioso, y por lo tanto de la capacidad de sentir, debería dejar de ser considerado como una propiedad humana? ¿Por qué?

GLF: Mi teoría descansa únicamente en la capacidad de sentir. Si un ser tiene capacidad de sentir, es decir, tiene percepción consciente, entonces no deberíamos tratar a ese ser como un recurso nuestro. La razón de ello es que mientras los seres con capacidad de sentir sean tratados como propiedad, sus intereses serán ignorados y, en la práctica, serán tratados como “cosas” que existen fuera de la comunidad moral. Dado que la mayoría de nosotros ya aceptamos que los animales tienen una relevancia moral, estamos obligados a no tratarlos como propiedades. Es un tema complicado, y es examinado extensamente en mi libro Introducción a los Derechos Animales y en mi próximo libro, Animals as Persons: Essays on the Abolition of Animal Exploitation.

No sé si los insectos tienen capacidad de sentir; yo me inclino por no matarlos. Evito pisarlos cuando me los encuentro en casa, bien les dejo que se queden o, en el caso de arañas grandes, avispas, etc., los atrapo y los saco fuera.

¿Qué derechos legales cree que deberían ser reivindicados para los animales no humanos? ¿Sería suficiente para defender los intereses de los demás animales el que dejaran de ser considerados como propiedades humanas, o también debería ser tenido en cuenta que sea respetado todo aquello que ellos construyan o produzcan?

GLF: Yo sostengo que deberíamos parar totalmente de traer animales domésticos a este mundo. Deberíamos cuidar de aquellos que ya existen, pero no deberíamos hacer o facilitar que nazcan más. Esto incluye perros, gatos y otros compañeros no humanos. En lo que respecta a animales salvajes, deberíamos dejarles vivir en paz y no interferir en su mundo. No deberíamos entrometernos en sus hábitats.

¿Cómo fue su experiencia personal en el paso de ser especista a dejar de serlo? ¿Qué hecho, lectura, vivencia… le llevó a defender las tesis abolicionistas?

GLF: Me hice vegetariano en 1978, todavía comía huevos y lácteos. Por lo que recuerdo, creo que ni siquiera sabía lo que era un vegano por aquel entonces. En 1982 Ingrid Newkirk, a la cual había conocido cuando vivíamos en Washington, D.C. y la cual acababa de fundar PeTA junto a Alex Pacheco, me dio una copia de un libro llamado Fettered Kingdoms, escrito por un británico llamado John Bryant. Anna y yo leímos aquel libro, el cual defendía que no deberíamos comer ningún producto animal, nos hicimos veganos inmediatamente y nunca más comimos de forma voluntaria un producto de origen animal. Desgraciadamente, conocí a John Bryant en Londres a finales de los noventa. Me dijo que ya no era vegano. Me quedé muy decepcionado.

A principio de los noventa, tenía muy claro que las reformas bienestaristas nunca llevarían a la abolición y fue entonces cuando comencé a desarrollar el argumento que me llevó a escribir “Animals, Property, and the Law” en 1995, el cual sostenía que los estándares de bienestar animal nunca proveerían una protección significativa a los intereses de los animales mientras éstos fueran mercancías, y Lluvia Sin Truenos: La Ideología en el Movimiento Animalista, en 1996, el cual sostenía que las reformas bienestaristas no llevan hacia la abolición y que necesitamos adoptar una agenda abolicionista.

¿Qué cree que hace falta para que la mayoría de los humanos sean veganos y no especistas? ¿Cuál cree que sería la mejor manera de actuar para conseguir que los humanos actúen de un modo ético hacia los demás animales?

GLF: Creo que a la mayoría de gente le importan los animales de alguna forma. El reto es hacerles ver que sus acciones son incoherentes con su creencia de que realmente tenemos obligaciones morales con los animales.

Tenemos que mejorar nuestro trabajo al educar a la gente sobre la no-violencia hacia los animales, y a otros humanos. La violencia comienza con lo que comemos, y tenemos que hacerle ver a la gente que ésta es una cosa sobre la cual sí tienen control. Pueden eliminar la violencia de sus vidas con una sencilla decisión: hacerse vegano.



23 de enero de 2008

Preguntas tontas y una falta de equilibrio



Entre los muchos anuncios que recibo acerca de los varios eventos y conferencias que se centran en la cuestión animal, había uno que divulgaba una conferencia patrocinada por el grupo bienestarista United Poultry Concerns. El título de la conferencia es: “Libres de jaulas, amigos de los animales, Hágase Vegano — ¿Cuál es el problema?”

De acuerdo al anuncio, la conferencia va a preguntar:
«¿El trabajo de los activistas debe reducir el sufrimiento de billones de pollos y otros animales que nunca vivirán para ver un mundo vegano, o tales esfuerzos son contraproducentes —una traición moral a los animales?»
Esta pregunta asume que las reformas del bienestar animal significativamente reducen el sufrimiento de los animales, y que nos llevarán incrementalmente hacia un mundo vegano. Pero no hay nada que apoye esta suposición.

Tal como argumenté en mi ensayo, “Los cuatro problemas del bienestar animal”, las reformas bienestaristas no ofrecen una protección significativa a los animales; las medidas bienestaristas hacen que el público se sienta mejor en cuanto a la explotación animal, y eso fomenta la continuación del uso de animales; el bienestar animal no hace nada para erradicar la condición de propiedad de los animales, y el tiempo y el dinero gastados en las reformas bienestaristas significan menos tiempo y dinero invertido en promover el veganismo. No hay evidencia empírica de que la reforma bienestarista conduzca incrementalmente a la abolición del uso de los animales, o ni siquiera que reduzca significativamente el uso de los animales. La ética del bienestar animal ha sido el paradigma moral dominante, y hemos tenido leyes de bienestar animal por más de 200 años. Y ahora estamos usando más animales, de maneras aún más horribles que en ningún otro momento de la historia humana.

Esta pregunta también asume que los abolicionistas, los cuales se oponen a las reformas bienestaristas, no tienen un programa para reducir el sufrimiento animal, en cuanto a que nos dirigimos incrementalmente rumbo a la abolición. Esa suposición también está errada.

El enfoque abolicionista es ir al frente, a todo vapor, con la promoción explícita y sin reservas del veganismo como la única base aceptable del movimiento por los derechos animales. Cuantas más personas adopten el veganismo, menos será la demanda de productos animales; cuantos menos animales se produzcan para consumo humano, menos sufrimiento animal. Y a diferencia del enfoque bienestarista, que refuerza la condición de propiedad de los animales y hace que el público se sienta bien acerca del uso de animales, el enfoque vegano deja en claro que nosotros no tenemos ninguna justificación moral para explotar a los animales no humanos —por más “humanitario” que sea el trato. El enfoque abolicionista procura cambiar el paradigma; el enfoque bienestarista permanece empapado y enredado en el statu quo.

El anuncio para esta conferencia bienestarista también pregunta:
«¿Y qué pasa con términos como “carne humanitaria”, “sin crueldad”, “estándares compasivos,” y “victoria”? — ¿"Qué mensaje dan estos términos al público?»
Esta pregunta se refiere al hecho de que, en los EE.UU y en Gran Bretaña, los bienestaristas están promoviendo etiquetas para asegurar al público que los cadáveres, y otros productos de origen animal que están adquiriendo, fueron producidos en condiciones “humanitarias”. Esto es, los bienestaristas se han unido con la industria de explotación animal para formar una asociación en la que los bienestaristas colocan su “sello de aprobación” en carnes, lácteos y huevos.

Por ejemplo, en Gran Bretaña, está la etiqueta Freedom Food; en EE.UU. está la etiqueta Certified Humane Raised and Handled y la Animal Compassionate promovida por Whole Foods Market.

Tal estrategia puede solamente conducir hacia una dirección –hacer la explotación animal más aceptable.

¿Y quiénes son los expositores en la conferencia de United Poultry que ofrecerán una “discusión” acerca de la cuestión del etiquetado y de la utilidad o no de la reforma bienestarista?

Vamos a dar un vistazo a la lista de expositores:
— Karen Davis de United Poultry Concerns, que “promueve el tratamiento compasivo y respetuoso de las aves domésticas” y apoya la legislación del bienestar animal, los huevos de aves “libres de jaulas” y “jaulas más grandes” para las ponedores de jaulas en batería;
— Harold Brown, antes de Farm Sanctuary, Bruce Friedrich de People for the Ethical Treatment of Animals, y Christine Morrissey, todos patrocinadores de los estándares compasivos para los animales, el Animal Compassionate Standard, de Whole Foods. 
— Paul Shapiro, de la Humane Society of the United States, co-patrocinante de la etiqueta Certified Humane Raised and Handled, apoya la Animal Compassionate Standard, y promueve incansablemente los huevos de ponedoras “libres de jaula” y otras formas de bienestar animal, 
— Roberta Schiff , de Mid-Hudson Vegetarian Society, que promueve la inefectiva reforma de bienestar animal, tal como la “prohibición” de foie grass que fue propuesta en Nueva York, y del trabajo de Michael Pollan, uno de los principales arquitectos del movimiento por la carne “feliz”; y 
— Patty Mark, de Animal Liberation Victoria, de Australia, quien se opone a las reformas bienestaristas y considera inaceptables esos esfuerzos para etiquetar como “humanitaria” la muerte y la miseria.
Seis a favor, uno en contra. ¡Esto sí que es equilibrio!

Nosotros podemos, sin embargo, responder a la pregunta: “¿Cuál es el problema?”

El problema es la suposición de que la reforma del bienestar animal funciona.

El problema es la suposición de que el enfoque abolicionista no tiene un programa eficaz de reducción incremental del sufrimiento animal, que reducirá la demanda por los productos de origen animal.

El problema es decirle al público que van a tener una “discusión” acerca de estos temas cuando, de hecho, lo que van a hacer es presentar una propaganda bienestarista que, tal como el anuncio de la conferencia deja en claro, va a falsear y tergiversar el enfoque abolicionista.

P.S. Después de que este ensayo fue publicado, recibí un mensaje de Harold Brown. Él expresó, en parte: “Es verdad que trabajé para Farm Sanctuary, pero renuncié hace algunos meses, porque estaba en un callejón sin salida, al ser una voz por los derechos.” Él también dijo que ahora está siendo “rotulado de abolicionista fundamentalista, al mismo tiempo en que ellos dicen que mis puntos de vista son iguales a los tuyos” y que “soy un abolicionista y no voy a retroceder ante la retórica orwelliana y la hipérbole que esas organizaciones de alcance nacional están propagando…”

Así que, quizás, Patty Mark no va a estar sola en esa celebración del bienestarismo.


5 de diciembre de 2007

Feminismo posmoderno y bienestar animal: un par perfecto




Recientemente tuvo lugar un debate, en los excelentes y siempre animados Vegan Freak Forums, entre quienes pueden caracterizarse, de manera general, como “feministas posmodernas” y “feministas radicales.” Las feministas posmodernas reconocen que la elección de una mujer de cosificarse sexualmente a sí misma, puede representar un acto facultativo y no puede estimarse de ninguna manera definitivamente negativa. Esas feministas con frecuencia son pro-pornografía, o al menos no son anti-pornografía. Las feministas radicales están más inclinadas a rechazar la cosificación de la mujer como inherentemente problemática. Están en general contra la pornografía y se oponen particularmente al tipo de pornografía en que las mujeres aparecen recibiendo un tratamiento violento o abusivo. Ellas juzgan que la mayoría de los estereotipos de género son perjudiciales tanto para las mujeres como para los hombres, y procuran minar estos estereotipos. Las feministas postmodernas con frecuencia argumentan que los estereotipos “femeninos” pueden ayudar al empoderamiento de las mujeres.

Este debate tiene algunos interesantes e importantes paralelos con el debate abolición vs. bienestar. De hecho, el feminismo posmoderno y el bienestar animal son la misma teoría, aplicada en contextos diferentes.

I. Cosificación “feliz”: La posición del feminismo posmoderno tiene el efecto de que las personas se sientan más cómodas acerca de la explotación de las mujeres. Si una mujer decide convertirse en una trabajadora sexual, esto es considerado como una elección facultativa que las feministas deben apoyar. El feminismo posmoderno se rehúsa a hacer cualquier tipo de juzgamiento normativo negativo al respecto de estas instituciones explotadoras, o de cómo las mismas afectan a las mujeres de las clases más desfavorecidas, que no tienen los privilegios de las feministas posmodernas, las cuales son, en su mayoría, mujeres blancas de clase media, que recibieron una buena educación.

Debido al sello de aprobación que las feministas posmodernas le colocan a la auto-cosificación, es fácil entender la reacción de los hombres cuando se presenta el tema de la pornografía o de otras formas de explotación: “¿Qué hay de malo con eso? Las feministas les dan el visto bueno.” La semana pasada, una feminista posmoderna me dijo, en el Vegan Freak Forum que yo soy un anti-feminista, por mi “expresión de desdén” por los clubes de strip tease. Cualquiera que estuviera leyendo ese intercambio de mensajes, y que estuviese pensando en la posibilidad de ir a un lugar de esos, recibió la aprobación de alguien que se llama a sí misma una “feminista” —una que alega ser alumna de post-grado en nada menos que un programa de Estudios de las Mujeres. De hecho, el mensaje fue claro: Frecuentar un club de strip tease es un modo de mostrar que respetan la decisión que hace una mujer de involucrarse en ese tipo de actividad. No solamente está bien ir a un club de strip tease; es una cosa feminista para hacer. Notable.

Quiero enfatizar que nadie está intentando criticar o juzgar a los individuos que toman esas decisiones de cosificarse a sí mismos. El asunto es solamente si aquéllos que se oponen al sexismo deberían oponerse a esas instituciones explotadoras. Las feministas posmodernas dicen que no deberíamos; las feministas radicales afirman que sí.

No sorprende que PeTA adopte el abordaje posmoderno del feminismo e incentive a las mujeres a realizar acciones explotadoras “por los animales.” Hemos tenido décadas de hazañas sexistas por parte de PeTA, desde “Prefiero andar desnuda que [llene el espacio con cualquier cosa) hasta un “State of the Union Undress” con un desnudo frontal completo. PeTA siempre puede contar con las feministas posmodernas para participar con entusiasmo de sus actividades, toda vez que las feministas radicales señalen que un movimiento que se opone a la cosificación de los no humanos debería también oponerse a usar a los animales humanos como objetos.

Y podemos ver que el mismo modo de pensar que está por detrás del abordaje posmoderno es directamente reflejado en el contexto animal con resultados devastadores. Tenemos a Peter Singer, PeTA, HSUS y virtualmente todos los principales grupos bienestaristas, muchos de los cuales alegan representar la posición de los “derechos animales”, argumentando que la explotación animal puede ser moralmente defendible, si tratamos a los animales explotados de manera “humanitaria”. Podemos ser “omnívoros conscientes” y permitirnos el “lujo” de consumir productos animales siempre y cuando comamos animales faenados en mataderos aprobados por Temple Grandin, ganadora del premio PeTA , o vendidos en Whole Foods, el mercado que, según PeTA tiene estándares estrictos de bienestar animal, o mientras que comamos huevos producidos en galpones “libres de jaulas”,

Debido al sello de aprobación de Singer, PeTA, etc., es fácil entender porqué, cuando estamos tratando de promover el veganismo, con frecuencia nos encontramos con la respuesta: “¿Qué hay de malo en comer carne (huevos, queso,etc.)? Las personas que están por los derechos animales dicen que es correcto”. PeTA dice que McDonald’s es un “precursor” en materia de reformas de bienestar animal de los animales usados por las cadenas de fast-food, y el ícono Jane Goodall es una de las celebridades que apoyan los lácteos de Stonyfield. El movimiento por el bienestar animal hace que la gente se sienta mejor en cuanto a participar en la explotación animal, así como las feministas posmodernas hacen que las personas se sientan mejor en cuanto a participar en la explotación de las mujeres. Ustedes pueden ser “feministas” mientras disfrutan del contacto con una bailarina desnuda en un club de streap tease, ustedes pueden ser personas “por los derechos animales” mientras comen sus huevos “libres de jaulas” o carne aprobada por las organizaciones de protección animal.

En suma, las feministas posmodernas han creado una rama de cosificación “feliz” para las mujeres, de la misma manera que los bienestaristas han creado el fenómeno de la carne y productos animales “felices”. Las feministas posmodernas con frecuencia ignoran, por conveniencia, el hecho de que las mujeres involucradas en la industria del sexo son violadas, golpeadas, y adictas a las drogas, de la misma manera que los bienestaristas ignoran, por conveniencia, que los productos animales –incluyendo aquéllos que son producidos bajo las circunstancias más “humanitarias”– implican un sufrimiento horrible para los animales. Y ambos grupos ignoran que la cosificación de mujeres y animales, independientemente de la forma en que son tratados, es inherentemente objetable.

Tanto la posición de las feministas posmodernas como la posición neobienestarista están enraizadas en la ideología del statu quo. Ambas refuerzan la posición actual de los animales como propiedad, y de las mujeres como cosas cuya condición de persona está reducida a cualquier parte, o imagen de parte de su cuerpo, que convertimos en fetiches. Ambas son posiciones que apenas ponen rostros sonrientes en lo que es, en esencia, un mensaje muy reaccionario.

Debo hacer notar otra relación directa entre por lo menos ciertas feministas y los bienestaristas. Algunas veces, esas feministas alegaron que rechazaban los derechos de los animales porque, según ellas, los derechos son una cosa “patriarcal”, y que para valorar nuestras obligaciones con los no humanos deberíamos usar, en vez de los derechos, una “ética del cuidado”. O sea, esas feministas niegan la existencia de reglas universales que nos prohibirían usar animales en todas las circunstancias; en vez de eso, la moralidad del uso de los animales, según ellas, estarían determinada por las particularidades de una situación, para ver si son tenidos en cuenta ciertos valores ligados al cuidado. Es interesante notar que ninguna feminista de que yo tenga noticia, sustenta que la moralidad de la violación depende de una ética del cuidado; todas las feministas afirman justamente que la violación nunca es justificable. Pero eso no es diferente a decir que las mujeres tienen el derecho a no ser violadas. Así que esas feministas están a favor del tipo de protección que ofrecen los derechos, cuando se trata de animales humanos, pero no cuando se trata de animales no humanos. No todas las feministas tienen esa posición, pero algunas que se identifican como defensoras de los animales, y algunas bienestaristas afirmaron haber adoptado la ética del cuidado como una alternativa a los derechos animales. (Tengo escrito un capítulo acerca de los derechos animales y la ética del cuidado en mi nuevo libro, Animals as Persons: Essays on the Abolition of Animal Exploitation.)

II. Las reglas acerca del discurso permitido: También existen paralelos entre las reglas del discurso, que son frecuentemente impuestos por las feministas posmodernas y los bienestaristas. Ambos grupos tienen la tendencia a considerar como inaceptable cualquier crítica de su posición. Las feministas posmodernas acusan a las feministas radicales de ser “patriarcales”, “opresivas”, “abusadoras”, “desempoderantes”, etc., si las radicales no concuerdan con el abordaje de que “mercantilizarse a sí mismo es feminismo”. Los bienestraistas consideran cualquier crítica de las reformas bienestaristas como “agresivas”, o “divisionistas”, y como “perjudiciales para los animales.” Tanto las feministas posmodernas como los bienestaristas hacen llamamientos frecuentes a la “unidad del movimiento,” el cual es un código para la posición de que todos aquéllos que no están de acuerdo deberían dejar de desacordar y deberían apoyar la posición feminista posmoderna o la posición bienestarista. Las tentativas que las feministas radicales o los abolicionistas hacen para instalar un discurso racional respecto de esas cuestiones, son rechazadas bajo el pretexto de que son esfuerzos “intelectuales” o “académicos” inútiles o elitistas que tan sólo sirven para frustrar los esfuerzos de liberar a las mujeres y a los no humanos.

Este estilo de discurso refleja las tácticas de la derecha reaccionaria. Cualquier divergencia es automáticamente demonizada y los intentos de una discusión razonada son rechazados a favor de los eslóganes y otros tipos de retórica vacía, que no hacen otra cosa que no sea mantener la ideología de la explotación dominante.

Es lamentable, pero no una sorpresa, que tales tácticas hayan ingresado en los movimientos sociales supuestamente progresistas.


10 de noviembre de 2007

¿Una “luz en la oscuridad”?




En un comunicado a los medios [25 de octubre; 2007] de Animal Rights International [ARI], su presidente, Peter Singer, anunció que ARI ha puesto avisos en las carteleras de los ómnibus de Nueva York, para exhibirse durante un mes. Estos anuncios, aparentemente, muestran cómo son producidos los huevos provenientes de gallinas de jaulas en batería. En el comunicado, Singer explica lo terrible que son estas jaulas. Singer declara: “‘Las jaulas en batería están siendo prohibidas en Europa —¿porqué estamos demorando tanto para hacer lo mismo?’” Singer afirma que “hay una luz en la oscuridad de este cuadro sombrío”:
«Los huevos de gallinas libres de jaulas, que actualmente representan sólo un 5% de las ventas, constituyen el segmento del mercado de mayor crecimiento. En la medida en que más personas sean conscientes del enorme sufrimiento infligido a las ponedoras en las jaulas, con frecuencia éstas van a optar por gastar algunos centavos más a fin de obtener un huevo producido de manera más humanitaria. ARI espera que, al recordar los neoyorquinos que el desayuno tiene un costo para las ponedoras, muchos gastarán un poquito más para deshacerse de las jaulas.»

El comunicado de ARI/Singer es problemático por lo menos en tres aspectos.

Primero, aunque la Unión Europea haya prohibido la tradicional jaula en batería a partir del año 2012, la industria europea del huevo, está actualmente buscando una postergación de la fecha para la entrada en vigor de la prohibición. Más aún, los productores de huevos son libres, bajo esta prohibición, de usar “jaulas enriquecidas”, de las cuales hasta las mismas organizaciones bienestaristas conservadoras, como Compassion in World Farming, afirman que “no resuelven muchos de los problemas de bienestar inherentes al sistema de jaulas en batería”.

Patty Mark de Animal Liberation Victoria señala que una enorme granja industrial de huevos en batería construida en 2002 en Nueva Gales del Sur —donde hoy están enjauladas, aproximadamente, un millón de aves:
«(…) importó de Europa nuevas y relucientes jaulas en batería, asegurándose de que sean jaulas (diseñadas para obedecer la prohibición del 2012) que fácilmente puedan ser “transformadas” en “jaulas enriquecidas”, en el caso de que Australia también “prohiba” las jaulas en batería. Esto es, ellos simplemente tienen que hacer algunos ajustes pequeños —retirar una gallina o dos, y colocar una tira abrasiva para desgaste de uñas y una ‘caja de anidación’. Aún continuará habiendo filas y más filas de gallinas en batería dentro de pequeñas jaulas apiladas en seis niveles, en aquellos mismos galpones hediondos y oscuros.»

Segundo, Singer afirma que los huevos de gallinas “libres de jaulas” son una “luz en la oscuridad” de esta sombría historia de las jaulas en batería. No lo son. Los huevos de gallinas “libres de jaulas” implican amontonar miles de aves en una gran jaula. A las aves se les sigue cortando el pico y se las sigue sometiendo a mudas forzadas. Un artículo publicado en 2004 en Christian Science Monitor estableció:
«Pero ‘libres de jaula’ no significa necesariamente mucho, en términos de calidad de vida para las ponedoras. Los huevos etiquetados como ‘libres de jaula’ con frecuencia provienen de gallinas apretadas unas contra otras en galpones inmensos.»
Y la autoridad principal citada como autora de la frase fue nada menos que Paul Shapiro, actual Director principal de la Campaña contra las Granjas Industriales de la Humane Society of the U.S. Por supuesto, esto fue antes que Paul fuera a trabajar para la HSUS, donde ahora él declara que los huevos “libres de jaula” y otras formas de “carne feliz” y productos animales representan “una verdadera oleada de progreso”. Patty Mark observa:
«Y jamás se hace ninguna mención de los padres de las gallinas ponedoras “libres de jaula”. Las gallinas y los gallos son amontonados, todos juntos, hacinados unos contra otros, en inmensos galpones sin ventanas, donde las gallinas son repetidamente cruzadas con los gallos durante más de un año, al punto de que sus espaldas están literalmente desplumadas, dolorosamente heridas y enrojecidas; los padres y las madres son explotados hasta el agotamiento total; sus huevos son llevados ahora todos los días para ser colocados en una incubadora y así convertirse en gallinas ponedoras “libres de jaula”. Las madres ponedoras nunca tendrán la posibilidad de empollar sus huevos, los padres nunca tendrán la posibilidad de vigilar y proteger a su familia. Ni las gallinas ni los gallos conocerán jamás a sus pollitos mientras que el 50% de los bebés –los machos– serán molidos vivos y licuados en una licuadora industrial.»

Tercero, el comunicado describe a Liberación Animal de Singer, como un libro que “con frecuencia recibe el crédito de haber comenzado con el moderno movimiento de los derechos animales”. Entonces tenemos aquí, una vez más, al así llamado “padre del movimiento de los derechos animales” diciendole al público que la “luz en la oscuridad” de una historia acerca de la tortura y explotación de los animales es una forma levemente modificada de explotación y tortura.

Este tipo de enfoque no hace nada más que lograr que el público se sienta mejor acerca del consumo de animales —y promocionar al ARI y a Singer. Las personas pueden ahora “sentirse bien” en cuanto a comer huevos porque la autoridad en “derechos animales” Peter Singer les dice que los huevos de aves “libres de jaulas” son una alternativa moralmente aceptable a los huevos de gallinas de jaulas en batería.

Este no es el modo de cambiar el paradigma en dirección a la abolición. Pero en realidad no sería justo decir que Singer busca ese objetivo. Después de todo, él piensa que ser un “omnívoro consciente” es una “posición ética defendible” y que la explotación animal es un “lujo” que todos podemos permitirnos moralmente —por lo menos de vez en cuando.





28 de octubre de 2007

Un clásico de la “esquizofrenia moral”




Un tema central de mi trabajo durante la última década, más o menos, ha sido la exploración de nuestra confusión cognitiva —nuestra “esquizofrenia moral”— cuando se trata de animales no humanos. 

Recientemente, escribí un comentario acerca de cómo la comediante Ellen Degeneres sollozaba en su espectáculo televisivo por un perro que ella adoptó y dio luego a otra persona mientras, al mismo tiempo, en su sitio web, promovía su menú de animales muertos. 

El jugador de fútbol Michael Vick fue duramente criticado por estar involucrado con peleas de perros por un público que no reflexionada nada acerca de comer no humanos, torturados en todo sentido tanto como los perros de Vick.

Muchos de nosotros compartimos nuestros hogares con no humanos que amamos y consideramos miembros de nuestra familia, mientras que, al mismo tiempo, comemos a otros no humanos que no son diferentes de ninguna manera moralmente relevante de aquéllos que amamos y cuya personidad reconocemos.

Un ejemplo impresionante de “esquizofrenia moral” fue reportado el viernes, 26 de octubre, por la BBC. Un ciervo blanco, aparentemente de más o menos nueve años de edad, fue matado a tiros por cazadores furtivos en la frontera de Debo y Cornwall.

La reacción: La matanza del ciervo fue “repugnante.”

¿Y quién estaba asqueado?

Los “criadores de animales y los guardas de los animales de caza [quienes] habían mantenido en secreto la localización del ciervo durante años, en el intento de protegerlo.”

Pat Carey, “cuyo trabajo es matar ciervos rojos en el área,” describió al animal como “sagrado”, y la matanza como “absolutamente incomprensible.” Mr. Carey remarcó que “sólo una persona sin corazón tiene la capacidad de mirar a tan bella criatura a través de la mira telescópica de un rifle de alta potencia y simplemente pone fin a su vida.”

Es impresionante, en varios aspectos, que Mr. Carey no se considere una persona “sin corazón” cuando mira a un ciervo rojo “a través de la mira telescópica de un rifle de alta potencia y simplemente pone fin a su vida.”

Mientras me encuentro sentado y escribo esto, estoy mirando desde la ventana de mi escritorio, el bosque que circunda nuestra casa. Puedo ver dos ciervos —gemelos nacidos en nuestra propiedad esta primavera— mordisqueando los arbustos. Es la temporada de caza aquí y hay mucha gente en esta área que mata al ciervo, generalmente con arco y flecha.

Conozco a algunos de esos cazadores y ellos no dudarían en pasar horas tratando de rescatar a un ciervo de algún peligro, “fuera de temporada”. Pero no tienen ningún problema en disparar una flecha, que tiene cuatro puntas de navaja que se abren en contacto con un órgano o músculo de la víctima y literalmente quedan trabadas en ellos, directo hacia aquel mismo ciervo, un mes después, cuando es legal matarlo.

Como Mr. Carey dice, es “absolutamente incomprensible.”



6 de octubre de 2007

Igualdad y semejanza entre humanos y nohumanos




Paola Cavaliere, co-editora con Peter Singer de «El Proyecto Gran Simio: la igualdad más allá de la humanidad», escribió un ensayo acerca del reciente tiroteo que mató a Johnny, un chimpancé en sus 40 años, en el Zoo Whipsnade en Bedfordshire, al norte de Londres. De acuerdo a Cavalieri, Johnny fue baleado porque los cuidadores del zoológico lo describieron como “un poquito matón”. El periódico Times afirma que Johnny y otro chimpancé, Koko, habían escapado y que Koko “se entregó a un cuidador en un campo cercano” donde Johnny aparentemente no lo hizo, por lo que se tomó la decisión de dispararle por razones de “seguridad pública.”

La matanza de Johnny fue, en todo caso, una tragedia terrible en muchos aspectos. Primero, Johnny pasó décadas viviendo en un zoológico que, bajo la mejor de las circunstancias, no es nada más que una patética presión para los no-humanos allí cautivos. Antes de ser trasladados a Bedfordshire el año pasado, Johnny y Koko estaban prisioneros en el Regen’s Park Zoo de Londres. Simplemente no hay comparación alguna entre la vida natural de un chimpancé en la naturaleza y las condiciones bajo las cuales son mantenidos en esos espectáculos degradantes que llamamos zoológicos. Segundo, no está claro porqué, si Johnny se estaba resistiendo a ser capturado, no se le pudo disparar con un sedativo, aunque algunos dijeron que él todavía hubiera puesto en peligro a los visitantes del zoológico antes de que el sedante surta efecto.


Cavalieri tiene cuidado de rechazar el “enfoque jerárquico” de que “la vida interior más rica de los humanos les da derecho a ser considerados más seriamente en el plano moral.” Tal enfoque, argumenta, llevaría a decir que “podríamos tratar en forma diferente a los humanos que son intelectualmente deficientes.” Pero el principal foco de su argumento es que “los chimpancés, gorilas y orangutanes son nuestros parientes más cercanos, compartiendo el 98-99% de nuestro ADN, y que la categoría de los ‘grandes simios’ es una categoría natural, ya que incluye a los humanos.” Cavalieri argumenta que los chimpancés son “similares a nosotros” pues son cognitivamente como nosotros y que realmente compartimos con ellos nuestra “vida interior más rica.” Son capaces de cooperación compleja y manipulación social, transmisión cultural, incluyendo la enseñanza de habilidades tales como hacer y usar herramientas, poseen razonamiento, lo cual “hace tanto tiempo es considerado como marca de superioridad “, usan la comunicación simbólica y tienen auto-conciencia reflexiva.


Tengo cuatro respuestas para este análisis de Cavalieri:


Primero, es problemático asumir que los humanos tienen una “vida interior más rica” y que los no humanos son, de alguna manera, análogos a “humanos intelectualmente deficientes”. Cada especie tiene un tipo de vida que es valorado por los miembros de esa especie. No tengo la menor idea de si mis perros rescatados tienen vidas menos “ricas” que la mía. Ni siquiera sé lo que eso significa. Mi vida interior puede ser diferente de la de un perro o un ratón, pero eso no significa que mi vida sea más “rica”.


En verdad entiendo el argumento de que si la falta de una característica moralmente superior en un no-humano nos autoriza a conferir a ese no-humano menos o ninguna consideración moral, entonces, a menos que estemos dispuestos a ser especistas, deberíamos tratar en forma similar a los humanos en una situación semejante, tales como los “intelectualmente deficientes”. Pero el problema es que asumimos desde el principio que los humanos tienen características moralmente superiores y que la vida humana es, por lo tanto, “más rica” que la vida no humana. Esta es una falacia común entre muchos especialistas en ética animal, incluyendo a Tom Regan. Tal como argumenté en mi ensayo en la revista New Scientist, no hay razón para asumir que las características consideradas como exclusivamente humanas puedan autorizarnos a sacar la conclusión normativa de que aquéllos con tales características tienen vidas “más ricas”.


Segundo, el “enfoque jerárquico” no presenta ningún problema a utilitaristas como Singer, que estaría dispuesto a dar menos consideración moral a los humanos “intelectualmente deficientes”.


Tercero, el hecho de que, a pesar de que hace mucho tiempo que todos entendemos que los chimpancés y otros grandes simios no humanos son semejantes a nosotros, y aún así los continuemos tratando como recursos o mercancías, indica que la “semejanza” es un concepto vago que no ayuda mucho a cambiar el comportamiento humano. Conforme argumenté en «Introducción a los Derechos Animales», el juego de la “similitud” es uno en el que los no-humanos nunca ganan. Nunca consideraremos que ellos tienen esa característica “especial” en un grado suficiente como para dejar de explotarlos, si queremos seguir haciéndolo. Perdemos nuestro tiempo pensando que la solución al problema de la explotación animal es tener a etólogos cognitivos haciendo experimentos que, irónicamente, pueden involucrar vivisección, a fin de demostrar hasta qué punto los grandes simios no humanos y otros primates, además de delfines, loros,..., poseen alguna característica “especial”. El problema no es la semejanza empírica, el problema es la teoría moral. Jane Goodall, que escribió el primer capítulo de The Great Ape Project [Proyecto Gran Simio] sabe, mejor que cualquiera de nosotros, cuánto se asemejan los grandes simios no humanos a los grandes simios humanos; y aún así, ella no está dispuesta a condenar de forma inequívoca el uso de todos los grandes simios no humanos en investigación biomédica y a exigir su inmediata abolición.


Cuarto, como argumenté en mi capítulo de El Proyecto Gran Simio y como vengo repitiendo desde entonces, el derecho a ser miembro pleno de la comunidad moral y el derecho de no ser tratado como propiedad, depende de una única característica —la capacidad de sentir. Si un no-humano es sintiente, entonces tenemos la obligación moral de no tratarlo como un recurso o una mercancía. El hecho de que un perro pueda no tener la misma clase de autoconciencia reflexiva que un chimpancé no significa que el perro y el chimpancé no sean iguales en cuanto al propósito de no tener vulnerados sus intereses fundamentales en vivir y no sufrir si beneficiara a otro el no considerarlos.


Los animales son asesinados todos los días en los zoológicos —y en muchos, muchos otros lugares— por una variedad de motivos. La muerte del pobre Johnny fue indudablemente trágica, pero igualmente trágicas son aquellas muertes de no-humanos que no son “similares” a nosotros en el sentido en que Johnny era, más allá de ser criaturas que tenían conciencia subjetiva y que valuaban sus vidas a su propia manera.


Háganse veganos, nunca apoyen los zoológicos, y resistan la creación de nuevas jerarquías basadas en valores antropocéntricos.


Los humanos no son la medida de las cosas; somos sólo una medida entre muchas.



30 de septiembre de 2007

Algunas reflexiones acerca de la educación vegana





Voy a intentar, de un modo preliminar, afrontar un tema que genera mucha controversia y sobre el cual recibo un gran cantidad de correos. El tema, en líneas generales, es cómo los veganos deberían relacionarse con los omnívoros, dado que los veganos éticos entienden que el uso de animales no humanos implica graves violaciones del derecho de los no-humanos a no ser tratados como recursos de los humanos. ¿Tienen los veganos éticos la obligación de entrar en conflicto con los omnívoros y de relacionarse con ellos de la misma manera que como nosotros nos relacionaríamos con las personas que cometen crímenes graves contra los humanos?

En cierto sentido, pueden anticipar mi respuesta a esta pregunta, dado que mantengo que la obligación principal de los defensores de los animales es involucrarse en una educación vegana creativa y no violenta.

Es difícil educar a las personas sobre cualquier cosa si están confrontando con ellas. Esto no quiere decir que no puedan desafiar a la gente por lo que piensa. Como profesor de Derecho por casi 25 años, ciertamente trato de desafiar a mis alumnos, pero evito confrontar con ellos, porque la confrontación es el modo más efectivo de asegurar que el proceso educacional no funcione.

La confrontación es una manera particularmente ineficaz de comunicación cuando las personas no entienden aún el sentido o el contexto de tu posición. Y cuando se trata de la cuestión del uso de animales, la gran mayoría de las personas están totalmente en la oscuridad. Expresar la convicción de que ellas no deben consumir ningún producto animal es semejante a decirles que ellas no deben tomar agua ni respirar.

Piensen sobre esto.

La mayoría de las personas fue criada para pensar que es natural o normal comer productos animales. Crecieron en hogares donde una importante parte de la vida familiar incluía sentarse a la mesa y consumir pedazos de animales. Sus recuerdos en relación al fallecimiento de un querido abuelo u otro pariente están conectados a algún plato de carne que el pariente preparó para los días feriados. Ellos han sido criados de acuerdo a tradiciones religiosas que les enseñaron que los animales no humanos no tienen almas o son, por otras razones, espiritualmente inferiores a los humanos.

En ciertos aspectos, nuestro especismo está, en términos sociológicos, más profundamente insertado —y asimismo más invisible— que algunas formas de discriminación contra otros humanos. Una persona con fuertes creencias racistas puede no aceptar la igualdad racial pero entiende el concepto. La mayoría de los humanos no pueden aún procesar la idea de la vida sin productos animales.

Dentro de la medida en que el movimiento animalista ha intentado concienciar acerca de este problema, han focalizado sus esfuerzos –en su mayor parte-, en los asuntos del tratamiento “humanitario”. Esto es, el movimiento animalista no propone el veganismo como la posición por defecto. Por el contrario, el veganismo es caracterizado como una elección “difícil” o “heroica”. Conforme a lo que argumenté en mi ensayo al principio de este mes —y en otros ensayo de este blog— el movimiento animalista incentiva activamente el consumo de carne y productos animales “felices”.

Así que cuando los veganos entran en confrontación con los omnívoros en cuanto a ese problema, ellos lo hacen no sólo en el contexto de una fuerte tradición cultural y religiosa que considera el uso de los animales como completamente normal, sino en el contexto de un movimiento animalista que también considera el uso como normal y focaliza principalmente en el tratamiento. Gracias al moderno movimiento de bienestar animal, el cual se apropió de la denominación “derechos animales”, los veganos pueden ser menospreciados como extremistas y la confrontación es no sólo ineficaz sino que también es necesariamente contraproducente.

Si vamos a hacer progresos hacia una mayor aceptación del veganismo, debemos educar. Y debemos educar de un modo no violento, sin confrontación, que tenga en cuenta el contexto social y cultural en el que vivimos. Esto no significa que el uso de los animales no sea un ultraje moral; significa solamente que nuestros esfuerzos para educar acerca del mismo debe tener en cuenta la visión que la vasta mayoría de los humanos tienen de la cuestión.

Y eso me lleva a un comentario final. Muchos de aquéllos que apoyan la confrontación tienen amigos que son gente animalista y que tal vez sean vegetarianos, pero no veganos. !Quizás estas sean las personas que deben ser abordadas de manera menos flexible!

1 de septiembre de 2007

“Quienes no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo.”


Estas palabras del título, escritas por el filósofo Jorge Santayana, parecen resonar con particular relevancia estos días, en que vemos un mundo sumergido en la violencia. 

Pero Santayana también tiene algo importante que decirle al movimiento animalista.

La mayoría de las más grandes organizaciones neobienestaristas, tanto de EE.UU como de Gran Bretaña, afirman apoyar el veganismo, pero no lo promueven como la línea de base del movimiento, porque la preocupación de que el veganismo parezca demasiado “radical” para el público en general. Así, estas organizaciones promueven la carne “feliz” y los productos animales que portan la etiqueta "Certified Humane Raised and Handled" [Etiqueta de cría y manejo humanitario certificado] o la etiqueta "Freedom Food", o cumplen con las reglas “compasivas” [Farm Animal Compassionate Standards] de Whole Foods, ahora en ambos lados del Atlántico. Y Peter Singer nos recuerda que ser un vegano consistente es “fanático” y que, en realidad, no estamos obligados a ser veganos si hacerlo puede perturbar a otros.

Aquéllos de nosotros que sustentan que el veganismo debería ser la base moral clara e inequívoca del movimiento son severamente advertidos por los neobienestaristas de que la sociedad aún no está preparada para oír el mensaje vegano. Y que, en vez del veganismo, deberíamos concentrarnos en la producción de huevos de gallinas criadas “sin jaulas” o de carne de animales criados “en libertad”.

¿Y cómo se aplica el mensaje de Santayana en este contexto?

En 1944, Donald Watson fundó la Asociación Vegana en Gran Bretaña. Acuñó el término “vegan” para describir a alguien que no consume ningún producto animal. En la primera edición de The Vegan News —63 años atrás— Watson escribió:

"Una crítica recurrente es que no ha llegado aún el tiempo para nuestra reforma. ¿Puede acaso llegar el tiempo de cualquier reforma si no es madurado por la propia determinación humana?"

Watson señala cómo los opositores a la esclavitud no esperaron a que el tiempo estuviera “maduro”, y que los proponentes de la purificación del agua y del sistema sanitario, encontraron una fuerte oposición, pero no esperaron el momento inexistente en que el tiempo estuviera “maduro.”

Watson continúa:

"Hay un peligro evidente en dejar la consecución de nuestros ideales para la posteridad, porque la posteridad puede que no tenga nuestros ideales. La evolución puede ser regresiva, tanto como progresiva, de hecho parece haber siempre una fuerte tendencia hacia el camino equivocado, a menos que las reglas existentes se preserven y las nuevas visiones sean honradas."

El problema que enfrentan aquéllos que están preocupados por nuestra explotación de los animales no humanos es que las grandes organizaciones neobienestaristas que dominan el escenario, no consideran el veganismo como una nueva visión a ser honrada, sino como una posición “fanática” a ser marginada, en favor de hacer a la continuación del consumo de los productos animales —supuestamente producidos “humanitariamente”— la posición automática. 

Promoviendo las carnes y productos animales “felices”, el neobienestarismo refuerza el paradigma de que el consumo de animales es moralmente aceptable si somos “amables” hacia nuestras víctimas. Este enfoque no conduce ni puede conducir hacia la dirección del veganismo; sólo puede servir para hacer que el veganismo parezca una posición “radical” o “fanática”.

Como Watson anotó: “la evolución puede ser tanto regresiva como progresiva.” No podemos quedarnos esperando el momento inexistente en que el tiempo esté “maduro”. Debemos hacer que el momento ocurra a través de nuestra propia determinación. Esta determinación, expresada a través de nuestro propio y consistente veganismo, y nuestra dedicación a la educación vegana clara, inequívoca y no violenta —y nuestro rechazo a las contraproducentes campañas bienestaristas— es la fundación del movimiento abolicionista.

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