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25 de septiembre de 2010

Bienestar animal, acción directa militante, mantras y fe ciega






Muchos de ustedes expresan frustración cuando, al intentar discutir con otros defensores de animales acerca del debate abolición vs. regulación o educación vegana no violenta vs. acción directa militante, descubren que los defensores de la reforma bienestarista o la violencia no tienen nada sustancial para decir.

La explicación es que la creencia en la reforma bienestarista o en la violencia no está basada en razones; está basada en la fe ciega, que se parece a la mentalidad de culto. Con respecto a los bienestaristas, pueden presentar un argumento cuidadosamente razonado para mostrar que el bienestar no funciona y, debido a factores económicos, no puede funcionar. Pueden mostrar cómo la reforma bienestarista ha fallado históricamente. Pueden mostrar cómo las campañas bienestaristas contemporáneas son profundamente defectuosas de muchas maneras. Pueden ofrecer un análisis razonado.

Los bienestaristas no tienen absolutamente nada que decir en respuesta, excepto repetir el mantra: “pero tenemos que hacer algo ahora para ayudar a los animales.” Pueden responder que la reforma bienestarista no ayuda, como cuestión empírica, a los animales de “ahora”, y pueden mostrar empíricamente cómo eso mismo es lo que sucede. Pueden mostrar cómo la reforma bienestarista históricamente ha hecho, y continúa haciendo, que el público se sienta más cómodo acerca de la explotación animal. Su respuesta es sólo otro mantra: ”estás siendo divisivo.” Esto se traduce como: no tenemos nada que decir en respuesta, así que simplemente callate y apoyá el bienestar porque con tu respuesta estás interfiriendo con nuestra recaudación de fondos.” O dicen, “estás siendo negativo.” Esto se traduce como: “estás en desacuerdo con el bienestarismo y la explotación “feliz” y, por lo tanto, debes estar equivocado.”

Pueden presentar los argumentos a favor del veganismo como base moral o contra las campañas de un solo tema. Los bienestaristas no responden con un análisis razonado. Simplemente reiteran la distinción arbitraria entre carne y otros productos animales; simplemente reiteran que la piel es diferente de la lana o el cuero. Ellos pronuncian mantras tales como, “pero muchos de nosotros fuimos vegetarianos antes de volvernos veganos.” ¿Y qué? La mayoría de los defensores de animales estuvieron involucrados en organizaciones bienestaristas que continuamente presentan al veganismo como difícil o intimidante y representan al vegetarianismo como una posición moral coherente. ¿Es alguna maravilla que muchos veganos fueron primero vegetarianos? ¿Y tiene algo de esto alguna relevancia si, como cuestión de principios fundamentales, el veganismo debe ser la base moral? No, por supuesto que no.

Otro popular mantra bienestarista es, “guarden sus críticas para los explotadores.” Pero la ideología bienestarista, incluyendo la promoción de la carne “feliz” y los productos animales “humanitarios”, es explotación. Entonces el mantra falla completamente en captar el argumento; solamente niega, sin ninguna sustancia, que el bienestarismo y la explotación “feliz” son explotación.

El razonamiento no tiene lugar donde la moneda corriente es la fe ciega y donde cualquier análisis crítico es considerado como herejía. Es una suerte que ser quemado en la hoguera ya no está más permitido, o de lo contrario los altos sacerdotes del bienestar animal estarían involucrados en una moderna Inquisición.

Aquéllos que promueven la violencia revelan un comportamiento de culto similar. Incesantemente repiten el mantra, “debemos usar la violencia contra los explotadores.” Dejando de lado los temas morales y filosóficos generados por la violencia en general, pueden explicarles, como una cuestión empírica, que los reales explotadores son aquéllos que crean la demanda de los productos animales, en primer lugar. Los explotadores institucionales son ciertamente culpables también, pero ellos están respondiendo a la demanda del público de los productos animales. Es como encargar un asesinato; los explotadores institucionales practican la matanza, pero aquéllos que consumen los productos animales y generan la demanda están, en efecto, contratando a los asesinos institucionales para que hagan la matanza. En derecho penal, la persona que contrata al asesino y el asesino son ambos culpables de asesinato, y cualquiera que pueda pensar claramente puede entender porqué ambos son igualmente culpables ante la ley.

Pueden señalar a las personas pro-violencia que si hoy se cierran diez mataderos mediante la acción directa, diez más se abrirán mañana, o diez mataderos ya existentes incrementarán su capacidad productiva mientras la demanda permanezca siendo la misma. Pueden observar que ellos, los que apoyan la acción militante, son explotadores en el sentido de que muchos de ellos no son ni siquiera veganos. Pueden observar que los que promueven la violencia, que con frecuencia son defensores de la reforma del bienestar animal, fracasan en entender que aquéllos que promueven la carne “feliz” y la explotación “humanitaria” están promoviendo la explotación.

¿La respuesta? Ellos simplemente reiteran su mantra de que la violencia es necesaria. No razonan; no hacen análisis crítico. Ellos no ofrecen nada más que la afirmación de eslóganes sin importancia, usualmente en voz alta y casi siempre acompañados de toneladas de ataques con jerga y argumentos ad hominem.

Entonces, si se sienten frustrados al tratar con bienestaristas o con los que apoyan la violencia, entiendan que no están tratando con la razón. Están tratando con la fe ciega. Están tratando con la mentalidad de culto. Desafortunadamente, no puede haber una discusión razonada con muchas de esas personas porque el razonamiento y las razones simplemente no les importan, y no informan a lo que ellas piensan. Su reacción usual, ante los argumentos sustanciales a los que no pueden responder, es ofrecer eslóganes sin importancia, o lanzar un ataque ad hominem de una u otra forma.

Lo principal es que los argumentos lógicos y la evidencia empírica son claras: el bienestar animal no funciona, y promover la violencia para tratar la cuestión de la explotación animal demuestra una completa ignorancia de los mecanismos culturales y de la realidad económica de tal explotación.

La explotación animal está en todas partes. El único modo en que un día cambiará será si dejamos el paradigma de los animales como cosa, como propiedad, y adoptamos el paradigma de los animales como personas no humanas que son reales miembros de la comunidad moral. Esto no sucederá de ningún modo significativo mientras estén situados en nuestros platos o en nuestras mesas, o en nuestros cuerpos, o en nuestros pies, o en los productos que usamos. Necesitamos decir “no” a la explotación animal en nuestras propias vidas y necesitamos educar a otros a través de la educación vegana creativa y no violenta.

Si no son veganos, háganse veganos. Es muy fácil, es mejor para la salud y para el planeta. Y, lo más importante, es lo moralmente correcto y justo para hacer.

Si son veganos, entonces eduquen a otros de manera creativa y no violenta.



1 de septiembre de 2009

¡Eh!, ¿eso en tu pasamontañas es leche?








Hace muchos años que es un tema constante en mi trabajo. Me opongo a todo tipo de violencia —incluyendo la violencia contra la propiedad. Aquéllos que afirman que hay tal cosa como destruir un edificio, o involucrarse en un allanamiento, no resulta en daño o en riesgo de daño para seres sintientes —humanos y no humanos por igual— están simplemente engañándose a sí mismos.

Debido a las razones que expuse en numerosas ocasiones, considero que la violencia es el problema, y no una parte de la solución, y animo a aquéllos que están preocupados respecto de la explotación animal a hacerse veganos/as y a comprometerse en la educación vegana creativa y no violenta.

Le di un vistazo al sitio web de "Animal Liberation Front", al cual no veía desde hace un tiempo.

Es realmente muy notable.

De acuerdo al “credo” de ALF:
"El Animal Liberation Front (ALF) [Frente de Liberación Animal] lleva a cabo acción directa contra el abuso de animales, rescatando animales y causando pérdidas monetarias a los explotadores de animales, usualmente a través de daño y destrucción de la propiedad."
El credo también dice:
"Cualquier grupo de personas que sean vegetarianos o veganos, y que lleven a cabo acciones de acuerdo a las pautas del ALF, tienen el derecho de considerarse a sí mismos como parte del ALF."
Muy bien, déjenme ver si entendí bien. Si ustedes son vegetarianos –si consumen leche, helados, quesos, huevos, etc. –ustedes tienen la bendición de ALF para destruir propiedades en nombre de ALF.

Bien, no pienso que ustedes deberían involucrarse en la violencia incluso si son veganos, pero para mí, va más allá de lo desconcertante que alguien pueda decir que, personas que están ellas mismas activamente involucradas en la explotación animal puedan pensar que es siquiera remotamente aceptable la idea de que deberían involucrarse en actos de violencia contra otras personas involucradas en la explotación animal.

Pero esperen. Hay más. Hay un enlace a Saints Alive que caracteriza a muchas celebridades y personajes públicos que no son veganos —ni siquiera vegetarianos— incluyendo aquéllos que han promovido y apoyado productos animales.

Y tienen enlaces a casi todas las organizaciones bienestaristas que promueven la carne/productos animales “felices”.

Así que las personas que explotan a los animales y que apoyan a otros explotadores de animales afirman ser militantes con el derecho a involucrarse en la violencia contra otros explotadores de animales. El nivel de confusión aquí es profundo. Es muy profundo.

Con frecuencia argumenté que aquéllos que apoyan la violencia no pueden coherentemente afirmar que dirigen su ataque a los explotadores institucionales porque somos nosotros, los consumidores, los que creamos la demanda de los productos animales. La solución es la educación para cambiar el paradigma moral. No hay otra solución realista. Las personas pro-violencia se ponen violentamente enojadas cuando presento ese argumento, y me llaman de muchas maneras y, desafortunadamente, algunos de ellos amenazan y acosan a quienes expresan su apoyo a la no violencia.

Ahora veo la razón. Todos ellos tendrían que haberse puesto sus pasamontañas y efectuado violencia unos contra otros, si aceptaran mi posición.

Háganse veganos. Es fácil. Es mejor para ustedes; es mejor para el planeta y, lo más importante, es la cosa moralmente correcta para hacer. Y, al menos en lo que a mí concierne, el veganismo ético es un compromiso con la no-violencia.



23 de julio de 2009

Acerca de la vivisección y la violencia




En el Mail Online de hoy, la edición en Internet del Daily Mail, un periódico de Gran Bretaña, hay un artículo fascinante acerca de la vivisección, escrito por el Dr. Danny Penman, un ex bioquímico investigador que ahora hace periodismo científico para New Scientist y el Daily Mail.

Penman deja en claro que apoya la vivisección:
«Como la mayoría de las personas, sacrificaría las vidas de incontables animales de laboratorio para salvar a mi novia y a otros miembros de mi familia.»
Dejando de lado que la mayoría de las personas, si estuvieran en una situación en que fueran forzadas a elegir, sacrificarían las vidas de incontables otros humanos para salvar a los más cercanos a ellos —de manera que la cuestión animal está fuera de lugar— Penman continúa para expresar preocupación porque hubo un incremento, durante el año pasado, de medio millón de animales usados en los laboratorios de Gran Bretaña, y porque el número de animales usados para investigación en Gran Bretaña ahora está en 3.7 millones.

Penman sostiene que algún uso de animales es necesario, pero argumenta que la vivisección puede de hecho amenazar la salud humana. Cita que el New Scientist reporta que los resultados de la vivisección “no son más informativos que tirar una moneda al aire,” y aunque él, Penman, no iría tan lejos, concuerda en que la “vivisección es, en el mejor de los casos, no fiable y en el peor, letal.” Cita varios ejemplos donde las drogas que fueron probadas en animales sin haber provocado ninguna reacción adversa, causaron que los humanos se enfermaran críticamente y murieran. Argumenta a favor de las nuevas tecnologías que no implican el uso de animales y que son mucho más confiables.

La crítica de Penman de la vivisección es bastante notable, dado que él apoya la vivisección. No puedo recordar la última vez que vi un ensayo así.

Quizás la falta de crítica a la vivisección es explicada por otra observación que Penman hace:
«¿Por qué hay tantos experimentos en animales habiendo alternativas?»
Una razón, irónicamente, es que la violencia y la intimidación de un puñado de fanáticos defensores de los derechos animales ha empañado el debate. Porque si ustedes cuestionan el trabajo de los científicos hoy, corren el riesgo de ser englobados junto con los extremistas.

Así que los científicos han sido capaces de expandir su investigación en animales, sin nadie con autoridad para examinar si sus pruebas son verdaderamente necesarias. Esto me parece tan injusto como contrario al espíritu de investigación académica.

Penman está absolutamente acertado. Como resultado de un relativamente pequeño grupo de personas que defienden la violencia contra los vivisectores, cuestionar o debatir la vivisección, incluso en los contextos académicos, invita a desechar este pensamiento, como parte de una agenda extremista o violenta.

Esta observación se aplica no sólo a la vivisección sino a los temas animalistas en general. Las acciones de un número pequeño de personas han permitido una prensa reaccionaria, a lo que se suman los explotadores institucionales que más bien prefieren no tener ninguna discusión acerca de estos temas, para crear la impresión de que aquéllos que se oponen a la explotación animal generalmente son misántropos violentos que valoran la vida animal pero no les preocupa la vida humana.

No debemos permitir que triunfe tal caracterización.

Como saben, me opongo a toda violencia por razones morales. Vean, por ejemplo: Un comentario acerca de la violencia y Más acerca de la violencia y los derechos animales.

La violencia contra los explotadores institucionales no sólo es inmoral sino que es incoherente: no tiene ningún sentido. Los explotadores institucionales no son “el enemigo.” Nosotros somos los que demandamos productos animales. Si dejamos de consumir productos animales, los que usan institucionalmente a los no humanos, trasladarían su capital a otra parte. Nosotros somos losque continuamos creyendo el mito de que la vivisección nos hace vivir más tiempo y mejores vidas y, como resultado, continuamos apoyándola, aunque sea tan sólo por no demandar a nuestros políticos que aseguren que las alternativas que Penman menciona sean usadas y que otras sean desarrolladas.

Mucha “gente animalista” ni siquiera es vegana y estas personas están dispuestas a tolerar y apoyar la tortura de animales no humanos simplemente porque les gusta el sabor de los productos animales y no pueden dejar el queso, el helado, o cualquier producto animal que coman. ¿Cómo son estas personas diferentes, en sentido moral, de los vivisectores? Al menos algunos vivisectores piensan que ellos practican algún tipo de bien social.

Como indiqué en mis escritos, no estoy de acuerdo con que el uso de los animales es necesario como una cuestión empírica y, como Penman y otros, sostengo que la vivisección es con frecuencia claramente contraproducente. Verdaderamente, a diferencia de Penman, concuerdo con la declaración que él atribuye al New Scientist: los resultados de la vivisección no son “más informativos que tirar una moneda al aire.” Incluso si éste no fuera el caso, e incluso si la vivisección fuera útil en algún sentido, aún no podría estar moralmente justificada. Pero los no-veganos apoyan la explotación simplemente por el antojo del sabor. Ellos no tienen ninguna excusa.

Esperaría ciertamente que nadie defendiera la violencia contra los no-veganos, !teniendo en cuenta que esto incluiría a la mayoría de integrantes de lo que es referido como el “movimiento animalista”! Siendo este el caso, y aparte de si comparten mi rechazo general de la violencia, señalar a los explotadores institucionales, sean granjeros o vivisectores, simplemente no tiene sentido alguno.

Hago un llamamiento a los defensores animales para que, inequívocamente y sin reservas, rechacen la violencia. El movimiento por los derechos animales tiene sentido sólo como un movimiento de paz y no violencia. Gandhi dijo:
«Debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo.»
Si queremos ver un mundo en el que no haya violencia contra los más vulnerables, nosotros mismos debemos no ser violentos, y presentar nuestros puntos de vista de una manera no violenta. La no-violencia comienza con nuestro propio veganismo y nuestro uso de medios creativos y no-violentos para educar a otros acerca del veganismo.



13 de agosto de 2007

Un comentario acerca de la violencia


Me preguntan con frecuencia cuál es mi punto de vista en relación a las personas que apoyan el uso de la violencia contra los explotadores de animales.

Mi respuesta es simple: estoy violentamente en contra de la violencia.

Tengo tres razones para mi posición.

Primero, en mi opinión, la posición de los Derechos Animales es el rechazo máximo de la violencia. Es la afirmación máxima de la paz. Veo al movimiento por los Derechos Animales como la progresión lógica del movimiento por la paz, el cual procura poner fin al conflicto entre los humanos. El movimiento por los Derechos Animales procura, como ideal, dar un paso adelante y poner fin al conflicto entre humanos y no-humanos.

La razón que nos hace estar en medio de esta confusión global en la que estamos ahora, es que a través de la historia nos hemos involucrado, y continuamos involucrándonos, en acciones violentas, a las cuales intentamos justificar como medios indeseables para conseguir fines deseables. Cualquiera que usó alguna vez la violencia afirma que lamenta haber tenido que recurrir a la misma, pero argumenta que un objetivo deseable supuestamente justifica su uso. El problema es que eso facilita un ciclo interminable de violencia, donde cualquier persona con una fuerte convicción acerca de algo puede adoptar la violencia hacia otros como un medio para alcanzar un bien mayor, y aquéllos que son el objetivo de esa violencia, pueden encontrar una justificación para su propia respuesta violenta. Y así seguirá sucesivamente.

Esto es un pensamiento moral consecuencialista, y está destruyendo el mundo así como conduciendo a algunas contradicciones muy peculiares. Una gran parte de Occidente afirma abrazar el Cristianismo. Aunque pueda no ser claro acerca de algunas cuestiones, el Nuevo Testamento ciertamente deja claro que la violencia debe ser rechazada. Sin embargo, líderes supuestamente cristianos, junto con su electorado supuestamente cristiano, justifican las más violentas acciones, con un supuesto gran rechazo, con el fin de alcanzar un bien supuestamente mayor, cualquiera que pueda ser. Aquéllos contra quienes estos actos violentos son dirigidos también afirman adherir a religiones que rechazan la violencia, pero se sienten justificados para usar la violencia como respuesta. Así, tenemos tanta gente alegando que rechaza la violencia como una cuestión religiosa fundamental, pero que está involucrándose en la violencia. ¡Y decimos que los humanos son racionales y los no humanos no lo son!

La violencia trata a otros como medios para fines en vez de tratarlos como fines en sí mismos. Cuando actuamos violentamente contra otros - sean humanos o no humanos -, ignoramos su valor inherente. Los tratamos sólo como cosas que no tienen ningún valor, excepto el que nosotros decidamos darles. Esto es lo que lleva a las personas a involucrarse en crímenes de violencia contra la gente de color, mujeres, gays y lesbianas. Esto es lo que nos lleva a cosificar a los no humanos y tratarlos como recursos que existen solamente para nuestro uso. Todo esto es erróneo y debe ser rechazado.

Segundo; según aquéllos que defienden la violencia, ¿contra quiénes, exactamente, es dirigida esta violencia? El productor cría animales porque un número abrumador de humanos demanda comer carne y productos animales. El productor cría esos animales en condiciones intensivas porque los consumidores quieren que la carne y los productos animales cuesten lo menos posible. Pero ¿es el productor el único culpable aquí? ¿O la responsabilidad compete también a aquéllos de nosotros que comen productos animales, incluyendo todos los omnívoros conscientes, la “gente animalista” no vegana que consume “huevos de gallinas libres de jaula” y carne “feliz”, que originan la demanda sin la cual los criadores estarían haciendo alguna otra cosa con sus vidas? Supongo que es fácil caracterizar a los criadores como el “enemigo”, pero eso ignora la realidad de la situación.

¿Y qué hay acerca del vivisector, un objetivo común de aquéllos que defienden la violencia? Dejando de lado el debate acerca de si la vivisección produce realmente datos útiles para hacer frente a los problema de la salud humana, la mayoría de las enfermedades por las cuales los vivisectores están usando animales podrían ser totalmente evitadas, o drásticamente reducidas, si los humanos dejaran de comer alimentos provenientes de animales, y abandonaran comportamientos destructivos como el hábito de fumar, de beber alcohol en exceso, de usar drogas y de no hacer ejercicio. Nuevamente, ¿quién es el verdadero culpable? Yo ciertamente no pienso que el vivisector se justifique por ninguna razón, pero encuentro curioso que aquellos que defienden la violencia puedan ver a los vivisectores separándolos del resto de las condiciones sociales que llevan a la vivisección, y en estas condiciones todos somos cómplices.

Más aún, no debemos olvidar que siempre hay múltiples formas de abordar los problemas de salud. La vivisección es una de ellas y, según la opinión de muchos —entre los que me incluyo— no es una elección particularmente eficiente. La decisión de invertir recursos sociales en la vivisección, en vez de hacerlo en otros medios probablemente más eficientes, refleja una decisión tanto política, y probablemente más política, como científica.

Por ejemplo, el considerable gasto en investigación del SIDA usando animales, ha producido poca utilidad para el sufrimiento de los humanos con SIDA, y la mayor parte de lo que resultó en una más larga y mejor vida para los que sufren de HIV y SIDA provino de investigación clínica con humanos que dieron su consentimiento para esas pruebas. Es ciertamente plausible afirmar que si el dinero gastado en investigación con animales hubiera sido gastado en campañas públicas educativas acerca de sexo seguro y recambio de jeringas, y en distribución de preservativos, el promedio de nuevos casos de HIV habría bajado drásticamente. La elección de hacer experimentos con animales para tratar el problema es, en varios aspectos, una decisión tanto política como social. La experimentación en animales es considerada una forma aceptable de resolver el problema del SIDA, mientras que la educación acerca de sexo seguro y la distribución de preservativos y jeringas son cuestiones políticamente controvertidas.

Entonces, nuevamente, el vivisector no es el único culpable aquí. En realidad, se puede argumentar que los principales responsables por el uso de animales en investigación del SIDA son los políticos reaccionarios que responden a una política reaccionaria que rechaza medios más efectivos de tratar con el SIDA.

Tercero, no está claro para mí qué es lo que aquéllos que apoyan la violencia esperan alcanzar en la práctica. Ciertamente ellos no están haciendo que el público vea con más simpatía los intereses de los animales no humanos. Y es bien posible que lo contrario sea verdad y que, en cuanto a la percepción del público, esas acciones tengan un efecto negativo. Vivimos en un mundo donde prácticamente cualquier persona en condiciones de poder comer productos animales, lo hace. En tal mundo, no hay contexto en el cual la violencia pueda ser interpretada de ningún otro modo que no sea como algo negativo.

En otras palabras, en un mundo en el cual comer productos animales es considerado, por la mayoría de las personas, como algo tan “natural” o “normal” como beber agua o respirar aire, es bastante probable que la violencia sea vista como nada más que un acto de lunáticos y no contribuya para nada a promover una reflexión social más avanzada con respecto a la cuestión de la explotación animal.

La explotación animal impregna a toda nuestra sociedad. Esto ocurre porque pensamos que los fines [los supuestos beneficios que obtenemos del uso de los animales] justifican los medios [imponer sufrimiento y muerte a billones de no humanos cada año] y porque tratamos a los animales exclusivamente como mercancías e ignoramos su valor inherente. La situación no puede ser tratada de forma seria y significativa aplicando esas nociones para justificar la violencia contra los humanos.

El hecho de que al menos algunos “defensores de animales” que apoyan la violencia, ni siquiera sean veganos, es para dejarnos verdaderamente perplejos. A esas personas les importa tanto los animales que infligen daño a otros humanos que explotan no humanos, pero parece que ellas mismas no pueden dejar de explotar no humanos.

La conclusión es clara. El único medio de que un día podamos tener un impacto significativo en cuanto al problema, es a través de la educación no-violenta. Esta comienza con nuestra conversión en veganos y rechaza la violencia contra los animales en nuestras propias vidas, y se difunde a través de la educación vegana creativa y no-violenta.

Planeo tratar este tema con más profundidad en futuros ensayos, pero quería compartir algunas reflexiones preliminares con ustedes.



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