3 de marzo de 2011

¿Y los otros cuatro perros?




El viernes 25 de febrero, un agente del centro de control animal de Oklahoma aplicó inyecciones letales a cinco perros en situación de calle. El sábado, el agente descubrió que uno de los perros, un cachorro al cual le había dado dos inyecciones letales, todavía estaba vivo. El cachorro fue llevado a un veterinario, que puso una nota con la sobrevivencia del perro en un sitio web de adopción de animales. Y ahora, cientos de personas de los EE.UU. y Canadá están tratando de adoptar al perro.

¿Por qué?

Millones de animales sanos son matados cada año en los refugios porque nadie los quiere. Y ahora, porque este perro escapó de la muerte de un modo aparentemente milagroso, cientos de personas quieren adoptarlo. De acuerdo a un comentario, “la gente está interesada en el cachorro porque su historia es única.”

Esta historia es similar a las historias acerca de los animales criados para comida  que escapan de los mataderos y son entonces llevados a vivir el resto de sus vidas a una casa particular. Ellos, también, son “especiales.” Ellos escaparon de la explotación institucionalizada que hemos establecido. Ellos escaparon de la muerte.

Muchas personas piensan que cuando un animal escapa de la muerte de este modo, se trata de alguna clase de señal divina. Estos tipos de evento, irónicamente, refuerzan nuestra idea de que, debido a que no hay ninguna intervención divina para todos los otros animales que son asesinados en los “refugios” o en los mataderos, entonces este es la manera en que las cosas deben ser para aquellos otros animales. Ellos son asesinados como parte del orden “natural.”

Mi opinión es que si Dios existe, ella/él está preocupado respecto de los cuatro otros perros que fueron matados el viernes por el agente de Oklahoma, los millones de otros que son asesinados en “refugios,” y los miles de millones que son asesinados por ninguna otra razón mejor que la de que somos tan egoístas que pensamos que nuestro placer  justifica privar a otro ser sintiente de su vida.

Y cualquiera sea la opinión de Dios acerca de la situación, sugiero que nuestras reacciones, en esta clase de situaciones, deberían obligarnos a pensar respecto de porqué nos involucramos en la injusticia de la explotación animal, en vez de pensar que sólo los animales “afortunados” que escapan de nuestra injusticia institucionalizada, son los que importan moralmente.

Si no son veganos, háganse veganos; es mejor para su salud y para el planeta. Pero, lo más importante, es lo moralmente correcto para hacer. Nunca harán nada más fácil y satisfactorio en sus vidas.

Y, si pueden, adopten o den hogar de tránsito a animales sin hogar. Nosotros los metimos en este lío; nosotros tenemos la obligación colectiva de ayudarlos a salir de él. Está repleto de perros, gatos y otros animales sin hogar en el área en que viven. Y ellos son todos especiales.



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