26 de julio de 2016

Los Derechos Animales y la Analogía con la Esclavitud y la Violación



Desde principios de la década de 1990, he estado argumentando que la regulación de la explotación animal no sólo es inmoral —pues si es moralmente incorrecto explotar animales, también es incorrecto promover la explotación supuestamente 'humanitaria' de los animales sino que, como cuestión práctica, está condenada al fracaso porque el estatus de propiedad de los animales significa que los intereses de los animales nunca pueden prevalecer sobre los intereses de los propietarios humanos. He argumentado que la regulación de la explotación animal fracasa para proteger a los animales por la misma razón que fracasó la regulación de la esclavitud.

Algunos animalistas parecen pensar que este tipo de discurso plantea un problema de 'apropiación cultural' porque sólo los negros están legitimados en hablar sobre la esclavitud.

Pero la idea de que los negros tienen algún tipo de exclusividad en el discurso sobre la esclavitud ignora que la esclavitud basada en la raza que existió en Estados Unidos [o en Occidente en general] entre los años 1600-1800 no fue la única esclavitud que ha existido. La esclavitud existía antes y existe ahora. Y la mayor parte de esa esclavitud no se ha basado en la raza, sino en la tribu y la religión.

Además, incluso en el caso de la esclavitud basada en la raza en Estados Unidos, dejo claro que son los mecanismos legales, políticos y sociales de la esclavitud los que son análogos al uso de animales como propiedad. Es esa discusión la que revela los requisitos de la abolición en lugar de la reforma bienestarista. La analogía se centra más en los mecanismos de opresión que en el sufrimiento resultante. Se centra en la analogía con los derechos de los animales más que en el bienestar animal. Algunos piensan que la analogía de la esclavitud se centra en el sufrimiento de los esclavos. Esto es incorrecto.

Siempre he sido crítico con los grupos animalistas que yuxtaponen imágenes de negros linchados con fotos u otras representaciones de animales colgados en mataderos, del mismo modo que me opongo a comparar la explotación animal con el Holocausto. Comparar males de este modo no contribuye en nada a avanzar en la comprensión y tiene un gran potencial para el malentendido y la ofensa. Pero el hecho y es un hecho es que existen importantes paralelismos entre la regulación de la esclavitud y la regulación de la explotación animal.

Los afroamericanos tienen una experiencia basada en el legado de la esclavitud, pero todos debemos comprender los mecanismos y principios de apoyo de la esclavitud -humana y no humana- si queremos librar al mundo de este mal.

La regulación de la explotación animal fracasa exactamente por las mismas razones que fracasó la regulación de la esclavitud. Si un ser sensible es un bien mueble, los intereses de ese ser siempre contarán menos que los intereses de los propietarios de ese bien. En prácticamente todas las situaciones de conflicto, la propiedad debe perder y el propietario debe prevalecer o, de lo contrario, no existe la institución de la propiedad en seres de ese tipo ya fueran humanos o no humanos. Tanto en la esclavitud como en la explotación animal, los seres sintientes son tratados como si sólo tuvieran un valor extrínseco o externo y no tuvieran un valor inherente o intrínseco. Son meras cosas. La esclavitud [basada o no en la raza] y los animales como propiedad son completamente análogos desde el punto de vista legal y económico.

Si existe alguna des-analogía como cuestión conceptual, no es entre la esclavitud y la explotación animal. Ahí, el encaje analógico es perfecto e ineludible. Muchos bienestaristas comparan la regulación de la explotación animal, que ellos promueven, con la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Esta última implicaba y sigue implicando porque la igualdad está muy lejos la cuestión de cómo tratar justamente a las personas. Los animales siguen siendo bienes muebles. No les reconocemos personalidad moral. No podemos hablar de cómo tratarlos de manera 'justa'.

Cuando hablo de abolición, no utilizo ese término para referirme a la experiencia de los esclavos. Hablo del mecanismo que se ha utilizado en el pasado y que debe utilizarse ahora para desmantelar cualquier institución de propiedad que establezca y perpetúe el estatus de seres sintientes utilizados exclusivamente como recursos para otros.

En cualquier caso, decir que ese análisis se 'apropia' de un discurso que es propio sólo de los negros es, me temo, transparentemente absurdo. No estoy utilizando la analogía de la esclavitud para denigrar la experiencia de los esclavos. La utilizo porque la analogía nos ayuda a comprender las razones legales, jurisprudenciales y económicas por las que la regulación sobre seres sintientes que son considerados como propiedad no puede funcionar para proteger sus intereses.

Otros animalistas declaran que los varones no deben hablar de violación en el contexto de la explotación animal. Es decir, no pueden establecer una analogía entre la vulneración de los derechos fundamentales que se produce en el contexto de la violación sexual y la violación de los derechos fundamentales que se produce cuando matamos y comemos animales.

Como en el caso de la esclavitud, cuando utilizo la violación como concepto analógico no lo hago para denigrar la experiencia de las víctimas de violación. Utilizo la analogía porque creo que encaja y puede ayudarnos a comprender la profunda estructura de la explotación animal.

En mi opinión, el uso de palabras y conceptos en contextos como éste es una cuestión de analogía. Nuestras experiencias determinan cómo entendemos las cosas pero, al final, la única cuestión relevante es si la analogía encaja. Habiendo estado en granjas lecheras y visto cómo se preña a las vacas y cómo hay que someterlas porque no les gusta lo que ocurre, creo que es análogo a la violación, al igual que muchas mujeres que conozco y que han visto realmente lo que ocurre en las granjas lecheras, incluidas mujeres que han sido víctimas de violación. Es una agresión sexual; las vacas no dan su consentimiento.

La violación es una vulneración de un derecho humano fundamental. Es diferente de las violaciones de derechos no fundamentales. Es análoga a las violaciones de derechos fundamentales que constituyen el uso de animales domésticos. La analogía es válida. Si alguien se siente ofendido por la analogía y se opone a su uso, necesitamos saber por qué la analogía no se sostiene y, tras muchos años de hacer este trabajo, todavía no he oído otra cosa que alguna versión de 'las mujeres humanas importan más moralmente'.

Hace poco estuve en una conferencia académica en la que se habló de ética animal, pero sólo como parte del evento. Argumenté que hablar de explotación 'feliz' era análogo a hablar de violación 'feliz' o de abuso sexual infantil 'feliz'. Una mujer que se identificó como feminista se opuso a mi analogía. Le pregunté por qué. Todo lo que pudo decir fue que no creía que explotar animales fuera tan grave como una violación. No estoy seguro de lo que quiso decir con eso y no tuvo respuesta cuando le pregunté a qué se refería. No hay respuesta no especista a esa pregunta.

Y si no podemos hablar sobre situaciones ni siquiera como analogías relevantes si no las hemos experimentado, entonces ninguno de nosotros puede hablar sobre la explotación de animales no humanos.

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