10 de enero de 2007

Derechos animales y no-humanos domesticados




Un aspecto de mi teoría de los derechos animales, como desarrollé en Introducción a los Derechos Animales y otros lugares, que perturba a algunos defensores de animales, es que si aceptamos la posición de los derechos, deberíamos no traer más a ningún animal domesticado a la existencia. Digo esto no solo en relación a los animales que usamos para comida, experimentos, vestimenta, etc, sino también para nuestros compañeros nohumanos.

Puedo ciertamente entender que si adhieren al enfoque bienestarista, que dice que el uso de los no-humanos es moralmente aceptable mientras se los trate “humanitariamente” y que mira el objetivo como una mejor regulación del uso de animales, rechacen mi posición. 

Pero si ustedes, como yo, ven el principal problema de la explotación animal en el uso de no humanos, independientemente si somos “humanos”, y consideran el objetivo centrado en la abolición de la explotación animal, entonces no es claro para mí porqué esta posición les causaría alguna dificultad. 

La lógica es simple. Tratamos a los animales como nuestra propiedad. Como recursos que podemos usar para nuestro propósito. Traemos billones a la existencia para el único propósito de usarlos y matarlos. Hemos criado estos animales para ser dependientes de nosotros para su supervivencia

La posición central de mi teoría de los derechos es que no tenemos justificación para tratar a los animales como nuestra propiedad, así como no teníamos justificación para tratar a otros humanos como esclavos. Hemos abolido la esclavitud del vasallo humano en la mayor parte del mundo; similarmente deberíamos abolir la esclavitud animal.

¿Pero qué significa esto en el contexto de los no humanos? ¿Deberíamos “liberar” a los animales y dejarlos deambular libremente por las calles? No, por supuesto que no. Eso sería tan irresponsable como permitir a niños pequeños deambular por ahí. Ciertamente debemos cuidar a aquellos no humanos a quienes hemos ya traído a la existencia, pero deberíamos deterner la llegada de otros. No tenemos justificación para usar a los no humanos –no importa cuán “humanamente” los tratemos.

Hay dos objeciones que escuché en relación con este punto de vista.

Primero, está la preocupación de que perderemos “diversidad” si no tenemos más a estos animales no domesticados.

Aún si proseguir la domesticación fuese necesario para la biodiversidad, esto no significaría que fuese moralmente aceptable. No tenemos, sin embargo, que tratar este tema. No hay nada “natural” respecto de los animales domesticados. Son criaturas que hemos criado a través de la cría selectiva y el confinamiento. En la medida en que tienen parientes no domesticados viviendo en la naturaleza, deberíamos ciertamente buscar la protección de aquellos no humanos primero y sobre todo por su propio beneficio, y en segundo lugar para los propósitos de la diversidad biológica. Pero nuestra protección de los no humanos domesticados que existen en el presente no es necesaria para ningún tipo de diversidad biológica.

Segundo, y más frecuentemente, los defensores de animales expresan una dificultad con mi punto de vista acerca de la domesticación porque ellos apuntan hacia el hecho de que muchos de nosotros vivimos con no humanos y los tratamos como miembros de nuestras familias. Este acuerdo, argumenta, debe ser, por cierto, moralmente aceptable.

En cuanto a lo que a los compañeros animales concierne, algunos de nosotros los tratamos como miembros de la familia, y algunos de nosotros no lo hacemos. Pero cualquiera se la forma en que tratemos a nuestros perros, gatos, etc., ellos son propiedad en cuanto a lo que a la ley concierne. Si consideras a tu perro como un miembro de tu familia y la tratas bien, la ley protegerá tu decisión de la misma manera en que la ley protegerá tu decisión de cambiar el aceite de tu auto cada 1600 km. : el perro y el auto son tu propiedad y si deseas acordar un valor más alto a tu propiedad, la ley protegerá tu decisión. Pero si deseas acordar a tu propiedad un valor más bajo y, por ejemplo, tienes un perro para guardia que mantienes encadenado en tu jardín y a quien provees con un mínimo de comida, agua, y refugio (y no de compañía o afecto), la ley protegerá también esta decisión.

La realidad es que en los EE.UU., la mayoría de los perros y gatos no terminan muriendo por vejez, en hogares llenos de afecto. La mayoría tienen hogares por un período relativamente corto de tiempo antes de ser trasladados a otro dueño, llevados a un refugio, descartados, o llevados al veterinario para que los maten.

No importa si caracterizamos al dueño como un “guardián,” como algunos defensores piden. Tal caracterización no tiene sentido. Aquellos de nosotros que vivimos con compañeros animales somos propietarios en cuanto a lo que la ley concierne y tenemos el derecho legal de tratar a nuestros animales como mejor nos parezca con pocas limitaciones. Las leyes contra la crueldad incluso no se aplican a la gran mayoría de instancias en que los humanos infligen un tratamiento cruel a los no humanos.

Pero, responden estos defensores, podríamos, al menos en teoría, tener una relación diferente y moralmente aceptable con los no-humanos. ¿Qué pasa si abolimos la condición de propiedad de los animales y exigimos que tratemos a los perros y gatos en forma similar al modo en que tratamos a los chicos humanos? ¿Qué pasa si los humanos que viven con perros no pueden tratarlos ya más en forma instrumental —como perros de guardia, exposiciones y espectáculos de perros o gatos, etcétera— sino que tuvieran que tratarlos como miembros de la familia? ¿Qué pasa si los humanos no pudieran matar más compañeros no humanos excepto en casos en que al menos alguno de nosotros considera como aceptable permitir la asistencia al suicidio en el contexto humano, por ejemplo, cuando el humano está enfermo en forma incurable y sufre de terribles dolores, etc... ¿Sería entonces aceptable continuar criando no humanos para que sean nuestros compañeros?

La respuesta es no.

Dejando de lado el hecho de que sería imposible, en la práctica, establecer las reglas generales de aquello que constituiría tratar a los no-humanos como “miembros de la familia” y la resolución de todos los temas relacionados, esta posición no reconoce que la domesticación en sí misma suscita serios problemas morales, independientemente de cómo sean tratados los no humanos involucrados.

Los animales domésticos son dependientes de nosotros en si comen o no y cuándo, si tienen agua, dónde y cuándo hacen sus necesidades, cuándo duermen, si hacen o no algún ejercicio, etc. A diferencia de los niños humanos, quienes, excepto en casos inusuales, se tornan miembros independientes y funcionales de la sociedad humana, los animales domésticos no son ni parte del mundo no humano ni completamente parte de nuestro mundo. Ellos permanecen para siempre en un infierno de vulnerabilidad, dependientes de nosotros para todo lo que es de importancia para ellos. Los hemos criado para ser complacientes y serviles, o para tener características que de hecho son dañosas para ellos pero nos complacen a nosotros. Los podemos hacer felices en un sentido, pero la relación nunca puede ser “natural” o “normal.” Ellos no deberían estar atados a nuestro mundo independientemente de cuán bien los tratemos.

Esto es más o menos cierto para todos los no-humanos domesticados. Son perpetuamente dependientes de nosotros. Controlamos sus vidas para siempre. Ellos son verdaderamente “esclavos animales.” Podemos ser “dueños” benevolentes, pero realmente no podemos ser nada más que eso. Y eso no puede ser correcto.

Mi pareja y yo vivimos con cinco perros rescatados. Los cinco estarían muertos si no los hubiéramos adoptado. Los amamos muchísimo y tratamos con esmero de proveerles el mayor de los cuidados y tratamiento. Y antes de que alguien pregunte, ¡los siete somos veganos! Probablemente no encontrarán dos personas en el planeta que disfruten viviendo con perros tanto como nosotros lo hacemos.

Pero si quedaran dos perros en el universo y dependiera de nosotros permitir que ellos se reproduzcan de manera de que pudiéramos continuar viviendo con perros, e incluso si pudiéramos garantizar que todos los perros tengan hogares tan afectuosos como el que nosotros les proveemos, ni por un segundo dudaríamos en llevar a la entera institución de los propietarios de “mascotas” a su finalización. Consideramos a los perros que viven con nosotros como refugiados de todas clases, y aunque disfrutamos cuidándolos, es claro que los humanos no tenemos para nada que continuar trayendo a estas criaturas a un mundo en el cual ellos, simplemente, no encajan.

Hay algunos defensores que piensan que “derechos animales” significa que los no-humanos tienen alguna clase de derecho a reproducirse, y que por eso es erróneo esterilizar a los no humanos. Si esa postura es correcta, entonces estaríamos moralmente comprometidos a permitir que todas las especies domesticadas continúen reproduciéndose indefinidamente. No podemos limitar este “derecho de reproducción” a los perros y gatos solamente. Sin embargo, no tiene sentido decir que hemos actuado inmoralmente domesticando a los animales no humanos pero ahora estamos comprometidos a permitirles que continúen reproduciéndose. En primer lugar, cometimos un error moral domesticando a no-humanos en primer lugar; ¿qué sentido tiene perpetuar este error?

En suma, puedo entender que los bienestaristas, para quienes el trato y no el uso es el tema moral principal, piensen que la domesticación y la continuación del uso de los animales es aceptable siempre que los tratemos “humanitariamente”. Pero no puedo entender por qué una persona que se considera a sí misma abolicionista piense que la continuación de la domesticación de cualquier no-humano podría estar justificada independientemente de cómo tratemos a los no-humanos; de la misma forma que no puedo entender cómo una persona que se considera a sí misma como abolicionista pueda ser otra cosa que no sea vegana.

La noción de que el niño y el perro en la casa en llamas —o en el bote salvavidas, o donde sea— tiene la intención de llamar la atención sobre el hecho de que buscamos resolver los conflictos morales entre humanos y animales. Pero nosotros creamos esos conflictos, por ejemplo, llevando al animal dentro de la casa en llamas y trayéndolos a la existencia como un recurso para nuestro uso. !De ahí pasamos entonces a  preguntarnos acerca de cómo resolver el conflicto que hemos creado! No tiene ningún sentido.

Si nos tomáramos a los demás animales en serio, dejaríamos de tratarlos como nuestros recursos, como nuestra propiedad. Y esto significaría poner fin a traer no-humanos a la existencia, sea que podamos utilizarlos para comida, vestimenta, vivisección, o cualquier otro propósito, incluyendo para compañía.



3 de enero de 2007

Una resolución para el Año Nuevo




Feliz Año Nuevo

Tomemos la decisión de que el 2007 sea un año en el cual el movimiento por los derechos animales continúe transformándose en un movimiento social y político serio, a pesar de tener que confrontar con los obstáculos que ponen en nuestro camino los así llamado “líderes” del movimiento. Estos “líderes” han trivializado el problema de la explotación animal y no han sido nada más que una vergüenza para aquéllos de nosotros que estamos tratando de facilitar el discurso social serio acerca de nuestras obligaciones morales y legales para con los animales no humanos.

Consideren unos pocos de los literalmente miles de ejemplos:

Estos “líderes” han proclamado que es aceptable matar chicos incapacitados y darles de otras maneras, menos valor a los mismos.

Estos “líderes” han dicho que podemos tener relaciones sexuales “mutuamente satisfactorias” con animales no humanos.

Ellos mismos han cometido personalmente violencia contra animales no humanos, para poder “investigar” la explotación animal.

Ellos han defendido la vivisección.

Ellos nos han aconsejado que no seamos “demasiado fanáticos acerca de insistir en una vida puramente vegana” y nos han dicho que podemos vivir éticamente como “omnívoros conscientes.”

Ellos han elogiado públicamente al Director Ejecutivo cuya corporación gana millones de dólares con las ventas de carne y productos animales producidos en forma supuestamente “humanitaria” y lo han honrado en una conferencia para celebrar a los “individuos ejemplares que desafian el status quo y toman la causa de los oprimidos”

Ellos han formado alianzas para crear una etiqueta que asegure a los consumidores que, portando esa etiqueta, un “huevo, producto lácteo, cárnico o avícola, ha sido producido teniendo en cuenta el bienestar de los animales de granja."

Ellos han matado a miles de animales no humanos en nombre de los “derechos animales,” y se han opuesto a los refugios sin matanzas y a la práctica conocida como atrapar, esterilizar y retornar.

Ellos han proclamado a una diseñadora de mataderos y consultora de la industria cárnica como una “visionaria” por sus esfuerzos en mantener la industria cárnica en forma “segura, eficiente y lucrativa.”

Ellos han reducido los importantes temas de la explotación animales, a imágenes sexistas y chistes pueriles, y de esta manera apartado a otras personas progresistas que deberían ser nuestras aliadas.

Ellos –con demasiadas pocas excepciones, lo cual es preocupante- han fracasado en condenar clara e inequívocamente los puntos de vista de aquéllos que defienden la violencia contra otros humanos.

Etc, etc, etc.

¿Quién sabe? Quizás el 2007 será un año en el que los “líderes” del movimiento nos digan que es aceptable tener relaciones sexuales “mutuamente satisfactorias” con los chicos incapacitados antes de matarlos, siempre y cuando les proveamos primero de una hamburguesa producida “humanamente”. El desfile previsible de aduladores correrá a defender esa afirmación, y cualquiera que esté en desacuerdo será etiquetado como “divisionista” y acusado de amenazar la “unidad” del movimiento o “dañar a los animales”.Después de todo, ellos defendieron todo esto, hasta la fecha.

O tal vez el 2007 pueda ser un año en que veamos continuar el desarrollo de un movimiento emergente de organizaciones de base, basado firme e inequívocamente en el veganismo, y dedicado a educar al público, positiva y comprometidamente, acerca de la abolición de la explotación animal, en un modo inteligente, coherente, no sexista y no violento.

Si aspiramos a seguir este último camino, la gente podrá realmente comenzar a tener una idea de los derechos animales en serio, y dejar de considerarnos como un movimiento relacionado con la “carne humanitaria”, una auto-promoción incesante y espectáculos grotescos en los medios, o como un movimiento que defiende la idea, también sostenida por los nazis, de que algunas vidas no merecen ser vividas.

Sería un soplo de aire fresco.



28 de diciembre de 2006

Animales como Propiedad y la Analogía con la Violación: Una Posdata


Desde que publiqué Veganismo: El principio fundamental del movimiento abolicionista he recibido un número de correos de parte de personas que encuentran el análisis útil para su reflexión sobre este tema. Un número de personas ha hecho preguntas que, aunque diferentes en sus aspectos particulares, focalizan generalmente en dos temas: la condición de los animales como propiedad y la analogía de la violación.

Presento lo que sigue para tratar estas dos cuestiones en general:
  • Animales como Propiedad
Primero, algunas personas me han pedido que explique en detalle el punto sobre el fracaso del bienestar animal debido a que los animales son propiedad.

Este es un tema acerca del cual escribí mucho. Un buen lugar para empezar a aprender acerca de este problema es la presentación Animales como Propiedad.


En extremadamente pocas palabras: los animales son propiedad; son mercancías con valor económico. Debido a que los animales son propiedad, son considerados exclusivamente como medios para nuestros fines. Los animales no tienen valor inherente; sólo tienen valor extrínseco o condicional, que sólo llega hasta donde nosotros se lo demos. En lo que a la ley concierne, los animales no humanos no son diferentes de cualquiera de las otras cosas que nosotros poseemos.


Hay, por supuesto, una diferencia de hecho entre la propiedad animal y otras clases de propiedad, en que a diferencia de nuestros autos, los iPods, etc., los animales no humanos son sintientes. Tienen conciencia subjetiva. Tienen intereses. Hay cosas que los no-humanos quieren, desean, o prefieren en particular, ellos tiene un interés en no sufrir, no experimentar dolor, y continuar viviendo. De este modo importante, la propiedad animal es diferente de cada otra clase de propiedad. Una vaca es un ser sintiente, el cual es subjetivamente consciente y puede sufrir; un iPod no es un ser sintiente y no tiene ninguna conciencia subjetiva. No hay nada que un iPod quiera, desee, o prefiera.


El problema es que cuesta dinero dar protección a los intereses animales. En su mayor parte, protegemos sólo aquellos intereses animales de cuya protección obtenemos una ventaja económica.


Por ejemplo, la matanza de vacas, particularmente a escala comercial, implica necesariamente dolor y sufrimiento. Exigimos que las vacas estén inconscientes mediante el aturdimiento eléctrico antes de ser matadas —a menos que las vacas se estén matando de acuerdo con el procedimientos kosher o halal—  porque aun cuando el aturdimiento cuesta dinero, el gasto se justifica. Los animales que son aturdidos se mueven menos durante el proceso de matanza y esto reduce las lesiones a los trabajadores y el daño al cadáver, permitiendo así que la carne sea vendida por más dinero.


Las vacas tienen muchos otros intereses además de aquéllos que tienen en el momento previo a que atravesemos un cuchillo en sus gargantas y muchos de esos otros intereses implican dolor y sufrimiento. Pero no protegemos esos intereses porque no estaría justificado económicamente. Proteger estos otros intereses costaría dinero, y este costo tendría que ser trasladado, por lo menos en parte considerable, al consumidor. Aunque la mayoría de la gente tiene cierta vaga sensación de que los animales deberían ser tratados “humanamente,” la realidad es que la mayoría de la gente come animales y productos animales y si se preocupara mucho sobre este tema, no consumiría animales en primer lugar. En otras palabras, la mayoría de la gente no está dispuesta a “comprar” más protección.


Por lo tanto, el nivel de bienestar animal permanece bajo y sujeto a la condición de los animales como mercancías con un valor económico. Como cuestión general, una sociedad que come a los animales no humanos —una práctica que no se puede justificar por cualquier otra cosa que no sea el placer o la conveniencia humana—, no puede esperar “comprar” mucha protección para esos animales dado que cuesta dinero hacerlo, y cualquier aumento significativo en la protección daría lugar a que los productos animales se tornaran considerablemente más costosos.


Esta noción de que los animales son mercancías, podemos verla reflejada en las leyes de bienestar animal y en las campañas bienestaristas de las organizaciones animalistas.


Las leyes de bienestar animal prohíben infligir sufrimiento “innecesario”, pero esta regla históricamente ha estado ligada a lo que la industria considera como sufrimiento 'necesario'. Y la industria generalmente protege los intereses animales hasta el punto en que el costo está justificado. ¿Por qué la ley mira hacia las reglas de la industria? Hay varias razones. Una razón es que nosotros asumimos que la gente que cría no humanos para matarlos no infligirá dolor y sufrimiento en su propiedad animal por ninguna buena razón, porque hacerlo daría lugar a una disminución del valor de su propiedad animal. Otra razón es que muchas leyes de bienestar animal son leyes penales [Ej., los estatutos anticrueldad] y nosotros debemos dar el aviso a la gente de cuál es la conducta prohibida. Las reglas de la industria proporcionan tal aviso.


Si miran a la mayoría de las campañas de bienestar animal, verán que, en su mayor parte, vinculan la protección de los intereses animales con preocupaciones económicas. Den una mirada a mi blog sobre la campaña en EEUU. respecto a los cajones de gestación para los cerdos. Este blog discute cómo las alternativas al cajón de gestación son promovidas como medidas que hacen la producción más rentable.

El vínculo entre las normas del bienestar animal y los beneficios económicos para los seres humanos está expresado explícitamente por los expertos del bienestar animal. Consideren algunos comentarios de Temple Grandin, diseñadora de mataderos y consultora de la industria de la carne, declarada por PeTA como 'visionaria' por su trabajo en el diseño de mataderos. PeTA describe a Grandin como 'la experta líder del mundo en el bienestar del ganado vacuno y de los cerdos.' Según Grandin:

«Una vez que el ganado —vacuno, cerdos y ovejas— llega a las plantas de embalaje, procedimientos de manejo adecuados son no sólo importantes para el bienestar del animal, ellos también pueden significar la diferencia entre ganancia y pérdida. La investigación demuestra claramente que muchas ventajas en la calidad de la carne pueden obtenerse con el manejo animal cuidadoso, tranquilo. . . Animales manejados apropiadamente son no sólo una meta ética importante, ellos también mantienen a la industria de la carne funcionando en forma segura, eficiente y lucrativa.” [véase la fuente] "Aturdir correctamente a un animal proporcionará una mejor calidad de carne. El aturdimiento eléctrico incorrecto causará hematomas en la carne y fracturas de hueso. Las buenas prácticas de aturdimiento también se requieren de modo que una planta esté de conformidad con la Ley de Matanza Humanitaria y para el bienestar animal. Cuando el aturdimiento se hace correctamente, el animal no siente ningún dolor y deviene instantáneamente inconsciente. Un animal que se aturde correctamente producirá un cuerpo inmóvil, lo cual es seguro para los trabajadores de la planta que trabajan sobre el mismo” [véase la fuente]

“Un diseño bondadoso en instalaciones bien diseñadas reducirá al mínimo los niveles de stress, mejorará la eficacia y mantendrá una buena calidad de carne. Un manejo rudo o equipos pobremente diseñados, es perjudicial tanto para el bienestar animal como para la calidad de la carne.”» [véase la fuente]

El hecho de que PeTA considera a Grandin como una 'visionaria' es una razón obligatoria, entre muchas otras, por la que ningún defensor que tome en serio la abolición, tomaría a PeTA seriamente.

Hemos tenido bienestar animal por cerca de 200 años y estamos utilizando más no humanos de las maneras más terribles que en cualquier otro momento de la historia humana. Esto no es una cuestión académica o teórica. El hecho evidente es que el bienestar animal no funciona. Hasta el punto de que las medidas del bienestar animal de las que resulta una reducción del dolor y del sufrimiento, en general ocurre solamente porque nos beneficia económicamente proteger algunos intereses no humanos. Y ese nivel mínimo de protección es la única cosa que tenemos para mostrar, por todo el tiempo, la energía, y el dinero que generaciones de defensores de animales han invertido desde el siglo XIX. No tiene sentido alguno continuar persiguiendo la regulación delbienestar animal si abrazan una ética abolicionista.


En su mayor parte, el bienestar animal sirve poco más que para hacernos sentir que somos “humanos” y “civilizados.” Nosotros nos sentimos mejor cuando nos sentamos a comer animales porque hay reglas que requieren el tratamiento “humanitario” de los animales. Esto tiene todo que ver con nuestra comodidad y no tiene nada que ver con el bienestar los animales no humanos que explotamos.


Si desean entender más sobre el tema de la propiedad, den un vistazo a la presentación de mi sitio web en “Animales como Propiedad“.
  • La analogía de la violación
En segundo lugar, la gente me ha pedido que profundice sobre la analogía de la violación. En el blog argumento que es “mejor” que un violador no golpee a una víctima además de violar a la víctima, pero esto no significa que la violación que no vaya además acompañada de una paliza, sea un acto moralmente aceptable, o que debemos dar al violador un premio por ser moralmente un “violador consciente”, o declarar al mismo como un “violador visionario.” Utilizo este ejemplo para ayudar a explicar porqué encuentro perturbador que al menos algunos defensores prominentes adulen y elogien a gente como John Mackey de Whole Foods, o Temple Grandin. Festejar lo que hacen estas personas no difiere de dar premios a violadores que no golpean a sus víctimas. Los abolicionistas quieren abolir el uso de los animales no humanos, así que es problemático apoyar medidas que promueven la noción de que la explotación animal es aceptable debido a que son empleados ciertos “dispositivos de seguridad”.

Ya comenté acerca de Grandin arriba. Déjenme decir algo acerca de Mackey. Singer, Rean, PeTA, y otros están todos terriblemente entusiasmados acerca de Mackey debido a que supuestamente es un vegano que está comprometido con “normas estrictas” de bienestar animal. Dejen de lado si estas supuestas “normas estrictas” harán alguna diferencia real para los animales esclavizados o si sólo son una medida sin importancia.

Hay una seria cuestión acerca de qué es peor: un vegano que dice creer que es moralmente malo consumir carne, leche, y huevos pero que vende estos productos con el fin de hacer dinero; o el comedor de carne, bebedor de leche de una cadena ordinaria de supermercados que no piensa acerca del tema. Al menos el último no es un hipócrita. Pero dar al primero cualquier premio, o —como Tom Regan hizo— tenerlo como el ponente principal en una conferencia acerca de “personas ejemplares que se atreven ejemplarmente a desafiar el status quo y a levantar la causa de los oprimidos” es, en mi opinión, nada menos que obsceno.


El propósito de la analogía de la violación es ayudar a delinear una distinción entre dos ideas diferentes:
1. La idea de que si vamos a infligir daño, siempre es mejor infligir menos que más; y 
2. La idea de que infligiendo menos daño, hacemos algo que es moralmente loable que debe ser promovido como una acción moralmente positiva.
Estas son ideas muy diferentes y es por lo que la analogía fue elegida para demostrarlo.

Podemos fácilmente pensar en variantes sobre este tema. Si X es un pederasta, es mejor que moleste a cinco chicos en vez de que moleste a diez chicos. Pero esto no significa que el pederasta que sólo molesta a cinco chicos es moralmente un “pederasta consciente” o un “pederasta visionario”. Es mejorno torturar a tu víctima antes de matarla, pero no torturarla no te hace moralmente un “asesino consciente” o un “asesino visionario.” La lista está limitada sólo por la escala de actos violentos e inmorales que hay.

El error de Singer, Regan, PeTA, y otros, es que ellos confunden la idea de que es mejor infligir menos daño que más, con la muy diferente postura de que infligir menos daño convierte moralmente a la persona que inflige ese daño en un “provocador consciente de daño”.


Es crucial que no confundamos estas dos muy diferentes ideas. Si un grupo de derechos de las mujeres diera un premio al violador que no golpea a sus víctimas, o una organización de derechos de los niños diera un premio a un pedófilo que molesta a cinco chicos en vez de diez, o una organización de derechos de las víctimas diera un premio a un asesino en serie porque no tortura, también, a sus víctimas, estaríamos muy acertadamente horrorizados y no consideraríamos ni por un segundo apoyar a esas organizaciones.


Si realmente pensamos que la explotación de los no-humanos es pertinentemente similar a la explotación de los humanos, entonces no deberíamos considerar como una cuestión más aceptable el dar un premio a alguien que explota a no-humanos “humanitariamente” que el darle un premio a un violador, pedófilo o asesino “humanitario”. Tratar estas situaciones como diferentes podría ser flagrantemente especista.


Si el movimiento animalista puede tener cualquier esperanza real de cambiar el modo en que los humanos pensamos acerca de la explotación animal, necesitamos ser muy claros: Aunque infligir menos daño es siempre algo mejor de hacer que infligir más daño, no tenemos justificación moral para infligir ningún daño y no tenemos que dedicarnos a dar premios, elogiando o promocionando a aquéllos cuyo negocio es vender partes de animales producidas “humanitariamente”, o asegurar que la propiedad animal sea explotada eficientemente, de manera que —en palabras de la visionaria de PeTA Temple Grandin—, mantengamos “la industria de la carne funcionando en forma segura, eficiente y lucrativa.”


27 de diciembre de 2006

Veganismo: el principio fundamental del movimiento abolicionista



Muchos defensores del "bienestar animal" alegan que la posición de los derechos —que busca la abolición del uso de los animales no humanos— no es práctica porque rechaza el cambio gradual y no ofrece ninguna guía para lo que deberíamos hacer ahora —hoy— para ayudar a los no-humanos. Estas críticas a la posición abolicionista argumentan que no tenemos otra opción que no sea la de perseguir más regulaciones de bienestar animal, intentando así hacer la explotación animal más “humanitaria” —si queremos hacer algo “práctico” para ayudar a los animales.

La creencia de que las regulaciones de bienestar animal ofrecen protección significativa para los intereses de los animales no podría estar más errada.

Tal como argumenté en mis escritos, dado que los animales son propiedad, ellos son sólo mercancías con valor extrínseco o condicional. Sus intereses no tienen valor intrínseco. Como resultado, las normas que requieren su trato “humanitario”, son interpretadas con un sentido económico, y limitan la protección a aquello que proporciona beneficio económico a los humanos. Las supuestas mejoras en el bienestar animal hacen muy poco —si es que hacen algo— para aumentar la protección de los intereses de los animales humanos; y la mayoría de las veces, no hacen más que tornar la explotación animal económicamente más eficiente y socialmente más aceptable.


Más aún, no hay evidencia histórica de que la regulación de bienestar animal conduzca a la abolición.

Los bienestaristas también están errados en afirmar que la posición de los derechos no ofrece pasos prácticos progresivos que podamos tomar en el camino hacia la abolición. Hay una guía muy clara para el cambio progresivo: el veganismo.

El veganismo no es una mera cuestión de dieta; es un compromiso moral y político hacia la abolición en el ámbito individual y alcanza no sólo lo referente a comida, sino también la ropa, otros productos, y otras acciones y elecciones personales. Hacernos veganos es lo único que podemos hacer hoy —ahora mismo— para ayudar a los animales no humanos. No requiere una campaña onerosa, la necesidad de una gran organización, legislación, o cualquier otra cosa que no sea nuestro reconocimiento de que si derechos animales significa algo, es que no podemos justificar el consumo de carne —incluyendo a los peces— lácteos, huevos o cualquier otro producto derivado de no-humanos.

Representa un repudio a la csoficación de los no-humanos y el reconocimiento de su valor intrínseco. El veganismo también es un compromiso con la noviolencia. El movimiento por los Derechos Animales debería ser un movimiento de paz, y debería rechazar la violencia contra todos los animales no humanos y los humanos.

Muchos “defensores de los animales” se declaran a favor de los Derechos Animales pero continúan comiendo productos animales. En realidad muchos líderes del movimiento animalista no son veganos. Esto no difiere de alguien que dice estar a favor de la abolición de la esclavitud pero continúa poseyendo esclavos.

No hay ninguna diferencia significativa entre comer peces y comer lácteos u otros productos animales. Los animales explotados en la industria láctea viven más tiempo que los utilizados para carne, pero son tratados peor durante sus vidas, y terminan en el mismo matadero, después de lo cual consumimos su carne, de todas maneras. Hay probablemente más sufrimiento detrás de un vaso de leche o de un cucurucho de helado, que de un filete. Y cualquiera que piense que un huevo —incluso el llamado “campero”— no es un producto que tenga detrás un sufrimiento tan horrible como tiene la carne, no conoce mucho acerca de la industria de los huevos.

Si alguien deja de comer carne pero, como resultado, come más lácteos o huevos —como muchos vegetarianos hacen— esto puede en realidad incrementar el sufrimiento. En cualquier caso, sostener que hay distinción moral entre comer carne y comer lácteos, huevos, o consumir otros productos animales, es tan sinsentido como sostener que hay una diferencia moral entre comer vacas grandes y comer vacas pequeñas.

En vez de abrazar al veganismo como una clara base moral de referencia, el movimiento animalista adoptó, en su lugar, la noción de que podemos actuar éticamente si continuamos consumiendo productos animales.

Consideren los siguientes ejemplos, de los cuales hay muchos:
  • Peter Singer afirma que podemos ser “omnívoros conscientes” y explotar éticamente a los animales si, por ejemplo, elegimos comer animales “libres de jaulas”, quienes han sido criados y matados de una manera relativamente “humanitaria”. [The Way We Eat: Why Our Food Choices Matter, p. 81-169] Singer elogia a los proveedores de animales explotados “humanitariamente”, tales como Whole Food Markets, Inc. y a su Director General [CEO], John Mackey, como “éticamente responsable” [177-83] y describe el veganismo estricto como “fanático” [281].
  • Tom Regan tiene en el programa a Mackey, como expositor principal, en una conferencia del 2005 titulada "The Power of One",la cual focaliza en la capacidad de los individuos para hacer cambios importantes para los no humanos. Regan festeja a Mackey y Whole Foods como “una fuerza propulsora de pautas más altas de bienestar animal.”
  • PeTA dió un premio a Whole Foods en el 2004, afirmando que la compañía “ha hecho consistentemente más por el bienestar animal que cualquier comerciante en la industria, requiriendo que sus productores adhieran a normas estrictas.” PeTA también dio un premio en el 2004 a la diseñadora de mataderos Temple Grandin, declarándola –lo que es bastante notable, en mi opinión- como una “visionaria.”
  • La Humane Farm Animal Care, con sus socios de la Humane Society de los EE.UU., la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales, Animal People, la WSPA y otras, promueven el Certified Humane Raised & Handled Label, [Certificado de Cría y Manejo Humanitario] que describe como un “programa de certificación y etiquetado” para asegurar a los consumidores que un “huevo, un lácteo, un producto de carne roja o avícola ha sido producido teniendo en cuenta el bienestar de los animales de granja” si tiene esta etiqueta.
Por supuesto que siempre es mejor, en términos generales, hacer menos daño que hacer más, una vez que decidimos infligir daño. Si vamos a comer un animal que ha sido torturado, supongo que es “mejor” comer uno que ha sido menos torturado. Pero dejando de lado el interrogante de si los no humanos criados “humanitariamente” son realmente menos torturados que otros, hay una gran diferencia entre la posición de que menos sufrimiento es mejor que más sufrimiento y la posición de que causar menos sufrimiento hace a una acción moralmente aceptable. La idea de que el movimiento animalista explícitamente promueva la última postura —que hacer menos daño es una solución moralmente aceptable al problema de la explotación animal— es profundamente perturbadora.

Si X va a violar a Y, es “mejor” que él no golpee también a Y. Sería, sin embargo, moralmente repugnante afirmar que podemos ser “violadores conscientes”, si nos aseguramos de no golpear a las víctimas violadas. Del mismo modo, es perturbador que los defensores de los animales estén promoviendo la idea de que podemos ser moralmente “omnívoros conscientes”, si comemos los productos animales supuestamente producidos “humanitariamente” y vendidos por los proveedores “éticamente responsables” de sufrimiento y muerte. Esto no solo es una posición que entra en conflicto con la noción de que los no humanos tienen significación moral, sino que alienta fuertemente a la gente a ver la continuación del consumo de productos animales como una alternativa moralmente aceptable a la adopción del estilo de vida vegano.

Más aún, muchas de las organizaciones animalistas describen al veganismo como un estilo de vida dificultoso que requiere considerable auto-sacrifico y que es sólo para los defensores de la “línea dura”.

Yo me hice vegano 24 años atrás. No era particularmente difícil en aquella época, pero es del todo absurdo caracterizarlo como difícil hoy. Es fácil ser un vegano. Seguro que estarán más limitados en las opciones de los restaurantes, sobre todo si no viven en o cerca de una gran ciudad, pero si este inconveniente es significativo para ustedes y les impide ser veganos, entonces probablemente no se toman en serio el tema de todas maneras.

El movimiento animalista nunca tendrá ni siquiera una esperanza de cambiar el paradigma de la jerarquía especista, en la medida en que no tenga claro, como principio guía, que es moralmente incorrecto consumir carne de cualquier tipo, huevos, o cualquier otro producto hecho con animales.

Si, en los tardíos 80’ —cuando la comunidad “defensora de los animales” en EE.UU. decidió muy deliberadamente seguir la agenda bienestarista— una porción sustancial de los recursos del movimiento hubieron sido invertida en la educación vegana y abolicionista, habría probablemente cientos de miles más veganos que los que hay en el presente. Esta es una estimación muy conservadora dado los cientos de millones de dólares que han sido gastados por los grupos animalistas para promover legislación e iniciativas bienestaristas. Sostengo que obtener un número creciente de veganos reduciría más el sufrimiento, al reducir la demanda de los productos animales, que todos los “éxitos” bienestaristas juntos y multiplicados por diez. Incrementar el número de veganos ayudaría también a construir una base política y económica, requerida para el cambio social que constituye el predicado necesario para el cambio legal significativo.

Dado el tiempo limitado y los recursos financieros limitados, no es claro cómo alguien que busca la abolición como objetivo a largo plazo —o que al menos acepta que la condición de propiedad de los animales es el impedimento más serio para cualquier cambio significativo y debe, por lo menos, ser radicalmente modificado— podría creer que la expansión del tradicional bienestar animal es una opción racional y eficiente –dejando de lado cualquier consideración acerca de las inconsistencias en la teoría moral.

Imaginen que mañana, tienen dos horas para usar en la defensa de los Derechos Animales. No pueden hacerlo todo; deben elegir. No tengo dudas de que 2 horas de su tiempo gastado en distribuir material educativo sobre veganismo es, en varios sentidos, un uso mucho mejor de su tiempo que 2 horas haciendo campaña por jaulas en batería más grandes o por formas más “humanitarias” de esclavitud animal.

En suma, así como alguien que dice que la esclavitud humana está mal pero continúa poseyendo esclavos no es realmente un abolicionista con respecto a la esclavitud humana, alguien que dice que la esclavitud no humana está mal pero que no abraza el veganismo como modo de vida no es realmente un abolicionista con respecto a la esclavitud animal. Aquellos de nosotros que aceptamos el enfoque abolicionista vamos a ser claros e inequívocos, y promoveremos el veganismo en nuestras palabras y acciones.



20 de diciembre de 2006

Proyecto Gran Simio: no tan grande


Si se han involucrado en el movimiento por los Derechos Animales –en realidad, incluso si sólo hubieran contribuido con una única organización en todas sus vidas–, probablemente reciben una infinidad de pedidos de donaciones. La semana pasada, mientras estaba seleccionando entre todas las muchas oportunidades que se me ofrecía para “ayudar a los animales” mediante la firma de un cheque, reparé en una de la New England Anti-Vivisection Society [NEAVS], que pedía dinero para apoyar el Project R&R: Release and Restitution for Chimpanzees in U.S. Laboratories [Proyecto para liberar y Rehabilitar chimpancés de los Laboratorios de EE.UU.]

NEAVS nos dice que los chimpancés “comparten el 96% de nuestros genes. Viven en familias, protegen a sus crías, hacen amistades y expresan alegría, tristeza y enojo. Muestran inteligencia, humor y compasión. “El tema de la campaña es que, como los chimpancés tienen una capacidad cognitiva y un perfil genético semejantes a los nuestros, ellos son “individuos de verdad, con personalidades únicas y necesidades iguales a las tuyas y a las mías.” NEAVS busca donaciones para lanzar una campaña informativa y legislativa con el fin de unir aquellos países que han “prohibido o limitado severamente la investigación con chimpancés y otros grandes simios.”

La campaña de la NEAVS y otros esfuerzos similares —hay varios, incluído el Great Ape Standing and Personhood [GRASP] promovido por la organización Friends of Animals— no son nuevos u originales. En 1993, un número de estudiosos colaboraron para un libro de ensayos titulado "The Great Ape Project" [El Proyecto Gran Simio] [GAP]. El libro estaba acompañado de un documento, “La Declaración de los Grandes Simios”, a la cual los colaboradores subscribían. La declaración dice que los grandes simios “son los parientes más próximos de nuestra especie” y que estos no humanos “tienen capacidades mentales y una vida emocional suficientes para justificar su inclusión en la comunidad de los iguales”.

Desde 1993, se hicieron esfuerzos, en varios países, para limitar o detener la investigación que usa a los grandes simios. La idea detrás de estos esfuerzos es que, como los grandes simios no humanos tienen características consideradas como únicamente halladas en los humanos, tales como la conciencia de sí mismo, o el pensamiento abstracto, las emociones y la habilidad de comunicarse con lenguaje simbólico, ellos están calificados para tener ciertos derechos fundamentales.

Ciertamente concuerdo con la idea de que es erróneo usar grandes simios no humanos en investigación o en circos, o confinarlos en zoológicos, o usarlos para cualquier otro propósito. Pero rechazo la posición que llamo de mentes semejantes, que liga la condición moral de los no humanos al hecho de que ellos tienen características cognitivas parecidas a las de los humanos. La explotación de los grandes simios no humanos es inmoral por la misma razón que es inmoral explotar a centenas de millones de ratones y ratas a los que rutinariamente se explota en los laboratorios, o a los billones de no humanos que matamos y comemos: los grandes simios no humanos y todos estos otros no humanos son, de la misma manera que nosotros, sintientes. Son conscientes; tienen conciencia subjetiva, tienen intereses, tienen capacidad de sufrir. Ninguna otra característica, más allá de la sintiencia, es exigida para ser una persona.

Fui un colaborador de GAP y un signatario original de la Declaración de los Grandes Simios. Sin embargo, en mi ensayo de 1993 en el libro de GAP, y de manera más extensa en escritos subsiguientes, expresé mi punto de vista de que sólo la sintiencia es necesaria para la personalidad. Pero ahora veo que todo el GAP fue mal concebido y lamento mi participación.

Esfuerzos como GAP, Proyecto R&R, y similares esfuerzos, son problemáticos porque ellos sugieren que una determinada especie de no humanos es «especial», basándose en la semejanza de esa especie con los humanos. Eso no desafía la jerarquía especista, sino que la refuerza, en al menos dos formas.

Primero; esto sugiere, en términos empíricos, que sólo los no humanos que tienen cognición similar a la de la humanidad, tienen ciertas otras características cuando, de hecho, estas son compartidas por otras especies. Por ejemplo, quien está pidiendo fondos para el Proyecto R&R, nos dice que los chimpancés tienen reacciones emocionales similares a los humanos y que hacen acuerdos sociales complejos que no pueden desarrollar estando en un laboratorio. Tengo la certeza de que esto es verdad, pero también tengo la certeza de que las ratas son inteligentes, tienen emociones, y tienen relaciones sociales complejas que se frustran totalmente cuando están confinados en las jaulas de plástico de un laboratorio que tienen el tamaño de una caja de zapatos.

El proyecto R&R sugiere que los chimpancés sufren más que lo que lo hacen otros animales de laboratorio. Tal vez sí, tal vez no. No lo sé yo, ni lo sabe NEAVS, ni lo sabe nadie. Aunque los chimpancés son más parecidos a los humanos, quizás, como los humanos, tienen ciertos mecanismos psicológicos que les permiten desligarse del estrés que están enfrentando, lo que las ratas, ratones, y otros sintientes no humanos no tienen. En cualquier caso, es muy peligros hacer el juego de «X sufre más que Y». Esto es precisamente el malentendido que nos ha llevado a pensar que el uso de chimpancés en investigación está justificado —nosotros supuestamente sufrimos más que ellos porque tenemos aún más de las características mentales «especiales», así que es aceptable usarlos a ellos para que nosotros podamos sufrir menos.

Segundo; GAP, Proyecto R&R, y esfuerzos similares sugieren que las características cognitivas más allá de la sintiencia tienen algún valor moral. Esta noción es muy problemática. Vamos a suponer que los chimpancés piensan racionalmente de la misma manera que lo hacen los humanos. ¿Y con eso qué? ¿Porqué la racionalidad humana es mejor que ser capaz de volar con tus propias alas —algo que ni los humanos ni los grandes simios no humanos pueden hacer? La respuesta, por supuesto, es que somos nosotros, los humanos, los que lo decimos. Pero esto no es un argumento. Esto es el clásico ejemplo de dar por cierta una afirmación sin fundamentarla.

Vemos esto claramente en situaciones que involucran a los humanos. Supongamos que tenemos un humano con problemas mentales muy graves y sin las capacidades cognitivas de un chimpancé normal. ¿Y qué? ¿Eso significa que el humano deficiente tiene menos importancia, en sentido moral, que el chimpancés, cuando se trata del derecho fundamental de no ser tratado como una cosa? Claro que no —a menos que acepten la posición de Peter Singer de que los humanos deficientes, la cual rechazamos tanto yo como la mayoría del mundo. Para el propósito de determinar si usamos al chimpancé o al humano deficiente en un experimento biomédico doloroso, o en algún otro contexto en que ellos sean usados exclusivamente como recursos, el chimpancé y el humano deficiente son iguales —ambos son individuos con interés en no ser usados como un recurso.

Hay diferencias entre chimpancés y ratas, como las hay entre los humanos. Tales diferencias pueden ser relevantes para algunos propósitos, pero son irrelevantes para el propósito de decidir si tratamos o no a un ser sintiente exclusivamente como recurso de otros humanos supuestamente «superiores».

Aquellos que se consideran abolicionistas, y no bienestaristas, deben ser bien claros: debemos detener la explotación de todos los no-humanos sintientes. Podemos querer empezar con los grandes simios pero deberíamos dejar muy en claro que eso no tiene nada que ver con el hecho de que ellos son «como nosotros», excepto en el sentido de que, como nosotros, ellos son sintientes y nosotros no tenemos ningún justificativo moral para tratar a cualquier no humano sintiente exclusivamente como recurso de los humanos. El riesgo de GAP, del Proyecto R&R y de otras campañas semejantes, todas basadas en la noción de que la condición moral y legal de los grandes simios no humanos depende del hecho de que ellos son «como nosotros», en el plano cognitivo, es que vamos a afianzar más el paradigma especista y asegurar que el 99,9999% de los no humanos que son rutinariamente explotados, permanezcan del lado de las cosas dentro de la división persona/cosa.

No necesitamos financiar programas educacionales referidos a semejanzas entre los grandes simios humanos y los no humanos. Esas semejanzas son y han sido muy claras por años, y sin embargo continuamos explotando a los grandes simios en laboratorios, zoológicos, y circos. Estas similitudes obvias ni siquiera convencieron a Jane Goodall para que exija la abolición del uso de los grandes simios no humanos para la vivisección. Lo que necesitamos es cambiar el paradigma por completo y no meramente reforzar el mismo pensamiento jerárquico que nos dejó en la situación en que estamos hoy.

Algunos animalistas argumentan que una campaña que asocia el valor moral a las características humanas es aceptable, porque el reconocimiento de que los grandes simios son personas podría llevar al reconocimiento de que otros no humanos también lo son. Pero concentrarse en las características cognitivas de algunos no humanos que han sido declarado como «especiales» es como tener una campaña por los Derechos Humanos concentrada en dar derechos, primero, a los humanos más inteligentes, con la esperanza de, más tarde, extender los derechos a los humanos menos inteligentes; o como tratar a las personas que tienen sólo un progenitor negro, como si fueran mejores porque son más parecidos a los blancos. Ciertamente rechazamos ese elitismo, en lo que concierne a los humanos. De la misma forma, deberíamos rechazarlo en lo que concierne a los no-humanos.

6 de diciembre de 2006

¿Un “triunfo” del bienestar animal?






Admito que soy un severo e implacable crítico del bienestar animal. Durante los últimos 15 años, más o menos, argumenté que, debido al hecho de que los animales son propiedad, las normas de bienestar animal generalmente van a proteger los intereses de los animales sólo hasta donde la protección facilite económicamente una explotación eficiente. Las campañas de bienestar animal, en su mayoría, implican a defensores de los animales tratando de persuadir a los explotadores institucionalizados de que un trato“mejor” de los animales se traducirá en mayores ganancias, y esto refuerza la condición de los animales como mercaderías con un valor meramente extrínseco o condicional. Más aún, el bienestar animal es contraproducente porque hace que el público crea, erróneamente, que la explotación es hecha de una manera más “humanitaria”, lo que alienta la continuación del uso de los animales de las más variadas maneras.

Frecuentemente soy criticado por los defensores del bienestar animal, pues me consideran demasiado negativo en mi valoración de la reforma del bienestar animal. Este ensayo es el primero de una serie de ensayos coyunturales que examinarán campañas bienestaristas específicas, para analizar si mi análisis es justo.

En el año 2002, defensores de los animales conducidos por The Humane Society of the United States (HSUS), Farm Sanctuary, y otras organizaciones, consiguieron cerca de 700.000 firmas para poner en la boleta electoral de Florida, una propuesta de enmienda de la constitución estatal para prohibir lo que se conoce como “jaulas de gestación” de cerdas. Los votantes aprobaron la propuesta y la Constitución de Florida convirtió en una contravención el confinamiento de una cerda grávida en “un cercado”, o atarla “de una manera que le impida girar su cuerpo libremente.” Peter Singer afirma que la enmienda es un “triunfo” (New York Review of Books, 15 de mayo de 2006, p. 26) y que está “cerca del tope” de la lista de las más importantes victorias de bienestar animal de los últimos 30 años.

Por al menos 6 razones, la caracterización de la enmienda de Florida como un “triunfo” demuestra que, en lo que concierne a las mejoras de bienestar animal, la franja de progreso es ridículamente baja.

Primero; la campaña contra las jaulas de gestación, que comenzaron en Florida pero ahora están haciéndose en otros estados, y que recientemente predominaron en Arizona, está basada explícitamente en hacer la explotación animal más eficiente. Los defensores de los animales promovieron la enmienda como un medio de mantener el manejo intensivo de porcinos afuera de Florida, protegiendo de esta manera el valor de las propiedades y el turismo.

Por ejemplo, la HSUS y Farm Sanctuary procuran prohibir la celda de gestación en favor de alternativas como los alojamientos en grupo que emplean un sistema electrónico de alimentación de cerdas (“ESF”), que reduce la agresividad a la hora de comer. El Reporte de la HSUS acerca de las celdas de gestación, alega que estudios europeos indican que “la productividad de la cerda es mayor en los alojamientos en grupo en relación a las celdas individuales, como resultado de la reducción de los índices de heridas y enfermedades, adelantamiento del primer estro, retorno más rápido al ciclo después del parto, menor incidencia de recién nacidos muertos y disminución del tiempo de cría. Los sistemas de alojamiento en grupo que emplean ESF son particularmente económicos”. Además de eso, la sustitución de las celdas en gestación por alojamientos en grupo con ESF reduce levemente los costos de producción y aumenta la productividad”. La HSUS cita un estudio que demuestra que “el costo total por cada lechón vendido es 0,6% menor en los sistemas de grupo con ESF, mientras que la ganancia para el criador es el 8% mayor debido al aumento de la productividad”, y otro demostrando que “en comparación con las celdas de gestación, los alojamientos en grupo con ESF disminuirían el tiempo de trabajo en un 3% y aumentarían un poco la ganancia por cerda por año”. La HSUS afirma que “lo que se economiza en la granja de cerdas puede ser invertido en la granja de engorde, donde el costo por peso disminuye 0,3%. Eso va a resultar en una disminución en el precio minorista del cerdo y en un pequeño aumento en la demanda. La HSUS concluye que “es probable que los productores que adopten el alojamiento en grupo con ESF van a poder aumentar la demanda de sus productos o cobrar un precio que va a rendirles un lucro extra”. La HSUS afirma que, a pesar de que los sistemas alternativos de producción son más eficientes, los productores de credos en los EE.UU. sólo están adoptando lentamente estos sistemas más deseables desde el punto de vista económico por causa de la “inercia y de su falta de familiaridad con el ESF”.

Este enfoque, al asociar explícitamente un “mejor” tratamiento con una explotación más lucrativa, refuerza la condición de los animales como mercaderías. Los defensores de los animales están, en efecto, actuando como consejeros de los explotadores de animales y ayudando a educarlos acerca de cómo obtener más ganancias con la explotación de los no humanos en cuanto hacen, en el mejor de los casos, cambios marginales que pueden ser erróneamente caracterizados por el público –tanto por los defensores de los animales como de los explotadores de animales-, como una victoria para los animales.

Segundo; hay sólo dos granjas de cerdos en el estado de Florida que fueron afectadas por la enmienda, y casi no hubo oposición a la misma porque no había un uso significativo de la jaula en ese estado. Ambos criadores enviaron a sus animales al matadero y cerraron sus operaciones, y fueron autorizados a recibir una subvención de hasta $275.000 (dólares). Por otro lado, los defensores de los animales gastaron aproximadamente $1.6 millones en la campaña.

Tercero; la enmienda define “cercado” como “cualquier jaula, celda u otro cercado en el que una cerda es mantenida por la totalidad o la mayor parte de cualquier día,” y esto presumiblemente significa que el uso de la jaula de gestación por menos de la “mayor parte” de un día no estaría prohibida. Esto es significativo, porque algunos productores están adoptando un sistema modificado en el que las cerdas preñadas estarán confinadas la mayor parte del día.

Cuarto; la enmienda explícitamente permite el uso de la jaula de gestación para los “períodos pre-parto”, lo cual se define como “el período de siete días anteriores a la fecha prevista para que la cerda tenga cría”, y permite el uso de las jaulas para “propósitos veterinarios”, por un período “no mayor del razonablemente necesario.” Esta regla tan indefinida para el confinamiento es, al igual que la prohibición concerniente al “sufrimiento innecesario”, en las leyes anticrueldad, una invitación a ignorar los intereses relevantes de los animales, en el caso de que esto sea percibido como un beneficio para los humanos.

Cinco; aunque los defensores sugieren que la enmienda haría que probablemente las cerdas afectadas por la misma pasarían a vivir en alojamientos en grupos, la enmienda prevé sólo que la cerda debe ser capaz de girar sobre sí misma “sin tener que tocar algún lado del cercado”, y no que la cerda debe permanecer en un alojamiento en grupo.

Sexto; la enmienda sirvió de ejemplo para una exitosa campaña para restringir tales iniciativas en el futuro. El 7 de noviembre de 2006, los electores de Florida votaron la exigencia de que la constitución de su estado sólo pueda ser enmendada por supermayoría.

Así que repasemos este “triunfo” del bienestar animal:
  • Implicó el gasto de más de $1.5 millones de dólares destinados a los animales;
  • Afectó a dos productores relativamente pequeños;
  • Se basó explícitamente en la noción de que las alternativas a la jaula de gestación eran económicamente mejores para los productores;
  • Requirió que a las cerdas solo se les diera espacio suficiente para que sean capaces de moverse sobre sí mismas sin tocar los lados del cercado, y esto es exigido sólo para la “mayor parte” del día, y no es requerido en absoluto para todo el período que conduce hacia el parto o cuando es necesario por “propósitos veterinarios".
Si esto es un “triunfo” entonces tiemblo al imaginar lo que sería una derrota.

29 de noviembre de 2006

Peter Singer apoya la vivisección: ¿por qué están sorprendidos?





El 26 de noviembre de 2006, The Sunday Times (UK), reporta que en un documental de la BBC, Peter Singer, descrito por The Times como “el padre del moderno movimiento de los derechos animales” se encuentra con Tipu Aziz, un viviseccionista de Oxford que usa primates en su investigación de la enfermedad de Parkinson. Aziz le dice a Singer que él induce esta enfermedad en primates y afirma que su uso de 100 monos ha ayudado a 40.000 humanos. Singer le responde:

«Bueno, pienso que si el caso es como usted lo presenta, es claro que yo tendría que concordar con que fue un experimento justificable. No pienso que debería reprocharse a sí mismo por hacerlo, dado que –entiendo que usted es el experto en esto, no yo-, no hubo otra manera de lograr este conocimiento. Podría verlo como una investigación justificable.»

Hasta ahora he recibido 64 mensajes de animalistas de los EE.UU., de Gran Bretaña y de otros lugares expresando asombro e incredulidad con relación a la posición de Singer. Casi todo el mundo comienza su mensaje con alguna expresión de sorpresa del tipo “¿Puede usted creer lo que Singer ha dicho?

Mi respuesta es simple: ¿Por qué están sorprendidos?

Si ustedes leyeron lo que Peter Singer ha venido escribiendo durante 30 años, está absolutamente claro que él considera moralmente permisible el uso de no humanos –y humanos- en la vivisección. De hecho, Singer rechaza explícitamente los derechos animales y la abolición de la explotación animal; él no cree que comer animales o productos de origen animal sea, en sí, moralmente erróneo; afirma que podemos ser “omnívoros conscientes;” y alega que podemos tener relaciones sexuales “mutuamente satisfactorias” con otros animales, y que es moralmente permisible matar a niños con incapacidades.

En resumen, en vez de preguntar: “¿Puede usted creer lo que ha dicho Singer?”, es más apropiado preguntar: ¿Alguien puede, por favor, explicar cómo fue Singer se convirtió en el “padre del moderno movimiento por los derechos animales”?

Singer es un utilitarista. Afirma que lo que es cierto o errado en cualquier situación depende solamente de las consecuencias. Si matar a 1000 macacos puede salvar a 40.000 humanos, entonces la acción estaría moralmente justificada. Singer rechaza explícitamente la noción de derechos animales, la cual nos impediría tratar a aquéllos 100 macacos exclusivamente como medios para nuestros fines. Pero Singer también piensa que sería apropiado usar humanos con graves dolencias mentales en esa situación, porque sería especista preferir a los no humanos en lugar de humanos situados en una situación semejante. Por tanto, desde este punto de vista, Singer promueve un enfoque que está completamente en desacuerdo no sólo con la posición de los derechos animales, sino también con los principios, comúnmente respetados, de los derechos humanos, y que, verdaderamente, es consistente con la visión de los doctores nazis que usaban a humanos “defectuosos” en experimentos.

Singer afirma que, en la mayoría de los casos, los animales no tienen un interés en continuar viviendo. Por lo tanto, nuestro uso, en sí, de otros animales, no se relaciona con una cuestión moral; lo que importa es nuestro trato de esos animales. Singer dice esto explícitamente en varios lugares, inclusive en su libro «Liberación Animal»Singer defiende la idea de que los animales, en su mayoría, no tienen conciencia de sí mismos y no tienen una “existencia mental continuada” ni deseos para el futuro [página 278]. Un animal puede tener interés en no sufrir, pero, como “no es capaz de comprender el hecho de que tiene ‘una vida’, en el sentido que requiere un entendimiento de que esto sea existir durante un período de tiempo”, un animal no tiene ningún interés en continuar viviendo ni en ser usado como recurso o propiedad de los humanos [página 279]. A los animales no les importa si los criamos y los matamos para comerlos, si los usamos en experimentos, o si los explotamos como nuestros recursos de cualquier otra manera, siempre y cuando tengan una vida razonablemente agradable. Según Singer, como los animales no tienen ningún interés en sus vidas per se, “no es fácil explicar porqué la pérdida para un animal que está muerto no puede, desde un punto de vista imparcial, compensarse por medio de la cría de un nuevo animal que llevará una vida igualmente agradable” [página 278]. Aunque Singer critica la cría intensiva de animales, afirma que puede ser moralmente justificable comer animales “que tengan una existencia agradable en un grupo social adecuado a sus necesidades de comportamiento, y después que sean matados de modo rápido e indoloro” [página 279]. Afirma que él “puede respetar a las personas conscientes que toman el cuidado de comer sólo carnes provenientes de esos animales” [página 280].

En el libro más reciente de Singer, «The Way We Eat: Why Our Food Choices Matter», en co-autoría con Jim Mason, Singer argumenta que podemos ser “omnívoros conscientes” y explotar éticamente a los animales si, por ejemplo, elegimos comer solo animales que han sido criados y matados “humanitariamente”.

El mensaje de Singer es claro: puede ser preferible ser vegano o vegetariano, en razón de los abusos de la cría intensiva industrializada. Pero él no tiene ninguna objeción en matar y comer animales para comida y nunca la tuvo.

Si tienen alguna duda acerca de esto, lean la entrevista a Singer en la edición de octubre de la revista neobienestarista Satya. En sus propias palabras:

«Creo que las personas están engañadas si piensan que yo diluí aquel argumento ético subyacente. Ahora, otra gente supone, incidentalmente, que en Liberación Animal yo dije que matar animales está siempre mal, y que ése fue de alguna manera el argumento para ser vegetariano o vegano. Pero si vuelven y lo releen, no van a encontrar ese argumento.»

Singer deja claro que considera el problema como los abusos de la cría intensiva industrializada. Una vez que hacemos el proceso más “humanitario”, y tratamos el tema del sufrimiento de manera de satisfacer los criterios utilitaristas de Singer, entonces podemos volver a comer animales. Singer piensa que es un error ser “demasiado fanático en cuanto a insistir en una vida puramente vegana”. Preguntado acerca de su propio veganismo, responde: “Oh, no hay la menor duda en cuanto a esto, soy impuro.”

Singer no sólo no ve ningún problema inherente en el hecho de comer animales y productos de origen animal, sino que tampoco ve ningún problema en tener contacto sexual con animales no humanos —nuevamente, siempre que lo hagamos “humanitariamente”. En la revista de pornografía suave de Nerve.com, Nuestro Padre nos dice:

«Pero el sexo con animales no siempre implica crueldad. ¿Quién no ha estado alguna vez en una ocasión social interrumpida por el perro de la casa agarrando las piernas de un invitado y refregando vigorosamente su pene en ellas? El anfitrión normalmente desalienta estas actividades, pero, en privado, no todos tienen objeciones a ser usados o usadas por su perro de esa manera y, de vez en cuando, pueden darse actividades mutuamente satisfactorias». [vean el artículo]

En The Way We Eat, Singer y Mason cuentan que trabajaron durante un día en una granja de pavos, “recolectando el semen e introduciéndolo en las hembras”. Capturaban y sujetaban a las pavas mientras que otro funcionario “exprimía la abertura hasta que se abría y manaba el blanco semen hacia adelante. Empleando una bombilla al vacío, lo aspira con una jeringuilla”. Singer y Mason entonces tenían que “quebrar” a las hembras, lo que implicaba aprisionarlas “de forma que su trasero estuviese recto y su cloaca abierta”. El inseminador entonces insertaba un tubo dentro de la hembra y empleaba una ráfaga de aire comprimido para insertar el semen dentro del oviducto de la hembra. Entonces aparentemente, la versión de Singer de la “liberación animal” significa que nosotros podemos infligir daño a los animales a fin de satisfacer nuestra curiosidad acerca de los mecanismo de la explotación animal.

Finalmente, Singer sostiene posiciones que la mayoría de nosotros encuentra inaceptable en lo que respecta a los derechos humanos básicos. Por ejemplo, una de muchas, en «Ética Práctica», Singer discute si es moralmente aceptable matar a un bebé que nació con hemofilia. Sostiene que aunque el tema es complicado, podemos defender que es posible matar al bebé si esta es la única manera de que los padres tengan otro niño “normal”, porque “cuando la muerte de un niño defectuoso condujera al nacimiento de otro niño con mejores pronósticos de una vida feliz, la suma total de felicidad será mayor si el niño defectuoso es matado” [página 230]. Aunque esto trata a los niños humanos como “reemplazables”, Singer considera que los niños probablemente son similares a los no humanos no auto-conscientes, y que es aceptable matarlos. Afirma que “matar a un niño defectuoso no es moralmente equivalente a matar a una persona. Con mucha frecuencia esto no está mal en absoluto.” [página 236]

Podría continuar y continuar con ejemplos que demuestran que las idea de Singer no tienen nada que ver con los derechos animales o con lo que la mayoría de nosotros considera como una concepción aceptable de los derechos humanos. Sin embargo, una cosa positiva que pueden decir acerca de Singer es que él nunca trató de ocultar estas ideas. Por lo tanto, estoy desconcertado en cuanto a por qué alguien puede estar sorprendido con sus comentarios sobre el uso que Azis hace de los macacos en Oxford.

En la entrevista de Satya, Singer dice, en respuesta a una pregunta acerca de la reacción a The Way We Eat:

«Estoy satisfecho porque la gente que son veganos ellos, y que están involucrados en algunas de las mayores organizaciones por los derechos animales, le han dado un fuerte apoyo. Recibí algunas quejas de parte del tipo de gente que esperaba que las haría. Quiero decir, hay gente que creo que están siempre listas a criticar a otras que están básicamente del mismo lado que ellas, pero que no son tan puras como ellas, y ellas insisten en el hecho de que este libro no dice simplemente que deberían hacerse veganos y nada más.»

Singer deja de lado la cuestión fundamental. Aquéllos que creen que está moralmente errado consumir productos animales no están “del mismo lado” que Singer. La posición de Singer no es diferente de la que tienen los explotadores institucionalizados de animales quienes, como Singer, sostienen que podemos usar animales siempre y cuando tengamos cuidado de asegurarnos que ellos "no sufren demasiado". La postura de Singer reduce el tema de los derechos animales a un debate acerca de lo que constituye “demasiado”, lo cual deja de lado la cuestión de que no podemos justificar el uso –aunque sea “humanitario”- de los no-humanos. No hay nada malo con ser un “purista” acerca de los derechos fundamentales. ¿Puede alguien defender la idea de que es ser “purista” rechazar la violación “humanitaria” o el abuso infantil “humanitario”? Por supuesto que no.

Mientras que el así llamado “padre del moderno movimiento de los derechos animales” considere como “fanática” la promoción del veganismo como base moral, el movimiento animalista continuará haciendo exactamente lo que ha estado haciendo: ir hacia atrás. Ha llegado la hora que aquellos que buscan la abolición de la explotación animal y no meramente su regulación, renieguen de Nuestro Padre y se embarquen en la tarea de crear un movimiento sociopolítico no violento que desafiará la explotación de los animales de un modo significativo.

6 de junio de 2006

Derechos Animales vs. Bienestar Animal




El profesor Francione expone las profundas diferencias que existen, tanto desde un punto de vista teórico como práctico, entre los derechos de los animales y el bienestar animal. Critica la postura que él mismo denomina “nuevo bienestarismo” y que viene a afirmar que las mejoras incrementales en el bienestar animal conducirán al final de la explotación animal. Estas ideas están recogidas en su libro «Lluvia Sin Truenos».



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