31 de enero de 2007

Esclareciendo el significado de un derecho


Hay mucha confusión acerca del concepto de derechos. Con frecuencia no somos claros acerca de a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de derechos humanos. Esta confusion y la falta de claridad es aún más pronunciada cuando hablamos de “derechos animales” porque algunos usan el término para describir cualquier regulación bienestarista, y otros, como yo, lo usan como sinónimo de abolición de la explotación animal.

No hay una prueba mayor de confusión entre los defensores de los animales que el hecho de que Peter Singer, el “padre del movimiento por los derechos animales”, ¡no cree en los derechos para humanos o no humanos!

El concepto de derechos ha generado ciertamente muchísima discusión filosófica y debate.

Pero podemos pasar por alto todo esto y clarificar la noción de un derecho con la finalidad de entender algunos aspectos básicos del concepto.

¿Qué es un derecho?

Un derecho es simplemente un medio de proteger un interés.

Un interés es algo que queremos, deseamos, o preferimos. Todos nosotros tenemos intereses. Compartimos algunos intereses en común. Por ejemplo, todos tenemos interés en la comida y la atención médica. Algunos intereses son más peculiares para el individuo en particular. No tengo absolutamente ningún interés en jugar golf; muchas personas se apasionan por el golf.

Con respecto a cualquier interés, hay básicamente sólo 2 medios de proteger ese interés:
1. Podemos proteger ese interés sólo hasta el punto en que hacerlo así produce consecuencias deseables como cuestión general. 
2. Podemos proteger ese interés a pesar de si produce consecuencias deseables como cuestión general.
Este segundo modo de proteger un interés es lo que un derecho es.

Veamos un ejemplo:

Tengo un interés en mi libertad. Podemos proteger ese interés de forma consecuencialista, esto es, podemos elegir proteger ese interés sólo hasta el punto en que hacerlo así produce un buen resultado.

Pero, ¿qué sucedería si soy una persona políticamente impopular, cuyas opiniones y puntos de vista son perturbadoras para otros que estarían mucho más felices si estuviera en prisión y no se me permitiera expresar mis opiniones?

Si mi interés en mi libertad es protegido sólo hasta el punto de que, en el balance, mi libertad es un beneficio y no un perjuicio general, entonces, dependiendo del peso que se acuerde a los intereses competentes, puedo muy bien ser encarcelado.

Por otro lado, podemos proteger mi interés en la libertad aún si mis puntos de vista políticos ofenden a otros. Si protegemos el interés de este modo, podemos decir que tengo un derecho a la libertad. Lo que simplemente es otra manera de decir que mi interés en mi libertad será protegido aún si mi encarcelamiento tuviera consecuencias beneficiosas para otros.

Esto no significa, sin embargo, que mi derecho a la libertad sea absoluto. Si comento un crimen y soy encontrado culpable más allá de una duda razonable por un jurado, entonces puedo ser privado de mi libertad. Pero esto es porque hice algo para perder mi interés en mi libertad.

Veamos otro ejemplo: mi interés en mi vida.

Ciertamente tengo un interés en mi vida. Verdaderamente, podría decir que para la mayor parte de nosotros, nuestro interés en nuestra vida es probablemente más fuerte que nuestro interés en no sufrir. Después de todo, muchos humanos se someten a procedimientos médicos dolorosos para ser curados de enfermedades que amenazan la vida.

Nuevamente, podemos proteger este interés de forma consecuencialista y, por ejemplo, pueden usarme y matarme como sujeto sin mi consentimiento, en un experimento biomédico, si éste producirá datos que salvarán a muchos otros humanos. O pueden matarme para tomar mis órganos para transplantárselos a otros, salvando así múltiples vidas al tomar la mía.

Alternativamente, pueden proteger mi interés en mi vida aún si mi muerte fuera en beneficio de otros a través de mi servicio como un sujeto de experimentación sin consentimiento, o donante. En este caso, podríamos decir que tenía un derecho a vivir, el cual es simplemente otra manera de decir que mi interés en mi vida estará protegido aun cuando consecuencias beneficiosas puedan suceder si mi interés no fuera protegido.

El derecho a la vida no es absoluto. Si, por ejemplo, Joe me ataca con fuerza mortal, sin provocación, me está permitido defenderme a mí mismo y tomar su vida si es necesario. En tal situación, no pensamos que el interés de Joe en su vida debería ser protegido debido a la acción que intentó. Pero no pasamos por encima su interés simplemente porque hacerlo así tendría buenas consecuencias.

Un derecho es como una pared que cerca un interés. Sobre esa pared hay una señal que reza: «No puedes traspasar este límite sólo porque será beneficioso para ti o para otros hacerlo.»

Un derecho especial: el derecho de no ser la propiedad de otros

Cuando la gente discute sobre derechos humanos, lo que realmente discute es qué intereses humanos deberían ser protegidos independientemente de las consecuencias. Y hay ciertamente mucho desacuerdo acerca de qué intereses deberían recibir esa clase de protección.

Sin embargo, hay un interés acerca del cual la mayoría de la gente no deja de concordar: nuestro interés en no ser un recurso, o propiedad, o esclavo, de otro. Esto no significa que la esclavitud humana ya no exista más; existe. Pero ninguno la defiende como sí defienden otras formas de discriminación y explotación. Consideramos a cada humano como un ser que tiene derecho a no ser un esclavo. Verdaderamente, la prohibición contra la esclavitud humana es uno de los pocos derechos morales reconocidos por la comunidad internacional.

¿Por qué? ¿Por qué consideramos a la esclavitud humana como una cosa particularmente mala?

La respuesta es porque los esclavos no tienen ningún derecho real. Cualquier protección que los esclavos reciben de sus intereses es sólo consecuencialista. Esto es, protegemos sus derechos sólo hasta el punto en que beneficia a alguien más —usualmente el dueño del esclavo— el hacerlo. La esclavitud trata a humanos como seres que tienen sólo valor extrínseco o condicional. La esclavitud deniega que los humanos tengan valor inherente, o valor más allá de su valor como propiedad de otros. Si los humanos tienen cualquier valor moral en modo alguno; si ellos tienen cualquier valor más allá de su valor extrínseco como mercancías valuadas por otros, entonces, cualquiera sean otros derechos que podamos dar a los humanos, debemos darles el derechos básico a no ser la propiedad o los recursos de otros.

El derecho a no ser propiedad no depende de las características individuales. Dejando de lado a la gente como Peter Singer, el resto de nosotros pensamos que un humano incapacitado con una grave deficiencia mental tiene tanto derecho a no ser tratado como sujeto no voluntario en un experimento como lo tiene un genio. Esto es, pensamos que el interés de una persona incapacitada y el del genio en no ser tratado como un recurso, debería ser respetado independientemente de las consecuencias. Después de todo, la persona incapacitada y el genio tienen ambos valor por sí mismos aún si nadie los valora.

El derecho a no ser tratado como propiedad significa simplemente que el interés en no ser tratado como una mercancía debe ser protegido aun si beneficiara a otros el tratar a ciertos humanos como mercancías. Si no protegemos este interés en este modo –—con un derecho— entonces algunos humanos, aquéllos que no valoramos, serán tratados como mercancías y estarán sujetos a ser privados de todos sus derechos fundamentales, incluyendo su interés en continuar su existencia, si hacerlo nos beneficia.

Animales y Propiedad

Los animales no humanos también tienen intereses. Los animales humanos y no humanos son las únicas entidades en el universo que tienen intereses porque son sintientes: tiene una conciencia subjetiva. Hasta donde sabemos, las piedras y las plantas no tiene intereses,

Los nohumanos sintientes, dependiendo de sus especies, tienen intereses de todas clases. Ellos pueden sufrir y ellos tienen interés en no sufrir. Y todos los no humanos sintientes tienen interés en la vida. Tal y como he argumentado en mis escritos, ser sintiente significa tener interés en continuar viviendo. Sentir no es un fin en sí mismo; es un medio para el fin de la continuación de la existencia para ciertos seres que evolucionaron hacia ser sintientes con el objeto de sobrevivir. Decir que un ser es sintiente pero no quiere, prefiere, o desea permanecer vivo es absurdo.

Los animales nohumanos tienen intereses en no ser usados como comida, o para experimentos, vestimenta, recreación, entretenimiento, etc. Estas actividades son sólo posibles porque los animales nohumanos son considerados como propiedad.

Incluso los animales viviendo en la naturaleza son, en la mayoría de los casos, considerados como propiedad del Estado; sujetos a ser reducidos a la condición de propiedad de individuos que los matan en formas y maneras determinadas por ley. Aunque algunos de nosotros tenemos compañeros no humanos a quienes consideramos como miembros de nuestras familias, estos nohumanos son, en lo que a la ley concierne, nada más que cosas que poseemos. Aunque hay algunos límites sobre cómo tratamos a nuestra propiedad animal, no hay muchos.

Las leyes de bienestar animal no pueden ser consideradas como leyes que otorguen derechos a los nohumanos. Estas leyes proveen sólo protección consecuencialista. Estos es, protegemos los intereses de otros animales sólo hasta el punto en que adjuntamos a aquellos intereses un valor para nosotros.

Requerimos que un nohumano sea aturdido eléctricamente antes de que lo maten en un matadero. No protegemos el interés del animal en ser aturdido antes de ser asesinado porque esto sea en su interés; sino que lo protegemos porque es en nuestro interés. Un animal que es aturdido causará menos lesiones a los trabajadores y tendrá menos daño en el cadáver, de manera tal que mantendrá a la industria de la carne funcionando en forma segura, eficiente y lucrativa, de acuerdo a la “visionaria” Temple Grandin.

¿Hay alguna buena razón para no acordar a los no humanos el único derecho que acordamos a todos los humanos independientemente de sus características particulares? Como ya he argumentado, la respuesta es no. El único modo en que discriminamos entre humanos y nohumanos para los propósitos del derecho a no ser tratado como propiedad es participar del especismo.

Para que los animales no humanos puedan ser moralmente significativos —si ellos van a tener un valor más allá de del de meras cosas con valor extrínseco o condicional únicamente— debemos proteger su interés en no ser mercancías/recursos, independientemente del resultado. Esto requiere abolir y no meramente regular la explotación animal, requiere que cuidemos de los animales "domésticos" que tenemos aquí ahora, y requiere que dejemos de traer animales nohumanos a la existencia para nuestro uso.

Conclusión

Resumiendo:

Un derecho es un modo de proteger un interés.

Un derecho es protección no consecuencialista para un interés: esto significa que protegemos dicho interés aun si hubiera consecuencias buenas en un sentido general si no lo hiciéramos.

Si los humanos son incluidos en la comunidad moral, no pueden ser la propiedad de otros. Debemos, entonces, proteger el interés de los humanos en ser tratados como propiedad en un modo no-consecuencialista. Debemos otorgar a cada humano el derecho de no ser tratado como una propiedad de otro.

Similarmente, si los animales no humanos van a  ser miembros de la comunidad moral, debemos promover la protección no-consecuencialista a su interés en no ser usado como recursos.

Esto requiere la abolición de la explotación animal. Esto es lo que quiero decir cuando hablo de “derechos animales.”

Debemos proteger el interés de los nohumanos en no ser tratados como cosas de un modo particular. Esta protección no puede depender de las consecuencias.

Si están interesados en ampliar el debate sobre este tema, deberían ver el vídeo Teoría de los Derechos Animales.

Cubrí gran parte del tema aquí y hay mucho más que podría haber sido dicho. Me referiré a este asunto nuevamente en futuros ensayos en respuesta a los requerimientos y comentarios que tenga de ustedes.

24 de enero de 2007

El Estado del Movimiento




El especismo está mal porque, como el racismo, el sexismo y la homofobia, excluye a seres sensibles de su pertenencia a la comunidad moral, basándose en una característica irrelevante. Raza, sexo, orientación sexual, y especie, son todos irrelevantes frente a la capacidad de ser dañado.

Pero el rechazo del especismo en este asunto implica el rechazo de la discriminación basada en la raza, el sexo, o la orientación sexual. Es inaceptable perpetuar la cosificación de un grupo para beneficio de otro. La cosificación implica tratar al otro, ya sea una mujer, persona de color, homosexual o lesbiana o un no-humano, como un objeto, como algo más bien que como alguien.


Por muchos años, People for the ethical Treatment of Animals [Gente para un Trato ético de los Animales] ha promovido campañas sexistas. Esto comenzó con su campaña “Prefiero andar desnuda que usar pieles” en los tempranos 90’ y ha “progresado” a través de una serie de crecientes y pueriles promociones, culminando en su más reciente "PeTA’s State of the Union Undress" ["Discurso de PeTA sobre el Estado Desnudo de la Nación"], lo que es un récord de grosería, incluso para PeTA.


Y esto dice mucho acerca de una organización que ha puesto lo mejor de sí para reducir el serio tema de la explotación animal a un montón de chistes de vestuario.


Ahora hemos ido a un desnudo femenino total de frente [y rasurado] “por los animales”. Debes primero hacer un clic que significa que eres mayor de 18. Y después de ver a una mujer desnudarse completamente mientras te dice todo acerca de las campañas bienestaristas de PeTA, delineadas para que consumas con “compasión”, ves varios minutos de sangrientas fotos de no-humanos siendo explotados en varios contextos. El vídeo termina con una cita del Dr. Martín Luther King acerca de la justicia. Se trata verdaderamente de múltiples niveles de pornografía.


El más reciente vídeo, aunque más extremo que otros pasados esfuerzos de PeTA al respecto, es problemático por las razones en que todas las campañas misóginas y sexistas de PeTA lo son.


Primero; estas campañas convierten en mercancía a un grupo tradicionalmente en desventaja [las mujeres] como supuestos medios para el fin de ayudar a otro grupo en desventaja: los no-humanos. Pero, ¿qué sentido tiene decir que podríamos tratar instrumentalmente a un grupo para ayudar a otro grupo? No tiene ningún sentido cualquiera sea.


En verdad, alentando al público a ver mujeres como objetos, PeTA simplemente asegura que la gente continuará viendo a los no-humanos como objetos. Ya que continuamos tratando a las mujeres como carne, continuaremos tratando a los no-humanos como carne.


Es imperativo que nos opongamos al tratamiento instrumental de cualquier grupo. Menospreciar y convertir en mercancía a un grupo para el supuesto beneficio de otro es inmoral y contraproducente.


Segundo; uniendo la imaginación sexual con imágenes de violencia hacia los no-humanos, estas campañas intentan erotizar la explotación animal. Vivimos en una cultura en la que la violencia, y particularmente la violencia contra la mujer, es erotizada en variedad de formas. Perpetuar esto, y extenderlo a la explotación de los no-humanos, es profundamente problemático.


Tercero; estas campañas están totalmente destinadas a la promoción de PeTA y no tienen nada que ver con la explotación de los no-humanos. PeTA comenzó su campaña de pieles con desnudos en los tempranos 90’. La industria de la piel está hoy más fuerte que nunca. Ha tenido lugar un dramático incremento en la década pasada en el número de negocios que incluyen pieles y el número de diseñadores que las usan, aunado con una caída significativa en el promedio de edad de los compradores. Un escrutinio de Gallup en el 2004 “encontró que el 63% de los encuestados respondió que la compra y uso de ropa hecha con piel de animales es ‘moralmente aceptable’”. Aunque unos buenos resultados para los no-humanos no justificarían el sexismo, el sexismo no produce ningún tipo de buenos resultados para los no-humanos.


Cuarto; estas campañas no harán nada para animar una discusión seria acerca de la explotación de los no-humanos, incluyendo la importancia del veganismo, los problemas con el bienestar animal, el estatuto de propiedad de los no-humanos, el pensamiento especista, etc. Más bien, ellas causarán que cualquier persona pensante que no está aún convencida, rechace el “movimiento” como estúpido, ofensivo e infantil. No es de extrañarse que otros políticos progresistas eviten el “movimiento.”


La idea de que PeTA piense que es apropiado finalizar un video de striptease con una cita de Martín Luther King acerca de la injusticia es una nueva indicación de que PeTA está tratando de trivializar cualquier cosa y a cualquiera en sus intentos implacables por promoverse a sí misma. Quizás PeTA debería recordar que el Dr. King promovió la causa de la justicia a través del intelecto, la tenacidad, la dignidad y el coraje y sin nunca “poner desnudos” para ganar derechos civiles o comprometerse en ningún sensacionalismo y poco elegantes vulgaridades en que se ha convertido el negocio de PeTA.


He criticado el sexismo de PeTA desde el mismo principio de estas campañas en los tempranos 90’. Y cada vez que planteé este tema con varios PeTáfilos, incluyendo Ingrid Newkirk, se me dijo que no había nada malo con estas campañas porque la mujer involucrada participó voluntariamente y que es una expresión de feminismo desnudarse “por los animales”. Esp es tan ridículo como decir que los actores afro-americanos que perpetuaron los estereotipos racistas en las comedias carinegras en los 20’ y 30’ ayudaron a la igualdad racial. El hecho de que esta explotación sea “con la aprobación de la víctima” no significa que no haya explotación. Solo significa que el sexismo es tan penetrante en nuestra sociedad que muchas mujeres están cegadas para verlo. Lo que no es sorprendente.


Aquellos de ustedes que consideran a PeTA como “radical” necesitan repensar su comprensión de este término. Ser “radical” implica ir a las raíces o a las fuentes. Una solución radical es una que va a la raíz del problema y propone un cambio radical. Las campañas de PeTA son indistinguibles de los enfoques tradicionales del bienestar animal. El hecho de que PeTA también promueva el sexismo y trate de ofender a quien sea que pueda simplemente para alcanzar la atención de los medios no la hace “radical”. PeTA no está actuando para cambiar el paradigma prevaleciente de la jerarquía y la opresión especista: está reforzando ese paradigma.


PeTA puede haber comenzado como una organización de mérito, pero se ha convertido en un fin en sí misma y explota a los no-humanos como simples “soportes” en una infinita serie de auto-promociones que han convertido a PeTA en una organización multimillonaria que abandonó cualquier demanda para ser abolicionista en cualquier sentido serio. PeTA está obstruyendo, y no ayudando, a la causa de los derechos animales. Si eres uno de los que apoyan a PeTA, deberías pensar acerca de si continuar o no ese apoyo.


Pero por otra parte, si el hecho de que PeTA esté dando un premio a la “visionaria” diseñadora de mataderos y explotadora de animales Temple Grandin, o la posición de PeTA de que los derechos animales significa animales muertos, no hizo que llegues a la conclusión de que Newkirk y sus amigos han errado tanto el camino como para haberlo perdido totalmente, entonces tal vez un streaptease completo y frontal actuado por una mujer exaltando las virtudes del bienestar animal yuxtapuesto con escenas de explotación animal y finalizando con el Dr. Martin Luther King tampoco te molestará.




17 de enero de 2007

Abolición y Reforma Progresiva



En respuesta a mi ensayo anterior sobre veganismo, varios activistas me escribieron solicitándome que argumente acerca de qué otros modos de reforma progresiva —aparte de tornarnos veganos— son consistentes con la posición abolicionista.

Este ensayo es una respuesta inicial para esos pedidos y continuaré el tema de vez en cuando, con ulteriores ensayos sobre estrategias para una reforma progresiva.

Déjenme decir, como una cuestión preliminar: nuestra decisión personal de abrazar el veganismo es el cambio progresivo más importante que podemos hacer. El veganismo es la forma más importante de activismo. Y es algo que está dentro de las posibilidades de cada uno poder hacerlo. Ahora.

Por mucho tiempo, el movimiento animalista ha tratado al veganismo en sí mismo como “extremista”, y ha promovido el mito de que los productos de origen animal puede ser obtenidos en una forma “humanitaria” y de que podemos ser moralmente “omnívoros conscientes.” Durante mucho tiempo, el movimiento ha caracterizado el veganismo estricto como “fanático.”

Si el movimiento animalista es aún algo más que un sector compasivo para elitistas adinerados que compran su “carne feliz”, huevos de gallinas libres de jaulas en batería, y productos lácteos orgánicos de lugares como Whole Foods, o un movimiento que promueve como “visionaria” a las medidas diseñadas para mantener a la industria de la carne funcionando “sin riesgos, con eficiencia y lucrativamente”, el veganismo debe ser situado en el frente y centro como línea de base del movimiento.

Hay una diferencia cualitativa entre la posición de los derechos animales y la posición del bienestar animal. La primera considera al veganismo como su línea de base moral; la última no lo hace.

El veganismo es la aplicación del principio abolicionista a la vida del individuo. No es una opción; es esencial. Es extremadamente dificultoso —quizás imposible— no ser cómplices de la explotación animal al menos indirectamente, como consumidores, en una sociedad sostenida por la explotación animal, pero podemos sin embargo dejar en claro que si no eres vegano, ciertamente eres un explotador de animales. Es así de simple.

Educación Vegana

Además de nuestra decisión individual de adherir al veganismo, hay ciertamente otras formas de cambio progresivo que podemos perseguir. Argumento sobre ellas en mi libro del año 1996: Lluvia Sin Truenos

Así como la decisión de convertirse en vegano/a es la manera más importante de cambio progresivo que podemos hacer en el terreno personal, educar a otros acerca del veganismo es la forma más importante de cambio progresivo activista en el terreno social. Es ciertamente una forma más significativa de cambio progresivo que hacer campañas por jaulas más grandes o promover a los vendedores de carne “feliz”. Cada persona que educamos es alguien cuya vida personal podemos afectar en modos significativos. Cada persona que adhiere al veganismo representa una reducción de la demanda de los productos animales y otra adición a la base que puede servir como la fundación de un real movimiento social y político y un alejamiento del movimiento bienestarista inefectivo, contraproducente y conservador que actualmente existe.

Aquí hay algunos ejemplos —y solo unos pocos— de cosas que puedes hacer:
• Distribuye literatura sobre veganismo en lugares donde se reúna un gran número de personas. Hay grupos de base que se centran casi exclusivamente en la distribución de literatura sobre veganismo y la abolición de la explotación animal entre el público. Algunos de estos grupos producen su propio material.
• Emplaza semanalmente un puesto de comida vegana en un mercado local, o realiza un festival comunitario, tal como un festival. Mucha gente jamás probó la comida vegana. Preséntasela como algo sabroso. Despáchala con literatura agregada a la positiva experiencia de comerla.
• Ofrece presentaciones sobre veganismo en el local de tu colegio secundario (básico y polimodal), o en la comunidad colegial, o en la universidad.
• Ayuda a los estudiantes a formar organizaciones de defensa del veganismo para que ellos puedan conseguir opciones de comida vegana en sus colegios, haciendo así crecer la conciencia acerca del veganismo como una cuestión general.
Si tienes una tarde por semana para dar a las cuestiones de animales, ocupar tu tiempo en estos tipos de actividades educativas será mucho más productivo que pasar tu tiempo trabajando por jaulas en batería más grandes u otra regulación bienestarista.

Hay algunas otras cosas que puedes hacer para educar. En futuros ensayos exploraré diferentes tipos de educación abolicionista. Enfatizo que ésta es una respuesta inicial.

Campañas que apuntan a usos animales específicos.

¿Y qué acerca de las campañas —legislativas o de otro tipo— para alcanzar prácticas o usos particulares implicando animales? En Lluvia Sin Truenos argumento que los defensores harán probablemente mejor gastando su tiempo, energía y dinero en el veganismo y la educación vegana.

Realmente no hay suficiente apoyo público para conseguir el tipo de legislación que haría a una real diferencia. Como resultado, los esfuerzos para asegurar legislación invariablemente resultan en leyes que hacen poco más que cambios mínimos que benefician a los explotadores lejos de ayudar a los animales.

En cualquier caso, llegado al punto en que los defensores quieran dedicarse a campañas concernientes a distintos usos o prácticas, deberían buscar la reducción progresiva del estatus de propiedad sobre los animales. Esto es, las regulaciones del bienestar animal generalmente requieren sólo que los humanos exploten a los no-humanos en un modo eficiente. Es teóricamente posible reducir el estatuto de propiedad de los animales en un modo progresivo a través de medidas que reflejen que los no humanos tienen un valor inherente o intrínseco, y no un valor meramente extrínseco o condicional.

Los defensores que quieran ir en esta dirección —y no estoy defendiéndola como sí estoy fuertemente a favor de la educación vegana/ abolicionista—deberían perseguir prohibiciones —más que regulaciones— de actividades institucionales significativas. Estas prohibiciones deberían estar basadas explícitamente en el valor inherente de los animales, y no en la noción de que la medida será beneficiosa para otros explotadores tanto como para los animales. Este valor inherente debería ser reconocido sin que pueda ser ignorado simplemente porque beneficiará a los humanos. Las campañas por estas prohibiciones no deberían proponerse substituir la actividad por otra forma más “humana” de la misma explotación, y debería siempre estar acompañada con una demanda clara e inequívoca de abolición de todo uso animal.

Un ejemplo de campaña que encajaría en esta descripción: La prohibición de todo uso de animales en circos por la razón de que es inmoral y no puede ser justificada por razones de beneficio económico. Los defensores deberían ser claros acerca de que el uso de los animales en otras formas de entretenimiento o con cualquier otro propósito, incluyendo la comida, es similarmente objetable.

Como opuesto a: Una regulación que requiere que todos los animales en los circos sean tratados “humanamente.”

Otro ejemplo de una campaña que encajaría en esta descripción: Una prohibición en el uso de cualquier animal para un tipo especial de experimento acompañado con el claro reclamo de la abolición de toda forma de experimentación en animales.

Como opuesto a: Una regulación que requiera que el uso de animales en experimentos sea “humano” y controlado por un Comité de Cuidado de los Animales. ["Comité Ético"].

Como cuestión general, el tipo de prohibiciones que representa la erradicación progresiva de la condición de propiedad de los animales será difícil, si no imposible, de conseguir en el tiempo presente, dado que no hay una base políticamente organizada para apoyarlas. Esto puede dar al menos una explicación parcial de por qué casi ninguna de las campañas realizadas por las mayores organizaciones nacionales de animales en los EE.UU. se ajusta a este modelo de prohibición y las pocas que lo hacen sugieren explícita o implícitamente que otras formas de explotación animal pueden ser más aceptables.

Por ejemplo, una campaña para prohibir la caza “con animales cercados” que sugiere que la caza “deportiva” es de alguna manera menos objetable que la caza con animales cercados, sería problemática.

Una campaña contra las pieles que sugiere que hay alguna diferencia entre la piel y otros tipos de ropa hecha con no-humanos es problemática.

Un llamamiento a boicotear la comida de animales marinos de Canadá como parte de una campaña que prohibe la matanza de focas implica que comer animales marinos de Canadá es aceptable si la matanza de focas termina.

Estas campañas pueden implicar prohibiciones más que regulaciones, pero llevan a un mensaje confuso y desconcertante.

En cualquier caso, recalco que como una cuestión de consistencia, tanto doctrinal como de uso eficiente y estratégico de los recursos del movimiento, la manera más efectiva de realizar campañas al momento presente es educar al público acerca del veganismo.

No olviden a los Individuos Animales

El movimiento animalista corporativo –al menos en los EE:UU.- ha puesto al cuidado de los animales individuales –particularmente aquéllos que han sido domesticados para servir a los humanos como “compañía”-, en la parte más baja de la lista y, en algunos casos, no lo incluyen en la lista de ningún modo. 

Aunque hay muchas organizaciones animales con presupuestos multimillonarios, una pequeñísima fracción de estos dólares son destinados al cuidado de los no-humanos actuales.

Verdaderamente, PeTA apoya la matanza de perros y gatos sanos, oponiéndose a los refugios que no matan.

Aunque no debemos traer más no humanos a la existencia, ciertamente debemos cuidar de los no-humanos de cuya existencia somos los causantes.

He tenido defensores de los animales afirmando que proveer de un hogar a perros, gatos u otros animales domésticos, o hacer la tarea de AER, es “bienestarista” porque asume que sabemos lo que es mejor para estos no humanos. Estos defensores alegan que no debemos interferir con estos animales en absoluto si realmente pensamos que son seres moralmente significativos.

Esta posición implica un entendimiento equivocado acerca del significado del bienestar animal. Los bienestaristas difieren sobre lo que constituye un trato adecuado, pero asumen que el problema principal no es que usemos a los animales, sino solamente cómo los tratamos. La idea, examinada en mi ensayo sobre los no-humanos domesticados, de que deberíamos detener la cría de más animales pero que deberíamos cuidar aquellos que están aquí ahora no solo no es bienestarista, sino que es lo opuesto del bienestarismo dado que explícitamente rechaza la noción de que los humanos tengan derecho alguno para continuar usando a los no-humanos para cualquier propósito.

Realmente concuerdo con la observación de que cuidar a no humanos individuales implica nuestro manejo de sus vidas y el tener que decidir acerca de cuáles son sus “mejores intereses”. Esto es, por supuesto, verdad también para los niños humanos. Pero la necesidad de hacer estas decisiones para los no humanos continúa a lo largo de la vida del no-humano. Nunca termina. Esta es la consecuencia de haber forzado a la existencia a criaturas que no pertenecen a nuestro mundo y que no pueden sobrevivir en los suyos propios. Es una razón poderosa de porqué no deberíamos traer más no-humanos domesticados a la existencia, pero no apoya la conclusión de que estar preocupados acerca del bienestar de los individuos es una cuestión de la teoría de bienestar animal.

Cuidar de individuos animales no humanos es una forma en extremo importante de activismo, particularmente cuando está informada por la perspectiva abolicionista. Quiero compartir contigo las historias de dos personas que, desde mi punto de vista, están haciendo una diferencia y contribuyendo más a alcanzar derechos para los animales que lo que jamás podría esperarse que hagan las grandes organizaciones corporativas de bienestar animal.

Nunca dudes de que ir a tu refugio local y adoptar un animal —particularmente uno que probablemente de otra manera no conseguirá un hogar, como el animal más viejo o uno con incapacidad física o problema médico— es una forma vital de activismo por los derechos animales.

Cuando brindas un hogar afectuoso a un sin hogar, y con frecuencia abusado y siempre abandonado animal, cambias el mundo por entero para esa persona no humana. Esto es mejora progresiva.


10 de enero de 2007

Derechos animales y no-humanos domesticados




Un aspecto de mi teoría de los derechos animales, como desarrollé en Introducción a los Derechos Animales y otros lugares, que perturba a algunos defensores de animales, es que si aceptamos la posición de los derechos, deberíamos no traer más a ningún animal domesticado a la existencia. Digo esto no solo en relación a los animales que usamos para comida, experimentos, vestimenta, etc, sino también para nuestros compañeros nohumanos.

Puedo ciertamente entender que si adhieren al enfoque bienestarista, que dice que el uso de los no-humanos es moralmente aceptable mientras se los trate “humanitariamente” y que mira el objetivo como una mejor regulación del uso de animales, rechacen mi posición. 

Pero si ustedes, como yo, ven el principal problema de la explotación animal en el uso de no humanos, independientemente si somos “humanos”, y consideran el objetivo centrado en la abolición de la explotación animal, entonces no es claro para mí porqué esta posición les causaría alguna dificultad. 

La lógica es simple. Tratamos a los animales como nuestra propiedad. Como recursos que podemos usar para nuestro propósito. Traemos billones a la existencia para el único propósito de usarlos y matarlos. Hemos criado estos animales para ser dependientes de nosotros para su supervivencia

La posición central de mi teoría de los derechos es que no tenemos justificación para tratar a los animales como nuestra propiedad, así como no teníamos justificación para tratar a otros humanos como esclavos. Hemos abolido la esclavitud del vasallo humano en la mayor parte del mundo; similarmente deberíamos abolir la esclavitud animal.

¿Pero qué significa esto en el contexto de los no humanos? ¿Deberíamos “liberar” a los animales y dejarlos deambular libremente por las calles? No, por supuesto que no. Eso sería tan irresponsable como permitir a niños pequeños deambular por ahí. Ciertamente debemos cuidar a aquellos no humanos a quienes hemos ya traído a la existencia, pero deberíamos deterner la llegada de otros. No tenemos justificación para usar a los no humanos –no importa cuán “humanamente” los tratemos.

Hay dos objeciones que escuché en relación con este punto de vista.

Primero, está la preocupación de que perderemos “diversidad” si no tenemos más a estos animales no domesticados.

Aún si proseguir la domesticación fuese necesario para la biodiversidad, esto no significaría que fuese moralmente aceptable. No tenemos, sin embargo, que tratar este tema. No hay nada “natural” respecto de los animales domesticados. Son criaturas que hemos criado a través de la cría selectiva y el confinamiento. En la medida en que tienen parientes no domesticados viviendo en la naturaleza, deberíamos ciertamente buscar la protección de aquellos no humanos primero y sobre todo por su propio beneficio, y en segundo lugar para los propósitos de la diversidad biológica. Pero nuestra protección de los no humanos domesticados que existen en el presente no es necesaria para ningún tipo de diversidad biológica.

Segundo, y más frecuentemente, los defensores de animales expresan una dificultad con mi punto de vista acerca de la domesticación porque ellos apuntan hacia el hecho de que muchos de nosotros vivimos con no humanos y los tratamos como miembros de nuestras familias. Este acuerdo, argumenta, debe ser, por cierto, moralmente aceptable.

En cuanto a lo que a los compañeros animales concierne, algunos de nosotros los tratamos como miembros de la familia, y algunos de nosotros no lo hacemos. Pero cualquiera se la forma en que tratemos a nuestros perros, gatos, etc., ellos son propiedad en cuanto a lo que a la ley concierne. Si consideras a tu perro como un miembro de tu familia y la tratas bien, la ley protegerá tu decisión de la misma manera en que la ley protegerá tu decisión de cambiar el aceite de tu auto cada 1600 km. : el perro y el auto son tu propiedad y si deseas acordar un valor más alto a tu propiedad, la ley protegerá tu decisión. Pero si deseas acordar a tu propiedad un valor más bajo y, por ejemplo, tienes un perro para guardia que mantienes encadenado en tu jardín y a quien provees con un mínimo de comida, agua, y refugio (y no de compañía o afecto), la ley protegerá también esta decisión.

La realidad es que en los EE.UU., la mayoría de los perros y gatos no terminan muriendo por vejez, en hogares llenos de afecto. La mayoría tienen hogares por un período relativamente corto de tiempo antes de ser trasladados a otro dueño, llevados a un refugio, descartados, o llevados al veterinario para que los maten.

No importa si caracterizamos al dueño como un “guardián,” como algunos defensores piden. Tal caracterización no tiene sentido. Aquellos de nosotros que vivimos con compañeros animales somos propietarios en cuanto a lo que la ley concierne y tenemos el derecho legal de tratar a nuestros animales como mejor nos parezca con pocas limitaciones. Las leyes contra la crueldad incluso no se aplican a la gran mayoría de instancias en que los humanos infligen un tratamiento cruel a los no humanos.

Pero, responden estos defensores, podríamos, al menos en teoría, tener una relación diferente y moralmente aceptable con los no-humanos. ¿Qué pasa si abolimos la condición de propiedad de los animales y exigimos que tratemos a los perros y gatos en forma similar al modo en que tratamos a los chicos humanos? ¿Qué pasa si los humanos que viven con perros no pueden tratarlos ya más en forma instrumental —como perros de guardia, exposiciones y espectáculos de perros o gatos, etcétera— sino que tuvieran que tratarlos como miembros de la familia? ¿Qué pasa si los humanos no pudieran matar más compañeros no humanos excepto en casos en que al menos alguno de nosotros considera como aceptable permitir la asistencia al suicidio en el contexto humano, por ejemplo, cuando el humano está enfermo en forma incurable y sufre de terribles dolores, etc... ¿Sería entonces aceptable continuar criando no humanos para que sean nuestros compañeros?

La respuesta es no.

Dejando de lado el hecho de que sería imposible, en la práctica, establecer las reglas generales de aquello que constituiría tratar a los no-humanos como “miembros de la familia” y la resolución de todos los temas relacionados, esta posición no reconoce que la domesticación en sí misma suscita serios problemas morales, independientemente de cómo sean tratados los no humanos involucrados.

Los animales domésticos son dependientes de nosotros en si comen o no y cuándo, si tienen agua, dónde y cuándo hacen sus necesidades, cuándo duermen, si hacen o no algún ejercicio, etc. A diferencia de los niños humanos, quienes, excepto en casos inusuales, se tornan miembros independientes y funcionales de la sociedad humana, los animales domésticos no son ni parte del mundo no humano ni completamente parte de nuestro mundo. Ellos permanecen para siempre en un infierno de vulnerabilidad, dependientes de nosotros para todo lo que es de importancia para ellos. Los hemos criado para ser complacientes y serviles, o para tener características que de hecho son dañosas para ellos pero nos complacen a nosotros. Los podemos hacer felices en un sentido, pero la relación nunca puede ser “natural” o “normal.” Ellos no deberían estar atados a nuestro mundo independientemente de cuán bien los tratemos.

Esto es más o menos cierto para todos los no-humanos domesticados. Son perpetuamente dependientes de nosotros. Controlamos sus vidas para siempre. Ellos son verdaderamente “esclavos animales.” Podemos ser “dueños” benevolentes, pero realmente no podemos ser nada más que eso. Y eso no puede ser correcto.

Mi pareja y yo vivimos con cinco perros rescatados. Los cinco estarían muertos si no los hubiéramos adoptado. Los amamos muchísimo y tratamos con esmero de proveerles el mayor de los cuidados y tratamiento. Y antes de que alguien pregunte, ¡los siete somos veganos! Probablemente no encontrarán dos personas en el planeta que disfruten viviendo con perros tanto como nosotros lo hacemos.

Pero si quedaran dos perros en el universo y dependiera de nosotros permitir que ellos se reproduzcan de manera de que pudiéramos continuar viviendo con perros, e incluso si pudiéramos garantizar que todos los perros tengan hogares tan afectuosos como el que nosotros les proveemos, ni por un segundo dudaríamos en llevar a la entera institución de los propietarios de “mascotas” a su finalización. Consideramos a los perros que viven con nosotros como refugiados de todas clases, y aunque disfrutamos cuidándolos, es claro que los humanos no tenemos para nada que continuar trayendo a estas criaturas a un mundo en el cual ellos, simplemente, no encajan.

Hay algunos defensores que piensan que “derechos animales” significa que los no-humanos tienen alguna clase de derecho a reproducirse, y que por eso es erróneo esterilizar a los no humanos. Si esa postura es correcta, entonces estaríamos moralmente comprometidos a permitir que todas las especies domesticadas continúen reproduciéndose indefinidamente. No podemos limitar este “derecho de reproducción” a los perros y gatos solamente. Sin embargo, no tiene sentido decir que hemos actuado inmoralmente domesticando a los animales no humanos pero ahora estamos comprometidos a permitirles que continúen reproduciéndose. En primer lugar, cometimos un error moral domesticando a no-humanos en primer lugar; ¿qué sentido tiene perpetuar este error?

En suma, puedo entender que los bienestaristas, para quienes el trato y no el uso es el tema moral principal, piensen que la domesticación y la continuación del uso de los animales es aceptable siempre que los tratemos “humanitariamente”. Pero no puedo entender por qué una persona que se considera a sí misma abolicionista piense que la continuación de la domesticación de cualquier no-humano podría estar justificada independientemente de cómo tratemos a los no-humanos; de la misma forma que no puedo entender cómo una persona que se considera a sí misma como abolicionista pueda ser otra cosa que no sea vegana.

La noción de que el niño y el perro en la casa en llamas —o en el bote salvavidas, o donde sea— tiene la intención de llamar la atención sobre el hecho de que buscamos resolver los conflictos morales entre humanos y animales. Pero nosotros creamos esos conflictos, por ejemplo, llevando al animal dentro de la casa en llamas y trayéndolos a la existencia como un recurso para nuestro uso. !De ahí pasamos entonces a  preguntarnos acerca de cómo resolver el conflicto que hemos creado! No tiene ningún sentido.

Si nos tomáramos a los demás animales en serio, dejaríamos de tratarlos como nuestros recursos, como nuestra propiedad. Y esto significaría poner fin a traer no-humanos a la existencia, sea que podamos utilizarlos para comida, vestimenta, vivisección, o cualquier otro propósito, incluyendo para compañía.



3 de enero de 2007

Una resolución para el Año Nuevo




Feliz Año Nuevo

Tomemos la decisión de que el 2007 sea un año en el cual el movimiento por los derechos animales continúe transformándose en un movimiento social y político serio, a pesar de tener que confrontar con los obstáculos que ponen en nuestro camino los así llamado “líderes” del movimiento. Estos “líderes” han trivializado el problema de la explotación animal y no han sido nada más que una vergüenza para aquéllos de nosotros que estamos tratando de facilitar el discurso social serio acerca de nuestras obligaciones morales y legales para con los animales no humanos.

Consideren unos pocos de los literalmente miles de ejemplos:

Estos “líderes” han proclamado que es aceptable matar chicos incapacitados y darles de otras maneras, menos valor a los mismos.

Estos “líderes” han dicho que podemos tener relaciones sexuales “mutuamente satisfactorias” con animales no humanos.

Ellos mismos han cometido personalmente violencia contra animales no humanos, para poder “investigar” la explotación animal.

Ellos han defendido la vivisección.

Ellos nos han aconsejado que no seamos “demasiado fanáticos acerca de insistir en una vida puramente vegana” y nos han dicho que podemos vivir éticamente como “omnívoros conscientes.”

Ellos han elogiado públicamente al Director Ejecutivo cuya corporación gana millones de dólares con las ventas de carne y productos animales producidos en forma supuestamente “humanitaria” y lo han honrado en una conferencia para celebrar a los “individuos ejemplares que desafian el status quo y toman la causa de los oprimidos”

Ellos han formado alianzas para crear una etiqueta que asegure a los consumidores que, portando esa etiqueta, un “huevo, producto lácteo, cárnico o avícola, ha sido producido teniendo en cuenta el bienestar de los animales de granja."

Ellos han matado a miles de animales no humanos en nombre de los “derechos animales,” y se han opuesto a los refugios sin matanzas y a la práctica conocida como atrapar, esterilizar y retornar.

Ellos han proclamado a una diseñadora de mataderos y consultora de la industria cárnica como una “visionaria” por sus esfuerzos en mantener la industria cárnica en forma “segura, eficiente y lucrativa.”

Ellos han reducido los importantes temas de la explotación animales, a imágenes sexistas y chistes pueriles, y de esta manera apartado a otras personas progresistas que deberían ser nuestras aliadas.

Ellos –con demasiadas pocas excepciones, lo cual es preocupante- han fracasado en condenar clara e inequívocamente los puntos de vista de aquéllos que defienden la violencia contra otros humanos.

Etc, etc, etc.

¿Quién sabe? Quizás el 2007 será un año en el que los “líderes” del movimiento nos digan que es aceptable tener relaciones sexuales “mutuamente satisfactorias” con los chicos incapacitados antes de matarlos, siempre y cuando les proveamos primero de una hamburguesa producida “humanamente”. El desfile previsible de aduladores correrá a defender esa afirmación, y cualquiera que esté en desacuerdo será etiquetado como “divisionista” y acusado de amenazar la “unidad” del movimiento o “dañar a los animales”.Después de todo, ellos defendieron todo esto, hasta la fecha.

O tal vez el 2007 pueda ser un año en que veamos continuar el desarrollo de un movimiento emergente de organizaciones de base, basado firme e inequívocamente en el veganismo, y dedicado a educar al público, positiva y comprometidamente, acerca de la abolición de la explotación animal, en un modo inteligente, coherente, no sexista y no violento.

Si aspiramos a seguir este último camino, la gente podrá realmente comenzar a tener una idea de los derechos animales en serio, y dejar de considerarnos como un movimiento relacionado con la “carne humanitaria”, una auto-promoción incesante y espectáculos grotescos en los medios, o como un movimiento que defiende la idea, también sostenida por los nazis, de que algunas vidas no merecen ser vividas.

Sería un soplo de aire fresco.



28 de diciembre de 2006

Animales como Propiedad y la Analogía con la Violación: Una Posdata


Desde que publiqué Veganismo: El principio fundamental del movimiento abolicionista he recibido un número de correos de parte de personas que encuentran el análisis útil para su reflexión sobre este tema. Un número de personas ha hecho preguntas que, aunque diferentes en sus aspectos particulares, focalizan generalmente en dos temas: la condición de los animales como propiedad y la analogía de la violación.

Presento lo que sigue para tratar estas dos cuestiones en general:
  • Animales como Propiedad
Primero, algunas personas me han pedido que explique en detalle el punto sobre el fracaso del bienestar animal debido a que los animales son propiedad.

Este es un tema acerca del cual escribí mucho. Un buen lugar para empezar a aprender acerca de este problema es la presentación Animales como Propiedad.


En extremadamente pocas palabras: los animales son propiedad; son mercancías con valor económico. Debido a que los animales son propiedad, son considerados exclusivamente como medios para nuestros fines. Los animales no tienen valor inherente; sólo tienen valor extrínseco o condicional, que sólo llega hasta donde nosotros se lo demos. En lo que a la ley concierne, los animales no humanos no son diferentes de cualquiera de las otras cosas que nosotros poseemos.


Hay, por supuesto, una diferencia de hecho entre la propiedad animal y otras clases de propiedad, en que a diferencia de nuestros autos, los iPods, etc., los animales no humanos son sintientes. Tienen conciencia subjetiva. Tienen intereses. Hay cosas que los no-humanos quieren, desean, o prefieren en particular, ellos tiene un interés en no sufrir, no experimentar dolor, y continuar viviendo. De este modo importante, la propiedad animal es diferente de cada otra clase de propiedad. Una vaca es un ser sintiente, el cual es subjetivamente consciente y puede sufrir; un iPod no es un ser sintiente y no tiene ninguna conciencia subjetiva. No hay nada que un iPod quiera, desee, o prefiera.


El problema es que cuesta dinero dar protección a los intereses animales. En su mayor parte, protegemos sólo aquellos intereses animales de cuya protección obtenemos una ventaja económica.


Por ejemplo, la matanza de vacas, particularmente a escala comercial, implica necesariamente dolor y sufrimiento. Exigimos que las vacas estén inconscientes mediante el aturdimiento eléctrico antes de ser matadas —a menos que las vacas se estén matando de acuerdo con el procedimientos kosher o halal—  porque aun cuando el aturdimiento cuesta dinero, el gasto se justifica. Los animales que son aturdidos se mueven menos durante el proceso de matanza y esto reduce las lesiones a los trabajadores y el daño al cadáver, permitiendo así que la carne sea vendida por más dinero.


Las vacas tienen muchos otros intereses además de aquéllos que tienen en el momento previo a que atravesemos un cuchillo en sus gargantas y muchos de esos otros intereses implican dolor y sufrimiento. Pero no protegemos esos intereses porque no estaría justificado económicamente. Proteger estos otros intereses costaría dinero, y este costo tendría que ser trasladado, por lo menos en parte considerable, al consumidor. Aunque la mayoría de la gente tiene cierta vaga sensación de que los animales deberían ser tratados “humanamente,” la realidad es que la mayoría de la gente come animales y productos animales y si se preocupara mucho sobre este tema, no consumiría animales en primer lugar. En otras palabras, la mayoría de la gente no está dispuesta a “comprar” más protección.


Por lo tanto, el nivel de bienestar animal permanece bajo y sujeto a la condición de los animales como mercancías con un valor económico. Como cuestión general, una sociedad que come a los animales no humanos —una práctica que no se puede justificar por cualquier otra cosa que no sea el placer o la conveniencia humana—, no puede esperar “comprar” mucha protección para esos animales dado que cuesta dinero hacerlo, y cualquier aumento significativo en la protección daría lugar a que los productos animales se tornaran considerablemente más costosos.


Esta noción de que los animales son mercancías, podemos verla reflejada en las leyes de bienestar animal y en las campañas bienestaristas de las organizaciones animalistas.


Las leyes de bienestar animal prohíben infligir sufrimiento “innecesario”, pero esta regla históricamente ha estado ligada a lo que la industria considera como sufrimiento 'necesario'. Y la industria generalmente protege los intereses animales hasta el punto en que el costo está justificado. ¿Por qué la ley mira hacia las reglas de la industria? Hay varias razones. Una razón es que nosotros asumimos que la gente que cría no humanos para matarlos no infligirá dolor y sufrimiento en su propiedad animal por ninguna buena razón, porque hacerlo daría lugar a una disminución del valor de su propiedad animal. Otra razón es que muchas leyes de bienestar animal son leyes penales [Ej., los estatutos anticrueldad] y nosotros debemos dar el aviso a la gente de cuál es la conducta prohibida. Las reglas de la industria proporcionan tal aviso.


Si miran a la mayoría de las campañas de bienestar animal, verán que, en su mayor parte, vinculan la protección de los intereses animales con preocupaciones económicas. Den una mirada a mi blog sobre la campaña en EEUU. respecto a los cajones de gestación para los cerdos. Este blog discute cómo las alternativas al cajón de gestación son promovidas como medidas que hacen la producción más rentable.

El vínculo entre las normas del bienestar animal y los beneficios económicos para los seres humanos está expresado explícitamente por los expertos del bienestar animal. Consideren algunos comentarios de Temple Grandin, diseñadora de mataderos y consultora de la industria de la carne, declarada por PeTA como 'visionaria' por su trabajo en el diseño de mataderos. PeTA describe a Grandin como 'la experta líder del mundo en el bienestar del ganado vacuno y de los cerdos.' Según Grandin:

«Una vez que el ganado —vacuno, cerdos y ovejas— llega a las plantas de embalaje, procedimientos de manejo adecuados son no sólo importantes para el bienestar del animal, ellos también pueden significar la diferencia entre ganancia y pérdida. La investigación demuestra claramente que muchas ventajas en la calidad de la carne pueden obtenerse con el manejo animal cuidadoso, tranquilo. . . Animales manejados apropiadamente son no sólo una meta ética importante, ellos también mantienen a la industria de la carne funcionando en forma segura, eficiente y lucrativa.” [véase la fuente] "Aturdir correctamente a un animal proporcionará una mejor calidad de carne. El aturdimiento eléctrico incorrecto causará hematomas en la carne y fracturas de hueso. Las buenas prácticas de aturdimiento también se requieren de modo que una planta esté de conformidad con la Ley de Matanza Humanitaria y para el bienestar animal. Cuando el aturdimiento se hace correctamente, el animal no siente ningún dolor y deviene instantáneamente inconsciente. Un animal que se aturde correctamente producirá un cuerpo inmóvil, lo cual es seguro para los trabajadores de la planta que trabajan sobre el mismo” [véase la fuente]

“Un diseño bondadoso en instalaciones bien diseñadas reducirá al mínimo los niveles de stress, mejorará la eficacia y mantendrá una buena calidad de carne. Un manejo rudo o equipos pobremente diseñados, es perjudicial tanto para el bienestar animal como para la calidad de la carne.”» [véase la fuente]

El hecho de que PeTA considera a Grandin como una 'visionaria' es una razón obligatoria, entre muchas otras, por la que ningún defensor que tome en serio la abolición, tomaría a PeTA seriamente.

Hemos tenido bienestar animal por cerca de 200 años y estamos utilizando más no humanos de las maneras más terribles que en cualquier otro momento de la historia humana. Esto no es una cuestión académica o teórica. El hecho evidente es que el bienestar animal no funciona. Hasta el punto de que las medidas del bienestar animal de las que resulta una reducción del dolor y del sufrimiento, en general ocurre solamente porque nos beneficia económicamente proteger algunos intereses no humanos. Y ese nivel mínimo de protección es la única cosa que tenemos para mostrar, por todo el tiempo, la energía, y el dinero que generaciones de defensores de animales han invertido desde el siglo XIX. No tiene sentido alguno continuar persiguiendo la regulación delbienestar animal si abrazan una ética abolicionista.


En su mayor parte, el bienestar animal sirve poco más que para hacernos sentir que somos “humanos” y “civilizados.” Nosotros nos sentimos mejor cuando nos sentamos a comer animales porque hay reglas que requieren el tratamiento “humanitario” de los animales. Esto tiene todo que ver con nuestra comodidad y no tiene nada que ver con el bienestar los animales no humanos que explotamos.


Si desean entender más sobre el tema de la propiedad, den un vistazo a la presentación de mi sitio web en “Animales como Propiedad“.
  • La analogía de la violación
En segundo lugar, la gente me ha pedido que profundice sobre la analogía de la violación. En el blog argumento que es “mejor” que un violador no golpee a una víctima además de violar a la víctima, pero esto no significa que la violación que no vaya además acompañada de una paliza, sea un acto moralmente aceptable, o que debemos dar al violador un premio por ser moralmente un “violador consciente”, o declarar al mismo como un “violador visionario.” Utilizo este ejemplo para ayudar a explicar porqué encuentro perturbador que al menos algunos defensores prominentes adulen y elogien a gente como John Mackey de Whole Foods, o Temple Grandin. Festejar lo que hacen estas personas no difiere de dar premios a violadores que no golpean a sus víctimas. Los abolicionistas quieren abolir el uso de los animales no humanos, así que es problemático apoyar medidas que promueven la noción de que la explotación animal es aceptable debido a que son empleados ciertos “dispositivos de seguridad”.

Ya comenté acerca de Grandin arriba. Déjenme decir algo acerca de Mackey. Singer, Rean, PeTA, y otros están todos terriblemente entusiasmados acerca de Mackey debido a que supuestamente es un vegano que está comprometido con “normas estrictas” de bienestar animal. Dejen de lado si estas supuestas “normas estrictas” harán alguna diferencia real para los animales esclavizados o si sólo son una medida sin importancia.

Hay una seria cuestión acerca de qué es peor: un vegano que dice creer que es moralmente malo consumir carne, leche, y huevos pero que vende estos productos con el fin de hacer dinero; o el comedor de carne, bebedor de leche de una cadena ordinaria de supermercados que no piensa acerca del tema. Al menos el último no es un hipócrita. Pero dar al primero cualquier premio, o —como Tom Regan hizo— tenerlo como el ponente principal en una conferencia acerca de “personas ejemplares que se atreven ejemplarmente a desafiar el status quo y a levantar la causa de los oprimidos” es, en mi opinión, nada menos que obsceno.


El propósito de la analogía de la violación es ayudar a delinear una distinción entre dos ideas diferentes:
1. La idea de que si vamos a infligir daño, siempre es mejor infligir menos que más; y 
2. La idea de que infligiendo menos daño, hacemos algo que es moralmente loable que debe ser promovido como una acción moralmente positiva.
Estas son ideas muy diferentes y es por lo que la analogía fue elegida para demostrarlo.

Podemos fácilmente pensar en variantes sobre este tema. Si X es un pederasta, es mejor que moleste a cinco chicos en vez de que moleste a diez chicos. Pero esto no significa que el pederasta que sólo molesta a cinco chicos es moralmente un “pederasta consciente” o un “pederasta visionario”. Es mejorno torturar a tu víctima antes de matarla, pero no torturarla no te hace moralmente un “asesino consciente” o un “asesino visionario.” La lista está limitada sólo por la escala de actos violentos e inmorales que hay.

El error de Singer, Regan, PeTA, y otros, es que ellos confunden la idea de que es mejor infligir menos daño que más, con la muy diferente postura de que infligir menos daño convierte moralmente a la persona que inflige ese daño en un “provocador consciente de daño”.


Es crucial que no confundamos estas dos muy diferentes ideas. Si un grupo de derechos de las mujeres diera un premio al violador que no golpea a sus víctimas, o una organización de derechos de los niños diera un premio a un pedófilo que molesta a cinco chicos en vez de diez, o una organización de derechos de las víctimas diera un premio a un asesino en serie porque no tortura, también, a sus víctimas, estaríamos muy acertadamente horrorizados y no consideraríamos ni por un segundo apoyar a esas organizaciones.


Si realmente pensamos que la explotación de los no-humanos es pertinentemente similar a la explotación de los humanos, entonces no deberíamos considerar como una cuestión más aceptable el dar un premio a alguien que explota a no-humanos “humanitariamente” que el darle un premio a un violador, pedófilo o asesino “humanitario”. Tratar estas situaciones como diferentes podría ser flagrantemente especista.


Si el movimiento animalista puede tener cualquier esperanza real de cambiar el modo en que los humanos pensamos acerca de la explotación animal, necesitamos ser muy claros: Aunque infligir menos daño es siempre algo mejor de hacer que infligir más daño, no tenemos justificación moral para infligir ningún daño y no tenemos que dedicarnos a dar premios, elogiando o promocionando a aquéllos cuyo negocio es vender partes de animales producidas “humanitariamente”, o asegurar que la propiedad animal sea explotada eficientemente, de manera que —en palabras de la visionaria de PeTA Temple Grandin—, mantengamos “la industria de la carne funcionando en forma segura, eficiente y lucrativa.”


27 de diciembre de 2006

Veganismo: el principio fundamental del movimiento abolicionista



Muchos defensores del "bienestar animal" alegan que la posición de los derechos —que busca la abolición del uso de los animales no humanos— no es práctica porque rechaza el cambio gradual y no ofrece ninguna guía para lo que deberíamos hacer ahora —hoy— para ayudar a los no-humanos. Estas críticas a la posición abolicionista argumentan que no tenemos otra opción que no sea la de perseguir más regulaciones de bienestar animal, intentando así hacer la explotación animal más “humanitaria” —si queremos hacer algo “práctico” para ayudar a los animales.

La creencia de que las regulaciones de bienestar animal ofrecen protección significativa para los intereses de los animales no podría estar más errada.

Tal como argumenté en mis escritos, dado que los animales son propiedad, ellos son sólo mercancías con valor extrínseco o condicional. Sus intereses no tienen valor intrínseco. Como resultado, las normas que requieren su trato “humanitario”, son interpretadas con un sentido económico, y limitan la protección a aquello que proporciona beneficio económico a los humanos. Las supuestas mejoras en el bienestar animal hacen muy poco —si es que hacen algo— para aumentar la protección de los intereses de los animales humanos; y la mayoría de las veces, no hacen más que tornar la explotación animal económicamente más eficiente y socialmente más aceptable.


Más aún, no hay evidencia histórica de que la regulación de bienestar animal conduzca a la abolición.

Los bienestaristas también están errados en afirmar que la posición de los derechos no ofrece pasos prácticos progresivos que podamos tomar en el camino hacia la abolición. Hay una guía muy clara para el cambio progresivo: el veganismo.

El veganismo no es una mera cuestión de dieta; es un compromiso moral y político hacia la abolición en el ámbito individual y alcanza no sólo lo referente a comida, sino también la ropa, otros productos, y otras acciones y elecciones personales. Hacernos veganos es lo único que podemos hacer hoy —ahora mismo— para ayudar a los animales no humanos. No requiere una campaña onerosa, la necesidad de una gran organización, legislación, o cualquier otra cosa que no sea nuestro reconocimiento de que si derechos animales significa algo, es que no podemos justificar el consumo de carne —incluyendo a los peces— lácteos, huevos o cualquier otro producto derivado de no-humanos.

Representa un repudio a la csoficación de los no-humanos y el reconocimiento de su valor intrínseco. El veganismo también es un compromiso con la noviolencia. El movimiento por los Derechos Animales debería ser un movimiento de paz, y debería rechazar la violencia contra todos los animales no humanos y los humanos.

Muchos “defensores de los animales” se declaran a favor de los Derechos Animales pero continúan comiendo productos animales. En realidad muchos líderes del movimiento animalista no son veganos. Esto no difiere de alguien que dice estar a favor de la abolición de la esclavitud pero continúa poseyendo esclavos.

No hay ninguna diferencia significativa entre comer peces y comer lácteos u otros productos animales. Los animales explotados en la industria láctea viven más tiempo que los utilizados para carne, pero son tratados peor durante sus vidas, y terminan en el mismo matadero, después de lo cual consumimos su carne, de todas maneras. Hay probablemente más sufrimiento detrás de un vaso de leche o de un cucurucho de helado, que de un filete. Y cualquiera que piense que un huevo —incluso el llamado “campero”— no es un producto que tenga detrás un sufrimiento tan horrible como tiene la carne, no conoce mucho acerca de la industria de los huevos.

Si alguien deja de comer carne pero, como resultado, come más lácteos o huevos —como muchos vegetarianos hacen— esto puede en realidad incrementar el sufrimiento. En cualquier caso, sostener que hay distinción moral entre comer carne y comer lácteos, huevos, o consumir otros productos animales, es tan sinsentido como sostener que hay una diferencia moral entre comer vacas grandes y comer vacas pequeñas.

En vez de abrazar al veganismo como una clara base moral de referencia, el movimiento animalista adoptó, en su lugar, la noción de que podemos actuar éticamente si continuamos consumiendo productos animales.

Consideren los siguientes ejemplos, de los cuales hay muchos:
  • Peter Singer afirma que podemos ser “omnívoros conscientes” y explotar éticamente a los animales si, por ejemplo, elegimos comer animales “libres de jaulas”, quienes han sido criados y matados de una manera relativamente “humanitaria”. [The Way We Eat: Why Our Food Choices Matter, p. 81-169] Singer elogia a los proveedores de animales explotados “humanitariamente”, tales como Whole Food Markets, Inc. y a su Director General [CEO], John Mackey, como “éticamente responsable” [177-83] y describe el veganismo estricto como “fanático” [281].
  • Tom Regan tiene en el programa a Mackey, como expositor principal, en una conferencia del 2005 titulada "The Power of One",la cual focaliza en la capacidad de los individuos para hacer cambios importantes para los no humanos. Regan festeja a Mackey y Whole Foods como “una fuerza propulsora de pautas más altas de bienestar animal.”
  • PeTA dió un premio a Whole Foods en el 2004, afirmando que la compañía “ha hecho consistentemente más por el bienestar animal que cualquier comerciante en la industria, requiriendo que sus productores adhieran a normas estrictas.” PeTA también dio un premio en el 2004 a la diseñadora de mataderos Temple Grandin, declarándola –lo que es bastante notable, en mi opinión- como una “visionaria.”
  • La Humane Farm Animal Care, con sus socios de la Humane Society de los EE.UU., la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales, Animal People, la WSPA y otras, promueven el Certified Humane Raised & Handled Label, [Certificado de Cría y Manejo Humanitario] que describe como un “programa de certificación y etiquetado” para asegurar a los consumidores que un “huevo, un lácteo, un producto de carne roja o avícola ha sido producido teniendo en cuenta el bienestar de los animales de granja” si tiene esta etiqueta.
Por supuesto que siempre es mejor, en términos generales, hacer menos daño que hacer más, una vez que decidimos infligir daño. Si vamos a comer un animal que ha sido torturado, supongo que es “mejor” comer uno que ha sido menos torturado. Pero dejando de lado el interrogante de si los no humanos criados “humanitariamente” son realmente menos torturados que otros, hay una gran diferencia entre la posición de que menos sufrimiento es mejor que más sufrimiento y la posición de que causar menos sufrimiento hace a una acción moralmente aceptable. La idea de que el movimiento animalista explícitamente promueva la última postura —que hacer menos daño es una solución moralmente aceptable al problema de la explotación animal— es profundamente perturbadora.

Si X va a violar a Y, es “mejor” que él no golpee también a Y. Sería, sin embargo, moralmente repugnante afirmar que podemos ser “violadores conscientes”, si nos aseguramos de no golpear a las víctimas violadas. Del mismo modo, es perturbador que los defensores de los animales estén promoviendo la idea de que podemos ser moralmente “omnívoros conscientes”, si comemos los productos animales supuestamente producidos “humanitariamente” y vendidos por los proveedores “éticamente responsables” de sufrimiento y muerte. Esto no solo es una posición que entra en conflicto con la noción de que los no humanos tienen significación moral, sino que alienta fuertemente a la gente a ver la continuación del consumo de productos animales como una alternativa moralmente aceptable a la adopción del estilo de vida vegano.

Más aún, muchas de las organizaciones animalistas describen al veganismo como un estilo de vida dificultoso que requiere considerable auto-sacrifico y que es sólo para los defensores de la “línea dura”.

Yo me hice vegano 24 años atrás. No era particularmente difícil en aquella época, pero es del todo absurdo caracterizarlo como difícil hoy. Es fácil ser un vegano. Seguro que estarán más limitados en las opciones de los restaurantes, sobre todo si no viven en o cerca de una gran ciudad, pero si este inconveniente es significativo para ustedes y les impide ser veganos, entonces probablemente no se toman en serio el tema de todas maneras.

El movimiento animalista nunca tendrá ni siquiera una esperanza de cambiar el paradigma de la jerarquía especista, en la medida en que no tenga claro, como principio guía, que es moralmente incorrecto consumir carne de cualquier tipo, huevos, o cualquier otro producto hecho con animales.

Si, en los tardíos 80’ —cuando la comunidad “defensora de los animales” en EE.UU. decidió muy deliberadamente seguir la agenda bienestarista— una porción sustancial de los recursos del movimiento hubieron sido invertida en la educación vegana y abolicionista, habría probablemente cientos de miles más veganos que los que hay en el presente. Esta es una estimación muy conservadora dado los cientos de millones de dólares que han sido gastados por los grupos animalistas para promover legislación e iniciativas bienestaristas. Sostengo que obtener un número creciente de veganos reduciría más el sufrimiento, al reducir la demanda de los productos animales, que todos los “éxitos” bienestaristas juntos y multiplicados por diez. Incrementar el número de veganos ayudaría también a construir una base política y económica, requerida para el cambio social que constituye el predicado necesario para el cambio legal significativo.

Dado el tiempo limitado y los recursos financieros limitados, no es claro cómo alguien que busca la abolición como objetivo a largo plazo —o que al menos acepta que la condición de propiedad de los animales es el impedimento más serio para cualquier cambio significativo y debe, por lo menos, ser radicalmente modificado— podría creer que la expansión del tradicional bienestar animal es una opción racional y eficiente –dejando de lado cualquier consideración acerca de las inconsistencias en la teoría moral.

Imaginen que mañana, tienen dos horas para usar en la defensa de los Derechos Animales. No pueden hacerlo todo; deben elegir. No tengo dudas de que 2 horas de su tiempo gastado en distribuir material educativo sobre veganismo es, en varios sentidos, un uso mucho mejor de su tiempo que 2 horas haciendo campaña por jaulas en batería más grandes o por formas más “humanitarias” de esclavitud animal.

En suma, así como alguien que dice que la esclavitud humana está mal pero continúa poseyendo esclavos no es realmente un abolicionista con respecto a la esclavitud humana, alguien que dice que la esclavitud no humana está mal pero que no abraza el veganismo como modo de vida no es realmente un abolicionista con respecto a la esclavitud animal. Aquellos de nosotros que aceptamos el enfoque abolicionista vamos a ser claros e inequívocos, y promoveremos el veganismo en nuestras palabras y acciones.



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