7 de enero de 2018

Es hora de reconsiderar el significado del "bienestar animal"




Los estándares actuales sólo nos hacen sentir mejor acerca de la sistemática explotación de los animales.

A finales de 2017 la primera ministra británica Theresa May abandonó los planes del Partido Conservador de organizar una votación libre acerca de derogar la ley que prohíbe el uso de perros en la caza del zorro. La decisión de May provocó las protestas de los diputados conservadores que apoyaban la derogación de la prohibición, que a pesar de ser apoyada en algunas comunidades rurales, les ha costado votos durante las elecciones generales en 2017. La posición pro-caza es muy impopular.

Una encuesta publicada en mayo de 2017 mostraba que casi el 70 por ciento de los votantes británicos se oponían a la caza del zorro, y que la mitad de ellos se mostaba menos proclive a votar a un candidato pro-caza en las elecciones generales. La oposición no se limita a la caza del zorro. Una encuesta de 2016 indicó que, además de un 84 por ciento de personas que se oponían a la caza del zorro, un significativo número de británicos también se oponía la caza del ciervo [88 por ciento], a la caza de la liebre [91 por ciento], las peleas de perros [98 por ciento], la caza del tejón [94 por ciento].

¿Por qué hay semejante oposición a esas actividades?

La respuesta es sencilla: nos preocupamos por los animales. Creemos que ellos importan moralmente. Rechazamos la posición que prevalecía antes del siglo XIX que consideraba a los animales meramente como cosas hacia las cuales no tenemos obligaciones morales o legales. En su lugar, la mayoría de la gente asume la posición del bienestar animal que posee dos componentes claves.

El primer componente es que —aunque los animales pueden ser utilizados para propósitos humanos— no debemos imponer  muerte o sufrimiento innecesario sobre ellos. El segundo es que si utilizamos a los animales tenemos la obligación de tratarlos "humanitariamente".

Las actividades que rechazaba la mayoría de la población británica implican imponer sufrimiento y muerte a los animales cuando no hay necesidad o compulsión en ello. Está mal hacer sufrir a los animales o matarlos cuando la única justificación aportada es que los humanos obtienen de ello alguna clase de placer o diversión. El uso de animales para propósitos frívolos es equivalente a denegarles su valor moral. La mayoría de la gente rechaza esto.

El problema es que, aunque la mayoría de gente considera imponer innecesariamente sufrimiento y muerte a los animales como algo inmoral, su conducta actual no es consistente con esa posición moral. La gente participa en la imposición de sufrimiento y muerte a los animales en situaciones en las que no hay necesidad y en las que el trato hacia los animales es de todo menos "humanitario".

Muerte y sufrimiento 'innecesario'

La mayoría de la gente come animales y productos hechos de animales, y ambos implican una gran crueldad. Sólo en el Reino Unido, más de mil millones de animales son matados cada año para alimento. Muchos animales son criados en condiciones intensivas que constituyen tortura. Incluso aquellos que son criados en unas supuestas condiciones más "humanitarias" padecen sufrimiento durante toda su vida.

No se trata sólo de la carne. Las vacas usadas para producir leche son repetidamente inseminadas y se les arrebata a sus terneros poco tiempo después de nacer. Y todos los animales, ya sean utilizados para carne, leche, o huevos, están sometidos a la angustia y el terror de los mataderos.

¿Es necesario en algo este sufrimiento y muerte? ¿Hay alguna compulsión implicada? La respuesta es no.

Nadie sostiene que sea necesario consumir productos animales para gozar de una salud óptima. El Servicio Británico de Salud afirma que una dieta vegana responsable puede ser "muy saludable", a la vez que profesionales de la salud en todo el mundo están progresivamente apoyando la postura de que los productos animales son perjudiciales para la salud humana.

No tenemos que resolver el debate sobre si es más saludable vivir con una dieta de frutas, verduras, cereales, legumbres y frutos secos. La cuestión es que una dieta vegana es ciertamente no menos sana que una dieta que incluye cadáveres, secreciones de vacas y óvulos de gallinas. Así que el único punto relevante de la cuestión es si este sufrimiento y muerte son necesarios o no.

Más aún, la ganadería constituye un desastre ecológico. Es responsable de una mayor emisión de gases invernaderos que los combustibles fósiles para el transporte, y provoca deforestación, erosión del suelo y contaminación de acuíferos. El grano utilizado para alimentar a los animales sólo en los Estados Unidos podría alimentar a 800 millones de seres humanos. De nuevo, ¿cuál es la mejor justificación que tenemos para infligir sufrimiento y muerte a los animales?

La respuesta es simple: nos parece que saben bien. Obtenemos placer al comerlos. Comer productos de origen animal es una tradición y la hemos estado practicando desde hace mucho tiempo.

¿Pero en qué se diferencia esa postura de las justificaciones usadas para excusar los usos de animales que nosotros rechazamos? ¿En qué se diferencia el placer del paladar del placer que la gente obtiene de la caza? No hay diferencia. La caza del zorro, la caza del tejón, o las peleas de perros, son todas tradiciones. De hecho, casi cada actividad que rechazamos —que puede afectar tanto a humanos como a animales— está envuelta en una tradición que alguien estima. El patriarcado es también una tradición que ha existido desde hace mucho tiempo, pero esto no nos dice acerca de su estatus moral.

Mucha gente se opone  a la caza del zorro porque no ven diferencia moral entre el perro al que aman y el zorro que es perseguido y matado. ¿Pero cuál es la diferencia entre los animales que amamos y aquellos sobre los que clavamos nuestros tenedores y cuchillos? No hay diferencia. Los gatos y perros que amamos son sintientes —igual que lo son las gallinas, las vacas, los cerdos, los peces, y otros animales que explotamos. Todos ellos experimentan dolor y experimentan angustia; todos ellos tienen un interés en continuar viviendo.

Trato "humanitario"

Si la mayor parte de nuestro uso de animales no puede ser caracterizado plausiblemente como necesario, ¿qué ocurre con el segundo componente de la posición del bienestar animal —que dice que tenemos una obligación de utilizar a los animales "humanitariamente"? Esto es también una fantasía.

Los animales son propiedad. Son mercancías. Son cosas que son compradas y vendidas. Cuesta dinero proteger los intereses de los animales y el estatus de propiedad favorece que, como cuestión general, los estándares de bienestar animal —ya sean obligados por las leyes o adoptados por la industria— serán siempre muy bajos. Protegemos los intereses de los animales cuando obtenemos alguna clase de beneficio económico por hacerlo. La mayor parte del tiempo, los estándares de bienestar están vinculados al nivel de protección que es necesario para explotar a los animales de una manera económicamente eficiente, así que estos estándares —en la medida que sean aplicados— no prohibirán nada más que el sufrimiento gratuito.

Los estándares de bienestar animal en el Reino Unido están considerados entre los más altos del mundo pero el trato acordado para los animales sigue siendo horrible. Decir que los animales son tratados "humanitariamente" sería falso bajo cualquier significado plausible de la palabra.

A cierto nivel todos ya sabemos esto. Esto es por lo que vemos incrementarse el nicho de mercado en el Reino Unido, y otros países, que pretende proveer un "alto bienestar" para la carne y otros productos de origen animal. Pero tal y como han expuestos varios reportajes sobre este nicho de mercado, la promesa de un trato "humanitario" jamás llega a realizarse. Podemos darles un poco más de espacio; podemos darles un poco más de luz solar; podemos permitir a las vacas pasar un poco más de tiempo con sus terneros antes de que les aparten de ellos. Pero estos cambios son mínimos en sus efectos cuando son implementados.

Las organizaciones de bienestar animal hacen campaña en contra del "abuso" de los animales. Pero incluso si todos esos abusos fueran detenidos, y todos los animales fueran tratados acorde a las leyes y regulaciones aplicables, la situación seguiría siendo terrible. Los animales seguirían siendo matados sin que hubiera alguna necesidad de hacerlo, e incluso si transformáramos la ganadería en granjas familiares seguiría habiendo una gran cantidad de sufrimiento y muerte moralmente injustificable.

De hecho, los estándares de bienestar animal no tratan sobre los animales en absoluto; tratan sobre nosotros. Estos estándares nos hacen sentir mejor para seguir explotando a los animales. Fueron formulados en una época en la que la mayoría de la gente pensaba que matar y comer animales era necesario para la salud humana. Nadie razonable puede seguir creyéndolo por más tiempo.

Por tanto, es tiempo de examinar la justificación moral de utilizar a los animales. Como defensor de la posición de los Derechos Animales en lugar de la posición del Bienestar Animal, considero que no podemos justificar la explotación de los animales para ningún propósito, incluyendo la investigación biomédica para encontrar curas a las enfermedades humanas, más de lo que podemos justificar utilizar a seres humanos que consideramos como cognitivamente 'inferiores' para tales propósitos.

Pero incluso si ustedes no aceptan la posición de los derechos, la posición que probablemente sí aceptan —la de que está mal infligir innecesariamente sufrimiento y muerte a los animales— hace que sea imposible evitar la conclusión de que el uso de los animales para algún propósito que no conlleva verdadera compulsión o necesidad, incluyendo el uso de animales para alimento, vestimenta y entrenimiento, debería ser eliminado. Cualquier otra posición relega a los animales a la categoría de cosas que no tienen valor moral. Así lo vemos cuando se trata de la caza del zorro y otros deportes cruentos; es hora de que lo veamos también en otros contextos.

Gary L. Francione

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