30 de mayo de 2007

Mi respuesta a Johanna





La semana pasada recibí un email de una persona a quien identificaré, con su permiso, simplemente como Johanna. Johanna escribió, en parte: 
"Usted argumenta que debemos poner todo nuestro tiempo y energía tratando de persuadir a las personas para que se hagan veganas. Pienso que es una idea maravillosa pero, ¿qué pasa con todas aquellas personas que no están preocupadas en absoluto acerca de los animales y que nunca van a hacerse veganas? ¿Qué pasa con aquéllas que pueden eventualmente convertirse en veganas pero no están dispuestas a hacerlo ahora mismo?" 
"¿No tendría sentido perseguir la reforma bienestarista con respecto a estas personas? ¿No sería mejor alentar a estas personas a comer alimentos producidos de una manera más humanitaria, incluso si las diferencias entre estos alimentos y los alimentos producidos de una manera convencional no fueran muy grandes?"
Las preocupaciones de Johanna son bastante típicas entre aquéllos que promueven la reforma bienestarista y el enfoque de la carne/productos animales “felices”. Estoy poniendo mi respuesta en este blog, con la esperanza de que otros la encontrarán de utilidad para pensar acerca de estos temas.

Aquí está mi respuesta, Johanna:

Hay básicamente tres grupos de personas por ahí:

El primer grupo está formado por aquéllas personas a quienes, como sugeriste, no le importan los animales y nunca se harán veganas, al menos no por razones éticas.

Aquellos dentro de este primer grupo, por definición, no van a estar dispuestos a pagar más por alimentos vendidos como producidos de una manera más “humanitaria”.

Si estás sugiriendo que estas personas podrían ser efectivamente forzadas a comprar comida producida más “humanitariamente” si fuéramos a legislar ciertas reformas en el ámbito nacional, hay al menos dos consideraciones.

Primero, cualquier medida bienestarista que vaya a reducir el sufrimiento animal de cualquier modo significativo y que será aplicable a todo el alimento producido en el ámbito nacional —y que no está dirigido a un nicho de mercado de consumidores con alto poder adquisitivo— será más costosa y resultará en un incremento significativo de los precios del alimento. Esto induciría una reacción política que aseguraría que las reformas no fueran aprobadas o fueran debilitadas hasta el punto de ser completamente insignificantes.

Segundo, aún si las reformas fueran promulgadas, no queda claro que, bajo varios acuerdos de libre comercio, la importación de los productos animales producidos bajo condiciones convencionales pudiera ser bloqueada. Dado que la gente dentro de este primer grupo no está preocupada por los animales y no está dispuesta a pagar más por el producto supuestamente más “humanitario”, ellos simplemente van a comprar el producto proveniente de la fuente convencional.

Deberías saber que en Europa, hubo mucha resistencia a la legislación nacional propuesta para implementar las directivas de bienestar animal de la Comunidad Europea.

El segundo grupo está formado por aquéllos que se preocupan por la ética animal y quienes se harían veganos inmediatamente si se les da un buen argumento acerca de que ellos no deberían comer ningún producto animal y que no hay distinción moral entre la carne y los huevos o los lácteos.

Dado que, en vez de acercarles a estas personas un claro mensaje vegano, le dices que pueden satisfacer sus obligaciones morales hacia los animales comiendo huevos libres de jaulas o carne que tiene la etiqueta de "Certified Raised and Handled" o la de Animal Compassionate, o cualquiera de las otras etiquetas de “carne feliz”, o que de acuerdo a analistas como Peter Singer, pueden “ocasionalmente darse el lujo de comer huevos de campo libre, o posiblemente incluso carne de animales que viven buenas vidas bajo condiciones naturales para sus especies y después se les mata humanitariamente en la granja,” ellos pueden muy bien no hacerse veganos. 


No puedo decirte la cantidad de veces que defensores de los animales me han dicho que han sido vegetarianos por años pero que se hicieron veganos después de asistir a una conferencia, o escuchado una entrevista, o leído algo que escribí acerca de cómo la carne y los lácteos son indistinguibles y acerca de cómo cualquier otra cosa que no sea veganismo es explotación animal. 

Por ejemplo, en respuesta a un seminario de derechos animales que di recientemente en un refugio que no mata animales, una voluntaria escribió:
"Fui vegetariana durante 12 años antes del seminario, y he sido vegana desde que dejé el refugio después de su visita. Pienso que fue el ejemplo que dió de Simón el sádico el que realmente me tocó. De todos modos, solo quería agradecerle por venir a hablar ahí. Volverme vegana realmente me hizo usar todas mis fuerzas para evaluar las contradicciones de mi vida, sin mencionar todos los grandiosos nuevos alimentos que no habría probado porque era tan fácil ser una vegetariana perezosa que pide pizza."

(Pueden leer el ejemplo de Simón el Sádico aquí)

En respuesta a mi entrevista en "The Vegan", un lector escribió:

"Al final de la entrevista usted dice, “Pasé mucho tiempo hablando con mis amigos acerca del veganismo y estoy complacido de decir que muchos de ellos se han hecho veganos. Y nunca dejaré de tratar de persuadir a otros. Nunca.” 
"!Solo quería hacerle saber que soy uno de sus conversos! Vegetariano por 30 años, me hice vegano hace un año después de leer algunas de sus cosas en línea,, hacia las cuales mi hija vegana atrajo mi atención. Mi reacción fue “Sí, esto es absolutamente correcto” y mi único pesar es no haber hecho esto décadas atrás."  
"Apoyo totalmente su postura, que parece tan obviamente correcta, verdadera y pensada con tanta claridad que a veces es difícil entender por qué no pueden verla todos." 

Recibo docenas de estos mensajes. Lo mismo sucede con Bob y Jenna Torres en relación a Vegan Freaks. Hablamos casi semanalmente acerca de los e-mails y llamadas teléfonicas que recibimos de personas que se están tornando veganas porque ellos finalmente “lo entendieron”. Ellos piensan que fue moralmente aceptable ser menos que vegano porque es precisamente lo que el “movimiento” les dice.

El tercer grupo está compuesto por aquéllos que no se harán veganos inmediatamente, incluso si les presenta un mensaje vegano persuasivo. ¿Deberíamos alentar a estas personas a consumir huevos libres de jaulas, o carne “feliz”, o cortar con la carne pero no con los lácteos, etc., como pasos progresivos hacia el veganismo?

No en mi opinión.

Muchos bienestaristas parecen pensar que si dan un mensaje vegano a una persona que no está dispuesta a hacerse vegana inmediatamente, esta persona no hará nada. ¿En qué se basa esta afirmación? Verdaderamente, el sentido común nos dice lo contrario. Si le presentas un mensaje vegano a alguien que está preocupado acerca de la ética animal pero no está preparado aún para hacerse vegano, la mayoría probablemente hará algo para hacerse vegano, en vez de quedarse sin hacer nada. Pero puedes tener la absoluta certeza de que si le dices a esa persona que no tiene que hacerse vegana para satisfacer sus obligaciones morales para con los animales, ella no lo hará. Si le dices a la gente de este grupo que es aceptable comer huevos libres de jaulas, o carne “feliz”, o que es moralmente aceptable para ellos ser “omnívoros conscientes,” eso es precisamente lo que ellos harán y todo lo que harán.

Si explicas la posición vegana con claridad, alguien que realmente esté preocupado por los animales pero que no quiere hacerse vegano inmediatamente, hará algo menos que hacerse vegano. La cuestión es, ¿qué es lo que debería hacer?

Cuando tratamos con una persona defensora de los animales quien, después de considerar los argumentos por el veganismo, responde que no se hará vegana inmediatmente, la respuesta no es sugerirle que coma huevos libres de jaulas o compre “carne feliz” en Whole Foods.

Al hacer esta sugestión, estás alentándola a creer que hay diferencia entre los huevos producidos en jaulas en batería o libres de jaula o entre la carne “feliz” de Whole Foods y la carne convencional. No hay diferencia significativa. Todo es horrible. El movimiento de la carne “feliz” hace a la gente sentirse cómoda acerca de la explotación animal y la alienta a consumir animales y productos animales.

No hay diferencia entre la carne y los lácteos. Decir que no comen carne pero que comen lácteos o huevos es como decir que comen vacas grandes pero no vacas pequeñas. Hay tanto sufrimiento, o más aún, detrás de un vaso de leche que detrás de un trozo carne, y todos estos animales terminan en el mismo matadero, después de lo que, de cualquier forma, los comemos.

También, lo que tiende a suceder con muchas personas es que, cuando dejan la carne, comen más lácteos y huevos. ¿Qué “progreso” es éste?

Siempre deberíamos ser claros acerca de que no hay distinción moral entre la carne y cualquier otra cosa. Todo es malo. Todo es parte de la explotación de los no humanos, ninguna de las cuales está moralmente justificada.

Una solución práctica mejor es, en cambio, sugerir un enfoque progresivo que es más coherente con la noción de que no deberíamos comer ningún alimento animal.

Con frecuencia sugiero a alguien de este tercer grupo que sea vegana en una comida en el día por una semana o dos. Y luego que lo haga en dos comidas en las semanas tres y cuatro, y luego en tres comidas en las semanas cinco y seis. Le proporciono información sobre nutrición vegana y la envío hacia alguno de los excelentes sitios web que demuestran muy claramente cuán simple es ser vegana y que proveen un amplio rango de excelentes y nutritivas elecciones disponibles.

Pienso que es muy importante ser honesto con la gente y poner en claro que en nuestra sociedad, en la que la explotación animal está tan arraigada, es imposible evitarla completamente. Pero la única cosa que es absolutamente cierta, es que si no son veganas, son explotadoras de animales. Es imperativo que aquéllos que están preocupados por los animales reciban claramente el mensaje de que estar preocupados no es suficiente. Tienen que poner sus principios en la práctica.

Aunque el enfoque incremental que describí es mejor que consumir huevos libres de jaulas y carne “feliz”, y poniendo mayores ganancias en los bolsillos de los explotadores cuyos productos animales cuestan más y no son más “humanitarios” que los productos convencionales, es importante dejar en claro a quien esté preocupado por este tema, que cualquier cosa que sea menos que veganismo representa poner su placer por encima de la vida y el sufrimiento de los no humanos que continúan comiendo. 

Nunca deberíamos “aprobar” la ingestión de ningún producto animal bajo ninguna circunstancia. Deberíamos siempre rechazar clara e inequívocamente el punto de vista de Singer de que ser un vegano-a comprometido es ser “fanático” o de que podemos tener una obligación de no comer una comida vegana si hacerlo causará que otros reaccionen diciendo: "Oh dios mío, estos veganos…”

La única cosa que nunca hago es fortalecer la idea —promovida por muchos de los grandes grupos de bienestar animal— de que el veganismo involucra un cambio difícil en el estilo de vida y que es sólo factible para aquellos que son buenos en el auto-sacrificio y tienen una autodisciplina monástica. Les digo la verdad: el veganismo es fácil. Las deliciosas y nutritivas comidas veganas no tienen que ser caras. Y refuerzo la noción de que si ellos se toman en serio la ética animal, no hay otra opción.

En cuanto al alcance de nuestro activismo, recuerda que es un juego donde, si unos ganan, los otros pierden. El tiempo y recursos que gastas promocionando la carne/productos animales “felices” es tiempo que no usas haciendo educación vegana clara e inequívoca. Tenemos tiempo limitado y recursos limitados. Este tiempo y estos recursos deberían ponerse en la educación vegana clara e inequívoca. Es el mejor camino para reducir el uso y el sufrimiento a corto plazo y es el único camino para construir un movimiento abolicionista a largo plazo, capaz de cambiar el paradigma de la condición de los animales como propiedad.

El movimiento de la carne/productos animales “felices” implica una necesaria alianza entre los defensores de los animales y los explotadores institucionalizados en la cual los defensores de los animales se convierten, efectivamente, en socios de los explotadores institucionalizados, promotores de la carne, lácteos y huevos “humanitarios”. El enfoque abolicionista rechaza esta alianza.

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