8 de agosto de 2018

¿Deberían los defensores de los derechos animales promover la carne “en vitro” o “cultivada”?




La respuesta es: absolutamente no.

La razón es simple: la carne cultivada implica tomar células de animales vivos; también implica cultivar esas células en un medio animal, como suero fetal de terneros o caballos. En el proceso de producción de la carne cultivada se matan animales.

Si crees que los animales tienen valor moral y poseen derechos morales, no apoyas matar a los animales. Punto. No dices que matar a 2 está bien para salvar a 10, igual que no dices que está bien utilizar a 2 humanos como donantes forzados de órganos para salvar a 10 humanos.

¿Qué hay del argumento según el cual esta tecnología proveería de carne a los billones de personas que quieren seguir comiendo carne, y que supondría la matanza de menos animales?

Aparte del hecho de que los defensores de los derechos animales no promueven matar animales, ya existen sustitutos de la carne 100% basados en plantas —y existen más que se están desarrollando todos los días. Así que si la gente quiere tener la sensación de comerse algo similar a un cadáver, ya tienen muchas opciones que no implican matar animales. No hay ninguna razón para creer que la carne cultivada tendrá mayor éxito o aceptación social que los productos 100% basados en plantas.

Pero déjenme reiterar una cuestión que mencioné antes: los defensores de los derechos animales no promueven matar a algunos animales para (supuestamente) salvar más animales, de igual modo que un defensor de los derechos humanos no promueve la cosificación de algunos humanos para salvar a un mayor número de humanos.

¿Qué hay del argumento según el cual los defensores de los derechos animales deberían dejar de ser “binarios? [por ejemplo: todo o nada] Es decir, que deberían apoyar la carne “cultivada” porque salvará vidas animales (pero aún supondrá matar a animales como fuentes de células y medio de cultivo). Ese argumento es claramente especista. Nosotros nunca defenderíamos ese intercambio si hubiera humanos implicados.

Aquellos que defienden los derechos de los animales deberían seguir educando a todos los que puedan acerca del veganismo como una cuestión de justicia. Eso cambiará el mundo. Los defensores de los derechos de los animales nunca deberían promover o apoyar ninguna forma de explotación animal, igual que los defensores de los derechos humanos nunca promoverían la cosificación y muerte de algunos humanos para salvar a otros.

Reconozco que hay algunas “personas animalistas” que están muy entusiasmadas con la carne cultivada y están invirtiendo dinero y otros recursos en ello. No podría estar más en desacuerdo con ellos.




Si no son veganos, por favor, háganse veganos. El veganismo es acerca de la noviolencia. Primero y sobre todo, es acerca de la noviolencia hacia otros seres sintientes. Pero es también acerca de la noviolencia sobre la tierra y nosotros mismos.

Si los animales importan moralmente, el veganismo no es una opción —es una necesidad. Un movimiento que pretenda defender los derechos de los animales debe dejar muy claro que el veganismo es un imperativo moral.

Asumir el veganismo como un imperativo moral y promover el veganismo como un imperativo moral son, además de cuidar de no-humanos refugiados, las acciones más importantes de activismo que podemos llevar a cabo.

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3 de junio de 2018

La muerte del activismo y el surgimiento del espectáculo de marca en el animalismo



Los grupos tradicionales de bienestar animal nunca se preocuparon mucho del activismo. Eran organizaciones benéficas que querían donaciones.

Luego, en la década de los 80, el movimiento por los “derechos animales” llegó a los Estados Unidos. Aunque el movimiento comenzó enfocándose en un activismo de base, después se transformó en el movimiento neobienestarista —un conglomerado de organizaciones benéficas corporativas que hablaban de abolición como objetivo final pero promovían las mismas campañas de reforma del bienestar recaudadoras de donaciones y campañas monotemáticas como un supuesto medio para alcanzar ese objetivo. La forma primaria de “activismo” se convirtió en extender un cheque para apoyar estas campañas. Si algunas personas buscaban participar en la dirección del movimiento o, Dios no lo quiera, lo retaban de cualquier forma, les decían que dejaran de “causar divisiones”. Les decían que necesitábamos “unidad en el movimiento”. Ese era el código para: “Cállate y haz una donación”.

Y ahora, tenemos a los nuevos grupos que proclaman que ellos ya lo saben todo sobre el “activismo”. ¿Y qué significa eso? Significa “activismo instantáneo”. No tienes que aprender nada. No tienes que entender nada sobre la teoría de los derechos animales, qué significa la abolición, o sobre por qué el veganismo es un imperativo moral. Ni siquiera tienes que ser vegano. Sólo tienes que aparecer en los eventos y permanecer de pie en silencio, llevando una máscara y sosteniendo un portátil, o gritando a la gente en restaurantes, o retrasando la llegada de un camión al matadero para que puedas “ser testigo”. Estos grupos “activistas” promueven incluso a las organizaciones benéficas neobienestaristas de varias maneras. El “activismo” se ha convertido en: “Ven y ayúdanos a realizar los eventos que nos caracterizan como marca”. El “activismo” es ahora todo entretenimiento y eventos sociales.

Y tenemos una “nueva” marca de “líder”: “activistas famosos” con cuentas de Patreon que quieren que ustedes les proporcionen un medio de vida para que puedan tener una carrera en el “activismo”. ¿Saben? Justo como los ejecutivos de las organizaciones corporativas de caridad.

¿Alguna persona se ha hecho vegana a causa de grupos “activistas” y “líderes” financiados por Patreon? No dudo de que algunos sí. Pero esa no es la cuestión. Algunas personas se han hecho veganas a causa de grupos bienestaristas y sus campañas de “explotación feliz”. La cuestión es que si la gente que participa en estos grupos “activistas” y neobienestaristas realmente se formara a sí misma y participaran en una defensa inequívoca del veganismo abolicionista, estaríamos consiguiendo que mucha más gente se hiciera vegana. Y tendríamos un movimiento que presentara al veganismo como algo que la gente no encuentre extraño y alienante.

Mostrar videos violentos no es nada nuevo. Los animalistas han estado haciendo esto durante años. De hecho, muchos de los nuevos "activistas" no parecen saber que durante la década de 1990 hubo una campaña que mostraba videos violentos en público usando un quiosco. El problema general con los vídeos violentos es que, en una sociedad en la que el uso de animales se da por sentado, estos vídeos tienen el efecto general de hacer que la gente apoye cosas como las cámaras en los mataderos, los mataderos CCTC, las investigaciones "encubiertas" de las granjas industriales, y todo aquello que es propio del movimiento de la "explotación feliz". Es precisamente por este motivo que las grandes organizaciones también usan las imágenes violentas; es muy útil para obtener dinero con sus campañas neobienestaristas. Los nuevos "activistas" usan los vídeos de estos grupos bienestaristas. Piensen en esto por un segundo.

Tenemos "activistas" que detienen a camiones que van camino al matadero para que esos "activistas" puedan "dar testimonio". Los animales que van camino al matadero están aterrorizados. Detener un camión para que los "activistas" puedan colocar cámaras, acariciar a los animales, y llorar frente a ellos, puede crear un espectáculo, pero no ayuda a los animales en nada. De hecho, prolongar su angustia es hacerles daño.

En 1989, PeTA comenzó con la campaña "Antes iría desnuda que con pieles". En muchos sentidos, ese fue el comienzo de alejar el activismo de su esencia y acercarlo hacia la creación del espectáculo corporativo. Y ahora estamos alcanzando una etapa en la que el "activismo" es un espectáculo corporativo. El "activismo" se trata de hacer eventos que involucran una fórmula que se identifica con uno u otro grupo y que sirve para reforzar una marca. El "activismo" se trata más de proporcionar algún tipo de "experiencia" a las personas que de cambiar el paradigma que considera a los animales no humanos como cosas.

¿Quieren un mundo vegano? Necesitan hacer tres cosas: [1] necesitan ser veganos; [2] necesitan formarse sobre derechos animales y abolición, y sobre por qué el veganismo en un imperativo moral; y [3] necesitan convertirse en educadores creativos y noviolentos en su comunidad. Necesitamos un movimiento de base en el que cada uno de nosotros sea un “líder” que incorpore nuestro veganismo a cada uno de los aspectos de nuestra vida diaria.

Necesitamos un movimiento de base donde cada uno de nosotros sea un "líder" que incorpore el veganismo en todos los aspectos de su vida cotidiana. Y nuestros esfuerzos educativos siempre deben enfocarse en un contexto que claramente promueva la noviolencia y que rechace la discriminación humana. Deberíamos tratar de convertirnos en un nuevo, y más inclusivo, movimiento de paz.

Necesitamos alejarnos de la idea del "activismo" como un espectáculo corporativo que crea marca a grupos específicos o como el desarrollo de un grupo de "líderes" financiados por Patreon. Necesitamos resucitar el movimiento de base que comenzó en 1980, pero que fue reemplazado por grupos corporativos y por el teatro callejero.

El activismo real es un trabajo duro. Pero es la única manera de cambiar las cosas. Existe un gran interés actualmente en el veganismo. Aprovechemos ese interés y dirijámoslo hacia una dirección productiva.

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28 de enero de 2018

Por qué debemos respetar los derechos de todos los animales sintientes





Nosotros dos somos activistas por los derechos de los animales no humanos. Esto no significa que pensemos que los animales deben tener los mismos derechos que los humanos: no tendría sentido pretender que los animales deben tener un derecho a conducir o a votar —a pesar de que podríamos tener un mejor liderazgo político si pudieran hacerlo.

En realidad, cuando hablamos de los derechos de los animales nos referimos a un derecho en particular: el derecho de no ser propiedad. ¿Por qué es esto tan importante?

Todos tenemos intereses —situaciones que preferimos, deseamos o queremos. Hay dos maneras de proteger estos intereses. La primera es protegerlos sólo hasta donde produzca consecuencias deseables. La segunda es protegerlos a pesar de esas consideraciones —como derechos.

El interés de una persona en vivir es protegido por un derecho; los otros deben respetar ese interés en continuar viviendo incluso si matarlo pudiera proporcionar un beneficio a la gente. Por tanto, incluso si tus órganos pudieran ser usados para salvar las vidas de científicos, inventores o artistas que morirían sin un transplante de órganos, tu interés en no ser usado como donante forzado de órganos sería protegido porque tienes un derecho a la vida.

A pesar de que mucha gente discrepa acerca de cuales derechos deben tener los seres humanos, todos podemos estar de acuerdo en que todos deben tener el derecho de no ser esclavos. ¿Por qué? Porque si una persona es esclava entonces no se considera que sea alguien que importa moralmente —en otras palabras, que sea una persona. Un esclavo es una cosa que sólo tiene un valor económico que es determinado por su propietario. Si un ser humano va a ser tenido en cuenta moralmente entonces debe tener el derecho de no ser propiedad. Si no posee este derecho entonces será usado como un recurso en tanto que otras personas crean que obtendrán un beneficio al hacerlo.

La sociedad extiende el derecho de no ser propiedad a todas las personas independientemente de su inteligencia, belleza, fuerza o cualquier otra característica. No importa si una persona es un genio o tiene una discapacidad cognitiva. Nadie debe ser tratado como la propiedad de otro. La esclavitud todavía existe pero nadie la defiende.

Mantenemos que el mismo razonamiento se aplica a los animales no humanos. Si los animales importan moralmente, y no son simples cosas, entonces no pueden ser tratados como propiedad, ya que al ser propiedad no tienen un valor moral intrínseco. Su único valor es el que es acordado por sus propietarios. La única razón por la que denegamos este derecho a los no-humanos es porque ellos no son humanos. Pero eso no es diferente de usar cualquier otra característica moralmente irrelevante como la raza o el sexo para justificar la esclavitud o cualquier otro fallo en acordar una igual consideración sobre otros.

La única característica que los animales deben tener para importar moralmente es la sintiencia. No es necesario que tengan mentes similares a los humanos. Si son sintientes, tienen intereses, incluyendo el interés en continuar viviendo y no sufrir dolor o angustia. Esto es todo lo necesario.

Si reconocemos que los animales importan moralmente estamos obligados a reconocer que todos los seres sintientes no humanos tienen un derecho moral de no ser propiedad. Esto requiere que paremos de utilizar a los animales como recursos. En otras palabras, estamos moralmente obligados a dejar de comer, usar como vestimenta, o utilizar en cualquier otra manera, a los animales.

Esta posición podría sonar radical y, en el sentido de que la posición de derechos requiere de la abolición de toda explotación institucionalizada, lo es. Pero en tanto que la mayoría de la gente ya cree que es erróneo infligir sufrimiento innecesario a los animales sólo sería una extensión de convicciones establecidas y compartidas ampliamente. Si el principio del sufrimiento innecesario significa ir más allá de evitar el daño gratuito, debe incluir toda clase de sufrimiento o muerte impuesta por motivos de placer, diversión o conveniencia. Pero ésos son los únicos motivos que sostienen casi todos los actuales usos de animales —usos que, en su mayor parte, son claramente frívolos.

Por ejemplo, nuestro uso númericamente mayor de animales es para comida. Matamos a 60 mil millones de animales terrestres y un billón de animales acuáticos cada año.  Dejando a un lado la posible situación en la que alguien pudiera morir de hambre si no come productos de origen animal, todo ese sufrimiento y muerte es completamente innecesario. No hay compulsión. Todos podemos estar sanos —incluso más sanos— si sólo comemos vegetales.

Más aún, la ganadería causa un terrible efecto de daño medioambiental que está amenazando la propia supervivencia humana. Y podríamos alimentar a más humanos si consumimos los vegetales directamente que alimentando con vegetales a los animales que luego serán consumidos.

Si paramos de explotar animales para comida, vestimenta, deporte y entretenimiento, estaríamos cerca del objetivo que es defendido por los defensores de los derechos de los animales. Así que la posición de los derechos animales no es especialmente radical respecto de aquello que ya asumimos.

El único uso de animales que no es claramente frívolo se refiere al de encontrar la cura de enfermedades humanas. Existe una considerable disputa acerca de si este uso es realmente necesario para dicho propósito, pero supongamos por un momento que sin el uso de animales no pudiéramos descubrir información importante que sería médicamente beneficiosa.

¿Por qué creemos que el uso de animales en este contexto es aceptable? La respuesta estándar es que los no-humanos, a diferencia de los humanos, no son racionales, o que no poseen el valor moral de los humanos, por lo que, a diferencia de los humanos, ellos pueden ser sacrificados para lograr alguna clase de beneficio para la sociedad. Pero nunca aceptaríamos que los humanos que no son racionales, o que no son considerados cognitivamente "normales", tienen un menor valor moral, y pueden por tanto ser sacrificados en beneficio de los humanos normales.

De hecho, protegemos a la gente de ser usada como recursos de otros incluso si dicho uso supusiera un beneficio para la sociedad, porque reconocemos que tienen un derecho inalienable de no ser utilizados. Rechazar el reconocimiento de este derecho a los no-humanos cuando la única diferencia es la especie es un ejemplo de especismo que la posición de derechos proscribe.

Si el derecho de no ser usado como propiedad fuera reconocido y respetado, esto requeriría la abolición de todo el uso institucionalizado de animales. Esto significaría el final de toda domesticación, pero no conllevaría la desaparición de los conflictos entre humanos y no-humanos. Habría animales no domesticados viviendo lejos de los humanos en bosques y junglas, así como estarían aquellos que viven cerca de nosotros como son las ardillas, conejos, ratas, pájaros y otras muchas criaturas. Todavía necesitaríamos un criterio para regir nuestras interacciones con estas criaturas, pero si no continuamos implicados en la explotación de los no-humanos domesticados resultaría mucho más fácil desarrollar un criterio sólido para esas otras situaciones.

¿Tenemos que reconocer el derecho de los animales a no ser propiedad? ¿No podríamos simplemente mejorar la protección de los animales al mismo tiempo que continúan siendo propiedades de los seres humanos? En teoría, claro, podríamos mejorar el trato hacia los animales, pero existen poderosos intereses económicos que presionan en contra de llevarlo a la práctica. Cuesta dinero proteger los intereses de los animales y cuanto más protejamos esos intereses más caro nos resulta. Alguien —generalmente el consumidor— tiene que pagar el costo. El resultado es que el estándar del bienestar animal es muy bajo; incluso los productos supuestamente de "alto bienestar" implican una forma de trato a los no-humanos que, si fueran humanos quienes lo recibieran, sería considerado tortura.

Sin importar cuán supuestamente "humanitario" fuera tratado un animal, seguiría siendo explotado y matado para propósitos que no consideraríamos aceptable para los seres humanos, lo cual es moralmente injustificable a nuestro modo de ver. La única forma de reconocer una personalidad moral a los animales es reconocerles el derecho de no ser propiedad —y esto significa la abolición de la explotación animal.

Anna Charlton & Gary Francione

7 de enero de 2018

Es hora de reconsiderar el significado del "bienestar animal"




Los estándares actuales sólo nos hacen sentir mejor acerca de la sistemática explotación de los animales.

A finales de 2017 la primera ministra británica Theresa May abandonó los planes del Partido Conservador de organizar una votación libre acerca de derogar la ley que prohíbe el uso de perros en la caza del zorro. La decisión de May provocó las protestas de los diputados conservadores que apoyaban la derogación de la prohibición, que a pesar de ser apoyada en algunas comunidades rurales, les ha costado votos durante las elecciones generales en 2017. La posición pro-caza es muy impopular.

Una encuesta publicada en mayo de 2017 mostraba que casi el 70 por ciento de los votantes británicos se oponían a la caza del zorro, y que la mitad de ellos se mostaba menos proclive a votar a un candidato pro-caza en las elecciones generales. La oposición no se limita a la caza del zorro. Una encuesta de 2016 indicó que, además de un 84 por ciento de personas que se oponían a la caza del zorro, un significativo número de británicos también se oponía la caza del ciervo [88 por ciento], a la caza de la liebre [91 por ciento], las peleas de perros [98 por ciento], la caza del tejón [94 por ciento].

¿Por qué hay semejante oposición a esas actividades?

La respuesta es sencilla: nos preocupamos por los animales. Creemos que ellos importan moralmente. Rechazamos la posición que prevalecía antes del siglo XIX que consideraba a los animales meramente como cosas hacia las cuales no tenemos obligaciones morales o legales. En su lugar, la mayoría de la gente asume la posición del bienestar animal que posee dos componentes claves.

El primer componente es que —aunque los animales pueden ser utilizados para propósitos humanos— no debemos imponer  muerte o sufrimiento innecesario sobre ellos. El segundo es que si utilizamos a los animales tenemos la obligación de tratarlos "humanitariamente".

Las actividades que rechazaba la mayoría de la población británica implican imponer sufrimiento y muerte a los animales cuando no hay necesidad o compulsión en ello. Está mal hacer sufrir a los animales o matarlos cuando la única justificación aportada es que los humanos obtienen de ello alguna clase de placer o diversión. El uso de animales para propósitos frívolos es equivalente a denegarles su valor moral. La mayoría de la gente rechaza esto.

El problema es que, aunque la mayoría de gente considera imponer innecesariamente sufrimiento y muerte a los animales como algo inmoral, su conducta actual no es consistente con esa posición moral. La gente participa en la imposición de sufrimiento y muerte a los animales en situaciones en las que no hay necesidad y en las que el trato hacia los animales es de todo menos "humanitario".

Muerte y sufrimiento 'innecesario'

La mayoría de la gente come animales y productos hechos de animales, y ambos implican una gran crueldad. Sólo en el Reino Unido, más de mil millones de animales son matados cada año para alimento. Muchos animales son criados en condiciones intensivas que constituyen tortura. Incluso aquellos que son criados en unas supuestas condiciones más "humanitarias" padecen sufrimiento durante toda su vida.

No se trata sólo de la carne. Las vacas usadas para producir leche son repetidamente inseminadas y se les arrebata a sus terneros poco tiempo después de nacer. Y todos los animales, ya sean utilizados para carne, leche, o huevos, están sometidos a la angustia y el terror de los mataderos.

¿Es necesario en algo este sufrimiento y muerte? ¿Hay alguna compulsión implicada? La respuesta es no.

Nadie sostiene que sea necesario consumir productos animales para gozar de una salud óptima. El Servicio Británico de Salud afirma que una dieta vegana responsable puede ser "muy saludable", a la vez que profesionales de la salud en todo el mundo están progresivamente apoyando la postura de que los productos animales son perjudiciales para la salud humana.

No tenemos que resolver el debate sobre si es más saludable vivir con una dieta de frutas, verduras, cereales, legumbres y frutos secos. La cuestión es que una dieta vegana es ciertamente no menos sana que una dieta que incluye cadáveres, secreciones de vacas y óvulos de gallinas. Así que el único punto relevante de la cuestión es si este sufrimiento y muerte son necesarios o no.

Más aún, la ganadería constituye un desastre ecológico. Es responsable de una mayor emisión de gases invernaderos que los combustibles fósiles para el transporte, y provoca deforestación, erosión del suelo y contaminación de acuíferos. El grano utilizado para alimentar a los animales sólo en los Estados Unidos podría alimentar a 800 millones de seres humanos. De nuevo, ¿cuál es la mejor justificación que tenemos para infligir sufrimiento y muerte a los animales?

La respuesta es simple: nos parece que saben bien. Obtenemos placer al comerlos. Comer productos de origen animal es una tradición y la hemos estado practicando desde hace mucho tiempo.

¿Pero en qué se diferencia esa postura de las justificaciones usadas para excusar los usos de animales que nosotros rechazamos? ¿En qué se diferencia el placer del paladar del placer que la gente obtiene de la caza? No hay diferencia. La caza del zorro, la caza del tejón, o las peleas de perros, son todas tradiciones. De hecho, casi cada actividad que rechazamos —que puede afectar tanto a humanos como a animales— está envuelta en una tradición que alguien estima. El patriarcado es también una tradición que ha existido desde hace mucho tiempo, pero esto no nos dice acerca de su estatus moral.

Mucha gente se opone  a la caza del zorro porque no ven diferencia moral entre el perro al que aman y el zorro que es perseguido y matado. ¿Pero cuál es la diferencia entre los animales que amamos y aquellos sobre los que clavamos nuestros tenedores y cuchillos? No hay diferencia. Los gatos y perros que amamos son sintientes —igual que lo son las gallinas, las vacas, los cerdos, los peces, y otros animales que explotamos. Todos ellos experimentan dolor y experimentan angustia; todos ellos tienen un interés en continuar viviendo.

Trato "humanitario"

Si la mayor parte de nuestro uso de animales no puede ser caracterizado plausiblemente como necesario, ¿qué ocurre con el segundo componente de la posición del bienestar animal —que dice que tenemos una obligación de utilizar a los animales "humanitariamente"? Esto es también una fantasía.

Los animales son propiedad. Son mercancías. Son cosas que son compradas y vendidas. Cuesta dinero proteger los intereses de los animales y el estatus de propiedad favorece que, como cuestión general, los estándares de bienestar animal —ya sean obligados por las leyes o adoptados por la industria— serán siempre muy bajos. Protegemos los intereses de los animales cuando obtenemos alguna clase de beneficio económico por hacerlo. La mayor parte del tiempo, los estándares de bienestar están vinculados al nivel de protección que es necesario para explotar a los animales de una manera económicamente eficiente, así que estos estándares —en la medida que sean aplicados— no prohibirán nada más que el sufrimiento gratuito.

Los estándares de bienestar animal en el Reino Unido están considerados entre los más altos del mundo pero el trato acordado para los animales sigue siendo horrible. Decir que los animales son tratados "humanitariamente" sería falso bajo cualquier significado plausible de la palabra.

A cierto nivel todos ya sabemos esto. Esto es por lo que vemos incrementarse el nicho de mercado en el Reino Unido, y otros países, que pretende proveer un "alto bienestar" para la carne y otros productos de origen animal. Pero tal y como han expuestos varios reportajes sobre este nicho de mercado, la promesa de un trato "humanitario" jamás llega a realizarse. Podemos darles un poco más de espacio; podemos darles un poco más de luz solar; podemos permitir a las vacas pasar un poco más de tiempo con sus terneros antes de que les aparten de ellos. Pero estos cambios son mínimos en sus efectos cuando son implementados.

Las organizaciones de bienestar animal hacen campaña en contra del "abuso" de los animales. Pero incluso si todos esos abusos fueran detenidos, y todos los animales fueran tratados acorde a las leyes y regulaciones aplicables, la situación seguiría siendo terrible. Los animales seguirían siendo matados sin que hubiera alguna necesidad de hacerlo, e incluso si transformáramos la ganadería en granjas familiares seguiría habiendo una gran cantidad de sufrimiento y muerte moralmente injustificable.

De hecho, los estándares de bienestar animal no tratan sobre los animales en absoluto; tratan sobre nosotros. Estos estándares nos hacen sentir mejor para seguir explotando a los animales. Fueron formulados en una época en la que la mayoría de la gente pensaba que matar y comer animales era necesario para la salud humana. Nadie razonable puede seguir creyéndolo por más tiempo.

Por tanto, es tiempo de examinar la justificación moral de utilizar a los animales. Como defensor de la posición de los Derechos Animales en lugar de la posición del Bienestar Animal, considero que no podemos justificar la explotación de los animales para ningún propósito, incluyendo la investigación biomédica para encontrar curas a las enfermedades humanas, más de lo que podemos justificar utilizar a seres humanos que consideramos como cognitivamente 'inferiores' para tales propósitos.

Pero incluso si ustedes no aceptan la posición de los derechos, la posición que probablemente sí aceptan —la de que está mal infligir innecesariamente sufrimiento y muerte a los animales— hace que sea imposible evitar la conclusión de que el uso de los animales para algún propósito que no conlleva verdadera compulsión o necesidad, incluyendo el uso de animales para alimento, vestimenta y entrenimiento, debería ser eliminado. Cualquier otra posición relega a los animales a la categoría de cosas que no tienen valor moral. Así lo vemos cuando se trata de la caza del zorro y otros deportes cruentos; es hora de que lo veamos también en otros contextos.

Gary L. Francione

29 de octubre de 2017

Veganismo: Historia, Perspectivas Contemporáneas y Objeciones Comunes




Este breve ensayo traducido al español será incluido en la nueva edición del Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora.


VEGANISMO. El veganismo, como una cuestión de dieta que refleja preocupaciones éticas, se refiere a la práctica de no consumir carne, pescado, lácteos, huevos, y otros productos de origen animal, como la miel. El veganismo entendido como una filosofía ética se aplica a la práctica de no comer, llevar ni usar productos de origen animal ni participar en la explotación animal, hasta donde sea posible. Esta entrada tratará sobre la historia del veganismo y su posición conceptual, y asimismo expondrá las visiones contemporáneas sobre el veganismo y algunas objeciones comunes al veganismo.

Historia: Aunque la palabra "vegano" no fue acuñada hasta 1944, la idea de evitar los lácteos y los huevos, además de la carne, puede ser rastreada 35 años antes en Gran Bretaña —e incluso antes si tenemos en cuenta a Lewis Gompertz [1783/84 - 1861], un vegano que fue miembro fundador de lo que más tarde sería la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales. Al comenzar el año 1909, algunos miembros de la Asociacion Vegetariana Británica, que se había constituido en 1847, comenzaron a cuestionar si, de acuerdo a la moral, y, en menor grado, de acuerdo a la salud, el rechazo de comida que incluya cuerpos de animales se puede compatibilizar con el consumo de lácteos y huevos. Este debate fue retomado periódicamente desde 1909 hasta 1944, cuando la Asociación Vegetariana rechazó la propuesta de incluir una sección en su revista "The Vegetarian Messenger", para todos aquellos miembros de la asociación que rechazaban los lácteos y los huevos.

En 1944, Donald Watson, que había sido secretario de la Asociación Vegetariana de Leicester, y otros cuantos vegetarianos decidieron formar un grupo —la Asociación Vegana— que se oponía al consumo de lácteos y huevos. Este grupo inicialmente usó la palabra "vegano", que Watson señalaría después que representaba el principio ["veg"] y el final ["ano"] de "vegetariano", reflejando así que el veganismo era la conclusión natural de una dieta vegetariana. Luego continuaron usando el término "vegano". Este grupo comenzó una revista cuatrimestral llamada "The Vegan News", que más tarde sería "The Vegan".

Los primeros veganos creían que su dieta no sólo era sostenible sino que era más saludable que una que incluyera lácteos o huevos. Sin embargo, lo que claramente les motivaba eran al menos tres preocupaciones éticas. Primero, les preocupaba los efectos que comer animales tenía en el desarrollo espiritual y moral de los seres humanos. En el primer número de "The Vegan News", Watson y sus compañeros explicaban que el vegetarianismo es "sólo la mitad del camino entre comer carne y una dieta realmente civilizada y humanitaria, y que pensamos, por tanto, que durante nuestra vida en esta tierra debemos intentar evolucionar" hacia una dieta que excluya los productos de origen animal. Ellos afirmaban que "sospechamos que el gran impedimento para el desarrollo moral de la humanidad sería el hecho de ser un parásito de otras formas de vida animal" y expresaban la visión de que "el destino espiritual de la humanidad está abocado en el tiempo a juzgar con horror la idea de que hubo un tiempo en que los hombres se alimentaban de los productos del cuerpo de otros animales".

Segundo, los veganos, así como los vegetarianos, estaban preocupados por la matanza y crueldad inherente a los productos de origen animal. Los vegetarianos rechazaban la carne porque los animales tenían que ser matados para ser comidos. Pero los veganos alegaban que los lácteos conllevan matar a los terneros nacidos de vacas destinadas a la producción de leche, quienes a su vez eran matadas cuando se agotaba su producción de leche. Asimismo, la separación de las vacas y sus terneros les causaba un terrible estrés tanto a la madre como a su hijo. La producción de huevos requiere la matanza de los pollitos machos y de las propias gallinas que ya no resulten productivas. El sistema de jaulas en batería apenas había comenzado en la década de los 40 y la ganadería intensiva apoyaba el argumento sobre la crueldad.

Tercero, y quizás lo más interesante, los veganos desde su inicio expresaban una preocupación general sobre la explotación de los animales que iba más allá del trato cruel y la matanza de animales y rechazaba todo uso de animales. En 1944, la Asociación Vegana reconocía que "nuestra presente civilización está construida sobre la explotación de animales así como las civilizaciones pasadas estaban construidas sobre la explotación de esclavos". En 1945, la Asociación estableció, en el contexto de rechazo al uso de animales, incluyendo el consumo de miel: "El propósito de la Asociación Vegana es oponerse a la explotación de la vida sintiente tanto si es beneficiosa o no". La Asociación sostenía que la mutilación y matanza de animales "nos presenta una grave responsabilidad, en tanto que en términos morales no hay diferencia entre esa acción y una acción similar sobre seres humanos."

En 1949, Leslie J. Cross, un pionero e influyente vicepresidente de la Asociación Vegana, escribió que el veganismo trataba sobre "la abolición de la explotación de los animales por la humanidad" y expuso una definición de veganismo: "el principio de la emancipación de los animales de la explotación humana". Él dejó claro que la "emancipación" significa el fin de la domesticación. Él argumentaba que los animales tenía "derechos relativamente equivalentes" a los derechos de los humanos y que toda la explotación animal en sí misma, independientemente del trato, violaba esos derechos.

En 1950, la Asociación Vegana se comprometía a "buscar el fin del uso de animales por la humanidad para alimento, productos, trabajo, caza, vivisección, y otros usos que implican explotación de la vida animal por la humanidad". Cross escribió que "nuestro propósito no es hacer que la presenta relación entre la humanidad y los animales —que honestamente vista es esencialmente de amo y esclavo —más tolerable sino abolirla...."

En 1979, cuando la Asociación Vegana se convirtió en una asociación caritativa, adotó una definición de veganismo: "una filosofía y modo de vida que busca excluir —tanto como sea posible y practicable— todas las formas de explotación, y crueldad, hacia los animales, ya sea para alimentos, vestimenta o cualquier otra finalidad... En términos dietéticos se aplica evitando todos los productos derivados total o parcialmente de los animales."

Aunque hubo ciertamente algunas tensiones y desacuerdos en el movimiento vegano pionero, está claro que, en determinados aspectos, se anticipó al movimiento de derechos animales por varias décadas en tanto que al menos algunos pioneros veganos clamaban por la eliminación de toda explotación animal. Ellos promovían el veganismo no meramente como una dieta y una forma de reducir la crueldad hacia los animales sino de manera clara e inequívoca como un imperativo moral que se reflejaba en la abolición de la explotación animal en la propia vida individual como una parte necesaria en la abolición social del uso de animales.

Perspectivas contemporáneas: En la década de 1970 y 1980, el moderno movimiento de derechos animales surgió en Occidente y desafiaba el movimiento bienestarista que aceptaba el uso de animales por parte de los humanos pero que promovía un trato más "humanitario". El incipiente movimiento de derechos abrazaba la idea de la abolición, pero, hacia la mitad de la década de 1990, se había asumido la posición de que, aunque la abolición era el objetivo, la reforma bienestarista y el activismo convencional eran medios apropiados para conseguir el objetivo. Esta posición fue adoptada por todas las grandes organizaciones en Estados Unidos, Europa, y casi todo el mundo, y fue explícitamente promovida incluso por teóricos de los derechos como Tom Regan.

Aunque el veganismo como un imperativo moral fue promovido por al menos algunos segmentos en el incipiente movimiento moderno de derechos animales que deseaban la abolición, el movimiento animalista actual no puede ser caracterizado como un movimiento abolicionista de derechos y está dominado por el pensamiento utilitarista de Peter Singer. Singer, quien se considera un "vegano flexible", promueve el veganismo dietético como una manera de reducir el sufrimiento y no como un imperativo moral. Ninguna de las corporaciones caritativas en los Estados Unidos o Europa promueve el veganismo como un imperativo moral. Muchos de estos grupos, al igual que Singer, promueve el veganismo dietético como una forma de reducir el sufrimiento, acompañado de otras medidas que supuestamente reducen el sufrimiento, incluyendo el reducetarianismo o el consumo de productos de origen animales producidos "humanitariamente" según dicen. Incluso la Asociación Vegana en años recientes ha adoptado posturas que son en realidad hostiles al veganismo como imperativo moral. La mayoría de los grupos tradicionales de bienestar animal no promueven el veganismo en absoluto.

El veganismo dietético es también promovido como una manera de lograr una mejora en la salud humana. No hay evidencia de que las sustancias de origen animal sean necesarias para una salud humana óptima y un creciente número de autoridades médicas y nutricionales consideran que las sustancias de origen animal son perjudiciales para la salud humana. Debido a que la ganadería produce más gases de efecto invernadero que la quema de combustible fósil para transporte, y posiblemente al menos el 51% de todos los gases de efecto invernadero, algunos argumentan que el veganismo dietético es una manera de afrontar los problemas medioambientales.

Hay un movimiento abolicionista que mantiene que el veganismo es una cuestión de justicia y refleja un imperativo moral de que no debemos comer, vestir o usar a los animales para cualquier propósito humano. El movimiento abolicionista promueve la idea de que el objetivo es terminar con el uso de animales, incluyendo la domesticación, y no conseguir una explotación animal más "humanitaria". Este movimiento abraza asimismo el principio de la noviolencia, y sostiene que el rechazo a la explotación animal es parte del movimiento que rechaza todas las formas de cosificación y discriminación, incluyendo aquellas que afectan a los humanos.

Hay que señalar que el veganismo fue el tema principal de dos conferencias organizada en 1990 y 1991 por José Ferrater Mora en la Universidad Complutense de Madrid.

Argumentos contra el Veganismo: Además de los argumentos basados en la salud, que han sido refutados hace tiempo pero que continúan teniendo cierta fuerza, y el argumento de que los animales no importan moralmente, que es una posición negada incluso por la moralidad convencional, hay dos argumentos principales contra el veganismo. El primero dice que debido a la actividad humana, incluyendo el cultivo del terreno para producir comida o material para elaborar vestimenta, se inflige daño a los animales en diversas maneras, por lo que no podemos abolir la explotación animal, y, por tanto, el veganismo es un ideal imposible. Este argumento falla por la misma razón que podemos argumentar que debido a que no podemos eliminar todo el daño accidental sobre seres humanos, la abolición de la esclavitud o la prohibición del asesinato es un ideal imposible. Este argumento ignora por completo que excluir a los individuos —ya sean humanos o animales— de la comunidad moral tratándolos como cosas que no tiene valor inherente o intrínseco es cualitativamente diferente del daño accidental que se ocasiona sobre esos individuos. Construir una carretera conlleva que habrá accidentes de tráfico que ocasionarán muertes pero esto no es lo mismo que esclavizar seres humanos o asesinarlos.

El segundo argumento es que ya que el mundo no se volverá vegano de un día para otro entonces promover la reforma bienestarista, el reducetarianismo, etc.., es una necesidad práctica. Este argumento yerra por la misma razón que nunca aceptaríamos argumentos similares en el contexto de las violaciones de derechos humanos. Por ejemplo, el mundo no detendrá la violencia misógina contra las mujeres de un día para otro pero no por eso promoveremos "la violación humanitaria" o "la violación reducida". Semejante argumento, aplicado a los animales, no tiene en cuenta el valor inherente de los animales y su derecho a no ser explotados como recursos.

Gary L. Francione & Anna Charlton

8 de septiembre de 2017

Acerca del interés de los animales en vivir


Animales entrando en un matadero



La moralidad convencional en el mundo occidental sobre la ética hacia los animales establece que matar a un animal no es un problema; el problema es hacerle sufrir. En tanto que hayamos tratado y matado a un animal de una manera "humanitaria", no hemos hecho nada malo. Un ejemplo evidente de esta creencia la encontramos en el caso de los perros y los gatos; animales particularmente valorados en la cultura occidental. Quienes infligen sufrimiento a un perro o a un gato son despreciados. Pero los perros y gatos indeseados son rutinariamente "puestos a domir" —matados— en los refugios con un inyección intravenosa de pentobarbital sódico, y la mayoría de la gente no le pone objeción en tanto que el proceso sea aplicado adecuadamente por un profesional y no se inflija sufrimiento al animal.

¿Por qué pensamos que matar a los animales per se no es moralmente erróneo? ¿Por qué pensamos que la muerte no es un daño para los animales no humanos?

Antes del siglo XIX, los animales era mayormente considerados como cosas. Ni el uso ni el trato sobre ellos era una cuestión moral o legal. Existían obligaciones concernientes a los animales, como la de no dañar a la vaca de nuestro vecino, pero esa obligación se la debemos a nuestro vecino en tanto propietario de la vaca, no a la vaca.

Señalar que los animales son considerados como cosas no significa que se niegue el hecho de que son sintientes, o perceptivamente conscientes, y que tienen intereses en evitar el dolor, el sufrimiento y el estrés. Pero se cree que podemos ignorar esos intereses debido a que los animales son inferiores. Nosotros podemos razonar; ellos no. Nosotros podemos usar la comunicación simbólica; ellos no.

En el siglo XIX, ocurrió un cambio de paradigma, y nació la filosofía del bienestar animal. En un relativamente breve periodo de tiempo se produjo un cambio en la forma de pensar; se decidió rechazar la noción de los animales como cosas y abrazar la idea de que los animales poseen un valor moral. Una figura prominente en este cambio de paradigma fue la del filósofo y jurista Jeremy Bentham, quien argumentó en 1789 que, aunque en realidad un caballo o un perro son más racionales y comunicativos que un bebé humano, "la cuestión no es ¿pueden razonar? ni ¿pueden hablar? sino ¿pueden sufrir?".

Bentham mantuvo que el hecho de que los animales fueran cognitivamente diferentes de los humanos —ellos tienen diferentes tipos de mentes— no significaba que su sufrimiento no importara moralmente. Argumentó que no podemos justificar moralmente el infligir sufrimiento a los animales basándonos en su especie más de lo que podemos justificar la esclavitud de los negros basándonos en su color de piel.

Pero Bentham no defendió que dejáramos de usar a los animales como recursos de la misma manera que defendió la abolición en el caso de la esclavitud humana. Él mantuvo que era moralmente aceptable usar y matar animales para propósitos humanos siempre que los tratáramos bien. Según Bentham, los animales viven en el presente y no son conscientes de lo que pierden cuando les quitamos sus vidas. Si los matamos y comemos "nosotros nos sentimos mejor por ello, y ellos no se sienten nunca peor. No tienen ninguna de esas prolongadas expectativas de desgracias futuras que tenemos nosotros." Bentham mantuvo que en realidad les estamos haciendo un favor a los animales si los matamos, siempre que lo hagamos de manera relativamente indolora: "La muerte que sufren por nuestra mano es comúnmente, y siempre puede ser, más expeditiva y, por ello, menos dolorosa, que la que les espera en el curso inevitable de la naturaleza.. [N]osotros nos sentiríamos peor si vivieran, y ellos no se sentirían peor por estar muertos". En otras palabras, a la vaca no le importa si la matamos y la comemos; sólo le importa cómo la tratamos y la matamos, y su único interés es el de no sufrir.

Y eso es precisamente lo que la mayoría sigue creyendo hoy en día. Matar animales no es un problema. El problema es hacerles sufrir. Si les proporcionamos una vida razonablemente placentera, y una muerte relativamente indolora, entonces no estamos haciendo nada malo. Curiosamente, las ideas de Bentham fueron suscritas por Peter Singer, quien fundamenta su posición en «Liberación Animal» [1975] directamente en Bentham. Singer afirma que "la ausencia de cierta forma de continuidad mental" hace difícil comprender por qué matar a un animal no sería "algo que puede consistituir un bien con la creacción de un nuevo animal que continúe teniendo una vida equivalemente placentera".

Nosotros pensamos que esa perspectiva es errónea.

Decir que un ser sintiente —cualquier ser sintiente— no es dañado por la muerte es decididamente extraño. La sintiencia no es una característica que haya evolucionado para servir como un fin en sí misma. En realidad, la sintiencia es una cualidad que permite que los seres que la poseen puedan identificar situaciones que son dañinas y que amenacen su supervivencia. La sintiencia es un medio para el fin de continuar existiendo. Los seres sintientes, por el hecho de ser sintientes, tienen un interés en continuar vivos; esto es, ellos prefiere, desean o quieren permanecer vivos. La existencia continuada es su interés. Por tanto, decir que un ser sintiente no es dañado por la muerte deniega que ese ser tenga el interés que la sintiencia sirve para perpetuar. Esto es análogo a decir que un ser que tiene ojos no tiene un interés en continuar viendo o que no es dañado por el hecho de quedarse ciego. Los animales capturados en trampas son capaces de roer sus propias extremidades para intentar escapar y de este modo se infligen un terrible sufrimiento sobre sí mismos para así poder continuar viviendo.

SInger reconoce que "un animal puede luchar contra una amenaza hacia su vida" pero concluye que eso no significa que el animal tenga una continuidad mental requerida para poseer conciencia de sí mismo. Sin embargo, esta posición evade la cuestión en tanto que asume que la única manera en la que un animal puede ser autoconsciente es tener alguna clase de identidad autobiográfica que asociamos a los humanos adultos normales. Ésa es sin duda una forma de ser autoconsciente, pero no es la única manera. Tal y como el biólogo Donald Griffin, uno de los etólogos cognitivistas más importantes del siglo XX, explicó, es arbitrario denegar a los animales alguna clase de autoconciencia puesto que los animales que son perceptivamente conscientes deben ser conscientes de sus propios cuerpos y acciones, y deben diferenciarse a sí mismos de los cuerpos y las acciones de los otros animales.

Incluso si los animales vivieran en el "eterno presente" que Bentham y Singer creen que habitan, esto no significa que no sean autoconscientes o que no tengan un interés en continuar existiendo. Los animales serían conscientes de sí mismos en cada momento del tiempo y tienen un intéres en continuar siendo conscientes; ellos tendrían un interés en llegar al siguiente segundo de la conciencia. Los seres humanos que padecen un particular tipo de amnesia pueden ser incapaces de rememorar recuerdos o planificar proyectos sobre el futuro, pero esto no significa que no sean autoconscientes de cada momento, o que la interrupción de su conciencia no sea un daño.

Es hora de que revisemos este asunto. Si empezamos a considerar que matar a un animal —aunque fuera indoloramente— se trata de un problema moral, quizás esto pueda conducirnos a reflexionar sobre si el uso de animales es moralmente justificable, en lugar de pensar sólo en si el trato es "humanitario". Dado que los animales son propiedad, y por lo general sólo protegemos los intereses de los animales hasta el punto en que sea económicamente rentable, es una fantasía creer que el trato "humanitario" puede ser un estándar alcanzable en cualquier caso. Si nos tomamos en serio los intereses de los animales no podemos evitar la reflexión sobre la moralidad del uso independientemente de las consideraciones sobre su trato.

Anna Charlton & Gary Francione


27 de agosto de 2017

Comer Animales: ¿Nuestra "Elección"?



En nuestras discusiones sobre veganismo, una presunción habitual —a menudo incuestionada— es que el veganismo es una cuestión de elección. Lo que esto quiere decir no es simplemente que podemos elegir no comer, no vestir con, ni usar en general, productos animales, debido a que esta elección no está prohibida por la ley, sino también que no tenemos la obligación de elegir ser veganos. El veganismo sería como elegir una película o una música que nos gusta. Aquí no hay nada que tenga que ver con lo que es moralmente correcto o incorrecto.

Queremos analizar este asunto y argumentar que se trata de una cuestión moral acerca de lo correcto y lo incorrecto y que tenemos la obligación moral de ser veganos. Más aún, queremos mostrarles que en realidad ya estarían de acuerdo con nosotros.

Cada día aparecen noticias sobre cómo alguien le hizo algo terrible a un animal sin una buena razón. Esas noticias a menudo se refieren a perros y gatos, pero también a menudo aparecen otros animales. No creemos que resulte controvertido decir que nuestra moral convencional acerca de los animales establece que ellos importan menos que los humanos y que es moramente aceptable preferirnos a nosotros antes que a ellos, pero sólo en situaciones en las que existe compulsión o necesidad. La mayoría piensa que es indiscutible el postulado de que es moralmente erróneo infligir innecesariamente sufrimiento o muerte a los animales. No pensamos que sea una cuestión de elección; pensamos que es un tema de obligación moral.

Y lo que la necesidad significa en este contexto también está falto de polémica. Todos acordamos que está mal infligir sufrimiento y muerte a los animales porque nos resulte placentero, conveniente o divertido. ¿Por qué el 84% de la sociedad británica se opone a la caza del zorro? Es sencillo. Ellos piensan que el placer o la diversión de los cazadores no justifica infligir un terrible sufrimiento y una muerte violenta a un zorro. Ellos no piensan que los cazadores deberían tener el derecho a elegir organizar la caza del zorro. Aquí se trata de lo que es correcto e incorrecto, y lo juzgan moralmente incorrecto.

Utilizamos a los animales para una variedad de propósitos, pero el uso más numéricamente significativo es el uso de animales para alimento. Matamos y comemos una cifra estimada de sesenta mil millones de animales y un billón de animales marinos cada año. Los animales que son criados y matados de la forma más "humanitaria" —sea lo que sea que signifique esto— experimentan dolor y estrés durante toda su vida y en el momento de su muerte. Las cámaras en los mataderos no afectarán a esto. Obviamente necesitamos poder justificar el sufrimiento que imponemos a los animales que comemos. Necesitamos encontrar una razón que plausiblemente incluya alguna clase de necesidad o compulsión.

El problema es que no podemos encontrarla.

No hay necesidad de consumir productos animales para lograr una salud óptima. Las autoridades gubernamentales y las organizaciones profesionales alrededor del mundo reconocen que podemos vivir de forma saludable sin consumir carne, lácteos y huevos. De hecho, un creciente número de organizaciones de profesionales de la salud declaran que consumir productos animales es perjudicial para la salud humana. Y no hay ninguna duda de que la ganadería es claramente un desastre medioambiental.

Así pues, ¿cuál es la mejor justificación que tenemos para infligir sufrimiento y muerte a los animales que comemos? El placer del paladar. La diversión. Eso es todo. ¿Y en qué se diferencia esto del placer y la diversión de quienes cazan zorros?

Llegados a este punto, deben estar pensando que ciertamente hay una diferencia entre ustedes y aquellos que practican la caza del zorro —ellos participan directamente y ustedes sólo compran productos animales en una tienda. Esto puede representar una diferencia psicológica pero no es una diferencia moral entre la persona que mata y la persona que paga a esa otra persona para que mate. De hecho, la ley señala que la persona que aprieta el gatillo y la persona que paga al que aprieta el gatillo son igualmente culpables de asesinato.

Pueden estar pensando: "¿Pero y si nos encontráramos en una isla desierta?". La respuesta breve es: no lo están, nunca lo estuvieron y es altamente improbable que lo estén en algún momento. Pero incluso si lo estuvieran, entonces el elemento de la compulsión y la necesidad mostrarían que matar a un animal sería moralmente excusable. Nadie que esté leyendo esto puede estar experimentando esa compulsión o necesidad que elimina las opciones morales en el esquema.

Está claro que como sociedad, y como individuos, estamos debatiendo sobre la cuestión de nuestra obligación moral hacia los no-humanos. La única cosa que está clara es que incluso si permanecemos en nuestra moral convencional, que es bastante antropocéntrica, y no deseamos adentrarnos en la filosofía de los derechos animales, sigue habiendo algo correcto e incorrecto aquí. La aplicación del veganismo a la alimentación es la conclusión necesaria a la que llegamos a partir de lo que ya creemos. Y una vez que dejamos de comerlos, empezamos a tener claro por qué debemos no explotarlos en otros contextos como son la vestimenta, el entretenimiento, y demás.

Anna Charlton & Gary Francione


31 de julio de 2017

Daiya, la experimentación animal y el significado de 'vegano'




Algunas personas están enojadas acerca del hecho de que la compañía Daiya haya sido adquirida por otra que es conocida por experimentar en animales. Proclaman que los productos de Daiya ya no son "veganos".

Eso es un sinsentido.

No es diferente de alegar que comprar brócoli congelado no es vegano porque lo produce una empresa que también manufactura productos hechos con carne/lácteos/huevos. No es diferente de alegar que los vegetales que compramos en el mercado no son veganos porque el granjero no es vegano y puede usar el dinero para comprar productos animales. No hay diferencia entre la experimentación en animales y cualquier otra forma de explotación animal. Todas son moralmente injustificables. Pero no es relevante acerca de si determinado producto contiene sustancias de origen animal. Y esto es lo único que determina si una cosa en particular es apta para que un vegano la consuma.

Una compañía puede fabricar un producto que no contenga sustancias de origen animal y no testarlo en animales, pero puede fabricar otros productos que contentan sustancias de origen animal. No hay diferencia moral entre explotar animales para experimentar en ellos y explotarlos para cualquier otro propósito. Muchos animalistas parecen creer que la experimentación animal es moralmente más objetable que otras formas de explotación animal. De este modo, muchos animalistas creen que la piel es moralmente más objetable que el cuero o la lana; o que consumir foie-gras es moralmente más objetable que consumir pollos o peces; o que la caza es moralmente más objetable que pagar a alguien para que inflija sufrimiento y muerte a los animales para luego empaquetar sus cadáveres en una bandeja para el supermercado. Muchos animalistas están influenciados por las campañas monotemáticas que son una gran herramienta de recaudación financiera pero que son un obstáculo para pensar con claridad acerca de la ética.

¿Dónde compra la gente los productos de Daiya? Los compran en un supermercado que vende toneladas de productos animales, o en "tiendas de salud" que venden productos de animales "felices". De hecho, mucha gente que compra productos Daiya en lugares como Whole Foods, que promueve sistemáticamente la "explotación feliz" y que es premiada por las organizaciones corporativas. ¿En qué se diferencia la experimentación animal de la explotación que vergonzosamente promueven esos grupos bienestaristas "en defensa de los animales"? Incluso si la tienda en la que compraron un producto Daiya fuera exclusivamente vegano y los propietarios y los empleados fueran veganos —algo muy poco probable— ese producto fue transportado por gente que no es vegana.  ¿Todos los que trabajan en Daiya son veganos y son veganos todos los que están involucrados en la producción de estos productos? ¿Todos los proveedores de Daiya son veganos? Si Daiya no es vegana debido a que fue comprada por una empresa que experimenta en animales, tampoco era vegana antes de esto. De hecho, según este razonamiento, nunca fue vegana.

Lo que determina si un producto es apto para veganos es lo que es en sí mismo. En el momento en que vayamos más allá de esto entonces excluiremos todo aquello que no produzcamos nosotros mismos utilizando cosas que sólo nosotros producimos y que no provengan de otro origen. Una vez que nos apartamos del producto en sí mismo, debido a que el uso de animales es omnipresente, y el hecho de que todo el dinero está ensuciado, no puede haber forma de encontrar un límite.

Estamos a favor de apoyar a las compañías veganas —aunque todas las compañías participan de la explotación animal en la dinámica de producción y distribución. No nos oponemos a expresar desacuerdo cuando una empresa vegana se vende a una empresa que no es vegana —aunque esto será algo que sucederá más a menudo en tanto que el veganismo se haga más popular y las grandes compañías quieran vender productos veganos para enriquecerse. Nuestra posición es que un producto "vegano" no deja de ser apto para veganos porque haya explotación animal involucrada en la dinámica de productos y distribución. Hay explotación animal involucrada en todo aquello que no produzcamos por nosotros mismos utilizando ingredientes que hayamos producido nosotros.

No estamos diciendo que no haya buenas razones para ser críticos con determinadas empresas, por su trato hacia los empleados, el medio ambiente,... Nosotros no comemos anacardos ni chocolate que no provengan de comercio justo porque, aunque estos productos son veganos, conllevan un daño terrible hacia los humanos. Pero son veganos.

De todos modos, no estamos animando a la gente a consumir productos Daiya. Personalmente creemos que no son nada saludables. Nunca los comeríamos.

Gary L. Francione & Anna E. Charlton




Si no son veganos, por favor, háganse veganos. El veganismo es acerca de la noviolencia. Primero y sobre todo, es acerca de la noviolencia hacia otros seres sintientes. Pero es también acerca de la noviolencia sobre la tierra y nosotros mismos.

Si los animales importan moralmente, el veganismo no es una opción —es una necesidad. Un movimiento que pretenda defender los derechos de los animales debe dejar muy claro que el veganismo es un imperativo moral.

Asumir el veganismo como un imperativo moral y promover el veganismo como un imperativo moral son, además de cuidar de no-humanos refugiados, las acciones más importantes de activismo que podemos llevar a cabo.

Aprendan más sobre veganismo en www.queeselveganismo.com

27 de julio de 2017

Dos movimientos: ¿En cuál estás?






Billones de animales son explotados anualmente. Sabemos que esto no va a terminar a corto plazo. Pero también sabemos que hay mucha gente que se preocupa por los animales.

Algunos activistas opinan que debemos educar, de manera noviolenta y creativa, a la gente que se preocupa por los animales para que comprendan que la explotación animal es injusta y que si nos preocupamos por los animales y estamos de acuerdo en que tienen un valor moral entonces tenemos la obligación de ser veganos y no comer, consumir o usar animales. Estos activistas rechazan la idea de que debemos promover o aprobar alguna forma de continuar la explotación animal. Quienes asumen este enfoque son, en su gran mayoría, activistas de base.

Algunos activistas piensan que no debemos promover el veganismo como una obligación moral y que debemos animar a la gente que se preocupa por los animales a comer productos de origen animal que hayan sido producidos de una manera "humanitaria", o que podemos satisfacer nuestra obligación moral reduciendo la cantidad de productos animales que consumimos. Aquellos que promueven este enfoque están, en su mayor parte, involucrados con las grandes organizaciones corporativas de caridad. Quienes forman parte de este grupo a menudo descalifican a los de aquel otro grupo como "puristas", "fundamentalistas" o "policía vegana".

Debemos tener claro dos puntos:

Primero; ningún enfoque conducirá a terminar con la explotación animal de un día para otro. La cuestión está en si debemos promover el veganismo o si debemos promover la explotación "feliz" o reducida. Sencillamente no es cierto que el enfoque que defiende la explotación "feliz" o reducida hace algo "ahora" por los animales que la posición vegana no haga.

Segundo; la gente que habla acerca de educar sobre veganismo o sobre la explotación "feliz" o reducida es gente que se preocupa por los animales. La gente a la que no le preocupa los animales no toma partido por ninguno de ambos enfoques.

Así que la cuestión es simple: ¿debemos educar sobre veganismo a la gente que se preocupa por los animales o debemos animarles a participar en la explotación "feliz" o reducida?

21 de julio de 2017

El moderno "movimiento animalista" en pocas palabras







Los abolicionistas mantienen que no podemos justificar la explotación animal y que la explotación animal no terminará hasta que construyamos un movimiento vegano que tenga la habilidad política de conseguir medidas que eliminen el uso de animales. Así que los abolicionista promueven el veganismo como un imperativo moral y también como una estrategia a largo plazo y un modo coherente de reducir ahora la demanda de productos animales para así conseguir cambiar el paradigma de los animales como propiedad hacia el de los animales como personas no humanas.

Aquellos que rechazan el abolicionismo promueven las reformas de bienestar animal, las campañas monotemáticas y el reducetarianismo.

Las campañas para la reforma bienestarista perpetúan la idea de que el uso animal es moralmente aceptable si es "humanitario". Pero las campañas bienestaristas en favor de las granjas "felices" sólo sirven para conseguir que la gente se sienta más cómoda en continuar explotando animales.

Las campañas monotemáticas sustituyen una forma de explotación por otra, y le dicen a la gente, por ejempo, que comer vacas o pollos o peces es moralmente mejor que comer foie-gras, o que vestir pieles es peor que vestirse con lana o cuero. Estas campañas perpetúan la explotación animal.

El reducetarianismo promueve campañas como los lunes sin carne, que refuerza la idea de que los lácteos y los huevos son moralmente distinguibles de la carne —y de ese modo promueve su consumo— y mantienen que podemos cumplir con nuestra obligación moral eligiendo comer menos carne o cambiando un producto animal por otro. Esto es similar a decir que podemos cumplir nuestras obligaciones morales respecto del racismo no cometiendo actos racistas durante los lunes o "reduciendo" nuestra conducta racista, pero sin la idea de que debamos abolir el racismo. El reducetarianismo es un enfoque incoherente que además promueve la continuidad de la explotación.

Quienes promueven la reforma bienestarista, la campaña monotemática, y el reducetarianismo, afirman que lo hacen porque hay que hacer algo por los animales "ahora". Ellos ignoran que los abolicionistas, que persuaden a la gente a que rechace la explotación animal en cualquier forma, están ciertamente haciendo algo "ahora". Ellos parecen no comprender que animando a la gente a consumir productos animales "felices", o a comer vacas en lugar de foie-gras, o a llevar lana en lugar de piel, están haciendo algo "ahora" que es contraproducente.

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