25 de abril de 2007

Vivisección, primera parte: la “necesidad” de la vivisección





Uno de los principales razonamientos que hago es que, aunque casi todos aceptan que es moralmente malo infligir sufrimiento “innecesario” y muerte a los animales, el 99% del sufrimiento y muerte que les infligimos puede ser justificado sólo por nuestro placer, diversión, o conveniencia. Por ejemplo, la mejor justificación que tenemos para matar a los miles de millones de no humanos que comemos cada año, es que disfrutamos el sabor de la carne y de los productos animales. Esta no es una justificación aceptable si tomamos seriamente, tal como nos proponemos, el hecho de que es malo infligir sufrimiento innecesario o muerte a los animales, e ilustra el confuso pensamiento que caracterizo como nuestra “esquizofrenia moral”, cuando se trata de no-humanos.

La pregunta consecutiva que con frecuencia recibo es: “¿Qué pasa con la vivisección? Con seguridad que en este caso el uso de animales no es meramente por nuestro placer, ¿no es cierto?”

Puede argumentarse que el uso de animales en investigación biomédica que tiene como fin producir datos que serán útiles para temas importantes sobre la salud y la enfermedad humanas, claramente no es frívolo, como sí lo es nuestro uso de animales para comida, caza, entretenimiento, ropa, etc. El uso de animales para este propósito representa un segmento muy pequeño de las muchas actividades que constituyen la vivisección, y gran parte del uso de animales en este contexto tiene más que ver con las ganancias de las corporaciones y la interminable andanada de productos de consumo que abastecen aquellas ganancias, que con cuestiones apremiantes de salud humana.

Al menos es posible sostener que el uso de animales para probar y desarrollar procedimientos y curas es necesario para obtener ciertos beneficios deseables y significativos, y que este uso animal al menos involucra ostensiblemente cuestiones que no hacen al placer, la diversión, o la conveniencia. Aquéllos que defienden el uso de no humanos para este propósito también sostienen que ellos usan no humanos solo en los casos en que no hay una alternativa disponible, que usan el menor número posible de animales, y que exponen a estos animales a la mínima cantidad de dolor y sufrimiento compatibles con los objetivos científicos del uso. Sin embargo, argumentan que nuestro uso de animales para este propósito, y el dolor, sufrimiento, y muerte que infligimos como consecuencia, son necesarios de una manera que no puede alegarse para nuestros otros usos de no humanos.

No comparto el punto de vista de algunos defensores de los animales de que no hemos obtenido nada de utilidad de la vivisección, aunque afirmo que lo que hemos aprendido ha sido enormemente exagerado. Sin embargo, también creo que hay problemas serios con las alegaciones de necesidad, así también como con la afirmación de que los investigadores toman seriamente el imperativo moral de infligir sólo aquel sufrimiento necesario para un particular propósito científico.

Primero, los animales son usados casi siempre para desarrollar procedimientos médicos o terapias; por lo tanto, es difícil obtener una representación objetiva y segura acerca del papel que el uso de animales ha jugado en cualquier descubrimiento médico. Desde que los animales son usados siempre como modelos de enfermedad o para probar procedimientos o drogas, no podemos afirmar con ninguna certeza que los procedimientos o descubrimientos que son atribuidos al uso de animales no habrían ocurrido en su ausencia.

Segundo, debido a las diferencias biológicas entre humanos y otros animales, hay siempre un problema al extrapolar los resultados de los experimentos animales a los humanos. Aunque la incertidumbre de la extrapolación afecta a toda la investigación biomédica que involucra animales, es particularmente problemática en el contexto del uso de animales para pruebas, el cual normalmente conlleva predecir cómo reaccionarán los humanos a la exposición a pequeñas cantidades de una sustancia a lo largo de su vida, basándose en cómo los no humanos responden a grandes cantidades en un corto período. El problema de la extrapolación se combina con el hecho de que no hay ninguna especie animal que tenga reacciones idénticas a las que tienen los humanos.

Tercero, la información producida por el uso de animales con frecuencia no es fiable. Por ejemplo, los resultados de las pruebas de toxicidad que usan animales pueden variar espectacularmente dependiendo del método usado. No es inusual que un estudio de inhalación de un químico provoque el desarrollo de cáncer mientras la administración oral de la misma sustancia no produce ese resultado. Más aún, variaciones en las pruebas de toxicidad aguda y crónica pueden también ser bastante notables. Estas variaciones ocurren de laboratorio en laboratorio, con la misma especie de animales, y entre distintas especies de animales.

Cuarto, cualquier reclamo de necesidad asume que no hay otra manera de solucionar los problemas de salud humanos. Esto es, aún si los experimentos con animales están causalmente relacionados con la producción de información relevante para los asuntos de salud humana, de aquí no se deduce que los experimentos con animales sean la única, o la más efectiva forma de resolver aquellos problemas de salud. La experimentación en animales es costosa, y es posible sostener que, si el dinero fuera gastado en otras formas, el resultado final podría ser mejor. Por ejemplo, el considerable gasto en investigación sobre el SIDA que usa animales ha sido de poca utilidad para los humanos que sufren de SIDA, y si hoy quienes sufren de HIV y SIDA viven vidas mejores y más largas, debemos agradecérselo en su mayor parte a pruebas clínicas realizadas con humanos.

Es ciertamente posible aseverar que si el gasto de dinero en experimentación in-vivo fuera en cambio invertido en campañas de educación para sexo seguro, recambio de jeringas, y distribución de profilácticos, el promedio de nuevos casos de HIV habría bajado drásticamente. La opción del uso de animales para afrontar este problema es, de muchas maneras, una decisión política y social antes que científica. Los experimentos con animales son considerados un modo aceptable de resolver el problema del SIDA mientras que el recambio de jeringas, distribución de profilácticos, y educación para el sexo seguro son políticamente incorrectos.

Más aún, hay fuertes incentivos institucionales que militan en contra del uso de alternativas para la investigación con animales vivos tales como los modelos computacionales. El uso de animales es familiar para los experimentadores, quienes con frecuencia son reacios a adoptar tecnologías nuevas y poco familiares. Pero el hecho de que la vivisección pueda ser más política, social o institucionalmente aceptable que otras formas de enfrentarse con los problemas de salud, no significa, por supuesto, que sea más efectiva.

Quinto, hay evidencia empírica que pone en duda la noción de que los experimentos en animales contribuyen positivamente a la salud humana e indica que, en muchos casos, han sido, de hecho, contraproducentes. Numerosos ejemplos ilustran este punto. Por ejemplo, aunque ya en los tempranos ‘60 los estudios habían demostrado que existía una correlación entre el cáncer del pulmón y el fumar cigarrillos, el fracaso en el desarrollo de un modelo animal de cáncer de pulmón condujo a los investigadores a rechazar la validez de la teoría de que fumar causaba cáncer de pulmón.

Sexto, incluso si aceptamos que el uso de algunos animales es en la práctica necesario en casos que conciernen a temas serios de salud humana, hay una gran cantidad de vivisección que no encaja dentro de esta categoría y donde el uso de los animales solo puede ser descrito como trivial e innecesario y, en algunos casos, lisa y llanamente grotesco. Por ejemplo, los diarios de psicología abundan en ejemplos de uso de animales que son muy difíciles de defender, incluso si concedemos solo una mínima importancia a los intereses animales. Más aún, una gran cantidad del uso de animales para pruebas de productos indisputablemente frívolos o reiterativos no puede ser caracterizado, verdaderamente, como necesario.

Siete; al hacer cualquier aseveración de que necesitamos usar animales para encontrar curas para las enfermedades humanas, debemos al menos considerar que una gran cantidad de esta enfermedad parece estar relacionada con un uso claramente innecesario de animales: nuestra ingesta de productos animales. En realidad, muchos de los propósitos de la investigación en-vivo tienen que ver con enfermedades causadas por el enteramente innecesario y con frecuencia muy destructivo comportamiento humano. Este asunto implica temas de justificación moral, pero es también relevante para afirmar la necesidad empírica.

Ocho; la afirmación de que los investigadores infligen sólo la cantidad de dolor o sufrimiento requerido para un uso determinado, está abierta a un serio cuestionamiento. En primer lugar, la mayoría de los no-humanos que son usados en experimentos [ratas y ratones] ni siquiera están cubiertos por la ley de Bienestar Animal, lo que significa que la información necesaria para apoyar tal afirmación no está disponible. Más importante, sin embargo, es que la información que tenemos acerca del dolor y sufrimiento animal proviene de los informes de aquéllos que hacen los experimentos y ha habido múltiples ejemplos en los cuales los investigadores no consideran ni siquiera los procedimientos invasivos como dolorosos o productores de estrés en los animales.

Por supuesto, incluso si el uso de los animales en este contexto no es claramente frívolo en el modo en que nuestros otros usos de animales sí lo son, esto no significa que sea moralmente justificable. Como argumenté en “Introducción a los Derechos Animales“, si aceptamos la perspectiva de los Derechos Animales, no podemos justificar el uso de animales no humanos, independientemente de cualquier beneficio que podamos obtener como resultado.

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