31 de julio de 2012

“Mascotas”: los problemas inherentes a la domesticación




En la práctica, simplemente no hay modo de tener una institución de propiedad de “mascotas” que sea consecuente con una teoría sensata de derechos animales. Las “mascotas” son una propiedad y, como tal, su valor será en definitiva cuestión de lo que sus “dueños” decidan.

Pero ustedes podrían preguntar: “¿Y qué si fuera posible? Si, como una cuestión hipotética, cambiamos el estatus legal de perros y gatos, de manera que no sean más propiedades y tengan un estatus legal más cercano al de los niños humanos, ¿estaría moralmente justificada nuestra continua producción de perros y gatos, y otros no-humanos, y nuestra tenencia de “mascotas”?

Mi respuesta a esta cuestión puramente hipotética es “no.” No podemos justificar la perpetuación de la domesticación para el propósito de tener “mascotas.”

Los animales domesticados dependen de nosotros para todo lo que es importante en sus vidas: cuándo y dónde comen o beben, cuándo y dónde duermen o hacen sus necesidades, si reciben algún afecto o si hacen ejercicio, etc. Aunque uno pueda decir lo mismo de los niños humanos, una cantidad abrumadora de niños humanos maduran y se convierten en seres autónomos, independientes.

Los animales domésticos no son parte real o total ni de nuestro mundo ni del mundo no humano. Ellos existen para siempre en un infierno de vulnerabilidad, dependientes de nosotros para todo y a riesgo de ser dañados por un entorno que en realidad no entienden. Los hemos criado para ser obedientes y serviles, o para poseer características que son, de hecho, perjudiciales para ellos pero agradables para nosotros. Podemos hacerlos felices en un sentido, pero la relación no puede ser "natural" o "normal". Ellos no son pertenecen a nuestro mundo, independientemente de lo bien que los tratemos.

No podemos justificar dicha institución aunque se vea muy diferente de la situación que tiene actualmente. Mi pareja y yo vivimos con cinco perros rescatados, incluidos los perros que tenían problemas de salud cuando los habíamos adoptado. Los queremos mucho y hacemos un gran esfuerzo para brindarles el mejor cuidado y tratamiento. Y antes de que alguien pregunte, !los siete somos veganos! Probablemente no hay dos personas en el planeta que disfruten de vivir con los perros más que nosotros.

Y ambos alentamos que todos los que puedan adopten o cuiden tantos animales —de cualquier especie— como puedan tener en forma responsable.

Pero si quedaran dos perros en el universo, y dependiera de nosotros en cuanto a si se les permitiera criar para que pudiéramos seguir viviendo con perros, e incluso si pudiéramos garantizar que todos los perros tendrían hogares tan cariñosos como la que nosotros les proporcionamos, no dudaría ni un segundo en llevar a su fin toda la institución de la propiedad de la "mascota.”

Consideramos a los perros que conviven con nosotros como refugiados de todo tipo, y aunque nos gusta cuidar de ellos, es evidente que los seres humanos no tienen que seguir trayendo a estas criaturas a un mundo en el que simplemente no encajan.

Comprendo que muchas personas estarán desconcertadas con mi argumento respecto de los problemas inherentes a la domesticación. Pero eso es porque vivimos en un mundo en el que matamos y comemos 56 mil millones de animales por año —sin contar a los peces— y donde nuestra mejor justificación para tal práctica es que nos gusta el sabor de los cuerpos animales y de sus productos. La mayoría de los que están leyendo esto ahora probablemente no son veganos. Mientras piensen que es aceptable matar y comer animales, el argumento más abstracto respecto de la domesticación de los animales que se usan como “mascotas” probablemente no repercutirá en ustedes. Lo comprendo.

Así que tomen unos pocos minutes para leer algunos de los muchos otros ensayos en este sitio que discuten el veganismo, tales como:
Y entonces reconsideren el tema de las “mascotas.” También trato el tema de las “mascotas” en: Comentario Nº 2: "Mascotas"

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Si no son veganos, por favor háganse veganos. El veganismo es acerca de la no violencia. Primero y principal, es acerca de la noviolencia hacia otro ser sintiente. Pero es también respecto de la noviolencia hacia la tierra y hacia ustedes mismos.


23 de julio de 2012

Veganismo y noviolencia




Si el principio de la no-violencia significa alguna cosa, significa que ustedes no pueden justificar su participación en ninguna matanza y ningún sufrimiento por razones transparentemente frívolas tales como el placer, la diversión o la conveniencia. Y hacer “con compasión” algo que no es moralmente justificable, no cambia el hecho de que es moralmente injustificable.

Cuando deciden lo que quieren comer, vestir o usar, no están actuando bajo ninguna clase de compulsión. Simplemente se dejan llevar por el placer del paladar, el sentido de la moda, etc… o permitiendo que lo que es conveniente prevalezca por encima de los intereses de otro ser sintiente.

Así que si abrazan la no-violencia pero no son veganos, necesitan pensar respecto de lo que, incuestionablemente, sería una grave falta de coherencia.


14 de julio de 2012

Animales atropellados en la carretera, huevos abandonados y comida encontrada en la basura




Con frecuencia me preguntan si es vegano comer animales que murieron atropellados en la carretera, huevos abandonados de gallinas que son mantenidas como compañeras, o productos animales que encontraron en un contenedor de basura.

La respuesta breve: no.

La explicación: aunque esas actividades no contribuyan directamente para la demanda de productos animales, son profundamente problemáticas en cuanto a una cuestión simbólica. Refuerzan la idea de que los productos animales son cosas para consumir; refuerzan la idea de que los animales son cosas, que son recursos humanos; refuerzan la práctica social de consumir animales; refuerzan la demanda incluso si no contribuyen directamente a ella.

¿Pero y qué si nadie ve que están haciendo esas cosas? En ese caso, no están involucrados en ninguna actividad que simboliza nada para nadie porque ninguno la observa o sabe de la misma. No están reforzando la demanda.

Pero ustedes están observando; ustedes saben de eso. Ustedes están participando en el acto de consumir animales; un ritual que no tiene ningún significado aparte de la celebración especista de que los animales son cosas para ser explotadas.

Ser vegano significa que rechazas la idea de que los animales son cosas para que nosotros consumamos. No son mercancías; no son recursos.

Ellos no son comida; no lo son más que un brazo humano que pudieran encontrar en el contenedor de basura.

Nunca pensaríamos en comer a un humano. Los humanos son personas morales. No comemos personas. Pero lo no-humanos son personas también. Ellos tienen valor moral. Sus cuerpos y los productos hechos con ellos no son cosas para comer, incluso si los encontramos muertos en la carretera o en un contenedor de basura, o incluso si abandonan sus huevos.

12 de julio de 2012

Sintiencia





Un ser sintiente es un ser que percibe de manera consciente; un ser que tiene intereses; o sea, un ser que prefiere, desea o quiere. Esos intereses no tienen que parecerse a los intereses humanos. Si un ser tiene algún tipo de mente que pueda experimentar frustración o satisfacción o cualquier otro interés que un ser tenga, entonces es un ser sintiente.

Estamos involucrados en un pensamiento especista cuando afirmamos que un ser debe tener una mente similar a la humana para valer moralmente. Es decir, es especista afirmar que un ser debe tener un sentido reflexivo de autoconciencia, o pensamiento conceptual o la habilidad general de experimentar la vida en el sentido que los humanos lo hacemos para tener el derecho moral a no ser usado como un recurso. Dado que hay alguien ahí que es perceptivamente consciente y que, de esa propia manera, se preocupa por lo que le pasa a él o a ella, eso es todo lo necesario para tener el derecho moral a no ser usado como un recurso.

¿Hay incertidumbre en cuanto a dónde está la línea entre sintiente y no-sintiente? Por supuesto. Sin embargo, es claro más allá de toda duda que todos los animales que rutinariamente explotamos —los peces, vacas, ovejas, cabras, pollos y otras aves, langostas,..., son sintientes. Así que sabemos todo lo que necesitamos saber para tomar la decisión moral de dejar de comer, vestir o usar a esos animales.

¿Podemos decir con la mayor certeza posible en algún sentido empírico que las plantas son no-sintientes? Sí, por supuesto. Las plantas están vivas; las plantas reaccionan a los estímulos. Pero las plantas no responden a través de algún proceso consciente. Es decir, no hay razón alguna para creer que las plantas tienen algún tipo de mente que se preocupa acerca de lo que le pasa a la planta.

La gente con frecuencia dice que yo considero a los insectos como no-sintientes. Eso no es exacto. No estoy seguro de si los insectos son sintientes. Prefiero equivocarme por el lado de la sintiencia y no matarlos intencionalmente. De hecho, soy cauteloso cuando camino para no matarlos o injuriarlos. No sé si las almejas u otros moluscos son sintientes aunque prefiero equivocarme a favor de la sintiencia y no comer o comprar productos hechos con ellos.




Pero repito: no saber dónde trazar la línea no significa que ahora mismo no sepamos lo suficiente para estar absolutamente seguros de que tenemos una obligación moral de no comer, vestir o usar animales y de que el veganismo debe ser la base moral de un movimiento que intenta conseguir justicia para los animales no humanos.

Posdata del 13 de julio de 2012:

Algunas personas me escribieron en el día de ayer para preguntarme si considero que comer almejas es vegano. Estas cuestiones estaban motivadas por el vídeo que enlacé más arriba.

No, yo no considero que consumir a estos no-humanos sea coherente con ser vegano.

En el caso de las plantas, podemos estar tan seguros de que no son sintientes más de lo que podemos estar seguros de cualquier otra cosa. La cuestión de la sintiencia en el caso de almejas, ostras,..., no es segura, y, por tanto me parece de sentido común adoptar el presupuesto en favor de su sintiencia y en contra de su explotación. Hay otros moluscos [cefalópodos, tales como los calamares y los pulpos] que son neurológicamente más desarrollados y parece claro que son sintientes. Así que considero que lo razonable sería presuponer la sintiencia en ostras, almejas, y todos los moluscos —incluyendo a los caracoles— y no comerlos ni explotarlos de ninguna manera como recursos para los humanos.

El legado de Lennox






Ayer, 11 de Julio de 2012, Lennox, presuntamente un pit bull, fue asesinado por el Concejo de Belfast, en Irlanda. Los pit bulls son ilegales en Irlanda del Norte. Se había hecho una campaña internacional para salvar a Lennox y hay ahora una indignación internacional por su muerte.

Y así debe ser.

Sólo por ignorancia se considera a los pit bulls como un tipo de perro feroz. Cualquiera que sepa algo de pit bulls sabe que son perros dulces y amorosos, cuyo papel histórico ha sido el de trabajar como niñeras no humanas de niños humanos. ¿Son feroces algunos pit bulls? Sí, los que están preparados para ser feroces por los seres humanos. Y a partir de lo que he leído, la afirmación de las autoridades de Belfast de que Lennox era feroz, o que era "necesario" matarlo en algún sentido, no fue apoyada por la evidencia.

Pero la historia de Lennox tiene un significado más profundo. Hubo una indignación internacional en esta cuestión porque no había ninguna justificación para matar a Lennox. El Concejo de Belfast actuó erróneamente.

¿Pero qué respecto de los aproximadamente 150 millones de animales no humanos —sin contar a los peces— que son asesinados hoy para comida?

Cada uno de esos animales es tan inocente y vulnerable como lo fue Lennox. Y no hay justificación para el sufrimiento y la muerte que les imponemos. Matamos y comemos animales porque tienen buen sabor; actuamos por costumbre para satisfacer el placer de nuestro paladar. Nada más.

Muchos de aquellos que protestan por la muerte de Lennox y objetan las acciones del Concejo de Belfast están haciendo exactamente lo que hizo el Concejo en el caso de Lennox: están decidiendo quien vive y quien muere.

La indignación moral en todo el mundo respecto de esta injusticia muestra que muchos de nosotros tenemos preocupación moral respecto de los no humanos.

Si pudiéramos encender la chispa moral y generalizar esa preocupación moral, de manera que todos aquellos que sintieron malestar por la muerte de Lennox pudieran llegar a estar igualmente indignados por la muerte de los miles de millones de animales matados anualmente para comida, tendríamos un movimiento por los derechos animales.

El patético movimiento “de la carne feliz”, “el consumo compasivo” que existe al presente, no tiene nada que ver con los derechos animales; tiene que ver con hacer que los humanos se sientan mejor respecto del consumo de no humanos.

A Lennox lo mataron injustamente. Eso estuvo mal. Quienes objetan lo que le pasó a Lennox deberían reconocer que continuar consumiendo animales no nos hace diferentes del Concejo de Belfast.

Si no son veganos, por favor háganse veganos. Y eduquen a otros, de maneras creativas y no violentas, acerca de cómo el veganismo es la única respuesta al reconocimiento de que los animales importan moralmente.

Y si tienen la posibilidad de adoptar a un animal sin hogar de cualquier especie, por favor háganlo. Si adoptan, consideren a un pit bull o mezcla con pet bull. ¡Son perros maravillosos!

Dejemos que el legado de Lennox sea la elevación de nuestra consciencia por todos los no-humanos.

Posdata del 16 de julio de 2012

Algunos animalistas están convocando un boicot al turismo de Irlanda del Norte en respuesta por la muerte de Lennox. Esto demuestra la confusión en la que viven tantos animalistas. Primero, ¿por qué Irlanda del Norte? Nueva York matar a más pitbulls en un día que todos aquellos que habrán matado en Irlanda del Norte durante años. Segundo, millones de animales son matados cada minuto de cada día en todas partes alrededor del mundo. Pero la respuesta de estos animalistas consiste en realizar un boicot enfocado en un perro y que no hace mención de los otros millones de animales ni conecta ambas injusticias. El veganismo no es mencionado.

3 de julio de 2012

Un intercambio en Facebook sobre la religión y los animales



Alguien preguntó:

¿La biblia no nos informa que los animales son proveídos por su dios para el uso del hombre, y el Corán y las escrituras judías no ordenan cómo y cuáles animales deben ser matados para consumo humano? Fuera de los actos de crueldad gratuita y pasando por alto los derechos de los animales, me parece que la biblia cristiana en parte defiende el bienestar animal, pero ciertamente no defiende un enfoque abolicionista  —¿cómo esto no podría fomentar el especismo?

Le contesté:

Tengo varias respuestas:

Primero, a menos que yo crea que los libros sagrados de una religión son la palabra literal recibida de Dios, los textos religiosos deberían ser vistos como tratados espirituales en sus contextos históricos. Lo que se valora como principio central de una religión puede evolucionar —y usualmente lo hace— a través de cambios en los contextos históricos. En cualquier caso, uno puede ser teísta y, verdaderamente, un Cristiano, considerando a la Biblia nada más que como un documento que se desarrolló históricamente y se dirigió a varios asuntos, muchos de los cuales no tenían nada que ver con la teología y sí todo que ver con el poder y el control del que son parte todas las instituciones, sean iglesias o corporaciones o gobiernos.

Segundo, vayan a leer el Génesis, el primer libro del Antiguo Testamento. En la historia original de la creación, cualquiera, incluso los animales, eran veganos. Es completamente claro que los humanos no comían animales y que los animales no se comían unos a otros. Fue sólo después de quebrarse el pacto entre los humanos y Dios que se comenzó a comer animales. Hasta donde leí, el veganismo fue la posición ideal y es la posición hacia la cual los humanos deberían trabajar —una situación donde habrá paz, ninguna matanza, y donde incluso el león yacerá con el cordero y el león comerá paja.

Tercero, el especismo, sea en la forma de una doctrina religiosa o secular, promueve el especismo. La idea de que la religión tiene una esquina en el mercado especista es simplemente errónea. ¿Se usaron las religiones para apoyar el especismo? Sí. ¿Se usaron las instituciones seculares, tales como el paradigma humanístico de la Ilustración, para apoyar el especismo? Sí. ¿La corriente principal de la ciencia es especista? Por supuesto. Ninguna de esas instituciones son inherentemente especistas —o racistas o sexistas u homofóbicas. Pero esas instituciones están todas dominadas y moldeadas por personas que son especistas —y sexistas, racistas y homofóbicas.

Cuarto, lo que encuentro problemático es que gran parte de la discusión en cuanto a este tema toma la forma de personas que se declaran “ateas” porque no les gusta el Papa, o porque la Iglesia Católica facilitó y encubrió la pedofilia, o porque algunos Cristianos Fundamentalistas o musulmanes son personas desagradables, odiosas, etc. Todas esas cosas pueden ser ciertas pero no tienen nada que ver con el tema de si Dios existe o si hay una dimensión espiritual del universo.

Muchos defensores de los animales se auto-identifican como “ateos” pero muchas de esas mismas personas también adoptan creencias espirituales y algunas incluso tienen creencias teístas. Lo que quieren decir con “ateo” es que rechazan las religiones tradicionales organizadas.

Quinto, el Nuevo Ateísmo que es popular entre muchas personas, particularmente los jóvenes, está siendo pregonado por un grupo de políticos reaccionarios, incluyendo Richard Dawkins, Sam Harris y Chris Hitchens. Noam Chomsky se refiere a estas personas como “fanáticos” ¿Por qué? Porque promueven la idea de que los problemas del mundo son causados por la religión más que por los factores geopolíticos y económicos en juego. En otras palabras, quieren que ustedes piensen que los problemas del Medio Oriente, por ejemplo, están relacionados con el Islam en vez de con el petróleo o el imperialismo occidental. Estos Nuevos Ateos tratan de proporcionar una base “científica” para el Nuevo Orden Mundial. Si se consideran a sí mismos como personas políticamente progresivas, piensen dos veces respecto de si quieren identificarse ustedes mismos con estos pensadores reaccionarios.

Por favor, observen: No estoy diciendo que el ateísmo está mal porque Dawkins, Harris y Hitchens son reaccionarios políticos. Sólo estoy diciendo que la gente que está interesada en el pensamiento crítico, racional y progresivo debería tener cuidado antes de pasarse a las filas del Nuevo Ateísmo.

Sexto, reitero: los argumentos por los derechos de los animales que desarrollé durante los pasados 30 años, que son muy diferente de las posiciones desarrolladas por Peter Singer y Tom Regan, se sustentan en la lógica y la racionalidad. Punto. Cualquiera que afirme otra cosa no conoce mi trabajo o lo está tergiversando deliberadamente. Mi trabajo habla por sí mismo: la lógica y la racionalidad son absolutamente esenciales.

Pero la lógica y la racionalidad no pueden proporcionar el cuadro completo.

Para que la gente traduzca la lógica y la racionalidad de la posición abolicionista en un cambio importante en sus propias vidas —hacerse veganos— y aboguen para que otras personas efectúen cambios en sus vidas, es necesario que la gente deba considerar a los animales como poseedores de valor moral. Ellos deben tener un impulso moral en relación a los animales. Ellos deben “ver” a los animales, o al menos algunos animales, como miembros de la comunidad moral. No es necesariamente una cuestión de “gusto por” o de “amor” por los animales; es una cuestión de considerarlos como miembros de la comunidad moral. Es cuestión de tener la motivación para actuar correctamente cuando se trata de animales. Si la gente tiene esta preocupación o impulso moral al menos en relación a algunos animales —y las buenas noticias es que muchas personas lo tienen—, creo que el abordaje lógico que desarrollé puede guiarlos para ver que todos los seres sintientes son miembros de la comunidad moral y que deberíamos abolir, y no regular, la explotación animal.

Si la gente rechaza la idea de que los animales son miembros de la comunidad moral, entonces la lógica y la racionalidad no van a llegar muy lejos. Déjenme decirlo de esta manera: ustedes piensan que las brutales peleas de perros de Michael Vick están mal, yo puedo, a través del argumento lógico, racional, lograr que vean que cualquier no-vegano está en un lugar similar al de Michael Vick. Si ustedes piensan que las peleas de perros de Vick son estupendas y maravillosas, no voy a llegar muy lejos con ustedes.

Ese impulso moral que debe estar presente para trabajar con los argumentos lógicos y racionales puede venir de cualquier fuente —puede venir de fuentes teísta [por ejemplo: creer en un amor cristiano que todo lo abarca], fuentes espirituales [por ejemplo: creer en una visión Budista respecto de la interconectividad de toda la vida], o fuentes totalmente ateas o no-espirituales [por ejemplo: creer que la proposición expresada en “está mal infligir sufrimiento a un ser sintiente sin una justificación suficiente” es una afirmación objetivamente verdadera como cuestión de intuición moral].

No importa cuál sea la fuente de la preocupación o del impulso moral. Lo que importa es que la tienen.

La idea de que un abolicionista debe ser ateo es tan absurda como la posición de que un ateo no puede ser abolicionista. Abolicionistas pueden ser ateos, cristianos, budistas, realistas morales seculares o lo que sea. Históricamente, la mayoría de los abolicionistas con respecto a la esclavitud humana eran personas religiosas.

Siempre deberíamos criticar al especismo cualquiera sea la forma en que se muestre y en cualquier doctrina que emerja. Pero eso no significa que debemos divertirnos o atacar las creencias religiosas o espirituales en sí mismas. Recientemente, uno de estos grupos animalistas de Nuevos Ateos desacertados y reaccionarios publicó un gráfico ofensivo comparando a Jesús, Buda y Krishna con Charles Manson y Ji Jones. ¿Alguien piensa realmente que tal comparación, además de ser inherentemente errónea, está haciendo algo para ayudar a los animales? Ciertamente, sería irracional pensar así.

*****

Si no son veganos, háganse veganos. Es fácil, es mejor físicamente para ustedes y, lo más importante, es lo correcto para hacer. Si ya son veganos, entonces eduquen a otros respecto de porqué su preocupación por los animales significa que ellos, también, deberían ser veganos.

Y si tienen la habilidad de hacerlo así, por favor adopten o cuiden a un animal sin hogar. Los refugios están desbordados con toda clase de animales que los necesitan: perros, gatos, pájaros, roedores, peces. ¡Hay alguien para todos! Si tienen lugar y pueden tomar un animal grande o varios pequeños, ¡háganlo!

2 de junio de 2012

Una previa del próximo programa sobre activismo efectivo por los Derechos Animales



La semana pasada publiqué dos ensayos: 

La reacción que recibí fue abrumadora en tan sólo unos pocos días. He recibido 52 correos electrónico —hasta ahora— preguntándome cuestiones sobre cómo aplicar esas ideas en circunstancias concretas.

Haré pronto un programa de radio sobre este tema en cuanto pueda, pero, dependiendo de cómo vaya mi trabajo, no será antes de una semana o dos. Hace mucho tiempo que no hago un programa y este tema parece lo suficientemente para para dedicarle varios programas.

Mientras tanto, la tesis que defendí en mis ensayos es que si la gente no tiene lo que yo denomino preocupación moral por los animales —con lo que quiero decir que tienen la creencia de que al menos algunos animales importan moralmente— y un impulso moral —con lo que quiero decir que ellos están motivados para seguir adelante, para actuar sobre esa creencia de manera de que quieran hacer lo correcto, y no solamente pensar lo correcto acerca del tema— entonces la lógica y la racionalidad no importarán demasiado.

Pero si alguien realmente tiene una preocupación y un impulso moral, entonces podemos usar la lógica y la racionalidad para que llegue a una posición vegana abolicionista.

En otras palabras, si alguien me dice: “Pienso que lo que le hizo Michael Vick a esos perros fue moralmente terrible porque está mal hacer sufrir a los animales sin ninguna razón,” yo puedo entonces usar la lógica y la racionalidad para demostrarle que nuestra práctica de comer animales y productos animales es indistinguible de usar animales para peleas.

Pero si alguien dice: “No me importa lo que Michael Vick o cualquier otro le hace a los animales. No considero que los animales tengan ningún valor moral,” es poco probable que esa persona esté interesada en los argumentos lógicos acerca de cómo debería cumplir con sus obligaciones morales hacia los animales. Ella no reconoce que tenga alguna.

La buena noticia es que la mayoría de la gente tiene alguna preocupación moral por al menos algunos animales. Nuestro desafío, como activistas por los animales, es usar la lógica y la racionalidad para conseguir que las personas vean que su preocupación moral tiene sentido sólo si la extienden a todos los seres sintientes y apoyan la abolición, tanto en sus vidas personales, en la forma de veganismo y, como una cuestión social, en la forma de educación vegana no violenta.

Y en cuanto a los que realmente no tienen ninguna preocupación moral por los animales, no podemos usar la lógica y la racionalidad para forzarlos a sentir de manera diferente; para “probar” que ellos deberían preocuparse. Si no les preocupa, no les preocupa.

Aunque nuestro desafío como defensores de los animales es ayudar a las personas a ver las implicancias de su preocupación moral respecto de los animales, es irrelevante porqué las personas tienen esa preocupación moral. Lo que es relevante es que ellos tienen preocupación moral. Eso es lo que nosotros necesitamos identificar y eso es lo que sirve como base del uso de nuestra lógica y racionalidad para demostrar que el veganismo es la única respuesta coherente para un sentido reconocimiento de que los animales importan moralmente.

Así que cuando alguien dice, “Pienso que lo que Michael Vick le hizo a aquellos perros fue moralmente terrible porque está mal hacer sufrir a los animales sin razón alguna,” la respuesta no es preguntar, “¿Por qué piensa así?” y entonces proceder a argumentar con la persona porque ustedes no están de acuerdo con la fuente de la preocupación moral de esa persona.

Por ejemplo, si alguien dice, “Pienso que lo que Michael Vick le hizo a esos perros fue moralmente terrible porque está mal hacer sufrir a los animales sin razón alguna,” el trabajo que tienen es lograr que ella vea que su preocupación moral requiere que deje de consumir o usar a los animales en conjunto, y alentar a otros a hacerlo, aparte de eso.

Le harían un flaco servicio a los animales si, en esa situación, ustedes dijeran, “¿Y por qué piensa eso?” y ella contestara, “Porque soy budista y veo la interconexión de la vida,” y ustedes procedieran a decirle a ella que es un idiota, o que es irracional por creer en el budismo porque ustedes son ateos y “científicos” y no creen en el budismo.

De manera similar, si la base de sus preocupaciones morales por los animales es su budismo, el trabajo que tienen no es convencer a alguien más —cuya fuente de preocupación moral puede ser completamente diferente, tal como su lectura de un poema de Byron, un ateo, o la relación que tiene con su perro— para que se haga budista. Lo que importa es que los dos comparten una preocupación moral. Porqué lo hacen es irrelevante. Todo lo que importa es que lo hacen.

Si una persona dice que la fuente de su preocupación moral por los animales es que ella creció en una granja que tenía animales y, aunque su familia explotaba animales, un día se da cuenta y reconoce que tiene parentesco con los animales no humanos pero está insegura acerca de qué hacer en cuanto a la acción práctica, nuestro trabajo es discutir con ella cómo su sentido de parentesco debería conducirla al veganismo y apoyar la abolición de la explotación. Nuestro trabajo no es criticarla porque su sentido de parentesco con los no humanos se desarrolló en una situación que nosotros consideramos moralmente objetable.

Escribí mucho respecto de la no violencia como fuente de preocupación moral en relación a temas que involucraban humanos y no humanos. Pienso que es justo decir que muchas personas comparten conmigo una creencia en la no violencia como un valor moral importante y fundacional, independientemente de si la ven conectada con una determinada religión o una tradición espiritual. Muchos adoptan la no violencia como un concepto puramente secular. De hecho, es precisamente porque la no violencia es un valor moral adoptado por muchos a pesar de cualquier otra cosa que puedan creer, que ésta provee un marco común con el cual manejar muchas cuestiones. Nunca discuto la no violencia en un contexto metafísico o espiritual determinado cuando discuto ética animal porque no es útil o relevante. Si ustedes y yo compartimos una preocupación moral —nuestra creencia en la no violencia— porqué lo hacemos así es irrelevante. Lo que es relevante es que nuestra creencia común es el fondo de nuestra preocupación moral por la violencia contra los animales. Desde esa preocupación moral compartida, podemos razonar para conclusiones morales importantes respecto del veganismo y la abolición.

Repito: no nos debería importar porqué las personas tienen una preocupación por los animales; lo que importa es que ellas tienen esa preocupación. Sus razones para preocuparse por otros animales —humanos o cualquier otro— sólo importan cuando ello limita su preocupación, no cuando la expande.

Continuará …



1 de junio de 2012

Imágenes Violentas en el Activismo Animalista




Con cierta frecuencia me preguntan si es aconsejable usar imágenes violentas, tales como películas ambientadas en mataderos o en granjas de cría industrial, como parte de la educación abolicionista vegana. Cuando expreso duda y preocupación, quienes conocen mi experiencia dirán muchas veces, “Pero, ¿acaso tu visita a un matadero no te afectó profundamente?

Por supuesto que sí. Pero tenemos que distinguir entre la fuente de nuestra preocupación moral respecto de los animales y los argumentos que hacemos a favor de la abolición y del veganismo. En mi último artículo, “Preocupación Moral, Impulso Moral, y Argumentación Lógica en el Activismo por los Derechos Animales”, sostuve que la racionalidad es absolutamente esencial para una defensa efectiva de los derechos animales, pero que para que una persona sea receptiva al argumento racional, debe primero tener al menos alguna preocupación moral respecto de los animales. Debe tener un impulso moral para querer hacer lo correcto al menos en relación a algunos animales, para ser capaz de responder positivamente a los argumento lógicos respecto de qué es lo correcto para hacer. La preocupación moral y el impulso moral pueden venir de distintas fuentes. Sin embargo, si a una persona no le importan moralmente los animales, y no considera a los animales como miembros de la comunidad moral en ningún sentido, la lógica y la racionalidad no van a ser muy útiles.

En mi caso, mi preocupación moral respecto de los animales fue provocada por la visita a un matadero y por un reconocimiento simultáneo de que un compromiso con la no violencia era gravemente incompleto si no se aplicaba a los animales. Fue esa preocupación moral y el muy fuerte impulso moral resultante que me llevó a desarrollar el enfoque abolicionista a los derechos animales que incluye a todos los seres sintientes dentro de la comunidad moral y que identifica al veganismo y a la abolición como las únicas respuestas coherentes a un reconocimiento del valor moral inherente de los animales.

Pero decir que algo sirve para provocar o despertar la preocupación moral en alguien, no es decir que será también una herramienta efectiva de apoyo para usar en aquellos que ya tienen una preocupación moral pero están confundidos respecto de lo que significa en términos de sus propias vidas y sus esfuerzos de promoción. Mostrarle a alguien películas sangrientas puede desencadenar su preocupación moral, pero la mayoría de las personas que van a mirar tales películas, en primer lugar ya están preocupadas respecto de los animales y están tratando de descubrir qué hacer con su preocupación. El peligro es que las películas sangrientas consiguen que las personas preocupadas se centren en lo relativo al tratamiento y no al uso, particularmente cuando son presentadas, como con frecuencia ocurre, como explícitos o implícitos llamamientos para la reforma bienestarista. Es éste particularmente el caso con respecto a los videos ambientados en granjas industriales o en los “abusos” de las granjas industriales. Muchas personas que ven tales películas se marchan con un muy claro mensaje bienestarista de que la solución consiste en las etiquetas “felices”, las granjas familiares, CCTV, y casi todo excepto el veganismo. Todos nosotros conocemos a tales personas.

Y ése es el riesgo. De hecho, cuando abrimos este blog por primera vez, había imágenes sangrientas en la portada. Una de las razones por las que eliminé esas imágenes fue el hecho de que algunas personas comentaron que el activismo animalista necesitaba centrarse en las reformas bienestaristas para “mejorar” el trato hacia los animales. !Eso perdía todo el sentido del sitio!

Además, pienso que hay una diferencia significativa entre visitar un matadero y ver una película donde se lo muestra. La última será sangrienta, pero una parte del horror de un matadero es el contacto visual que ustedes hacen con animales determinados a quienes nunca olvidarán. Si este tipo de experiencia no despierta ninguna predisposición para que tengan una experiencia moral, o cercanía, con los animales no humanos, no estoy seguro de qué lo haría.

Así que pienso que debemos ser cuidadosos al usar estos materiales para el activismo.

No me opongo absolutamente a ellos; pueden facilitar que alguien que está luchando con estos temas para desarrollar su preocupación moral se haga receptivo a los argumentos racionales a favor del veganismo y la abolición. Y pueden ser útiles para persuadir a alguien que ya está preocupado y que ya tiene un impulso moral para ir en la dirección abolicionista. Pero, en el último caso, pueden también empujar a esa persona a favor de centrarse en el trato y no en el uso, y entonces la moveremos hacia la carne “feliz” y la reforma bienestarista.

Dije en este ensayo respecto de la preocupación moral:
«En términos generales, no estoy diciendo que deberíamos usar la fuente de nuestra preocupación moral para argumentar por los derechos animales. Eso no tendría sentido. Si la fuente de la preocupación moral por los animales de alguien es que ella leyó Black Beauty cuando era una niña, no estoy diciendo que deberíamos promover la lectura de Black Beauty como un medio de defender los derechos de los animales. Verdaderamente, está lleno de personas que leyeron Black Beauty cuando eran niños y que no se hicieron veganos. Pero ese libro (o cualquiera de los incontables otros libros, experiencias, etc.) puede haber desencadenado el impulso moral en alguien, haciéndolo receptivo a los argumentos racionales que podemos hacer como abolicionistas para conseguir que esa persona vea a todos los seres sintientes como miembros de la comunidad moral y al veganismo como la única respuesta coherente, dada su preocupación moral. Pero si ella no tiene ninguna preocupación moral en primer lugar, no será receptiva a esos argumentos.»
Alguien puede haber desarrollado su sentido de preocupación moral trabajando en una granja, intensiva o no, pero no haríamos activismo para persuadir a las personas que trabajan en tales lugares se haga veganas. No sólo sería poco práctico sino que no está claro que sería casi tan efectivo como los argumentos lógicos hicieron en alguien que ya tiene preocupación moral.

Conocí a alguien cuyas preocupaciones morales fueron provocadas por trabajar como estudiante asistente en un laboratorio que usaba animales. Ella dejó de trabajar en el laboratorio e hizo voluntariado para un gran grupo de bienestar animal y se hizo vegetariana por varios años. Se hizo vegana después de leer mi libro «Introducción a los Derechos Animales» dejó de promover la reforma bienestarista, y comenzó a hacer educación vegana. Respondió a los argumentos lógicos de «Introducción a los Derechos Animales» porque ella estaba moralmente preocupada respecto de los animales, como resultado de su experiencia en el laboratorio. Pero ciertamente nunca recomendaría que alguien sea asistente en un laboratorio con animales para que se haga vegano.

Para concluir: no confundan la fuente de la preocupación moral, que puede ser casi cualquier cosa, con los argumentos lógicos que hacemos a favor del veganismo y la abolición.



31 de mayo de 2012

Preocupación moral, impulso moral, y argumentación lógica en la defensa de los Derechos Animales




Cualquiera que alguna vez haya hecho defensa de los animales ha tenido la experiencia de explicar racionalmente porqué la explotación animal no puede ser moralmente justificada, sólo para escucharle decir, a la persona con quien está hablando, algo así como: “sí, es interesante, pero lo que pasa es que no pienso que esté mal comer productos animales,” o “pienso que estás siendo perfectamente lógico pero yo justo adoro el helado y el queso y voy a seguir comiéndolos.”

¿Cómo puede ser esto? ¿Cómo la gente puede rechazar los argumentos lógicos y racionales?

La respuesta es simple: la lógica y la racionalidad son cruciales para el análisis moral. Pero no pueden contar la historia completa respecto del razonamiento moral. Es más complicado que los silogismos lógicos. El razonamiento moral –acerca de los animales o de cualquier otra cosa– requiere algo más que lógica. Ese algo más involucra dos conceptos estrechamente relacionados pero conceptualmente diferentes: preocupación moral e impulso moral, el cual precede a nuestro compromiso en el plano racional o lógico.

Poniendo esto en el contexto de la ética animal: para aceptar un argumento que conduzca a la conclusión de que todos los seres sintientes son miembros completos de la comunidad moral y que nosotros deberíamos abolir, y no regular, la explotación de los animales, ustedes deben preocuparse moralmente por los animales. No necesariamente tienen que “gustarles” los animales o tienen que “amarlos.” No tienen que tener una casa llena de animales rescatados o ni siquiera tener un solo animal rescatado. Pero tienen que aceptar que al menos algunos animales son miembros de la comunidad moral; que ellos son personas morales no humanas hacia quienes tenemos obligaciones morales directas.

Y tienen que querer actuar moralmente respecto de los animales; tienen que tener el impulso moral con respecto de ellos. Tienen que sentir sus creencias morales, en el sentido de que ustedes quieran hacer lo correcto por los animales. Si así es, la lógica y la racionalidad pueden ser usadas para hacer argumentos convincentes en el sentido de que todos los seres sintientes tienen ese estatus moral y que ninguna explotación animal puede ser justificada moralmente.

Pero si a ustedes los animales no les preocupan moralmente, y si no quieren hacer lo correcto respecto de ellos, entonces todos los argumentos del mundo no harán mucha diferencia. Si ustedes no piensan que les debemos algo a los animales, no estarán muy interesados en los argumentos acerca de los animales para los que tenemos obligaciones morales directas, o lo que esas obligaciones nos exigen hacer a nosotros.

Lógica y racionalidad: necesaria pero no suficiente

En mi libro Introducción a los Derechos Animales hago una serie de argumentos basados en la lógica y la racionalidad. El siguiente es sólo uno de ellos:
1. La imposición de sufrimiento a cualquier ser sintiente requiere de una justificación moral adecuada, y el placer, el entretenimiento, o la conveniencia no pueden ser suficientes para justificar la imposición de sufrimiento a cualquier ser sintiente.
2. La explotación animal más “humanitaria” implica un sufrimiento considerable impuesto a seres sintientes.
3. En términos generales, nuestra mayor (y única) justificación para comer productos animales es el placer, el entretenimiento, o la conveniencia.
4. Por tanto: no podemos justificar moralmente comer productos animales.
Todo esto es muy lógico. Pero el argumento no está yendo hacia ningún lado si ustedes no aceptan la primera premisa y quieren actuar de acuerdo a ella. Si no aceptan que tienen alguna obligación de justificar de manera significativa el daño que les imponen a los animales, no podemos ni siquiera empezar a hablar acerca de ética animal. La lógica y la racionalidad pueden ayudarnos a indagar lo que les debemos a las personas morales no humanas, pero la lógica y la racionalidad son inútiles ante alguien que simplemente no se preocupa moralmente por los animales y que rechaza la idea de que se requiere alguna justificación para infligirles daño.

La ciencia es también inútil en cuanto se trata de la primera premisa. No hay modo alguno de probar “científicamente” que tenemos una obligación de justificar la imposición de daño a un ser sintiente. Como cualquier estudiante de primer año de filosofía sabe, no pueden derivar un “debe” de un “es.”

Entonces, ¿por qué deberíamos aceptar la primera premisa?

Sostengo que el primer principio es una verdad autoevidente. Todos los seres sintientes importan moralmente y antes de afectar adversamente los intereses de cualquier ser sintiente estoy obligado a justificar mi acción. Cuando aquí uso el término “verdad”, lo digo en el mismo sentido que quiero decir cuando digo que la taza en mi escritorio es roja. La afirmación. “La taza es roja” expresa una proposición verdadera. La taza en mi escritorio es roja. De manera similar, la afirmación, “Necesitamos tener una justificación moralmente suficiente para imponer sufrimiento sobre cualquier ser sintiente” expresa una proposición de verdad que refleja nuestra intuición moral de que el sufrimiento es malo.

La proposición expresada en la afirmación, “Y una justificación suficiente debe excluir el placer, el entretenimiento, o la conveniencia,” la cual podría también ser una premisa separada, es también una verdad autoevidente, porque si una  justificación suficiente pudiera abarcar tales razones, entonces nada estaría excluido por el principio. Piensen acerca de esto: decir “necesitamos una justificación suficiente para dañar a un niño pero está bien infligir daño a un niño por ninguna otra razón excepto que queremos hacerlo”, haría que el principio que requiere la justificación del daño se tornara completamente sin sentido.

Si alguien me pidiera que probara la primera premisa con un experimento científico o de algún otro modo que satisficiera a un empirista estricto, no podría hacerlo. ¿Pero y qué? Eso no significa que las proposiciones expresadas en la primera premisa no sean verdad. ¿Podría alguien negar la verdad de la primera premisa? Seguro que sí. Pero alguien podría también negar la verdad de la proposición respecto de mi taza roja. Podemos ser escépticos cuando se trata de principios morales, pero podemos ser escépticos respecto de cualquier cosa. ¿Quién sabe si la taza es roja? Puedo estar alucinando. Puedo no existir en el modo que pienso que lo hago. Puedo no ser más que un cerebro en un frasco, estimulado por electrodos para tener la experiencia de ver una taza roja que no existe en absoluto.

No pienso que hay algo controvertido en decir que la primera premisa es una verdad autoevidente. Yo propondría que la mayoría de la gente, cuando se le pide que piense en ello, estaría de acuerdo con el estatus de verdad autoevidente de la primera premisa. Verdaderamente, el tema de Introducción a los Derechos Animales es que nosotros sí afirmamos concordar con la primera premisa, pero fracasamos al pensar racionalmente acerca de lo que las normas morales significan. Es decir, el problema no es que no podemos probar la primera premisa racionalmente; el problema es que, aunque afirmamos aceptar la verdad moral del principio, o bien no tenemos el impulso moral de querer seguir adelante con lo que decimos que creemos —y, como explico abajo, pienso que es otra forma de decir que no tenemos realmente preocupación moral— o no pensamos racionalmente acerca de lo que ese principio requiere de nosotros en términos de acción práctica.

Simon el Sádico y Michael Vick

En Introducción a los Derechos Animales, presenté el personaje de Simon el Sádico, quien sentía placer quemando perros con un soplete. Todos consideraríamos tal conducta como monstruosa. La cuestión de Simon como un personaje era demostrar que la conducta de Simon viola el principio que todos aceptamos: que imponer sufrimiento a un ser sintiente requiere una justificación moral adecuada y que el placer de Simon no constituye una justificación moral adecuada. El resto del libro argumenta que nuestra aceptación del principio moral requirió que nosotros consideremos a todos los seres sintientes, no sólo a los perros, como miembros de la comunidad moral, y que nosotros abolimos toda explotación animal.

Más recientemente, elaboré las mismas cuestiones en el contexto de casos reales de dañar animales, tales como el asunto que involucraba a Michael Vick. La reacción a las peleas de perros de Vick fue ubicua; todos lo condenaron. Y la reacción hacia Vick no sólo fue crítica; las personas estaban moralmente indignadas por su conducta. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: violó un principio moral que la abrumadora mayoría de nosotros acepta; que vemos como la representación de una verdad moral. Y dada la aceptación de ese principio, la lógica y la racionalidad requieren que nosotros también veamos que no podemos distinguir lo que Vick hizo de lo que cualquiera hace cuando impone sufrimiento a cualquier animal por ninguna otra razón que el placer, el entretenimiento o la conveniencia. Este entendimiento requiere que seamos veganos y que busquemos abolir todo el uso de los animales.

Si ustedes observan que la primera premisa es verdad en lo que respecta a los perros y si ustedes quieren actuar moralmente respecto de esos animales, ninguna de las cuales son temas de lógica o racionalidad, entonces, el razonamiento analógico puede usarse para demostrar que no hay ninguna diferencia relevante moralmente entre los perros que consideran como miembros de la comunidad moral, y todos los otros seres sintientes no humanos. Es una cuestión de lógica sólo después de que hay una aceptación de que los animales, o al menos algunos animales, importan moralmente. Podemos usar la lógica y la racionalidad para demostrar que la reforma bienestarista y, verdaderamente, cualquier cosa por debajo de la abolición, fracasará en saldar nuestra obligación moral hacia los no humanos, dada su significancia moral.

Pero si no aceptamos que los animales tienen significancia moral, entonces los argumentos respecto de si deberíamos usar animales, o cómo deberíamos tratarlos, sea que se basen en la teoría de los derechos, el utilitarismo, la ética de la virtud o cualquier otra, no tendrá ningún sentido.

Como argumento en Introducción a los Derechos Animales la idea de igual valor inherente no es en ningún modo misteriosa o metafísica. Es una noción lógica que se refiere a los requerimientos mínimos para ser miembro de la comunidad moral, y requiere que otorguemos a los animales el derecho moral de no ser tratados como cosas. Este es otro modo de decir que requiere que nosotros abolamos la esclavitud animal. Pero si nosotros no aceptamos, en primer lugar, que los animales pertenecen a la comunidad moral, o si no nos preocupamos respecto de actuar moralmente, la idea de que los animales tienen igual valor inherente no va a ser de mucha utilidad.

Todos nosotros rechazamos la esclavitud humana porque reconocemos que coloca a quienes son esclavizados completamente por fuera de la comunidad moral; los reduce a cosas. Dado que aceptamos como una cuestión de intuición moral que todos los humanos deberíamos estar incluidos en la comunidad moral, que ellos deberían ser considerados como personas morales y no como cosas, entonces, cualquier otra cuestión que esto requiera, requiere que nosotros abolamos la esclavitud. De manera similar, si nosotros vemos a los animales como seres que tienen valor moral, entonces, cualquier otra cuestión que eso requiera, requiere que nosotros abolamos el estatus de propiedad, como cosas, y que los tratemos como personas morales. Y eso requiere que nosotros dejemos de consumirlos. Punto.

Pero si nosotros no vemos a los animales como seres con valor moral –y eso es una cuestión que no podemos “probar” en algún modo “objetivo” o “científico”– entonces los argumentos lógicos respecto de que los animales deberían ser considerados como personas morales y lo que exige la personidad moral no tendrán sentido.

¿Cuál es la fuente de la preocupación moral?

¿Qué pasa si alguien no acepta la primera premisa? ¿Qué si alguien simplemente no ve a los animales como miembros de la comunidad moral? ¿Podemos probar que están equivocados? Por supuesto que no.

Cambiar el comportamiento moral requiere algún componente afectivo. Para ser abiertos al análisis lógico del tema de los animales, tienen que ver a los animales como miembros de la comunidad moral y tienen que querer actuar sobre este entendimiento. Eso no es una cuestión de lógica y racionalidad. Ustedes tienen que sentir que lo que Simon el Sadista le está haciendo a los perros está mal; que lo que Michael Vick le hizo a sus perros estaba mal.

Una manera similar de pensar respecto de las preocupaciones morales es la que ofrece el profesor Gary Steiner, quien discute el concepto de parentesco con los no humanos en su libro Animals and the Moral Community: Mental Life, Moral Status, and Kinship. Steiner argumenta que necesitamos algún concepto de parentesco o sentido de conexión entre humanos y no humanos, como un preludio para pensar seriamente respecto de la ética animal.

Concuerdo con Steiner en que pienso que la mayoría de nosotros tienen una predisposición hacia un sentido de parentesco con los animales. Sólo necesita ser despertado; necesitamos volvernos conscientes del mismo. Esta toma de conciencia puede ser provocada por muchas cosas, solas o en combinación con otras:

Puede venir de nuestra relación con un compañero animal.

Puede venir de una percepción de la interconectividad de la vida, o de alguna norma tal como la “regla de oro.” Esto puede tener o no una dimensión espiritual.

Puede venir de adoptar el principio de no violencia como una verdad moral fundamental. De nuevo, esto puede tener o no una dimensión espiritual.

Puede venir de una perspectiva religiosa, tal como la que tenía San Francisco de Asís.

Puede venir de visitar un matadero.

Puede venir de leer literatura o poesía.

Puede venir de alguna experiencia estética.

En suma, hay muchas ocasiones para tomar consciencia de nuestra preocupación moral. Pero tanto si la llamamos preocupación moral o parentesco, es imperativo entender que esto debe incluir un impulso moral de querer seguir adelante y actuar de modos que reconozcan y respeten el valor moral de los animales o que actualicen nuestro parentesco con ellos.

Una vez que tenemos preocupación moral o sentido de parentesco que incluye el impulso moral y queremos hacer lo correcto por los animales, entonces tiene sentido hablar respecto de usar la lógica y la racionalidad para discutir las conclusiones particulares respecto de la esfera de la clase de personas no humanas —en mi opinión, todos los seres sintientes— y lo que su estatus como seres morales requiere de nosotros —en mi opinión, la abolición del uso de todos los animales. Hasta que no tengamos esta preocupación moral y el impulso de querer actuar de una manera que reconozca el estatus moral de los animales, la lógica y la racionalidad van a caer en oídos sordos.

Defensa abolicionista

Si alguien acepta la primera premisa —y por favor recuerden que, en este ensayo, sólo estoy hablando de uno de los muchos argumentos que elaboré en mi trabajo— entonces podemos argumentar, lógica y racionalmente, que ellos deberían dejar de comer, usar o consumir de cualquier forma todos los productos animales y hacerse vegano. Ellos deberían apoyar la abolición, y no la regulación, de la explotación animal.

Pero cuando nos dedicamos a esta clase de actividad educacional, generalmente no estamos usando el argumento lógico y racional para conseguir que la persona vea que su preocupación moral respecto de los animales, apropiadamente entendida, requiere que ella llegue a ciertas conclusiones —veganismo y abolición— en vez de a otras conclusiones: consumo “compasivo”,  productos animales “felices”, regulación bienestarista, trazar líneas entre carne y lácteos o entre peces y vacas, etc.

¿Es posible que alguien diga, “Me preocupo por los animales y estoy de acuerdo con tu análisis lógico pero me gustan tanto los productos animales que no voy a dejar de comerlos”? Seguro. Pero esa clase de situación generalmente no es una que involucre una falla del análisis lógico o racional. Más bien, la persona que hace tal afirmación, muy probablemente no considera a los animales en cuanto a su significancia moral, independientemente de lo que diga. Hay una falta de preocupación moral.

Por ejemplo, hay personas que fetichizan a los perros y gatos. Ellas no piensan realmente en estos animales como miembros de la comunidad moral. Más bien, tienen alguna reacción estética o posiblemente obsesiva hacia ellos, lo cual no es verdaderamente diferente de la clase de reacciones que las personas pueden tener hacia los autos o la ropa u otras cosas. Todos hemos encontrado gente excéntrica que está obsesionada con los perros y tienen una casa llena de ellos, pero que comen toda clase de otros animales y que ni siquiera participan en la cuestión de la ética animal. Preocuparse por los animales en un sentido moral no es una cuestión de “gustar” de ellos o pensar que son “lindos.” Es una cuestión de visión moral; de ver a los animales como seres con significancia moral y preocuparse acerca de esa percepción.

Por otro lado, podemos decir que tales personas tienen una preocupación moral pero que les falta impulso moral. En mi opinión, tener realmente preocupación moral es tener un impulso moral. La mejor guía de lo que una persona cree moralmente es lo que esa persona hace. Así que, aunque esa preocupación moral y ese impulso moral puedan ser separados para el propósito de la explicación, considero que la preocupación moral, en ausencia de impulso moral, es en realidad una ausencia de preocupación moral.

Por supuesto, hay situaciones en las que alguien cree que algunos animales tienen valor moral pero no aceptan el argumento analógico de que todos los seres sintientes son miembros plenos de la comunidad moral.

Por ejemplo, algunos defensores de animales como Peter Singer, consideran a todos los seres sintientes como miembros de la comunidad moral pero consideran que son miembros plenos de la comunidad moral sólo aquellos con cognición parecida a la humana y, en particular, con un sentido de autoconsciencia parecido al humano. Singer rechaza mi argumento de que todos los seres sintientes están situados de manera similar en cuanto a que todos los seres sintientes valoran la continuación de su propia existencia, incluso si no todos piensan acerca de su existencia de la misma manera en que lo hacen los humanos “normales.”

También hay situaciones en las cuales alguien cree que los animales tienen valor moral pero rechazan el argumento de que la abolición es la única respuesta racional para reconocer que los animales importan moralmente.

Virtualmente todo el “movimiento” animalista, como está representado por las grandes organizaciones neobienestaristas, está en desacuerdo conmigo acerca de los problemas estructurales con la reforma de bienestar animal y la necesidad de una base abolicionista vegana. Afirman que la reforma bienestarista hará las cosas mejores para los animales ahora y conducirá a buenas consecuencias para los animales en el futuro. No estoy de acuerdo.

Hay situaciones en las que las personas afirman que consideran a los animales como miembros de la comunidad moral pero también afirman que nosotros podemos aplicar un marco para analizar nuestras obligaciones  morales hacia los animales que es diferente del que usamos con respecto de los humanos.

Por ejemplo, algunos han argumentado que no deberíamos hablar de derechos animales o de normas de aplicación general y que, en vez de eso, deberíamos guiarnos por una “ética del cuidado” que tenga en cuenta todos los detalles de una situación. Pero esas personas nunca aplicarían una ética del cuidado a los temas fundamentales que involucran a los humanos. Por ejemplo, ningún defensor de la ética del cuidado argumentaría que la moralidad de la violación es dependiente de si esa conducta fue llevada a cabo con “cuidado” en una situación determinada. La violación es siempre mala porque viola un derecho a la integridad corporal. De manera similar, donde los intereses animales fundamentales están involucrados, debemos usar un análisis similar y no podemos decir que el “cuidado” es suficiente o ignoraremos un aspecto esencial del análisis moral: el requisito de tratar casos similares de manera similar.

En todos estos casos, necesitamos centrarnos en lo que la lógica y la racionalidad nos dicen, dado que todos concordamos en que los animales importan moralmente y queremos hacer lo que es correcto; queremos conocer cuáles son nuestras obligaciones morales. La lógica y la racionalidad son una parte importante de la identificación de las obligaciones morales precisamente porque consideramos a los animales como miembros de la comunidad moral y tenemos el impulso moral de hacer lo que es correcto con respecto de los animales no humanos.

Pero el punto importante para el presente propósito sigue siendo que, en todos los casos, la fuente de esa preocupación o del impulso moral es irrelevante.

Si alguien se preocupa por los animales como seres morales, no importa si su impulso moral fue provocado como resultado de su relación con un compañero animal, leyendo acerca de San Francisco, leyendo una novela como Black Beauty o un poema, tal como Inscription on the Monument of a Newfoundland Dog, de Byron, creyendo en el principio de la no violencia, o la regla dorada, o la interconectividad de la vida, o como resultado de su repulsión estética a la intimidación.

Lo que importa es que esa persona tiene la preocupación moral y el deseo de actuar de acuerdo con ella. Lo que importa es que ella ve la verdad moral de la primera premisa al menos con respecto a algunos animales. Lo que importa es que ella acepta como una verdad moral que, al menos algunos animales, son miembros de la comunidad moral; que ellos importan moralmente. Lo que importa es que ella percibe la necesidad de actuar en concordancia con su preocupación. Es entonces, y sólo entonces —cuando ella quiere hacer lo correcto con respecto a los animales que ella piensa que importan moralmente— que podemos usar la lógica y la racionalidad para demostrar que su preocupación moral debería extenderse a todos los animales, y que esto requiere que abolamos, y no que regulemos, el uso de los animales. Requiere que esa persona deje de participar en la explotación de los animales. Ella puede no aceptar, o aceptar inmediatamente, los argumentos por la igualdad, la abolición y el veganismo, pero ella realmente ni siquiera los entenderá en ausencia de una preocupación moral en relación a los animales.

La idea de que la preocupación moral o un sentido de parentesco o como quieran llamarlo, no puede llegar como resultado de sus puntos de vista religiosos o espirituales es tan tonto como decir que la preocupación moral no puede despertarse como resultado de una relación con un compañero animal, sin ninguna participación de la religión o la tradición espiritual. La religión y las tradiciones espirituales son un problema en este sentido sólo cuando ellas limitan la preocupación moral y disminuyen la clase de aquellos que nos importan moralmente; sólo cuando limitan un sentido de parentesco; sólo cuando estimulan la violencia en vez de la no violencia. Y no vamos a pretender que los marcos seculares no pueden, de igual manera, limitar la preocupación moral. Pueden. Y son igualmente objetables.

Sinceramente, no me importa si una persona considera a los no-humanos como miembros de su comunidad moral por sus opiniones religiosas o espirituales o por sus opiniones ateas o por sus opiniones agnósticas o cualquier otro encuadre.

No me importa si la fuente de la preocupación moral por los animales de una persona es la lectura del Sermón de la Montaña y se inspiró al pensar que Jesús se estaba refiriendo a todos los seres, o si la preocupación y la inspiración viene de la lectura de la poesía de Byron, que era ateo, o, como en mi caso, al visitar un matadero y llegar a entender, en un nivel fundamental, que el principio de la no-violencia no tiene sentido si no incluye a todos los seres sintientes. Fue entonces cuando entendí las implicancias de la intuición moral de que el sufrimiento es malo; que el sufrimiento y la muerte siempre necesitan ser justificados por una razón contundente.

En términos generales, no estoy diciendo que deberíamos usar la fuente de nuestra preocupación moral para argumentar por los derechos animales. Eso no tendría sentido. Si la fuente de la preocupación moral por los animales de alguien es que ella leyó Black Beauty cuando era una niña, no estoy diciendo que deberíamos promover la lectura de Black Beauty como un medio de defender los derechos de los animales. Verdaderamente, está lleno de personas que leyeron Black Beauty cuando eran niños y que no se hicieron veganos. Pero ese libro —o cualquiera de los incontables otros libros o experiencias— puede haber desencadenado el impulso moral en alguien, haciéndolo receptivo a los argumentos racionales que podemos hacer como abolicionistas para conseguir que esa persona vea a todos los seres sintientes como miembros de la comunidad moral y al veganismo como la única respuesta coherente, dada su preocupación moral. Pero si ella no tiene ninguna preocupación moral en primer lugar, no será receptiva a esos argumentos.

Mientras haya preocupación e impulso moral para querer hacer lo correcto por los animales, podemos usar la racionalidad para demostrar por qué esta preocupación moral debería extenderse a todos los animales y porqué la abolición y el veganismo son las respuestas lógicamente apropiadas para el sentido reconocimiento, cualquiera sea su fuente, de que los animales son miembros de la comunidad moral.

Pero en ausencia de querer hacer lo correcto, no tiene sentido discutir lo que la lógica identifica como lo correcto para hacer.


13 de mayo de 2012

Algunas reflexiones para el Día de la Madre



No hay mejor manera de celebrar el Día de la madre que dejando de apoyar la explotación de las madres no humanas representada por la leche, el queso y otros productos animales.

Una vaca criada por su leche es inseminada por la fuerza cada año, y sus hijos son alejados de ella a los pocos días de nacer. Estará preñada o lactando los 9 o 10 meses de un año sólo para repetir el ciclo una vez que dio a luz.

Todos los terneros son separados de sus madres en unos pocos días. Algunas terneras se convierten en vacas lecheras y el resto, junto con los terneros, serán vendidos como carne de ternera.

Muchas empresas de lácteos orgánicos o locales hacen publicidad con imágenes de vacas felices. En realidad, “orgánico” sólo significa que las vacas son alimentadas con comida orgánica y que no se les suministra antibióticos y hormonas de crecimiento, pero ellas –aún bajo las mejores circunstancias–siguen siendo torturadas. Y todas estas madres–sean de granjas convencionales u “orgánicas”–, terminan en el mismo espantoso matadero.

No hay tal cosa como leche “feliz” o los productos animales “felices” de cualquier tipo.

Hoy, piensen en el sufrimiento y muerte que apoyan sólo porque les gusta el sabor de la leche, el queso, la manteca, el yogurt, el helado, etc. Piensen en lo que esto significa para las vacas, las apacibles madres a quienes nosotros explotamos. Pregúntense a sí mismos si vale la pena. Si sus corazones dicen “no”, háganse veganos.



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