23 de abril de 2010

Las respuestas deberían ser claras




En la tentativa de Ingrid Newkirk de enfrentar el fuerte ensayo de Victor Schonfeld, Los 5 errores fatales del activismo animalista”, Newkirk trató de defender la reforma bienestarista del siguiente modo:
«Para aquéllos que deprecian el gradualismo, el filósofo práctico Peter Singer preguntaría, “¿Preferirían vivir en el horror en el que están ahora, reproducidos para crecer siete veces más rápidamente que lo natural, de manera que sus huesos se astillen y sus órganos colapsen, o preferirían ser capaces de vivir sin dolor crónico? ¿Preferirían vivir sus vidas hacinado en una jaula pequeña, incapaces de abrir sus alas, construir un nido o de hacer casi nada de lo que les gustaría hacer, o preferirían hacer, o preferirían al menos poder caminar? ¿Preferirían ser colgados boca abajo por sus pies y ser escaldados hasta la muerte o perder la conciencia cuando la celda en la que están metidos accionase un sistema de aturdimiento bajo atmósfera controlada?” Las respuestas deberías ser claras.»

Preguntémonos cuestiones similares, en el contexto de la explotación humana:

¿Preferirían obtener un helado antes de ser abusados? ¿Preferirían no ser torturados antes de ser asesinados? ¿Preferirían ser torturados por 15 minutos en vez de 20 minutos antes de ser asesinados? ¿Preferirían no ser golpeados antes de ser violados? ¿Preferirían ser torturados, en una simulación de ahogamiento, sobre una tabla acolchada en vez de una tabla sin acolchado?

Las respuestas deberían ser claras.

Por supuesto que es mejor hacer menos daño que más daño. Pero esto evita la pregunta fundamental, que es establecer si podemos justificar el daño que les imponemos, para empezar a hablar del tema. Si la violación está mal, no deberíamos hacer campañas por una violación “humanitaria”. El mismo análisis se aplica a la pedofilia, la tortura, el asesinato, etc.

Más aún, Newkirk falla en reconocer una realidad económica simple: debido a que los animales son propiedades, y no tienen ningún valor inherente, las únicas reformas bienestaristas que aceptamos son aquéllas que proveen un beneficio económico para nosotros. PeTA reconoce esto explícitamente en su campaña para gasear a las aves: que este método de matarlas es mucho más beneficioso económicamente para los productores. Es precisamente por eso que las plantas procesadoras de pollos están adoptando en forma creciente este método de matanza. Económicamente, tiene sentido. Pero la realidad económica de los animales como propiedad significa que el nivel de la protección de bienestar animal será siempre muy bajo y relacionado con la económicamente eficiente explotación de los animales. Así que Peta, en efecto, ha pasado a asociarse con la industria, para hacer la explotación animal más eficiente. Sensacional.

Lo que Newkirk no se molesta en mencionar acerca de Singer es que él no piensa que comer animales o productos animales sea inherentemente problemático. En verdad, Singer ha dicho repetidamente que, debido a que la mayoría de los animales no tienen un interés en sus vidas, el problema no es el hecho de quelos usamos, sino cómo los usamos. Singer piensa que ser omnívoro es moralmente aceptable si tienen cuidado en comer carne y productos animales que han sido criados y matados “humanitariamente”. Discutí este tema en extenso en mis libros pero ustedes pueden leer varios ensayos acerca de este tema aquí (Ver: 1, 2, 3, 4).

Newkirk, cuya organización, de acuerdo con Newsweek Magazine, mata aproximadamente el 85% de los animales que rescata, parece concordar con que la muerte en sí no daña a los animales. Así que para Singer y Newkirk, el tema es el trato, no el uso. Pero es un modo de analizar el problema fundamentalmente diferente de lo que haríamos si se tratara de seres humanos. Y afirmaría que lo que cuenta para la diferencia no es nada más que especismo.

La mayoría de nosotros afirma que cree que es moralmente erróneo infligir sufrimiento y muerte “innecesario” a los animales. Cualquier otra cosa que signifique la palabra “necesidad”, debe significar que no podemos justificar el daño y la muerte infligidos a los animales por razones de placer, diversión o conveniencia. Quedó demostrado en forma contundente que creemos esto en la situación originada por las peleas de perros, en el caso de Michael Vick.

Pero, como apunté en mi ensayos sobre Michael Vick, no hay diferencia entre sentarse alrededor de un reñidero para mirar pelear a los perros y sentarse alrededor de una parrila para ver asarse a los cuerpos de los animales que han sido torturados tanto como los perros de Vick. No necesitamos comer productos animales. Verdaderamente, más y más profesionales pertenecientes a la corriente oficial en materia de salud están reconociendo que los productos animales van en detrimento de la salud humana. Y la agricultura animal es incuestionablemente un desastre medioambiental. Seguro, pagamos a alguien más para que haga la matanza, pero ésa es una diferencia sin distinción moral.

Así, nuestro continuado consumo de productos animales entra en conflicto con el principio moral que la mayoría de nosotros (con la irónica excepción de Singer y Newkirk, el padre y la madre del movimiento por la “carne feliz”) acepta: siendo todas las otras cosas iguales, el hecho de que una acción cause sufrimiento y muerte a un ser sintiente pone en nosotros la carga de la prueba de una justificación; nunca deberíamos dañar a ningún ser sintiente, ciertamente, sin alguna razón muy buena. Y el placer de nuestro paladar no es mejor razón que la diversión de Vick mirando las peleas de perros.

Así que mejor re-conceptualizemos la cuestión y preguntemos: ¿es mejor torturar a seres sintientes un poquito menos o comer comida que no involucre sufrimiento o muerte y que es mejor para nuestros cuerpos y el planeta?

La respuesta debería ser clara.

Como punto final, hago notar que Newkirk dice, en respuesta a la crítica de Schonfeld al sexismo de PeTA:

«En cuanto a las mujeres sexis en nuestros avisos, las fantasías tontas y los paneles en la calle y las distribuciones del sándwich de tofu, en un mundo donde la gente quiere sonreir, no resisten a una imagen atractiva y están ahí para una comida gratuita, si esas travesuras inofensivas permiten que un individuo reconsidere su propio rol en la explotación de los animales, ¿cómo esto puede ser condenado?»

¿Newkirk realmente piensa que el sexismo y la continua cosificación de las mujeres en un mundo en el que la violación y el acoso sexual suceden cada segundo de cada día, constituye “travesuras inofensivas”?


¿Newkirk realmente piensa que es una buena idea poner una “sonrisa” en el rostro de la gente, en relación al tema del sexismo?

¿Newkirk realmente piensa que el asesinato de 56 mil millones de animales por año (sin contar a los peces) es una ocasión para evocar una “sonrisa”?

¿Deberíamos tener mujeres desnudas recaudando dinero para Haití, así la gente “sonríe”?

¿Habría aprobado Martin Luther King, Jr., recordado en el último aviso de PETA que involucra a una mujer de color desnudándose “por los animales”, ponerle una “sonrisa” a los rostros de las personas que prefieren andar desnudas, en vez de sentarse en la parte trasera del ómnibus?

Otra vez, Ingrid, las respuestas deberían ser claras.




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