13 de diciembre de 2016

19 de noviembre de 2016

¿Quieres ser un defensor de los derechos de los animales?




¿Quieres ser un defensor de los derechos de los animales?

Es fácil. Ahí va todo lo que necesitas hacer:

1. Vuélvete vegano.

2. Edúcate acerca del veganismo abolicionista y dedica una parte del día —incluyendo una conversación breve con un amigo, un conocido o con alguien que te acabas de encontrar en una tienda— en educar a otros acerca del veganismo abolicionista de cualquier forma en la que te sientas cómodo.

3. Si tienes los recursos, adopta/acoge a un animal no humano de cualquier especie. Salvas la vida de alguien que valora su vida tanto como tú valoras la tuya, y eres recordado constantemente y de una forma profunda que alguien a quien quieres no es una cosa y no difiere de las personas no humanas que son explotadas cada segundo de cada día.

4. Nunca promuevas la explotación "humanitaria" o "feliz" y nunca promuevas la idea de que algunas formas de explotación son moralmente más aceptables que otras; esto es: que las pieles son peores que la lana.

Ahí lo tienes. Eres un defensor de los derechos de los animales. Ningún donativo es requerido.


14 de octubre de 2016

Todos los seres sintientes tienen un derecho básico y pre-legal: el derecho a no ser usado como la propiedad de otros




Todos los seres sintientes tienen un derecho básico y pre-legal: el derecho a no ser usado como la propiedad de otros.

Los animales están clasificados como propiedad y son usados exclusivamente como recursos para los humanos. Aunque digamos considerar que los animales tienen un valor moral y no ser cosas, su estatus como propiedad implica que no tienen un valor moral; ellos sólo tienen un valor económico. Reconocemos que tratar a los humanos como propiedad es incoherente con reconocer a los humanos como miembros de la comunidad moral. Aceptamos como principio fundamental que los humanos, independientemente de sus características particulares, deben tener reconocido el derecho moral básico de no ser propiedad. Sobre este principio se fundamenta la condena universal contra la esclavitud humana.

No hay una manera de distinguir a los humanos de los no-humanos que pueda justificar la negación a los no-humanos sintientes del mismo derecho que reconocemos para los humanos. Todos los seres sintientes son iguales en lo que se refiere a no ser usados exclusivamente como recursos para los humanos. El Enfoque Abolicionista mantiene que todo uso de los animales —sin importar cuán supuestamente "humanitario" fuera— es moralmente injustificado porque viola el derecho moral, pre-legal y moral de los seres sintientes de no ser usados como recursos de los humanos.



8 de septiembre de 2016

Por qué la existencia de mascotas es esencialmente inmoral




Nosotros vivimos con seis perrros rescatados. Con la excepción de uno de ellos, que nació de perros rescatados, todos ellos provienen de situaciones muy tristes, incluyendo el abuso severo. Estos perros son refugiados no-humanos con los que compartimos nuestro hogar. Aunque los amamos muchísimo, estamos firmemente convencidos de que ellos no deberían haber venido al mundo en primer lugar.

Nos oponemos a la domesticación y el mascotismo porque esto viola los derechos fundamentales de los animales.

El término "derechos animales" se ha convertido en un sinsentido. Cualquiera que crea que debemos incrementar el tamaño de las jaulas en las que encerramos a las gallinas, o que los terneros deben ser confinados en unidades colectivas en lugar de en aislamiento individual antes de ser desnutridos y degollados, está defendiendo aquello que se considera una posición de "derechos animales". Esto se debe en gran parte a Peter Singer, el autor de Liberación Animal [1975], que es considerado ampliamente como "el padre del movimiento de los derechos de los animales".

El problema con esta atribución de paternidad es que Singer es un utilitarista que rechaza la idea de los derechos morales, y apoya cualquier medida que él crea que reduce el sufrimiento. En otras palabras, el "padre del movimiento de los derechos animales" rechaza los derechos animales y ha dado su apoyo a los huevos sin jaulas de batería, la carne de cerdo sin jaulas de gestación, así como cualquier iniciativa promovida por casi cada grupo animalista corporativo. Singer no promueve los derechos animales; él promueve el bienestar animal. Él no rechaza el uso de animales per se. Él se centra sólo en su sufrimiento. En una entrevista del año 2006 con la revista The Vegan, él dijo, por ejemplo, que podría "imaginar un mundo en el que la gente comiera mayormente productos vegetales, pero que ocasionalmente se dieran el lujo de consumir huevos camperos, o que comieran carne de animales que tuvieron una buena vida en condiciones naturales de su especie, y que fueran humanitariamente matados en la granja".

Nosotros usamos el término ´derechos animales´ en un sentido diferente, similar a la manera en que usamos el término ´derechos humanos´ cuando se trata de los intereses fundamentales de nuestra propia especie. Por ejemplo, si decimos que un humano tiene derecho a su vida, queremos decir que su interés fundamental en continuar viviendo debe ser protegido incluso si usarlo como donante no-consentido resultara en salvar las vidas de otros 10 humanos. Un derecho es una manera de proteger un interés; y lo protege independientemente de las consecuencias. La protección no es absoluta; se puede anular bajo determinada circunstancia. Pero la protección no puede ser derogada sólo por motivos consecuencialistas.

Los animales no humanos tienen el derecho moral a ser usados exclusivamente como recursos para los humanos, independientemente de que el trato sea "humanitario", e incluso si los humanos obtienen consecuencias beneficiosas al tratar a los no-humanos exclusivamente como recursos.

Cuando hablamos de derechos animales, estamos hablando principalmente de un derecho: el derecho a no ser propiedad. La razón para esto es que si los animales importan moralmente —si los animales no son simples cosas— entonces no pueden ser considerados propiedades. Si son considerados propiedades, entonces sólo pueden ser tratados como cosas. Pensemos sobre esto en el contexto humano. Todos estamos en general de acuerdo en que todos los humanos, independientemente de sus características particulares, tienen el derecho fundamental y pre-legal de no ser tratado como una propiedad. Todos rechamos que los humanos sean esclavos. Esto no significa que la esclavitud humana no exista. Existe. Pero nadie la defiende.

La razón por la que rechazamos la esclavitud es porque un humano que sea esclavo no puede ser entonces tratado como una persona, debido a que ser un esclavo significa que ya no es miembro de la comunidad moral. Todos los intereses que tenga el humano esclavizado pueden ser evaluados por otro —el propietario— quien puede elegir valorar al esclavo como un miembro de la familia, o puede limitarse a proporcionarle el sustento mínimo y al mismo tiempo tratar horriblemente al esclavo. Los intereses básicos del esclavo pueden ser ignorados.

Hubo muchas leyes que proponían regular la esclavitud humana basada en la raza tanto en los Estados Unidos como en el Reino Unido. Estas leyes no eran efectivas porque las leyes regulacionistas sólo son relevantes cuando hay un conflicto entre el esclavo y el esclavista. Y si el interés del propietario esclavista no prevale sustancialmente entonces la institución de la esclavitud no puede perdurar. No puede haber un desafío significativo al ejercicio de los derechos de propiedad del esclavista.

El mismo problema sucede cuando se refiere a los no-humanos. Si los animales son propiedad, entonces ellos no pueden tener un valor inherente o intrínseco. Ellos sólo tienen un valor extrínseco o externo. Son cosas que nosotros valoramos. Ellos no tienen derechos; nosotros tenemos derecho, como propietarios, a valorarlos a ellos. Y podemos elegir valorarlos igual a cero.

Hay muchas leyes que supuestamente regulan nuestro uso de animales no humanos. De hecho, hay ahora muchas más leyes de este tipo que las que regulaban la esclavitud humana. Y, al igual que las leyes que regulaban la esclavitud humana, no funcionan. Estas leyes sólo son relevantes cuando los intereses humanos y los intereses animales entran en conflicto. Pero los humanos tienen derechos, incluyendo el derecho a poseer y usar su propiedad. Los animales son propiedad. Cuando la ley intenta sopesar los intereses humanos y los no-humanos, el resultado ya está determinado de antemano.

Además, debido a que los animales son propiedad, el estándar de bienestar animal será siempre muy bajo. Cuesta dinero proteger los intereses de los animales, lo cual significa que estos intereses, en su mayor parte, serán protegidos sólo en aquellas situaciones en las que hacerlo resulta en un beneficio económico. Es difícil encontrar una medida de bienestar que no tenga como intención hacer la explotación animal más eficiente. Las leyes requieren aturdir a los animales grandes antes del degollamiento porque eso reduce los daños en el cadáver y las heridas a los matarifes. Confinar a los terneros en pequeños recintos colectivos, en lugar de en espacios cerrados individuales, reduce el estrés y las consiguientes enfermedades, lo que reduce los costos veterinarios.

En la medida en que las medidas de bienestar animal incrementan los costes de producción, este aumento es por general muy pequeño —por ejemplo, pasar de las jaulas convencionales de batería a las jaulas "enriquecidas" en la Unión Europea— y no suele afectar a la demanda general del producto debido a la elasticidad de la demanda. En todo caso, sin importa cuán "humanitariamente" son tratados los animales, ellos siguen estando sometidos a un trato que, si fueran humanos, lo calificaríamos de tortura. No existe tal cosa como una explotación "feliz".

Aunque el derecho a no ser propiedad es un derecho negativo, y no conlleva ningún derecho positivo que los no-humanos puedan tener, el reconocimiento de un derecho negativo tendría el efecto de requerirnos, como una cuestión de obligación moral, que rechacemos toda la explotación institucionalizada, lo cual asume necesariamente que los animales no son cosas que nosotros podamos usar y matar para nuestros propósitos.

Vamos a realizar una pausa aquí y señalar que, aunque lo que decimos puede parecer muy radical, en realidad no lo es. De hecho, nuestra moralidad convencional acerca de los animales nos conduciría a la misma conclusión sin necesidad de aceptar la noción de derechos.

La moralidad convencional acerca de los animales dice que es moralmente aceptable para los humanos usar y matar animales pero que no debemos imponerles sufrimiento y muerte innecesariamente. Sin embargo, podemos comprender que el concepto de necesidad en este contexto no puede ser entendido como algo que acepte cualquier sufrimiento o muerte por propósitos frívolos. Podemos comprobar esto en contextos particulares. Por ejemplo; mucha gente todavía está resentida con el jugador de fútbol americano Michael Vick, que fue encontrado culpable de organizar peleas de perros en el año 2007. ¿Por qué seguimos todavía resentidos con Vick casi una década después? La respuesta es clara: reconocemos que lo que hizo Vick estaba mal porque su única justificación era que obtenía placer o diversión haciendo daño a los perros, pero su placer o diversión no sirven como justificación.

Mucha gente —quizás la mayoría— rechaza las peleas de perros, e incluso la mayoría de conservadores en el Reino Unido se oponen a la caza del zorro. ¿Por qué? Porque estos deportes sangrientos infligen sufrimiento y muerte a los animales no humanos. Nadie sugiere que Vick sería menos culpable si hubiera organizado peleas  de perros "humanitarias". Nadie que se oponga a los deportes sangrientos propone que se hagan de forma más humanitaria ya que siempre implican sufrimiento innecesario. Todos los opositores a estas actividades promueven su abolición, porque son actividades inmorales, sin importar el modo en que sean realizadas.

El problema es que el 99.999 por ciento de nuestros usos de animales no humanos son moralmente indistinguibles de aquellas actividades que un abrumador número de nosotros rechazamos.

El uso numéricamente mayor es el uso de animales para comida. Matamos a 60.000 millones de animales para comida anualmente, y esto no contabiliza el número incluso mayor —estimado a la baja en cerca de un millón de millones— de animales marinos. No necesitamos comer animales para tener una salud óptima. De hecho, un número creciente de profesionales y autoridades de la salud, incluyendo el National Institutes of Health, American Heart Association, British National Health Service, y British Dietetic Association han declarado que una dieta vegana bien planificada puede ser tan nutritiva como una una dieta que incluya productos de origen animal. Algunas autoridades han ido más allá para afirmar que una dieta vegana puede ser más saludable que la dieta tradicional. En todo caso, ya no resulta creíble decir que necesitamos comer productos de origen animal por razones de salud. Y la ganadería es un desastre ecológico.

Consumimos productos de origen animal porque nos gusta su sabor. En otras palabras, no somos diferentes de Michael Vick, excepto por el hecho de que pagamos a otros para que inflijan daño en lugar de hacerlo nosotros mismos. Y nuestros usos de animales para entretenimiento y deporte son, por definición, innecesarios. El único uso de animales que no es obviamente frívolo es el uso de animales en la investigación para encontrar la cura de enfermedades. Nosotros rechazamos la vivisección como moralmente injustificable incluso si fuera necesaria —un adjetivo que consideramos problemático desde el punto de vista empírico— pero la moralidad de la vivisección requiere un análisis más matizado que el uso de animales para comida, vestimenta, entretenimiento y otros fines.  Prácticamente todos nuestros usos de animales pueden ser vistos como inmorales de acuerdo a nuestra moralidad convencional.

Lo importante es que tanto si asumes una posición de derechos animales, y reconoces que los animales tienen un derecho pre-legal a no ser propiedad, como si permaneces en la moralidad convencional, el resultado es el mismo: básicamente todos nuestros usos de animales deben ser abolidos.

Decir que un animal tiene un derecho a no ser usado como propiedad es simplemente decir que tenemos la obligación moral de no usar a los animales como cosas, incluso si nos beneficiara el hacerlo. Respecto de los animales domesticados, esto significa que debemos dejar de traerlos al mundo. Tenemos la obligación moral de cuidar de aquellos sujetos de derechos que ya están aquí. Pero tenemos la obligación de no traer a ninguno más a la existencia.

Y esto incluye a los perros, gatos y otros no-humanos que nos sirven de "compañeros".

Nosotros tratamos a nuestros seis perros como miembros de nuestra familia. La ley protege esta decisión porque nosotros valoramos nuestra propiedad como queremos. Pero, sin embargo, nosotros podríamos elegir usarlos como perros guardianes y tenerlos fuera de casa continuamente sin ninguna clase de contacto afectuoso con ellos. Nosotros podríamos llevarlos ahora mismo a una perrera en la que serían matados si no encuentran adoptantes, o podríamos llevarlos al veterinario para que los matara. La ley protege todas esas decisiones también. Nosotros somos los propietarios. Ellos son la propiedad. Nos pertenecen.

La realidad es que en los Estados Unidos, la mayoría de perros y gatos no terminan sus vidas en hogares amorosos. Ellos gozan de un hogar durante un corto periodo de tiempo antes de ser traspasados a otro propietarios, llevados a una perrera, abandonados o matados.

Y no importa si consideramos al propietario como un "guardián", tal y como algunos activistas apuntan. Esa caracterización carece de significado. Si tienes el derecho legal a llevar a tu perro a un centro de exterminio, o tú mismo puedes matar "humanitariamente" a tu perro, entonces no importa cómo te denomines a ti mismo o a tu perro. Tu perro es una propiedad. Aquellos de nosotros que vivimos con compañeros animales somos propietarios en lo que a la ley concierne, y tenemos el derecho legal de tratar a nuestros animales como nos parezca siempre que les aportemos un mínimo de agua, comida y refugio. Sí, hay límites en el ejercicio de tus derechos de propiedad. Pero estas limitaciones son consistentes con acordar un valor muy bajo a los intereses de nuestros compañeros animales.

Pero, al mismo tiempo que retrocedes con horror al pensar lo que sería de tu vida sin tus queridos perros, gatos y otros animales que acogemos en nuestros hogares, a quienes amamos y cuidamos como miembros de nuestra familia, probablemente estés pensando: "Espera. ¿Qué pasaría si exigimos a todo el mundo que trate a los animales de la misma manera que trato a los míos?

El problema con esta réplica es que, incluso si pudiéramos establecer un sistema funcional y fiable que exigiera a los propietarios que propocionaron un alto nivel de bienestar a los animales, estos animales seguirían siendo propiedad. Seguiríamos valorando sus vidas como cero y matándolos, o llevándolos a una protectora en la que los matarían si no fueran adoptados por alguien.

Alguien podrían responder que está en desacuerdo también con todo esto, y que deberíamos prohibir a la gente matar animales excepto en casos de eutanasia —cuando se trata de enfermedades terminales— y que debemos prohibir a los refugios que maten animales excepto cuando fuera en beneficio del propio animal.

Esa posición se encuentra muy próxima al abolicionismo sobre el estatus de los animales como propiedad y requiere que los animales sean tratados de una manera muy parecida a como tratamos a los niños humanos. ¿Seguiría siendo aceptable que criemos animales no humanos para servirnos de compañía?

Nuestra respuesta sigue siendo un rotundo no.

Dejando a un lado que la dificultad en el desarrollo de estándares generales sobre lo que constituiría tratar a los no-humanos como "miembros de la familia", y todo lo que esto conllevaría, lo convierte en algo casi imposible a nivel práctico, esta posición falla en reconocer que la domesticación en sí misma presenta un serio problema moral independientemente de la manera en que los no-humanos sean tratados.

Los animales domesticados son completamente dependientes de los humanos, quienes controlan cada aspecto de su vida. A diferencia de los niños, que algún día se podrán convertir en individuos autonómos, los no-humanos no podrán. Éste es el punto central de la domestación —queremos animales domesticados que dependan de nosotros. Ellos permanecen indefinidamente en un lugar de vulnerabilidad, dependiendo de nosotros para todo lo que es relevante para ellos. Los hemos criado para ser complacientes y serviles, y tener características que nos agraden, incluso aunque dichas características sean dañinas para los propios animales. Nosotros podemos hacerles felices en cierto sentido, pero la relación no tiene nada de "natural" ni de "normal". Ellos no pertenecen a nuestro mundo, independientemente del modo en que los tratemos. Esto es cierto para todos los no-humanos domesticados. Ellos son perpetuamente dependientes de nosotros. Controlamos sus vidas para siempre. Ellos son en verdad nuestros animales esclavos. Algunos de nosotros podríamos ser amos benévolos, pero no podríamos ser nada más que eso.

Hay otra posición como es el caso de Sue Donaldson y Will Kymlicka, cuyo libro Zoopolis [2011] afirma que los humanos son dependientes unos de otros, y por tanto se pregunta ¿qué tiene de malo que los animales sean dependientes de nosotros? Las relaciones humanas pueden implica interdependencia o dependencia mutua, pero esta dependencia en cualquier caso opera sobre la base de la elección, o es el reflejo de decisiones sociales sobre el cuidado de los miembros vulnerables de la sociedad que están vinculados entre sí y protegidos por los complejos aspectos del contrato social. Además, la naturaleza de la dependencia humana no despoja a los dependientes de los derechos básicos que pueden ser vindicados en caso de que la dependencia derive en dañina.

También encontramos la posición que replica que los perros, gatos, y otras "mascotas", tienen derecho a reproducirse. Esta posición nos conduce a continuar reproduciendo sin límite e indefinidamente, en tanto que no podemos limitar ningún derecho reproductivo a las "mascotas". Quienes están preocupados porque la abolición de la domesticación significaría una pérdida de la diversidad de especies deberían saber que los animales domesticados han sido creados mediante cría selectiva y confinamiento.

Algunas voces críticas han señalado que nuestra postura sólo se preocupa por el derecho negativo a no ser usado como propiedad y no explica qué derechos positivos podrían tener los animales. Esta observación es correcta, pero toda la domesticación terminaría si reconociéramos un derecho —el derecho a no ser propiedad. Estaríamos obligados a cuidar de que aquellos animales domesticados que existen en el presente, pero no traeríamos ninguno más a la existencia.

Si todos reconocemos la personalidad de los no-humanos, todavía tendríamos que pensar acerca de los derechos de los animales no-domesticados que viven entre nosotros y en zonas no urbanizadas. Pero si nos preocupamos lo suficiente por no comer, vestir ni usar en ninguna forma a los no-humanos domesticados, sin duda podremos determinar cuáles derechos positivos deberían tener. Lo más importante es que reconocemos el derecho negativo de los animales a no ser usados como propiedad. Esto nos conduce a abolir toda la explotación institucionalizada que supone cosificar y controlar a los animales por parte de los humanos.

Nosotros amamos a nuestros perros, pero reconocemos que, si el mundo va a ser más justo y equitativo, no debería haber mascotas, no debería haber prados repletos de ovejas, ni establos con cerdos, vacas o gallinas. No habría acuarios ni zoos.

Si los animales importan moralmente, debemos reexaminar todos los aspectos de nuestra relación con ellos. El asunto que debemos afrontar no es si nuestra explotación sobre los animales es "humanitaria" —estableciendo así una complicidad con las prácticas de la industria que utiliza a los animales— sino más bien cómo podemos justificar que los utilicemos.





27 de agosto de 2016

Acerca del reducetarianismo




No tiene sentido moral ni práctico promover una estrategia o un medio que es fundamentalmente incoherente respecto de los fines que decimos pretender conseguir. El "reducetarianismo" es ese tipo de estrategia o medio. Aunque muchos defensores de esta posición no aceptan el veganismo y promueven el "reducetarianismo" por razones ambientales o por razones de salud o, supuestamente, para reducir el sufrimiento de los animales, algunos animalistas promueven esto como una estrategia alegando que favorece el veganismo.

Dejando a un lado el hecho de que la posición "reducetariana" casi siempre se focaliza en el consumo de carne e ignora los lácteos, huevos, y otros productos animales, así como ignora el uso de animales para vestimenta y otros propósitos, esta posición es moralmente objetable porque, al igual que promover la explotación "feliz" como un supuesto medio para lograr la no explotación, esto promueve que que un menor grado de explotación es un modo moralmente aceptable de cumplir nuestra obligación moral hacia los animales.

Quienes promueven el "reducetarianismo" rechazan promover la idea de que la gente está obligada a ser vegana y, en su lugar, le dicen a la gente que pueden satisfacer sus obligaciones morales reduciendo el consumo de carne. Esto es como decir que rechazamos promover que estamos moralmente obligados a detener toda clase de violencia sexual contra las mujeres y le decimos a la gente que pueden satisfacer sus obligaciones morales reduciendo la violencia contra las mujeres. Aunque menos violencia contra las mujeres fuera mejor que más violencia, nadie puede aceptar que es moralmente correcto defender una campaña a favor de la violación "humanitaria".

Además, como cuestión práctica, la posición reducetariana —que dice que debemos promover la reducción de la explotación en lugar de promover la abolición de la explotación— es absurda. Piensen sobre ello: si alguien se preocupa por los animales y escucha el mensaje vegano pero no quiere hacerse vegano, seguramente decidirá reducir su consumo de carne por iniciativa propia y consumir menos productos animales. Esto es, si alguien piensa: "Sí, es verdad que no deberíamos explotar a los animales pero no me voy a hacer vegano todavía", seguramente esa persona reducirá su consumo de productos animales. Pero los animalistas que se toman en serio los derechos de los animales nunca deberían promover la reducción del consumo de animales como una alternativa al veganismo en lo que se refiere a nuestras obligaciones morales. Esto provocaría que la gente nunca se hiciera vegana.



1 de agosto de 2016

"Si Los Animales Importan Moralmente, No Podemos Tratarlos Como Recursos"






Gary L. Francione es una figura controvertida en el moderno movimiento de los derechos animales, conocido por su enfoque abolicionista sobre los derechos animales. Profesor de leyes y filosofía en la universidad de Rutgers, Francione considera que no podemos justificar el uso de animales como meros recursos y que debemos abolir cualquier uso de animales. Argumenta que todo ser que pueda sentir dolor tiene derecho a no ser usado como propiedad y que el veganismo debe ser el fundamento moral del movimiento de derechos animales. Como él mismo dice: "No ser vegano significa participar directamente en la explotación animal".

Francione fue la primera persona en enseñar sobre derechos animales en una escuela de derecho americana cuando comenzó un curso sobre derechos animales y leyes en Rutgers en el año 1989. Se ha centrado durante casi cuatro décadas de carrera académica en desarrollar una teoría de derechos animales que posiciona la sola sintiencia —y no la inteligencia cognitiva definida según parámetros humanos— como la única característica que necesita un ser para tener el derecho fundamental de no ser considerado como la propiedad de otro. Él conecta la lucha por los derechos animales con otros movimientos sociales y defiende que el movimiento de derechos animales es la progresión lógica del movimiento por la paz.

Francione ha escrito diversos libros e innumerables artículos sobre ética animal y derecho animal, y es particularmente conocido por su critica hacia el movimiento del bienestar animal, el cual considera que sirve principalmente para hacer sentir mejor a la gente sobre la explotación animal. Su último libro «Come Con Conciencia» en co-autoría con su pareja y compañera en la universidad de Rutgers la profesora Anna Charlton, responde a todos los "peros" que un no-vegano suele plantear acerca del modo de vida vegano.

Recientemente hablé con Francione por Skype y correo electrónico acerca de su último libro, su filosofía sobre los derechos animales y sus ideas sobre el bienestar animal y sobre el reconocimiento de la personalidad de los animales.

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¿Qué evento en tu vida provocó que se convirtiera en un activista por los derechos animales?

A finales de la década de los 70 visité un matadero. Esto cambió mi vida de un día para otro. Luego me di cuenta de que nuestro uso de no-humanos como recursos para los humanos suponía una cuestión moral que, en su mayor parte, hasta ahora había sido ignorada.

¿Cuál es tu filosofía respecto de los derechos animales?

Mi posición es que si los animales importan moralmente —y me parece que la mayoría de la gente cree que ellos importan moralmente— entonces deben tener reconocido al menos un derecho: el derecho a no ser usados exclusivamente como recursos de los humanos. El derecho a no ser propiedad.

Los intereses pueden ser protegidos sólo en una de dos maneras. Podemos proteger un interés sólo en tanto que hacerlo maximice las consecuencias deseables. O podemos proteger ese interés independientemente de las consecuencias. Este último modo de proteger un interés es lo que denominamos como un derecho. Decir que tengo un derecho a la libertad de expresión significa simplemente decir que mi expresión debe ser protegida incluso si otros están en desacuerdo con ella y consideran que mi expresión provocaría consecuencias indeseables.

Si el interés en no ser propiedad no es protegido por un derecho, entonces el interés será ignorado cuando hacerlo conlleve un beneficio. Lo reconocemos así cuando se trata de seres humanos. Protegemos mediante un derecho el interés que los humanos tienen en no ser esclavos. Reconocemos que si los humanos van a ser miembros de la comunidad moral, ellos deben tener el derecho a no ser esclavos. Si son esclavos, están fuera de la comunidad moral. Son cosas y no personas.

El mismo análisis es correcto cuando se trata respecto de los no-humanos. Si ellos importan moralmente, entonces deben tener reconocido el derecho a no ser propiedad. Si son propiedad, entonces ellos son cosas que sólo tienen un valor extrínseco o externo, y no tienen un valor intrínseco o inherente. 

Si reconocemos este derecho, entonces estamos moralmente obligados a abolir la explotación institucionalizada de los animales no humanos. No se trata de mejorar las condiciones de los animales. Se trata de abolir el uso de animales.

Una de las claves de su filosofía es el veganismo. ¿Podrías explicar por qué consideras que es tan importante?

Veganismo significa que no comemos, vestimos, o usamos a los animales en ninguna forma.

Yo mantengo que hay veganismo y hay explotación animal: no hay tercera opción. No ser vegano es participar directamente en la explotación animal. Esto es, si comemos animales o llevamos lana, cuero, piel,... o usamos productos que contengan sustancias animales, estamos tratando a los animales como cosas que no tienen intereses moralmente relevantes.

Como abolicionista, promuevo que el veganismo es una base moral o un imperativo moral y que es la única respuesta racional al reconocimiento de que los animales tienen un valor moral. Si los animales importan moralmente, entonces no podemos tratarlos como recursos ni comerlos o utilizarlos en general. Del mismo modo que alguien que promueva la abolición de la esclavitud humana no debe poseer esclavos, un abolicionista de la esclavitud animal no debe consumir productos de la explotación animal. A mi modo de ver, el veganismo es una cuestión de justicia básica.

Promover el veganismo como un principio fundamental de justicia no es algo que requiera grandes y acaudaladas organizaciones corporativas ni "líderes". Es algo que todos podemos hacer y debemos hacer como un movimiento de base. Cada uno de nosotros debe ser un líder.

Permíteme señalar que no hay diferencia entre la carne y los demás productos animales. Los animales son usados para quitarles su leche y sus huevos y también son tratados de forma horrible y terminan en el mismo matadero que los animales utilizados para carne. Si no comes carne pero consumes lácteos y huevos, estás directamente siendo responsable del sufrimiento y la muerte de esos animales.

Tu visión sobre los derechos animales, en particular tus ideas sobre el bienestar animal, ha sido criticada por algunos sectores del movimiento animalista, que dicen que el bienestar animal proporciona cierta protección a los animales hasta que sean reconocidos sus derechos. ¿Cómo respondes a esta crítica?

El bienestar animal es problemático tanto por razones morales como prácticas.

Desde una perspectiva moral, si el uso de animales no puede ser moralmente justificado, entonces es moralmente erróneo promover una explotación supuestamente "humanitaria". Pensemos sobre ello en el contexto humano. Si la esclavitud es errónea, entonces promover una esclavitud "humanitaria" no es la respuesta. La única solución moralmente aceptable es promover la abolición de la esclavitud.

Desde una perspectiva práctica, debido a que los animales son propiedad, y debido a que cuesta dinero proteger sus intereses, por lo general protegemos los intereses de los animales sólo cuando obtenemos un beneficio económico de ello. Por ejemplo, tenemos leyes que requieren que los animales sean aturdidos en el momento de la matanza porque los animales que no son aturdidos pueden herir a los matarifes o pueden provocarse heridas que dañen la calidad de la carne. Esas heridas conllevan un perjuicio económico. En su mayor parte, las reformas bienestaristas hacen que la explotación animal sea más eficiente. Se trata de medidas que, en su mayor parte, la industria acabaría adoptando por sí misma porque le beneficia a su actividad.

Según yo lo veo, la principal finalidad de las medidas de bienestar animal es conseguir que los humanos se sientan mejor mientras continúan explotando animales.

¿Piensas que la sociedad humana estaría ya receptiva a la idea de la personalidad animal, lo cual supondría reconocer que los animales tienen derechos básicos a la vida y la libertad?

Por supuesto. Pienso que la mayoría de la gente ya acepta la idea de que los no-humanos no son cosas y son seres que tienen valor moral. La mayoría acepta que está mal infligir sufrimiento innecesario a los animales no humanos. La mayoría se indigna cuando oye casos sobre "crueldad animal" precisamente porque se oponen al sufrimiento innecesario.

El desafío consiste en hacerles ver que si no son veganos entonces no son moralmente diferentes de los "abusadores" que critican. No es necesario comer productos animales para tener una buena salud. De hecho, la corriente principal de los profesionales de la salud está reconociendo progresivamente que los productos animales son perjudiciales para la salud humana. La mejor justificación que tenemos para infligir sufrimiento y muerte a miles de millones de animales terrestres, y a billones de animales marinos, es que saben bien. No es una justificación mejor que decir que el placer de ver una corrida de toros justifica la tauromaquia.

Soy optimista respecto del futuro. Creo que el movimiento abolicionista vegano —un movimiento de activistas de base por todo el mundo— está cobrando un gran impulso.

Teniendo en cuenta que consideras que la sintiencia es la única característica requerida para la personalidad, ¿cuál es tu opinión acerca del Nonhuman Rights Project [Proyecto Derechos No Humanos] y su iniciativa de declarar a determinadas especies animales como los chimpancés y los elefantes como personas no humanas?

La sintiencia es conciencia subjetiva. Un ser sintiente es alguien que percibe y experimenta el mundo. Un ser sintiente tiene intereses; esto es, preferencias, intenciones y deseos. Si un ser es sintiente, entonces esto es todo lo necesario y suficiente para considerar que ese ser tiene derecho a no ser usado como medio para los fines humanos. El reconocimiento de este derecho impone a los humanos la obligación moral de usar a ese ser como un recurso. No es necesario que el ser sintiente tenga características cognitivas parecidas a las humanas para que se le reconzoca el derecho a no ser usado como propiedad.

La inteligencia y cognición humana pueden ser relevantes para determinados propósitos, pero no son relevantes para el derecho básico de no ser usado como propiedad. En lo que concierne a este derecho, no hay diferencia entre un chimpancé y un ratón. No debemos usar a ninguno como un recurso.

De nuevo, pensemos sobre ello en el contexto humano. Hay importantes diferencias entre un humano que es brillante y un humano que tiene una discapacidad mental severa. Esas diferencias serían relevantes para determinados propósitos, pero no debemos utilizar a ninguno de los dos como donante forzoso de órganos o como un sujeto empleado para experimentos biomédicos sin su consentimiento.

¿Entonces si no es mediante cambios progresivos, como el de reconocer a los animales de una determinada especie como personas con derechos, cómo podemos lograr la abolición de la explotación animal?

Podemos lograr la abolición de la explotación animal a través de la educación vegana creativa y no-violenta. Necesitamos detener la demanda de explotación animal. Y podemos conseguirlo. Supongamos que hay 1 millón de veganos en Estados Unidos. Eso es una estimación a la baja. Si cada uno de esos veganos educara a otra persona para ser vegana en el próximo año habría 2 millones de veganos. Si el proceso se repite cada año, los Estados Unidos serían veganos en ocho años. !Cada uno de nosotros juega un papel relevante en conseguir un mundo vegano!

¿Cómo te hizo sentir la muerte de Harambe el gorila? ¿Piensas que matarlo fue inevitable y que el zoo no tuvo otra opción?

Un niño cae dentro del foso. El gorila era parte de la propiedad. Si Harambe hubiera herido al niño, la repercusión legal sobre el zoo habría sido astronómica. Así que no me sorprende que mataran a Harambe. Me opongo a los zoos. Y aunque pienso que fue una tragedia que mataran a Harambe, esto no es más trágico que la muerte de millones de animales matados cada día para servir de comida. No hay diferencia moral entre Harambe y el pollo sin nombre que la gente comió anoche para cenar.

¿En qué estás trabajando en este momento?

Anna Charlton, la co-autora de «Come Con Conciencia», y yo estamos trabajando en un manual sobre activismo abolicionista vegano.

¿Si tuvieras que dar un mensaje a todos aquellos que aman a los animales, qué les dirías?

Que amar a los animales no es coherente con hacerles daño. Si amas a los animales —si crees que los animales importan moralmente— entonces dejas de participar directamente en la explotación de animales, puesto que es moralmente errónea. !Hazte vegano!

6 de julio de 2016

Sugerencias para el activismo: juzga los actos; no a los individuos




No podemos tener una conversación útil para cambiar la conducta de otra persona si nuestro modo de abordar a la otra persona consiste en tratarla de malvada. Es una cuestión de sentido común.

Así que asegurémonos de que la persona con la que hablamos comprende que nos estamos enfocando en la inmoralidad de la explotación animal como práctica institucionalizada y que no estamos juzgando a esta persona como individuo. Abordemos a esa persona como alguien que no conoce las cuestiones implicadas en la ética de nuestra relación con los animales y a la que debemos educar —pero no juzgar.

Por otro lado, debemos ser muy claros en que el veganismo es un imperativo moral. Esto es, si los animales tienen valor moral —y no son meras cosas— entonces nuestra obligación moral es no comerlos, no usarlos para vestimenta, y no usarlos en general. Cualquier cosa menos que esto representa continuar participando directamente en la explotación animal.

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Si no eres vegano, por favor, sé vegano. Veganismo es acerca de la noviolencia. Primero, y sobre todo, es acerca de la noviolencia sobre otros seres sintientes. Pero también es acerca de la noviolencia sobre la tierra y sobre uno mismo.

Si los animales importan moralmente, el veganismo no es una opción —es una elección. Cualquier iniciativa que pretenda ser parte de un movimiento por los derechos de los animales debe dejar claro que el veganismo es un imperativo moral.



15 de abril de 2016

!Los Animales Te Necesitan!




Cambiar el paradigma de los animales como propiedad a los animales como personas no humanas con valor inherente requiere un movimiento de base formado por gente que sea educadora de otra gente y que conozca los argumentos en favor del veganismo y puedan discutir con serenidad y en un lenguaje accesible con otras personas con las que interactuan en su día a día. Necesitamos gente que pueda explicar a otros que la explotación "feliz", el reducetarianismo, y otros enfoques especistas no son la solución y, de hecho, son parte del problema.

Hay una gran variedad de formas de activismo creativo y no-violento. Pero, al final, el componente más importante de un movimiento activista por los animales es el individuo —eres TÚ— que se comunica con otros individuos.

Si cada uno de nosotros convence a otra persona este año para hacerse vegana y esto se repite durante varios años, tendríamos unos Estados Unidos veganos dentro de 12 años y un Reino Unido vegano en 9 años.

Cada uno de nosotros puede ser un efectivo agente de cambio. No nos cuesta nada educarnos a nosotros mismos. De hecho, uno de los objetivos primarios de este blog y de nuestra página de Facebook es proporcionar recursos educativos gratuitos.
 
La otra opción es apoyar las organizaciones animalistas corporativas que no hacen otra cosa que lucrarse a costa de los animales y conseguir que la gente se sienta más cómoda con la explotación animal mediante las donaciones.



5 de marzo de 2016

Imaginad Si Tuviéramos Un Verdadero Movimiento De Derechos Animales




Imaginad cómo de diferentes serían las cosas si hubiera un "movimiento animalista" que:

[1] se centrara en el uso y no en el trato

[2] promoviera el veganismo como un imperativo moral;

[3] no promoviera —ni recaudara fondos con— reformas de "bienestar animal", "explotación feliz", reducetarianismo, campañas monotemáticas, etc.

Las industrias que promovieran la explotación animal responderían tratando de mantener al público centrado en el trato y tratando de convencerle de que la explotación animal es realmente "humanitaria". La industria promovería los mismos tipos de "reformas" que los grupos animalistas de hoy en día promueven: "jaulas más grandes", sacrificio "humanitario", etc.

Las personas que se preocuparan por los animales pero que no se sintieran preparadas o dispuestas a volverse veganas reducirían su consumo de productos de origen animal y consumirían productos de animales supuestamente "más felices".

En otras palabras, si tuviéramos un movimiento que buscara justicia para los animales, y que promoviera el veganismo como un imperativo moral, la industria haría exactamente lo que está haciendo ahora y las personas que se preocuparan pero no estuvieran dispuestas a hacerse veganas harían exactamente lo que están haciendo ahora.

La diferencia sería que, por fin, tendríamos un movimiento social que ya no se asociaría con la industria de explotación animal y que ya no tomaría una postura que es inherentemente especista.

El mensaje moral sería claro: los derechos de los animales significan que todos los seres sintientes son iguales en lo que respecta a no ser tratados exclusivamente como recursos, y que no podemos justificar la directa participación en la explotación animal independientemente de cuan, supuestamente, "humanitaria" fuera.

La diferencia sería que tendríamos un movimiento que promovería la idea de los animales como personas no humanas —seres que importan moralmente por derecho propio— y no sólo "cosas" con las cuales tenemos, en el mejor de los casos, que ser "misericordiosos" o "compasivos" para explotar de una manera más "amable".

Ya no tendríamos un movimiento que es, en esencia, un negocio que vende esclavitud "feliz".

Tendríamos un movimiento real que rechazaría toda la esclavitud.

Tendríamos un movimiento que dejaría claro que si los animales tienen valor moral —y mucha gente ya comparte esa intuición moral— entonces la única respuesta racional es volverse vegano —dejar de comer, vestir y usar animales.

Tendríamos un movimiento finalmente centrado en la cuestión moral fundamental —el uso animal— y que habría parado de recaudar fondos y de promover la idea de que "un mejor trato" o "cambiar el foie gras o la ternera por otro producto de origen animal" es lo que importa.

Piénsalo. Y si te atrae la idea, entonces únete al esfuerzo del movimiento de base mundial para cambiar el paradigma de animales como propiedad a animales como personas.



18 de febrero de 2016

Desafiando el reclamo de paternidad de Peter Singer





I

Peter Singer inicialmente ganó fama al popularizar la idea del filósofo utilitarista Jeremy Bentham de que, así como la raza no debería usarse para excluir a los humanos de la comunidad moral y justificar su esclavitud, la especie no debería usarse para justificar el tratamiento de los animales como cosas. Singer tomó prestado el término especismo del psicólogo Richard Ryder y argumentó que usar la especie para descartar o ignorar los intereses de los animales no humanos no era diferente de usar la raza, el sexo o la orientación sexual para justificar la discriminación contra ciertos grupos de humanos. Y la posición de Singer como «padre del movimiento por los derechos de los animales» fue de ese modo establecida. Gary Varner se refiere a Singer como "El verdadero Moisés del movimiento por los derechos de los animales" [Varner, Personhood, Ethics and Animal Cognition, 2012, p. 133]

¿Pero se merece ese título? ¿Singer realmente rechaza el especismo o sólo promueve una versión diferente del especismo?

Al igual que Bentham, Singer es un utilitarista. Sostiene que lo que es moralmente correcto e incorrecto está determinado por las consecuencias. Debido a que los derechos requieren que ciertos intereses estén protegidos, independientemente de las consecuencias, un ser humano no puede ser utilizado como un sujeto biomédico sin consentimiento, incluso si los beneficios de tal uso fueran grandes. Los utilitaristas, incluidos Bentham y Singer, rechazan categóricamente la idea de los derechos. Singer rechaza categóricamente la idea de derechos de los animales. Singer afirma que usa la noción de «derechos de los animales» simplemente como un recurso retórico; está muy claro que en el fondo comparte la opinión de Bentham de que los derechos no son más que «tonterías con  zancos». Pero decir que el estatus de Singer como padre del movimiento de derechos animales es simplemente retórico es algo extraño cuando hablamos de un movimiento de derechos. Después de todo, la noción de un derecho es un concepto legal y moral que por su propia naturaleza es irreductible a la mera retórica.

Una posible respuesta aquí es que Singer rechaza los derechos tanto para los humanos como para los animales, por lo que al menos está siendo coherente. Sí y no. Singer, de hecho, también rechaza los derechos morales para los humanos. Pero hay una trampa. Aunque rechaza la noción de derechos como derechos categóricos, insiste en que, en términos generales, los seres humanos son moralmente superiores a los animales no humanos. Él considera que los humanos, o al menos los humanos normales, son conscientes de sí mismos y tienen un sentido de sí mismos a través del tiempo y, por lo tanto, un interés en la existencia continua. Estas características apoyan una presunción contra el uso de esos humanos exclusivamente como recursos reemplazables para la satisfacción de las necesidades y deseos de los demás.

Esta presunción es refutable, por supuesto, lo que quiere decir que puede ser anulada si las consideraciones utilitaristas lo justifican. Si, por ejemplo, usar a un humano sin su consentimiento como sujeto en un experimento biomédico resultara en la salvación de un millón de vidas humanas, Singer, en igualdad de condiciones, tendría un momento difícil como utilitarista argumentando que no deberíamos usar al humano en el experimento. Este es precisamente el tipo de uso que los defensores de los derechos buscan evitar. Pero, por lo demás, la presunción de Singer funciona de manera parecida a un derecho: protege el interés de los humanos de no ser utilizados exclusivamente como recursos en todos los casos, excepto en donde el balance de consecuencias es claro y significativo.

Y aquí es donde el reclamo de Singer de rechazar el especismo se vuelve problemático. Singer cree que los animales no humanos no tienen interés en seguir viviendo como lo hacen los humanos normales. Según Singer, «los humanos normales tienen un interés en continuar viviendo que es diferente de los intereses que tienen los animales no humanos»[New York Times , The Stone, 27 de mayo de 2015]. Esto se debe a que los seres con la capacidad de ser conscientes de sí mismos a lo largo del tiempo y planificar para el futuro tienen un mayor interés en vivir que los seres que no lo hacen. Y Singer piensa que incluso si los animales, o algunos animales, son conscientes de sí mismos en algún sentido, «todavía no lo son en la medida en que los humanos lo son normalmente» [Singer, Practical Ethics, 3d ed. 2011, p. 122] Por lo tanto, existe una distinción cualitativa entre humanos y no humanos, y esto lleva a Singer a concluir que existe una diferencia moral entre humanos y no humanos. De hecho, Singer esboza una jerarquía moral en la que los seres humanos normales son categóricamente superiores a los animales no humanos.

Los no-humanos, desde el punto de vista de Singer, no tienen interés en no ser utilizados como recursos reemplazables. Singer cree que «un ser con la capacidad de pensar en sí mismo como existente a lo largo del tiempo y, por lo tanto, planificar su vida y trabajar para logros futuros, tiene un mayor interés en continuar viviendo que un ser que carece de esas capacidades» [New York Times, The Stone, 27 de mayo de 2015]. Para un ser humano el perder su vida, a la vista de Singer, es sufrir la pérdida de todas las oportunidades futuras para la satisfacción que es capaz de contemplar. Para un animal no humano perder su vida, en comparación, es esencialmente como irse a dormir y nunca despertarse: no se puede decir que un animal pierde algo al morir porque no tiene acceso conceptual o lingüístico a su futuro.

Para Singer, esto se traduce en la opinión de que la vida de los animales no humanos tiene un valor moral menor que la vida de los animales humanos. A diferencia de los humanos, los no-humanos pueden usarse como recursos reemplazables, mientras que los humanos normales poseen un estatus que, aunque Singer lo negaría, es inseparable de la noción de dignidad inherente que defiende los derechos atribuidos a los seres humanos. Este privilegio de los humanos lleva a Singer a hacer comentarios como:
«Millones de pollos son asesinados todos los días. No puedo pensar en eso como una tragedia en la misma escala que millones de humanos asesinados. ¿Qué tienen de diferente los humanos? Los humanos son seres con visión de futuro y tienen esperanzas y deseos para el futuro. Esa parece una respuesta plausible a la pregunta de por qué es tan trágico cuando los humanos mueren» [Indystar, 8 de marzo de 2009]
Ahora, ¿cómo es que esto no es especista?

La respuesta de Singer es que el especismo implica tratar los intereses de los no-humanos de una manera diferente de la forma en que tratamos intereses humanos similares. Según Singer, los animales no tienen interés en no ser utilizados como recursos reemplazables porque no son conscientes de sí mismos. E incluso si son conscientes de sí mismos, su conciencia es, según Singer, cualitativamente inferior a la conciencia de los humanos normales. Por lo tanto, tratar a los no-humanos como recursos reemplazables no presenta un problema de especismo porque no hay un interés similar involucrado: los humanos tienen un interés en la existencia continua, mientras que los animales no humanos no. Simplemente no hay privilegios arbitrarios de los seres humanos aquí.

Según Singer, los animales no son indiferentes a cómo los usamos y los matamos, pero no les importa que los usemos y los matemos. Debido a que los animales no son conscientes de sí mismos, «no es fácil explicar por qué la pérdida del animal muerto no es. . . compensada con la creación de un nuevo animal que llevará una vida igualmente placentera» [Singer, Animal Liberation, rev. 1990, p. 229]. Los animales son completamente indiferentes a sus futuros porque no pueden pensar conceptualmente sobre esos futuros; lo único que le importa a un animal son sus circunstancias inmediatas. Así, por ejemplo, un animal atrapado en una trampa dolorosa seguramente querrá salir de la trampa y detener el dolor, pero no puede tener ningún interés en sobrevivir y vivir incluso otro día más.

II

¿Por qué alguien pensaría que a una vaca, un cerdo, un pollo o un pez no le importa si lo usamos y lo matamos, sino simplemente cómo es usado y matado? Cuando uno de nuestros perros o gatos se enferma, ¿creemos que, al morir, no pierde nada porque no tenía interés en seguir viviendo en primer lugar? Nos aventuraríamos a suponer que la mayoría de nosotros rechazaría por absurda la idea de que los animales no tienen interés en seguir viviendo, y consideraríamos indiscutible que los animales se ven perjudicados cuando los matamos, aunque sea "humanitariamente".

Entonces, ¿cómo justifica Singer una conclusión contraria?

La respuesta se encuentra en el trabajo de Bentham. Singer es el defensor moderno de Bentham en muchos temas, y en este tema Singer está hombro con hombro con Bentham. Antes del siglo XIX, los animales estaban excluidos de la comunidad moral porque se pensaba que eran nuestros inferiores cognitivos pues, a diferencia de los humanos, no razonaban, usaban conceptos abstractos ni se comunicaban simbólicamente. Bentham argumentó que no podíamos usar las diferencias cognitivas para justificar la exclusión de animales de la comunidad moral. La única característica que se requería para ser miembro de la comunidad moral era la capacidad de sufrir. Si un animal puede sufrir, no podemos, sobre la sola base de la especie, ignorar o descartar ese sufrimiento.

¿Pero eso significaba que Bentham pensaba que las características cognitivas eran completamente irrelevantes? No. Por el contrario, Bentham pensó que aunque la supuesta inferioridad cognitiva de los animales no significaba que pudiéramos usarlos para cualquier propósito que quisiéramos y tratarlos como quisiéramos, sí significaba que los animales no eran conscientes de sí mismos. Y eso significaba que podíamos seguir usando y matando animales, al menos para la alimentación, siempre que otorgáramos la debida consideración a sus intereses en no sufrir.

Bentham se opuso a la esclavitud humana, pero no se opuso a la institución de la propiedad animal porque no veía a los humanos y a los no-humanos en una situación similar: los primeros eran conscientes de sí mismos; los últimos no. Singer está de acuerdo con Bentham: los animales no son conscientes de sí mismos, por lo que, en igualdad de condiciones, podemos usarlos de maneras en que no usaríamos —al menos en su mayoría— a humanos.

III

Consideramos que esta idea de que los animales no son conscientes de sí mismos y que, en igualdad de condiciones, no los dañamos cuando los usamos y los matamos, es bastante peculiar. Esta idea no sólo no concuerda con nuestra propia experiencia al relacionarnos con animales no humanos; Es problemático por razones teóricas. De hecho, creemos que es francamente especista.

Ciertamente estamos de acuerdo en que los animales no humanos piensan de manera diferente a la forma en que los humanos piensan, porque la cognición humana está vinculada con las capacidades de abstracción conceptual y lenguaje. Los humanos son los únicos animales que usan la comunicación simbólica. Entonces, probablemente sea cierto que sólo los humanos tienen el sentido autobiográfico de sí mismos que tienen los humanos. ¿Y qué? La pregunta a la que nos enfrentamos es esta: ¿es la autoconciencia humana el único tipo de conciencia que resulta en tener un interés en continuar viviendo suficiente para dar lugar a, al menos, una presunción refutable en contra de matarlos?

Asumamos con Singer que la mayoría de los animales no humanos vive en una especie de presente eterno. ¿Eso significa que no son conscientes de sí mismos? Considere a un humano con una amnesia total en la que la persona no puede evocar recuerdos del pasado y formar nuevos recuerdos y, por lo tanto, vive en un presente eterno. Sostenemos que sería inexacto decir que la persona no es consciente de sí misma. Ciertamente hay conciencia de uno mismo en el momento presente y luego en el siguiente momento y así sucesivamente. Ciertamente, es el caso de que la existencia continua está en el interés de esa persona —ella o él prefiere, desea o quiere llegar al siguiente instante de conciencia—, independientemente de la forma en que ella o él piense sobre sí mismo e incluso si no tienen un sentido autobiográfico de sí mismos.

La noción de que los animales no son conscientes de sí mismos se basa en nada más que la suposición indiscutible de que la única forma de ser consciente de sí mismo es tener la conciencia de un humano adulto normal. Esa es ciertamente una forma de ser consciente de sí mismo. No es la única forma. Como Donald Griffin, uno de los etólogos cognitivos más importantes del siglo XX, señaló en su libro Animal Minds, si un animal es consciente de algo, «el propio cuerpo del animal y sus propias acciones deben caer dentro del alcance de su conciencia perceptiva». A este respecto, la conciencia de un animal es comparable a la de un humano con amnesia global transitoria. Es por estos motivos que Griffin concluye:  «Si los animales son capaces de una conciencia perceptiva, negarles algún nivel de autoconciencia parecería ser una restricción arbitraria e injustificada» [Griffin, Animal Minds, 2001, p. 274]. La idea de que uno debe ser capaz de pensar en términos abstractos e independientes acerca de un yo que está teniendo estas experiencias como parte de una trayectoria de vida no es más que un dispositivo para representar a los seres humanos como únicos y superiores a todos los demás animales.

IV

Además, hay algo muy errado en la opinión de Singer de que, a pesar de todo, podemos otorgar la misma consideración a los intereses de los animales. Sostenemos que no podemos hacerlo excepto, tal vez, como un asunto abstracto. Y no estamos seguros de que se pueda hacer incluso entonces.

Los animales se clasifican legalmente como propiedad, es decir, como cosas que no tienen ningún valor inherente o intrínseco. Son propiedades que son poseídas por humanos. Esto, combinado con la opinión generalmente aceptada, que promueve Singer, de que los animales son inferiores cognitivos, hace que sea casi imposible pensar en los intereses de los animales como similares a los nuestros en primer lugar. E incluso si tuviéramos que pensar en un animal que tiene un interés similar al de un ser humano, el estatus de los animales como propiedad proporciona una buena razón para decidir siempre a favor del interés humano cuando existe algún tipo de conflicto entre intereses humanos y no humanos. Cuando nosotros, como dueños de animales, equilibramos los intereses de los animales con nuestros propios intereses, siempre privilegiaremos nuestros propios intereses y devaluaremos los de los animales.

Curiosamente, aunque Bentham era utilitarista, se opuso a la esclavitud humana como institución. ¿Por qué? La explicación estándar es que él pensaba que la esclavitud inevitablemente se convertiría en «un montón de números grandes» y que los esclavos serían inevitablemente maltratados porque ese maltrato sería justificable por razones utilitarias como una contribución a la felicidad de la mayoría. Pero hay otra explicación. Bentham reconoció que el principio de imparcialidad, o igual consideración, no podría aplicarse a los esclavos porque el interés de un esclavo siempre contaría menos que el interés del dueño de un esclavo.

Bentham no reconoció este problema en el contexto de los animales. Tampoco Singer. Bentham pensó que una sociedad utilitarista ilustrada podría continuar comiendo y usando animales, incluso teniendo en cuenta los intereses de los animales: en efecto, desde el punto de vista de Bentham, matar y comer animales no implicaba que los animales estuvieran «degradados a la clase de las cosas». Pero el hecho es que no hay forma de respetar los intereses vitales de los animales, siempre y cuando estén legalmente clasificados como cosas que tenemos derecho a utilizar. No puede pasar. Es una simple cuestión de economía. Los animales son propiedad. Cuesta dinero proteger sus intereses. Dada la naturaleza de los mercados, y particularmente a la luz del «libre comercio» y los mercados internacionales, en su mayor parte, gastaremos ese dinero sólo en situaciones en las que obtengamos un beneficio económico directo. Es por eso que los estándares de bienestar animal exigidas por la ley son, y siempre han sido, muy bajos y prohíben sólo el sufrimiento gratuito. En su mayor parte, los propietarios de animales están obligados a cambiar su comportamiento sólo cuando posiblemente estén actuando de manera económicamente ineficiente. Entonces, por ejemplo, exigimos que los animales grandes sean aturdidos antes de ser encadenados, izados y masacrados, no debido a una preocupación real por los animales, sino al hecho de que no hacerlo aumenta las lesiones de los trabajadores y el daño sobre los cadáveres de animales.

Quizás en reconocimiento de las limitaciones de las normas de bienestar animal impuestas por la ley, las organizaciones de defensa de los animales, inspiradas por Singer, han cambiado su enfoque desde la reforma legal a trabajar con la industria para asegurar cambios voluntarios para mejorar el bienestar animal. En 2005, Singer dirigió un esfuerzo que involucró a casi todos los grandes grupos animalistas para respaldar y promover los esfuerzos de Whole Foods Market para formular un programa de mejoras «humanitarias». Pero al igual que Bentham, Singer falla en apreciar tanto el interés que tienen los animales sintientes en no ser matados en primer lugar como en la realidad económica a la luz del estatus de propiedad de los animales no humanos. A lo mejor, los esfuerzos de bienestar animal no pueden hacer más que dar como resultado la creación de nichos de mercado para consumidores ricos cuyas conciencias se pueden mitigar pagando una cantidad mayor por productos animales que pueden implicar un poco menos de crueldad que los productos convencionales. Esto no es coherente con ningún tipo de visión de «derechos de los animales».

V

La idea de que la vida animal tiene menos valor que la vida humana es una creencia que impregna la posición bienestarista tal como ha sido desarrollada por filósofos utilitaristas, como Bentham y Singer. Pero esta posición también aparece en el trabajo del teórico de derechos del filósofo Tom Regan.

Regan rechaza tanto la teoría moral utilitarista como la teoría del bienestar animal. Sostiene que no tenemos una justificación moral para tratar al menos a los mamíferos adultos exclusivamente como medios para los fines de los humanos, por lo que no acepta la idea del menor valor moral de los no humanos para justificar el uso de los animales como lo hicieron Bentham y Singer. Sin embargo, Regan argumenta que en una situación en la que hay un conflicto, como una situación en la que estamos en un bote salvavidas y debemos elegir si salvar a un perro o un ser humano, debemos elegir salvar la vida del ser humano. sobre la del perro porque la muerte es un daño mayor para el primero que para el segundo. Según Regan, «el daño que causa la muerte es una función de las oportunidades de satisfacción que excluye», y la muerte de un animal, «aunque sea un daño, no es comparable al daño que la muerte sería» para los humanos. En efecto, Regan argumentaría que deberíamos sacrificar cualquier número de perros para salvar a un humano. [Regan, The Case for Animal Rights, 1983, p. 324].

La posición de Regan es problemática porque si la muerte fuera un daño cualitativamente mayor para los humanos que para los no humanos, entonces habría una forma no arbitraria de distinguir a los humanos de los no-humanos. Aunque Regan rechaza tratar a los animales exclusivamente como recursos, su argumento de que los pacientes morales —como los animales no humanos— tienen el mismo valor inherente se basa en su opinión de que no hay una forma no arbitraria de separar a los agentes morales de los pacientes morales. Entonces, su posición sobre los humanos que tienen un interés cualitativamente mayor en sus vidas parece socavar esa posición. Como mínimo, en la medida en que Regan piense que las situaciones de conflicto verdadero siempre deben resolverse a favor de los humanos en función de las especie, su posición invita a la malicia dependiendo de cómo se interprete el «conflicto».

No estamos de acuerdo en que podamos decir que la muerte es un daño menor para los no-humanos más de lo que podemos decir que la muerte es un daño menor para un humano con amnesia que para uno sin ella, o que la muerte es un daño menor para una persona humana no inteligente de lo que es para una más inteligente. En situaciones de conflicto genuino, creemos que elegir un no-humano sobre un humano es perfectamente aceptable. Pero también creemos que si tomamos en serio los derechos de los animales, detendremos la fabricación conflictos entre humanos y no-humanos que resulta de la creación de no-humanos para su uso como recursos de los humanos.

VI

Concluimos señalando que Singer dice que no deberíamos usar animales en situaciones en las que no usaríamos humanos situados de manera similar. Pero está claro que Singer permite el uso de no humanos en situaciones en las que nunca consideraríamos usar a ningún ser humano, ya sea un humano normal o con discapacidad mental. Por lo que hemos dicho aquí, debe quedar claro que no hay razones legítimas para privilegiar categóricamente a los seres humanos sobre los animales no humanos, como tampoco podríamos privilegiar a un ser humano más inteligente sobre uno menos inteligente. Por lo tanto, el columnista del New York Times, Nicholas Kristof, tiene toda la razón al reconocer, como lo ha hecho repetidamente en sus artículos de opinión del New York Times, que está siendo un «hipócrita» cuando deplora nuestro tratamiento de los animales de alimentación, pero se resiste al llamado al veganismo. 

Singer defiende precisamente el tipo de especismo que pretende denunciar. Hasta que encontremos el coraje y la honestidad para reconocer la violencia injustificable contra los animales que sancionan las ideas de Singer, continuaremos leyendo artículos en las páginas de los principales periódicos con títulos como «Salvar a las vacas, matar de hambre a los niños» [New York Times, 26 de junio de 2015], cuyos autores insisten, de manera completamente engañosa, en que los conflictos entre los intereses de los animales y los de los humanos son irreductibles y que tener en cuenta la vida de un animal no humano conlleva el costo de una vida humana.

Gary L. Francione & Gary Steiner

28 de enero de 2016

El Significado De "El Mundo Es Vegano, Si Lo quieres."




Algunas personas no parecen comprender la idea detrás del eslogan "EL MUNDO ES VEGANO! Si lo quieres." 

En realidad es algo muy simple. Hay tres ideas centrales aquí.

Primero; esta expresión denota que el veganismo es una elección moral y que es algo que podemos hacer hoy —ahora mismo— si consideramos que los animales importan moralmente. Más aún, es una elección que debemos elegir si consideramos que los animales importan moralmente. Si no somos veganos, estamos participando directamente en la explotación animal. No hay otra elección al respecto.

Los bienestaristas apoyan los "caminos personales" y el "reducetarianismo", y enfatizan sobre la dificultad de ser vegano. Ellos promueven la idea de la explotación "compasiva". Hablan sobre veganismo de una forma relativista como una cuestión de "hacerlo a tu manera". Para ellos, hacerse vegano es un "sacrificio". Para los abolicionistas veganos es una alegría. Es nuestra forma de decir "no" a la participación en la violencia institucionalizada contra los no-humanos.

Cuando, en diciembre de 1969, John Lennon y Yoko Ono lanzaron una publicidad en el Times Square de Nueva York que decía "!LA GUERRA HA TERMINADO! Si lo quieres"; ellos estaban expresando una sencilla idea: la guerra de Vietnam podría finalizar inmediatamente si un solo hombre —Richard Nixon— decidiera terminarla. Y todas las guerra podrían terminar para siempre si llegáramos a la decisión colectiva de que ninguna guerra es una opción aceptable y que deseamos la paz.




"!EL MUNDO ES VEGANO! Si lo quieres" refleja de forma similar que acabar con la explotación animal es algo que podemos elegir ahora mismo tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Es sólo cuestión de querer elegir esta opción.

No tiene sentido que hablemos de justicia y no-violencia con la misma boca con la que consumimos productos de injusticia y violencia —y nosotros consumimos esos productos.

Hay, por supuesto, situaciones de "isla desierta" que implican una compulsión real y en la que la opción de no dañar a los no-humanos no es posible. Pero esas situaciones son muy excepcionales e, incluso en esas situaciones, dañar a los no-humanos no es moralmente correcto —y es tan moralmente erróneo como si estuviéramos en una situación de compulsión que conllevara tener que dañar a un ser humano inocente. Seres humanos han sido matados y comidos en situaciones de "isla desierta". El daño podría ser excusable teniendo en cuenta la compulsión de ambas situaciones. Sigue siendo moralmente erróneo pero la culpabilidad moral está mitigada por la compulsión.

A lo largo de 30 años respondiendo cuestiones acerca de islas desiertas, todavía tenemos pendiente conocer a alguien que se haya visto en una situación real de isla desierta. Hemos conocido a mucha gente que simplemente no quiere dejar el queso. Por tanto, ¿podríamos centrarnos en problemas reales, por favor?

Pueden darse circunstancias cercanas a la compulsión real en personas que tengan verdaderas dificultades para acceder a comida vegana. Su conducta podría ser menos inmoral que la de otros, pero sigue siendo inmoral. Los abolicionistas deben tener en cuenta las circunstancias y el contexto social en el que se encuentra la gente, pero el marco moral no puede ser comprometido.

Segundo; mucha gente ya acepta que dañar a los animales nohumanos en ausencia de compulsión es moralmente erróneo. De hecho, la mayoría de la gente considera que dañar a un animal requiere una justificación moral y que el placer, la diversión y la conveniencia no constituyen una justificación moral.

Esto es por lo que mucha gente —incluyendo a los no veganos— reaccionan enfurecidamente ante la "crueldad animal" en casos que implicaron a Michael Vick y Mitt Romney: porque aceptan que el placer, la diversión y la conveniencia no pueden justificar el daño hacia los animales.

Los abolicionistas veganos animan a la gente a reconocer que lo que ellos ya piensan respecto de los animales nos obliga a dejar de comer, vestir y utilizar animales cuando nuestra única excusa es el placer del paladar o la moda.

Tercero; si cada vegano que hay actualmente convence a otra persona para hacerse vegana en este año, y esto se repite en los años siguientes, el mundo entero se haría vegano en un periodo relativamente breve. Por ejemplo, una estimación modesta sobre el número de veganos en el Reino Unido es de 150,000 sobre una población aproximada de 65 millones. Si cada uno de estos 150,000 convence a otra persona para hacerse vegana este año, habría 300,000 veganos al año siguiente y si esto se repite en los años siguientes entonces dentro de ocho años [600,000, 1.2 millones, 2.4 millones, 4.8 millones, 9.6 millones, 19.2 millones, 38.4 millones, 76.8 millones] el Reino Unido sería vegano.

Esto, obviamente, no va a suceder, pero es una muestra de cómo la educación vegana puede ser efectiva si elegimos promover el veganismo en lugar de apoyar las campañas bienestaristas y monotemáticas que promueven continuar con la explotación animal.

En resumen, EL MUNDO ES VEGANO, si lo quieres.

9 de enero de 2016

Un Ejemplo De La Futilidad De La Reforma Bienestarista: La Campaña de "Animal Aid" Sobre Las Granjas de Cerdos




Animal Aid, una organización británica que promueve la reforma bienestarista, ha anunciado una nueva campaña. Animal Aid desea tu ayuda y donación para detener que se apruebe la construcción de una granja industrial de cerdos en Lincolnshire. 

Si esta campaña tiene éxito, la granja será construida en otro lugar.

Los cerdos serán igualmente esclavizados y asesinados.

Si Animal Aid tiene éxito en detener la construcción de esa granja en cualquier parte —a pesar de que esto es más bien imposible— otro tipos de granjas, más tradicionales, serán construidas para satisfacer la demanda.

Los cerdos serán igualmente esclavizados y asesinados.

Si Animal Aid tiene éxito en detener la construcción de  todas las granjas de cerdos —algo completamente imposible— las granjas actuales se expandirán para satisfacer la demanda de carne.

Los cerdos serán igualmente esclavizados y asesinados.

Pregunta: ¿Qué hace este tipo de campaña para ayudar a los animales?

Respuesta: Nada. Absolutamente nada. Si la campaña tiene éxito, ni un solo animal será salvado.

De hecho, el efecto real de esta campaña es negativo.

Esta campaña refuerza la idea en la mentalidad de la gente de que el problema está en cómo tratamos a los animales que usamos y no en el hecho mismo de que estamos explotando a estos seres vulnerables. Esta campaña refuerza explícitamente la idea de que la carne que proviene de una granja tradicional es una carne moralmente aceptable.

Este tipo de campaña reafirma a la gente en su idea de que puede continuar comiendo animales siempre que no provengan de granjas industriales.

El hecho de que Animal Aid ofrezca ayuda a la gente para hacerse vegana no hace que sus campañas bienestaristas estén bien.

El único camino para acabar con la explotación animal es educar a la gente para que reconozcan que si los animales importan moralmente entonces no podemos tratarlos como recursos y tenemos la obligación de no comerlos ni de usarlos en general.

Necesitamos educar a la gente para comprender que, si los animales importan moralmente, el veganismo es un imperativo moral.

Veámoslo desde esta perspectiva: la estimación más modesta sobre el número de veganos en el Reino Unido es de 150,000. La población del Reino Unido es de 64 millones. Si cada uno de estos veganos convenciera a otra persona para hacerse vegana, al año siguiente habría 300,000 veganos. Si este patrón se repite cada año, tendríamos 600,000, 1.2 millones, 2.4 millones, 4.8 millones, 9.6 millones, 19.2 millones, 38.4 millones, 76.8 millones. Un Reino Unido vegano en nueve años.

Así que podemos tomar parte en la educación vegana abolicionista. O podemos malgastar nuestro tiempo y dar nuestro dinero a gente que propone medidas que no sólo no ayudan a los animales sino que envían un mensaje erróneo a la gente.

La elección es nuestra.

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