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4 de junio de 2018

Un breve ensayo acerca de lo que significa el neobienestarismo




Aquellos que son nuevos en la consideración ética de los animales se enfadan cuando menciono que determinado grupo o individuo es neobienestarista. El problema en parte está causado porque no conocen la historia del movimiento animalista ni comprenden la variedad de ideologías que hay involucradas. De hecho, muchos rechazan ciegamente la necesidad de alguna teoría. Pero esto es un absurdo y un malentendido. Todos necesitamos una teoría para evaluar qué acciones debemos emprender. Actuar sin una teoría es, en el mejor de los casos, caótico y confuso. Y, en una cultura en la que la explotación animal es aceptada y omnipresente, la acción no dirigida por una teoría casi siempre conduce a reforzar el paradigma predominante. 

La posición bienestarista clásica defiende que el uso de animales es moralmente aceptable en tanto que tratemos a los animales de forma 'humanitaria'. El movimiento bienestarista clásica se enfoca en las reformas de bienestar animal. Los bienestaristas clásicos también promueven tradicionalmente determinadas campañas monotemáticas como la campaña contra las pieles.

En la década de 1990, muchos grupos que aseguraban rechazabar el bienestarismo clásico —grupos que surgieron en la década de 1980— decidieron promover el mismo tipo de campañas para recaudar fondos y las mismas campañas monotemáticas pero alegaban que lo hacían como un medio para lograr el fin de conseguir derechos para los animales. Yo identifiqué esta posición como neobienestarismo y argumenté que era moralmente problemática porque era especista. Nunca deberíamos promover violaciones 'humanitarias' de los derechos humanos como un supuesto medio para lograr el reconocimiento de derechos para los humanos. Las campañas bienestaristas también eran problemáticas desde una perspectiva pragmática porque no sólo no conducían hacia la abolición del uso de animales sino que en realidad conseguían que la gente se sintiera más cómoda respecto de continuar explotando a los animales. La gente que cree que la explotación se ha actualizado para ser más 'humanitaria' se siente mejor consigo misma y más motivada a continuar participando en la explotación animal. Más aún, debido a que los animales son propiedades, cualquier reforma bienestarista será mínima y enfocada a lograr que la explotación animal sea económicamente más eficiente y acorde con lo que los explotadores racionales hubieran adoptado de todos modos.

Las campañas monotemáticas son problemáticas porque, cuando señalan un uso particular de animales, especialmente cuando no se engloba dentro de una condena clara, inéquivoca y consistente de todo uso de animales, lo que hacen necesariamente es promover la idea de que algunas formas de explotación animal son peores que otras e, implícitamente, que otras formas de explotación son moralmente mejores que otras. Las campañas monotemáticas sustituyen una forma de explotación por otra. Un buen ejemplo de este problema son las campañas anti-piel, las cuales han estado funcionando durante décadas, promoviendo un mensaje sexista y misógino, y difundiendo la idea de que la piel es peor que, digamos, la lana. Es habitual ver a gente en manifestaciones anti-piel llevando prendas de lana. La gente que protesta contra el fuagrás come vacas, cerdos, peces y creen que están actuando de una manera moralmente mejor.

Escribí sobre estas cuestionesLluvia Sin Truenos en la década de 1990 en mis libros Animals, Propery and the Law [1995] y Lluvia Sin Truenos [1996]. Más recientemente en un libro en coautoría con Anna Charlton: Animal Rights: The Abolitionist Approach [2015].

Más recientemente, algunas personas que se autodenominan abolicionistas se han molestado porque dije que su posición, o la de su grupo, es neobienestarista. Ellos replicaron: "Pero yo no promuevo reformas bienestaristas". Eso puede ser verdadero en cierto sentido, pero declaraciones como las siguientes:

* Soy abolicionista y no promuevo reformas bienestaristas pero no quiero ser divisivo y no critico a quienes promueve reformas bienestaristas.

* No promueve la reforma bienestarista pero busco contruir puentes con quienes promueven reformas bienestaristas.

* No promuevo el consumo de huevos ecológicos pero respeto que haya gente que lo haga porque creo que sinceramente quieren cesar su consumo de huevos.

* No promuevo reformas bienestaristas pero trabajo con grupos que lo hacen y colaboramos juntos en algunos proyectos.

son posiciones bienestaristas porque declaran apoyo y legitimidad de la reforma bienestaristas como un supuesto medio para lograr la abolición. Estas posiciones promueven la explotación animal.

Si alguien afirma: «Me opongo a toda forma de abuso animal pero le pido a la gente que firme peticiones para que las compañías cesen en sus 'prácticas abusivas' y respeten las regulaciones legales» esto es una declaración bienestarista. Las campañas contra las prácticas 'abusivas' y que piden que se establezcan regulaciones están enviando un mensaje muy claro: el uso animal es moralmente aceptable bajo determinadas regulaciones, independientemente de la intención del activista.

Los activistas que promueven las campañas monotemáticas están promoviendo el neobienestarismo porque están necesariamente sustituyendo una forma de explotación por otra. Más aún, muchas campañas monotemáticas se basan en diversas formas de discriminación humana: sexismo, racismo, xenofobia, etnocentrismo.

Por último, mucha gente no comprende el abolicionismo, al menos en el sentido que he desarrollado; el cual implica seis principios:
  1. Todo ser sintiente tiene un derecho de no ser propiedad.
  2. Los abolicionistas no deben promover campañas de reformas bienestaristas ni campañas monotemáticas.
  3. Los abolicionistas deben promover el veganismo como imperativo moral.
  4. La sintiencia y ninguna otra característica cognitiva es necesaria para tener el derecho de no ser usado exclusivamente como un recurso.
  5. Los abolicionistas deben rechazar toda forma de discriminación sobre humanos y no-humanos.
  6. Los abolicionistas deben rechazar la violencia y promover la no-violencia.
Comprendo que vivimos en una época de videojuegos y redes sociales y mucha gente no se siente motivada a aprender nada. No les importa lo que sucedió en el pasado. No les preocupa la ideología. Piensan que leer es una malgasto de tiempo. Quieren simplemente ser 'activistas'. De hecho, a menudo dicen cosas como: «Estás poniendo la filosofía por encima de la acción». Cualquiera que diga tales cosas no sabe nada acerca de cómo funcionan los movimientos sociales y está más interesado en el entretenimiento que en el cambio social. Vivimos en un mundo de tiempo y recursos limitados. Nadie puede identificar cuáles acciones debe elegir en ausencia de una teoría que identifica las acciones que son coherentes con la base moral del movimiento.

Es terriblemente penoso que tantos animalistas no sepan nada acerca de la historia del movimiento. Todo lo que puedo decir es lo que el filósofo George Santayana declaró: «Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo»

5 de septiembre de 2010

Ingrid Newkirk y el veganismo como principio: “Desechen el principio”



En un artículo de la revista Time, Ingrid Newkirk, cofundadora de PeTA, se refiere al “flexitarianismo,” o “vegetarianismo de tiempo parcial".
«El objetivo de muchos activistas es simplemente convencer a más personas de que coman menos carne. “Los puristas absolutos deberían vivir en una cueva,” dijo Ingrid Newkirk, presidenta de People for the Ethical Treatment of Animals [PeTA]. “Cualquiera que testimonie el sufrimiento de los animales y tenga un rayo de esperanza en reducir ese sufrimiento, no puede tomar la posición de ‘todo o nada’. Tenemos que ser pragmáticos. Desechen el principio."»
Podemos hacer varias observaciones respecto de las declaraciones de Newkirk.

Primero; Newkirk repite el mantra del movimiento neobienestarista: que las reformas de bienestar animal reducen realmente el sufrimiento. Las reformas que son promovidas por PeTA y los otros grupos neobienestaristas, en su mayor parte no ofrecen beneficios de bienestar significativos para los animales. Sólo representan una forma diferente de tortura. Un simulacro de ahogo a una persona amarrada a una tabla dura es tortura, y un simulacro de ahogo a esa persona amarrada a una tabla acolchada sigue siendo una tortura.

Más aún, en su mayoría, la industria eventualmente adoptaría esas reformas de todas maneras, porque ellas normalmente incrementan la eficiencia de la producción. Dar un poquito más de espacio a los terneros, o usar alternativas a la jaula de gestación, resulta en una productividad animal aumentada, costos veterinarios más bajos y más ganancias para los productores. 

PeTA explícitamente reconoce que matar a los pollos con gas es una medida económicamente eficiente. 

La relación simbiótica entre los grandes grupos animalistas y los explotadores institucionales es clara cuando vemos que grupos como PeTA y los explotadores institucionales están haciendo un teatro donde los defensores de los animales apuntan a una práctica económicamente vulnerable; la industria reacciona con una lucha mínima; la reforma, o alguna modificación de la reforma, es eventualmente aceptada porque no daña y usualmente ayuda a la industria; los grupos animalistas declaran la victoria; los explotadores de animales disfrutan el elogio que la industria recibe de los defensores de los animales. Sólo los animales pierden.

Segundo; Newkirk convenientemente ignora que la promoción obstinada de esas reformas bienestaristas por parte de PeTA y otros grupos neobienestaristas y las afirmaciones de que esas reformas hacen la explotación más “humanitaria”, logran que el público se sienta más cómodo acerca de consumir animales y, como resultado, el consumo se incremente. Es interesante notar que el consumo por habitante de los productos animales está aumentando, y no descendiendo. 

Cuando grupos como PeTA dan un premio a la diseñadora de mataderos Temple Grandin, o elogian a los vendedores de carne y productos animales, o suspenden el boicot de KFC en Canadá porque KFC acordó comprar gradualmente pollos gaseados de los productores, ¿qué le dicen al público? Nada menos que dar un gran sello de aprobación de “derechos animales”.

Gracias a PeTA, la gente que come en KFC en Canadá o en McDonald’s, o quien compre carne “feliz” u otros productos animales en Whole Foods, puede auto proclamarse defensores de los “derechos animales”.


Tercero; Newkirk convenientemente pasa por alto el punto más importante en el debate de si debemos perseguir una clara base moral vegana o, en cambio, perseguir las reformas bienestaristas.

Es un juego de suma cero. Esto es, vivimos en un mundo de recursos limitados. Cada centavo; cada segundo; cada esfuerzo que dedicamos a la reforma bienestarista es menos dinero, tiempo y trabajo que dedicamos a la defensa clara e inequívoca del veganismo. Si las grandes corporaciones neobienestaristas pusieran todos sus esfuerzos en la defensa del veganismo, podrían reducir el sufrimiento y la muerte reduciendo la demanda y ayudando a cambiar el paradigma desde la idea de que los animales son cosas que podemos usar si los tratamos “humanitariamente”, hacia la idea de que los animales son seres con valor moral inherente a los cuales no deberíamos usar en absoluto.

Consideren el siguiente ejemplo: tienen una hora para emplear hoy en la defensa animal. ¿Deberían emplear esa hora educando a la gente respecto de comer huevos de gallinas libres de jaulas en batería, o en no comer huevos —o productos animales— de ningún tipo? No pueden hacer las dos cosas, y en la medida en que le dicen a la gente —como esas organizaciones hacen— que pueden satisfacer sus obligaciones morales hacia los animales comiendo huevos de gallinas libres de jaulas en batería u otros productos animales “felices”, virtualmente garantizan que lo mejor que sucederá es que la gente elegirá una forma diferente de tortura en vez de ninguna tortura en absoluto.

La elección no es, como Newkirk sugiere, entre reducir el sufrimiento o promover el veganismo. Es sólo promoviendo el veganismo —trabajando del lado de la demanda de la ecuación en vez del lado de la oferta (el foco de las reformas bienestaristas)— como reduciremos el sufrimiento y la muerte.

Una cuestión relacionada es que no es sólo el sufrimiento lo que importa, como Newkirk sugiere, sino que matar también importa. Newkirk aparentemente acepta la visión de Peter Singer de que los animales en su mayor parte no tienen interés en continuar viviendo sino que solamente tienen interés en no sufrir. Rechazo esta visión como una cuestión factual. Negar que cualquier ser sintiente tiene interés en continuar viviendo – esto es, todos los seres sintientes prefieren, o quieren, o desean continuar viviendo –, es absurdo. La posición bienestarista, que Newkirk y Singer aceptan, es que la vida animal per se no tiene valor moral. Quizás esto explica porqué PeTA mata a la mayoría de los animales que rescata en sus instalaciones de Norfolk. En cualquier caso, rechazo este punto de vista como especista.

Dado que el asunto es cómo tratamos a los animales, dado que pensamos que estamos justificados en explotarlos mientras que los tratemos “humanitariamente,” y no el hecho de que no podemos justificar la explotación animal, sin importar cuán “humanitaria” sea, el paradigma nunca cambiará.

Cuarto, entiendo porqué los negocios animalistas como PeTA promueven los principios “flexitarianos” y son hostiles al veganismo. Quieren el mayor número de donantes posible. De acuerdo a un ejecutivo de PeTA, la mitad de los miembros de PeTA ni siquiera son vegetarianos. Si quieren que esas personas hagan contribuciones y los nombren a ustedes en sus legados, necesitan que ellos se sientan bien en cuanto al hecho de que continúan explotando animales. Si quieren codearse con las celebridades de Hollywood y otras personas famosas que consumen animales, no pueden tener una clara política vegana. Así que, en cambio, ustedes tendrán una política que incluya a todos pero, debido a que no rechaza ningún comportamiento como moralmente inaceptable, la posición no significa nada.

La esquizofrenia moral es asombrosa. PeTA rutinariamente condena a los explotadores de animales pero luego fracasa en reconocer que los consumidores que demandan productos animales —incluyendo todos esos miembros de PeTA que no son veganos— son los explotadores de animales que crean la demanda, en primer lugar.

En resumen, es triste que los mayores opositores al veganismo como base moral sean los así llamados defensores de los animales, como Newkirk y Singer [1;2]. Es angustiante cuando la respuesta de Newkirk al veganismo como principio es, “Desechen el principio,” o que aquellos que defienden el veganismo como principio “deberían estar viviendo en una cueva.”

Es preocupante cuando aquellos que gritan más alto que el veganismo es difícil o intimidante son los así llamados defensores de los animales.

Por favor, entiendan que no estoy cuestionando la sinceridad de Newkirk. Sólo creo sinceramente que ella está muy, muy equivocada.

Si no son veganos, por favor consideren hacerse veganos. No caigan en la falsa dicotomía entre carne y otros productos animales. No hay distinción moralmente coherente entre la carne y otros productos animales. Los animales utilizados para la industria láctea generalmente viven más, son tratados tan mal como –si no peor que– los animales criados para comida, y terminan sus vidas en los mismos horribles mataderos que los criados para carne.

Hacerse vegano es fácil —a pesar de lo que algunas grandes organizaciones animalistas afirman. Es mejor para su salud, es mejor para el planeta, y, lo más importante de todo, es lo moralmente correcto para hacer.

El veganismo no es una cuestión de compasión o piedad; es una cuestión de justicia fundamental.

El veganismo es lo mínimo que les debemos a los no-humanos sintientes.


30 de agosto de 2009

El neobienestarismo es un fracaso en sus propios términos




El enfoque abolicionista sostiene que el veganismo ético es una base moral; representa el reconocimiento de la personidad moral de los animales y el rechazo de la noción de que los animales son mercancías destinadas a uso humano. El veganismo ético es un componente esencial del compromiso con la no violencia.

El enfoque neobienestarista rechaza al veganismo como una base moral. En efecto, los neobienestaristas lo consideran como un “fanatismo” y como una cuestión de “pureza personal”, afirmar que el veganismo es algo más que un modo de reducir el sufrimiento. En este sentido, el veganismo no difiere de consumir carne/productos animales “felices”, o de ser vegetariano y tratar la carne de los animales como moralmente distinguible de otros productos animales.

En mi último comentario y en mis escritos, incluyendo otros ensayos de este sitio [ver, por ejemplo, aquí], expliqué que los neobienestaristas, al igual que los bienestaristas clásicos, consideran el sufrimiento animal como moralmente relevante pero no consideran que los animales no humanos sean seres que tengan interés en continuar existiendo. Por lo tanto, ellos no ven el uso y la muerte de los animales como moralmente objetable per se, siempre que los animales hayan tenido una vida razonablemente placentera y una muerte relativamente sin dolor.

El enfoque abolicionista sostiene que los defensores de los animales deberían ser veganos éticos y que deberían comprometerse en la educación vegana creativa y no violenta. El enfoque neobienestarista sostiene que los defensores deberían promover la reforma bienestarista que, según ellos, reducirá el sufrimiento.

Pero el enfoque neobienestarista no funciona ni siquiera en sus propios términos.

Consideren este extracto de "El libro de bolsillo del activista por los animales", de Matt Ball, de Vegan Outreach, y Bruce Friedrich, de PeTA:
"Cada año, el norteamericano promedio consume alrededor de una décima parte de una vaca, un tercio de un cerdo, un pavo, treinta y cinco pollos, y alrededor de cincuenta animales acuáticos (en su mayoría mariscos). Ella o él es también responsable por la producción de una gallina ponedora y de una trigésima parte de una vaca lechera.  
"Basándose en los números en bruto solamente, el mejor paso incremental que un comedor de carne puede dar por los animales es dejar de comer aves. Y así es como hablamos con la gente: focalizamos en la crueldad hacia las aves en primer lugar. Una vez que ellos han visto que pueden dar un paso, es mucho más fácil para ellos pasar a dejar de comer cerdos, peces (especialmente peces criados en granjas), huevos, ganado, y luego lácteos. 
"Pocas personas adoptan la dieta vegetariana de un día para otro. Si ayudamos a que más gente cambie aceptando la evolución incremental, –preferiblemente no comiendo más aves y peces primero, luego cerdos, luego vacas–, podemos ayudar a ahorrarle a muchos animales un terrible sufrimiento. Desde que la mayoría de la gente hará el camino inverso (dejando de comer vacas y cerdos primero), ayudamos realmente a los animales concentrándonos primero en la crueldad contra las aves de las granjas industriales."
Ball y Friedrich argumentan que las campañas bienestaristas que focalizan en la “crueldad en las granjas industriales de aves,” “le ahorrarán a muchos animales un terrible sufrimiento.”

Esta posición es problemática por al menos tres razones.

Primero; vamos a hablar de la cuestión de la psicología práctica. Aunque sea ciertamente admirable que Ball y Friedrich quieran que las personas se tomen a las aves en serio, la noción de que aquéllas que están comiendo vacas y cerdos van a desarrollar una preocupación moral respecto de las aves simplemente no es realista. Desafortunadamente, la mayoría de la gente tiene una opinión muiy negativa respecto de las aves. Muchas personas son casi hotiles para con las aves. Si el escenario de fondo de la tristemente célebre entrevista con Sarah Palin fuese una vaca siendo asesinada en vez de un pavo, la reacción del público habría sido muy diferente. Entonces, incluso si creen que la reforma bienestarista incremental es una buena idea, este enfoque simplemente está errado.

Segundo; asumamos que una persona deja de comer aves por completo. Puede que pase a comer más pescado o más huevos u productos lácteos y cualquier compensación del sufrimiento será contrabalanceada como consecuencia. La posición neobienestarista asume que por cada producto animal que no se consume, aquellas calorías serán reemplazadas por comida de origen vegetal. No hay razón para asumir esto. En efecto, hay razones para asumir lo contrario.

Por supuesto, en el mundo real, un enfoque incremental, si conduce a algo, llevará a las personas a comer menos carne vacuna y porcina y más aves, huevos, queso, etc. Y es precisamente por esto que el enfoque bienestarista incremental lleva a un aumento del sufrimiento general.

Tercero, los neobienestaristas asumen que una campaña focalizada en la crueldad de las granjas industriales de aves resultará en que las personas dejarán de comer aves.

¿De dónde diantres sacan los neobienestaristas esta idea?

¿No es más probable que estas campañas neobienestaristas resulten en consumidores que buscarán una de las alternativas a la carne “feliz” promovidas por PeTA y Vegan Outreach? Ambos grupos, junto a otras corporaciones neobienestaristas que siguen a Peter Singer, apoyan la norma del Animal Compasivo de Whole Foods. Nos dicen que, entre PeTA y Kentucy Fried Chicken, “no hay diferencia de opiniones respecto de cómo los animales deberían ser tratados”, dado que las aves son gaseadas y no electrocutadas. ¿Y qué acerca de aquellos maravillosos productos animales que tienen la etiqueta de "Certificación de Cría y Manejo Humanitarios” apoyada por la Humane Society de EE.UU, ASPCA, y otros grupos?

¿No es el objetivo explícito de estos programas de etiquetado, hacer que los consumidores se sientan más cómodos acerca de consumir productos animales? Esa es una pregunta retórica. Por supuesto que es el objetivo.

Así que ¿porqué los neobienestaristas piensan que las campañas referentes a las aves de granjas industriales van a hacer que las personas dejen de comer aves, cuando los neobienestaristas están ahí, ofreciéndoles un producto animal ”feliz”? ¿No es más probable que esos consumidores se muevan hacia el mercado de la carne “feliz” que los neobienestaristas han creado?

Y cualquiera que crea que la carne “feliz” promovida por esas organizaciones neobienestaristas realmente resultará en reducir el sufrimiento, probablemente también cree en Papá Noel y el conejo de Pascuas. La diferencia entre los huevos provenientes de gallinas en jaulas en batería convencionales y los huevos de gallinas “libres de jaulas” es equivalente —en la mejor de las hipótesis— a la diferencia entre ser torturado con descargas eléctricas estando sujeto a una silla acolchonada en vez de ser torturado con una descarga eléctrica estando sujeto a una silla sin acolchado.

En resumen, los neobienestaristas rechazan el veganismo como base moral porque ellos están preocupados principalmente por el sufrimiento. Pero sus propuestas para la reforma bienestarista incremental no lograrán una reducción del sufrimiento.

El neobienestarismo es un fracaso de acuerdo a sus propios términos.

Háganse veganos. Es fácil; es lo mejor para ustedes y para el planeta y, lo más importante, es lo que moralmente debemos hacer.



11 de abril de 2009

El falso mensaje de los neobienestaristas




Estoy suscripto, entre otros, a un periódico titulado Farmed Animal Watch, producido periódicamente por Farmed Animal Net, que es un esfuerzo conjunto de People for the Ethical Treatment of Animals, Farm Sanctuary, The Humane Society of the United States, y otros.

Farmed Animal Watch reporta, principalmente, las investigaciones de “abusos” cometidos en las industrias de la carne y los productos animales, y varios esfuerzos llevados a cabo por la industria y las agencias gubernamentales para “mejorar” el tratamiento de estos animales. De acuerdo a su sitio web:
Farmed Animal Net se esfuerza para ser una fuente objetiva y confiable de información académica e industrial para los defensores de los animales, educadores, investigadores, medios de difusión, legisladores, y otros.
Como educador, yo estoy a favor de una fuente de información “objetiva, confiable.” Pero también estoy preocupado con el mensaje normativo que se está transmitiendo en muchas de las historias de Farmed Animal Watch.

Por ejemplo, en la última edición (8 de abril de 2009), aparece el siguiente relato:
1.- ALEGACIÓN DE ABUSO EN LA MAYOR GRANJA DE HUEVOS DE NUEVA INGLATERRA.
El 1° de abril, la policía estatal y los funcionarios del Departamento de Agricultura de Maine allanaron una granja de huevos conocida como Maine Contract Farming and Quality Egg off New England, después de que el grupo Mercy for Animals (MFA) entablara una denuncia para que se levantaran cargos civiles y penales contra la instalación y sus trabajadores. Un investigador de MFA presuntamente documentó abusos de animales en la instalación, desde mediados de diciembre a febrero. “Esto realmente nos indicó que parecía haber algunas tremendas violaciones del bienestar animal en el lugar,” afirmó el veterinario Don Hoenig, acerca de la documentación, la cual incluía: supervisores y otros empleados pateando gallinas vivas dentro de pozos de estiércol, agujeros en los pisos de las jaulas suficientemente grandes como para que las gallinas cayeran en los pozos de abajo, gallinas con partes de su cuerpo incrustadas en las estructuras de las jaulas incluyendo unas 150 que estaban imposibilitadas de acceder a la comida o al agua, jaulas con cuerpos en descomposición y huevos podridos, gallinas matadas de manera inhumana y gallinas vivas en la basura (ver: http://tinyurl.com/cf2gaa ).
El problema general, con este tipo de declaraciones es que, aunque se proponga ser una declaración de hechos, conlleva un mensaje normativo implícito: que hay alguna diferencia entre la instalación de Maine, que involucra “abuso,” y otras producciones intensivas de huevos. La realidad es que puede haber pequeñas diferencias, pero el tratamiento de todas las gallinas en la industria de producción de huevos no puede ser caracterizado de nada menos que de tortura.

La historia de Farmed Animal Watch reporta que Radlo Foods, el mayor distribuirdor de huevos de la costa este, anunció que “cortará los lazos con Quality Egg y “’planea “transformarse, dentro de 10 años, en una empresa que trabajará exclusivamente con huevos de aves libres de jaulas,’ lo que la convertirá en la primera empresa nacional en hacerlo.” Esto sugiere que hay una diferencia significativa entre los huevos de gallinas criadas en jaulas en batería convencionales y los huevos de gallinas “libres de jaulas”. Pero, como muestra con claridad el excelente material educativo producido por defensores tales como el Santuary Peaceful Prairie, cualquier sugestión de este tipo es absurda. Tortura es tortura. La cámara de tortura puede tener las paredes pintadas con un lindo color y tener algunos cuadros, pero sigue siendo una cámara de tortura, y cualquier “mejoría” sirve fundamentalmente para hacer que aquéllos que infligen la tortura se sientan mejor acerca de su ambiente y de su conducta hacia las víctimas.

Como abolicionista, mi punto de vista es —y he presentado la argumentación en numerosos ensayos y otros materiales en este sitio como así también en mis libros y artículos— que no podemos justificar el uso de animales no humanos sintientes, independientemente de si el tratamiento es o no “humanitario”. Esto es, si pudiéramos criar animales sin ningún sufrimiento y aflicción y matarlos sin dolor, seguiría siendo moralmente erróneo hacerlo así, porque la vida de todos los seres sintientes tiene un valor moral que impide que los tratemos exclusivamente como un recurso. Pero la realidad práctica es que no podemos criar animales sin ningún sufrimiento y aflicción y matarlos sin dolor; la realidad práctica es que todo producto animal que consumimos –sea de un supermercado local o de algún vendedor de carne/productos animales “felices” de alto costo, o de una pequeña granja familiar —es el resultado de un trato que, clara e inequívocamente, consideraríamos como tortura, si esas víctimas fueran humanas. Algunos lugares pueden ser menos brutales que otros pero todos son terribles; todos implican sufrimiento, aflicción, y privación; todos implican muerte.

El movimiento neobienestarista, que promueve la idea de que podemos hacer este sistema de violencia y muerte mejor o más “humanitario,” está promoviendo un mensaje que creo que es falso. Acepto que los nuevos bienestaristas están actuando de buena fe cuando promueven los huevos “libres de jaulas”, pollos gaseados, o medidas tales como la Proposición 2 de California. Simplemente pienso que están seriamente equivocados, y no veo ninguna evidencia que sugiera que todas esas campañas estén haciendo algo más que hacer que los humanos se sientan más confortables acerca del hecho de consumir no humanos.

Ciertamente tenemos que dejar en claro al público la naturaleza del tratamiento de los animales que consumimos. Pero también deberíamos dejar en claro que este sistema no puede reformarse de ninguna manera que satisfaga las prreocupaciones morales fundamentales. Todo esto es abuso. Todo esto es moralmente injustificable. Nunca deberíamos usar el término “humanitario” para describir algún componente de esta máquina de violencia, tortura y muerte.

Recientemente, Home Box Office presentó un documental titulado "Death on a Factory Farm" [Muerte en una granja industrial] que presenta los horrores de una granja de cerdos en Ohio. La respuesta usual de aquellos que vieron este documental fue: “sí, ésa fue una granja horrible pero no todas son tan malas ¿no?” La breve respuesta es: sí, todas son tan malas y cuando algunas son mejores, aún son espantosas. Hay una diferencia entre ser torturado por 2 horas y ser torturado por 3 horas y 5 minutos. Pero es lo primero, ¿es moralmente aceptable o “humanitario” lo primero porque implica 5 minutos menos de tortura?

Tenemos que dejar de lado esta fantasía de que es posible producir productos animales sin tortura. Es imposible. Punto final. Repito que aún consideraría que la matanza de no humanos es moralmente errónea incluso si no fuera ése el caso, pero es el caso. Consumir animales necesariamente significa que apoyamos la tortura.

Hay una sola respuesta al reconocimiento de que los no-humanos sintientes son miembros plenos de la comunidad moral: deberíamos hacernos veganos y usar medios creativos y no violentos para educar a todos los que podamos a hacer lo mismo. Nunca cambiaremos el paradigma moral si nuestro mensaje es que el problema es el “abuso” de alguna granja industrial de Maine, o que los huevos provenientes de gallinas “libres de jaulas” son algo más que un artificio que a nosotros hace sentir mejor acerca de explotar a los animales.


8 de abril de 2009

La gran ´victoria´ del neobienestarismo






Argumenté, en mi trabajo, que los defensores de los animales no deberían gastar su tiempo y recursos en campañas de un solo tema, porque dado que no hay una base política a favor de abolir la explotación animal, no puede haber una esperanza realista de que se adopte una legislación que proteja significativamente los intereses animales, a través de la prohibición de varias formas de explotación animal. Los neobienestaristas, que están a favor de las campañas de un solo tema y que no concuerdan con que el enfoque vegano-abolicionista es necesario, con frecuencia señalan la “prohibición”, en Gran Bretaña, de la caza de zorros con perros, como el típico ejemplo de cómo la regulación de bienestar animal puede trabajar para proteger los intereses de los animales.

Opino que los defensores del neobienestarismo están equivocados.

La “prohibición” de la caza del zorro es un ejemplo clásico de la inutilidad de las campañas bienestaristas centradas en un solo tema.

La “prohibición”, supuestamente, prohibe el uso de perros para cazar zorros, pero permite a los cazadores usar a los perros para seguir el rastro del zorro y azuzarlo para que salga de su escondite. 

Es legal, para los cazadores, usar perros para azuzar a un zorro —u otro mamífero salvaje— y entonces dispararle o usar un halcón para matar al animal. Los que apoyan la caza están burlando la ley y estimulando la explotación de todas las lagunas normativas con el resultado de que se está matando a más zorros que antes de la “prohibición”.

La BBC reporta que 4 años después de que la “prohibición” entró en vigencia:
«No se fue a la quiebra ni solo negocio relacionado con la caza, hay el doble de perros de caza registrados en relación a tres años atrás y –conforme a la Alianza–, el número de personas cazando aumentó en un 11%.»
Con los Conservadores al frente de los Laboristas en los sondeos de opínión —y prometiendo un voto libre a propósito de la Ley de Caza se ellos vencieran en la próxima elección— los que apoyan la caza afirman que la revocación es, ahora, una probabilidad, en vez de una posibilidad.

Es claro que la “prohibición” de la caza de zorros es cualquier cosa menos una “prohibición” y que es un ejemplo clásico de la inutilidad de la reforma bienestarista que apunta a un solo tema.

La cuestión de la explotación animal requiere un cambio de paradigma moral. El cambio debe empezar con la educación vegana creativa y no-violenta.

9 de abril de 2008

¿Un “novedoso enfoque” o simplemente más neobienestarismo?




Martín Balluch, un animalista austríaco, presidente de la Association Against Animal Factories de Austria, está divulgando un ensayo de su autoría que califica, según creo, como el comienzo de “un nuevísimo enfoque” dentro del debate derechos/bienestar.

El ensayo de Balluch es extenso y, en ciertos trechos, intrincado, pero la tesis básica es realmente bastante simple.

De acuerdo a Balluch, adoptar el enfoque abolicionista y promover la educación vegana/abolicionista, en vez de la reforma reguladora bienestarista, “no puede más que fracasar” porque, en una sociedad especista, “vivir veganamente cuesta una enorme cantidad de energía, de forma que sólo una pequeña minoría tendrá suficiente motivación y determinación para ser capaz de sostenerla.”

Entonces, ¿Cuál es el “nuevísimo enfoque” que Balluch propone?

Balluch argumenta que deberíamos apoyar la reforma bienestarista. Afirma que “al menos es posible” que la regulación bienestarista eventualmente lleve a la abolición tanto en el ámbito individual como en el social. O sea, apoyar la reforma bienestarista llevará al individuo, por una cuestión psicológica, hacia el veganismo y hará que la sociedad, por una cuestión política, se mueva hacia la abolición.

En suma, Balluch no está proponiendo un “nuevísimo enfoque” en absoluto.

Está meramente proponiendo lo que identifiqué como “neo-bienestarismo” en mi libro de 1996: LLuvia Sin Truenos: La Ideología del Movimiento de Derechos Animales, y en mis otros escritos. El neobienestarismo considera que hay una relación causal entre la reforma del bienestar animal y la abolición, en el sentido de que la primera conducirá a la segunda, y que es la mejor —o la única— manera de alcanzar la abolición. Ya argumenté acerca de que el neobienestarismo es problemático tanto en el aspecto moral como en el aspecto práctico.

El neo-bienestarismo es problemático moralmente porque involucra a los animalistas que dicen apoyar la abolición en campañas por maneras supuestamente “más humanitarias” de explotación animal. Esto no difiere de oponerse a la tortura, la violación, el abuso sexual infantil, o la esclavitud humana, y hacer campañas por versiones más “humanitarias” de aquellas formas de explotación en vez de trabajar directamente por su abolición. Si la explotación animal no puede ser moralmente justificada, entonces los defensores de los derechos de los animales deberían no promover formas “mejores” de hacer una cosa errada.

En el aspecto práctico, el bienestar animal simplemente no funciona. El bienestar animal proporciona protección a los intereses de los animales solo en la medida en que hacerlo es económicamente beneficioso para nosotros. Esto no debería sorprendernos, partiendo de la base de que los animales son propiedad; son mercancías que no tiene otro valor que no sea aquél que nosotros le acordamos. Los animales son diferentes de las cosas inanimadas que poseemos porque, a diferencia de esas cosas, ellos son seres sintientes que tienen intereses. Pero cuesta dinero proteger esos intereses y nosotros estamos generalmente dispuestos a “comprar” sólo el nivel de protección que esté justificado por el valor económico de la propiedad animal. Así, por ejemplo, podemos exigir el aturdimiento de la vaca antes de tumbarla, colgarla, y cortarla, pero hacemos esto porque si no lo hiciéramos, la vaca se sacudiría, golpearía a los trabajadores, y causaría daños a su propio cuerpo que disminuirían la calidad de su “carne”.

Ya hemos tenido leyes de bienestar animal durante 200 años y no hay absolutamente ninguna evidencia de que la reforma del bienestar animal conduzca a la abolición de la explotación animal. En realidad, ahora estamos explotando más animales en las más horribles formas que en ningún otro momento de la historia de la Humanidad. Más aún, cuando el público cree que los animales son tratados más “humanamente”, esto tiende a incentivar la continuidad de la explotación. Hoy en día, vemos en los medios una historia tras otra historia acerca de cómo personas que una vez habían dejado de comer carne o algún otro producto de origen animal, volvieron a comerlos porque creen que los animales son tratados mejor gracias a las supuestas reformas del bienestar animal.

Balluch solicitó mi específica reacción a su “nuevísimo enfoque”. Ofrezco los siguientes comentarios.

La educación vegana “solo puede fracasar”

Balluch argumenta que educar a la gente acerca del veganismo es una pérdida de tiempo, porque en Austria esto se hizo durante 130 años y no funcionó.

No puedo hablar de la situación en Austria, pero en términos generales, el movimiento animalista nunca promovió el veganismo como su claro e inequívoco basamento moral. Por el contrario, el veganismo es caracterizado por los líderes de la defensa animal, tales como Peter Singer, como “fanático”. Singer habla del consumo ocasional de productos animales como un lujo y afirma que incluso tenemos una obligación de no ser veganos si esto pudiera perturbar a otros. 

El movimiento promueve activamente “carne/productos animales “felices” y el etiquetado de los cuerpos y otros productos animales que estuvieren producidos “humanamente”, y otorga premios a los diseñadores de mataderos. El movimiento hace una distinción entre carne y otros productos animales, tratando el ovo-lacto “vegetarianismo” como la posición automática.

El movimiento animalista, con la excepción de pioneros como Donald Watson, ha marginado sistemáticamente el veganismo porque si ustedes le dicen a la gente que el veganismo es lo menos que ellas pueden hacer si se toman los derechos de los animales en serio entonces sus ingresos económicos pueden descender. Balluch lo reconoce. Manifiesta que los grupos de bienestar animal austríacos ingresan 30 millones de euros anualmente y que “algunos de esas sociedades promueven explícitamente el veganismo en sus impresos. Si todos los grupos animalistas tuvieran que cambiar sus campañas, tornándose puramente abolicionistas, ellos reducirían su tamaño de forma similar a los grupos veganos, y perderían toda su influencia y su capacidad para promover el veganismo también”. Entonces nosotros no podemos promover la abolición y el veganismo porque eso disminuiría las donaciones y acabaría con lo que sea el activismo vegano que es apoyado por esos grupos bienestaristas. La lógica de Balluch es asombrosa.

Pero aunque Balluch estuviera incurriendo en un error al sostener que el veganismo haya sido alguna vez la base del movimiento, este error no afectaría su análisis porque, de acuerdo a Balluch, incluso si todo el movimiento se comprometiera con el veganismo y lo promoviera como su claro e inequívoco principio moral, esto no importaría. La gente simplemente no va a tornarse vegana porque la sociedad es especista y, para la mayoría de las personas, tornarse vegano es demasiado difícil. El público simplemente “seguirá la corriente y adoptará el modo de vida que le demande menos resistencia”.

Sin embargo, nosotros no deberíamos perder la esperanza, de acuerdo a Balluch, quien especula que “al menos es posible, si no probable, que una persona evolucione psicológicamente desde el uso de los animales hacia los derechos animales, a través del bienestar animal”. Esto es, si alentamos a la gente a apoyar el bienestar animal, es “posible, si no probable”, que ellos se hagan veganos, eventualmente.

Balluch no es claro acerca de cómo, exactamente, tendría lugar esta transformación. En ciertos parágrafos, parece sostener que la regulación del bienestar animal eventualmente tornará tan caros a los productos animales, que la gente no tendrá más elección que no sea convertirse en veganas. Sin tener en cuenta que ese escenario asume que un público a quien no le interesa la abolición va a apoyar la reforma regulatoria incremental que, afirma Balluch, conducirá a la abolición, la regulación bienestarista, como explico abajo, generalmente incrementa la eficiencia económica de la explotación animal y no aumenta el costo de producción. Y dada la realidad del “libre-comercio”, aun si la regulación aumentara el costo de producción y los precios, habría productos importados más baratos para satisfacer la demanda.

En otros pasajes, Balluch parece afirmar que apoyando la reforma bienestarista, la gente eventualmente comprenderá que el uso de animales está mal en sí mismo. Esto es, si nosotros alentamos a la gente a creer que la explotación de los no humanos es moralmente aceptable porque está regulada, ellos eventualmente terminarán viendo que no es moralmente aceptable en absoluto. ¿Por qué piensa Balluch que reforzar el punto de vista de que el uso de los animales es moralmente aceptable llevará al eventual fin del uso de los animales? Balluch afirma que las campañas bienestaristas ayudan a que la gente se sensibilice con el sufrimiento animal. Pero un número abrumador de personas ya acepta y lo hace desde hace mucho tiempo, que es moralmente erróneo imponer sufrimiento “innecesario” a los animales. No hay evidencia empírica de que esto haya llevado hacia la dirección abolicionista.

El argumento de Balluch para demostrar porqué la educación “sólo puede fracasar” no es, en absoluto, un argumento. Él meramente da por sentada la cuestión sin que quede probada, afirmando que precisamos apoyar el bienestar animal porque precisamos apoyar el bienestar animal.

Encuentro difícil creer, sino imposible, que si el movimiento, en vez de hacer campañas por la reforma bienestarista, hubiera decidido invertir en la promoción del veganismo de una clara e inequívoca manera, los cientos de millones —quizás billones— de dólares que ha gastado a lo largo de décadas en EE.UU solamente, no habría cientos de miles veganos más que los que hay en la actualidad. Esto constituiría la fundación de un movimiento social y político que podría buscar una protección significativa para los intereses animales, incluyendo la prohibición del uso de los mismos.

Finalmente, el ensayo de Balluch prove un ejemplo excelente de cómo los animalistas marginan la posición vegana. Balluch hace un gran esfuerzo para explicar cuán difícil es ser vegano en una sociedad no vegana. En cualquier caso, dado que estos animalistas presentan el veganismo como un sacrificio extremo que convierte a la gente en un “mártir” por los animales o en un “fanático”, ellos no incentivarán a otros a convertirse en veganos. He sido vegano por 26 años. No lo considero como ningún sacrificio y los alimentos básicos para una dieta vegana están disponibles casi en cualquier lado. No me siento más tentado de comer productos animales por el hecho de vivir en una sociedad especista de lo que me sentiría a hacer cualquier otra cosa que considero fundamentalmente errónea en el plano moral.

Incluso si Balluch estuviera acertado en la cuestión de que la gente no siempre cumplirá con su compromiso con el veganismo, esto no debería determinar lo que nuestro mensaje debe ser. El hecho de que el racismo, el sexismo y el heterosexismo todavía estén presentes en nuestra cultura no significa que debamos alterar el mensaje y condonar estas formas de discriminación porque mucha gente todavía las practica.

La irrelevancia del público

Balluch afirma que el público es irrelevante para la lucha por los derechos animales porque el conflicto es “entre el movimiento por los derechos animales y las industrias de animales”. El público en general es irrelevante. El público simplemente “seguirá con la corriente y vivirá el modo de vida que le demande menos resistencia”

Aunque es cierto que el capitalismo vive de manufacturar los deseos que surgen en el público, la noción de que “las industrias de animales” son el motor principal para la explotación animal es absurda. Las industrias de animales existen porque el público demanda los productos animales. Si el público parara de demandar productos animales, aquéllos que tienen capital invertido en el negocio animal transferirían ese capital hacia cualquier otro lugar.

Hay poca, si alguna, evidencia empírica de que el público toleraría cualquier desafío real a su capacidad para consumir productos animales. El público puede apoyar reformas superficiales que no provoquen un aumento significativo en los precios, particularmente cuando productos más baratos puedan ser importados, pero Balluch está eludiéndose a sí mismo si piensa que su estrategia de legislar el veganismo a través de la reforma bienestarista —incluso si eso fuese posible en términos prácticos— sería aceptada por el público, antes de que el público estuviera convencido de que el uso de los animales es inmoral. Además de eso, la noción de que el movimiento por los derechos animales es capaz —sin el apoyo activo del público— de ejercer la presión necesaria para cualquier cambio significativo indica una profunda falta de entendimiento del proceso político.

El efecto económico de las reformas del bienestar animal

Balluch afirma que “al menos es posible —incluso si aún no tenemos datos para probarlo— que una sociedad evolucione políticamente desde el uso de los animales hacia los derechos animales, a través del bienestar animal” Supone que las reformas de bienestar animal, debilitan la industria animal y bajan la demanda de los productos animales al hacerlos más caros, y hacen que la gente opte por las alternativas veganas.

Balluch falla en su comprensión de la naturaleza de la explotación animal y la reforma bienestarista.

La reforma bienestarista, de un modo general, no debilita las industrias animales. Esto debido a que la reforma bienestarista generalmente hace a la explotación animal económicamente más eficiente y, de hecho, fortalece la industria de animales. Por ejemplo, las alternativas para las jaulas de gestación y los establos de confinamiento de terneros han demostrado incrementar la ganancia de los productores.

La campaña actual en los EE.UU. para reemplazar el aturdimiento eléctrico de las aves por la “muerte en atmósfera controlada” [CAK], está explícitamente basada en los beneficios económicos que los productores y los consumidores disfrutarán. De acuerdo a la Humane Society of the United States, gasear a las aves resultará en ahorro de costos y aumento de las ganancias, al disminuir los perjuicios sufridos en los cadáveres, como así también reducir la contaminación, y los costos de refrigeración; incrementando la producción de carne, de su calidad, y de su durabilidad en los puntos de venta; y mejorando las condiciones de los trabajadores.

De acuerdo a People for the ethical Treatment of Animals (PeTA), el método de matanza con aturdimiento eléctrico “rebaja la calidad y el rendimiento del producto” porque las aves sufren fracturas de huesos y el proceso resulta en una contaminación peligrosa para la salud humana. El método de aturdimiento eléctrico también aumenta los costos laborales” en varios aspectos. PeTA sostiene que el “CAK incrementa la calidad y rendimiento del producto” porque los huesos quebrados, las magulladuras, y la hemorragia son supuestamente eliminados, la contaminación se reduce, “la durabilidad en los puntos de venta” aumenta, y se produce “carne de pollo más tierna”. PeTA también afirma que el “CAK reduce los costos laborales” al reducir la necesidad de ciertas inspecciones, reduciendo los accidentes, y bajando la rotación de los trabajadores. CAK proporciona “otros beneficios económicos” a la industria avícola al permitir que los productores ahorren dinero en costos de energía, y al reducir el desperdicio de los subproductos y la necesidad del uso de agua.

Más aún, los productores pueden obtener una ganancia extra, cobrando más caro al consumidor por su carne etiquetada como producida en forma “humanitaria” y quizás incluso hasta consigan el apoyo de las organizaciones bienestaristas que patrocinan o apoyan diversos tipos de etiquetados.

La reforma bienestarista no afecta la demanda del consumidor por varios motivos.

Primero, la mayoría de esas reformas no resultan en un aumento del precio lo suficiente como para afectar la demanda.

Segundo, en el caso de que el aumento fuera significativo, los consumidores no se pasan a las alternativas veganas, sino que buscan productos menos caros. Entonces, si el precio de la carne bovina sube por cualquier razón que sea, los consumidores compran más pollo, o cerdo, o peces. No compran tofu.

Tercero, dado que buena parte del mundo, ahora, está involucrada con acuerdos de “libre comercio” de uno u otro tipo, un aumento en el precio de una mercadería en un país solamente va a causar la entrada de productos importados más baratos en el mercado.


Los ejemplos de Balluch

Los ejemplos que Balluch da para apoyar su posición no cumplen su objetivo.

Su ejemplo principal involucra la industria austríaca del huevo. Balluch afirma que Austria ha prohibido las jaulas en batería antes del supuesto plazo final del 2012 de la Unión Europea y que la producción de huevos cayó un 35%. No conseguí encontrar nada que apoye esta afirmación. De acuerdo a Statistics Austria: “la producción total de huevos en Austria fue de 89,271 toneladas en 2005 y 90.613 toneladas en 2006″. Esto es un incremento del 1,5%. De esta producción total, 3.510 toneladas de huevos en 2005 y 3.902 toneladas en 2006 fueron destinadas a las incubadoras. Substrayendo estos números del total, la producción de huevos fue de 85.761 toneladas en 2005 y 86.711 toneladas en 2006. El consumo por habitante de huevos en Austria subió de 233 en 2005 a 236 en 2006. Y parece que Austria está importando más huevos también. Los datos de la producción para 2007 no están aún disponibles en Statistics Austria. No sé de dónde sacó Balluch su cifra referente a una reducción del 35% en la producción de huevos, pero tal afirmación no está confirmada por las estadísticas que yo encontré.

Más aún, en algunos aspectos, el nivel de producción de huevos en Austria es irrelevante. Austria es parte de la Unión Europea. Si el precio de los huevos se incrementa significativamente en Austria, o si la producción de huevos en Austria no encuentra demanda para los huevos —lo cual sería el caso si Balluch estuviese acertado en cuanto a la reducción del 35% en la producción— los huevos serían importados desde otros países de la Unión Europea que aún tengan las jaulas en batería convencionales. Aunque la Unión Europea se haya propuesto prohibir la jaula en batería a partir del 2012, la noción de que todos los países de la Unión Europea van a cumplir para esa fecha está muy fuera de la realidad. Es más, la Directiva de la Unión Europea permite el uso de jaulas “enriquecidas”, las cuales son, en esencia, jaulas en batería condenadas hasta por las organizaciones de bienestar animal conservadoras. Estas jaulas pueden continuar siendo usadas incluso si todos los países de la Unión Europea cumplieran con la Directiva para el 2012. Aunque Balluch afirma que Austria también ha prohibido la jaula “enriquecida”, en otra parte de su sitio web afirma que las jaulas “enriquecidas” construidas antes del primero de enero de 2005 pueden ser usadas en Austria por 15 años a partir de su primera utilización.

Finalmente, Balluch presupone que los huevos de aves sin “jaulas en batería” o “de granero” proporcionan una mejor vida para las gallinas. Esto es un mito. Den un vistazo a los excelentes materiales (12) publicados por el santuario Peaceful Prairie Sanctuary acerca de los huevos de aves criadas “a campo libre”.

Balluch ofrece varios ejemplos más. Cita la prohibición austríaca del uso de animales salvajes en los circos. El problema, es claro, es que todavía se permite el uso de animales domesticados en los circos austríacos, y Balluch expresa que “los caballos, los camellos, el ganado, los cerdos y los perros” continúan siendo usados en los circos. Tal vez él piense que hay una diferencia moral entre el uso de animales no-domesticados y el uso de animales domesticados. Yo no estoy de acuerdo.

Balluch cita la prohibición, en Austria, de las granjas peleteras, pero reconoce que la prohibición “no redujo la cantidad de piel vendida en Austria, ya que los comerciantes simplemente se volcaron hacia las pieles importadas” La propia observación de Balluch refuta su tesis general de que el público es irrelevante, que la educación es una pérdida de tiempo, que el problema de la explotación animal es un conflicto entre los defensores de animales y la industria de animales, y que el público simplemente “seguirá la corriente y vivirá el modo de vida que le demande menos resistencia.” Austria prohibió las granjas de pieles. Los criadores de pieles se arruinaron, pero la venta de pieles en Austria no declinó. Esto prueba, de una manera muy convincente, que si el público no es educado y la demanda de los productos animales persiste, los animales continuarán siendo explotados. El hecho de que la actual mantanza de animales pueda hacerse en cualquier otro lugar, es irrelevante.

Balluch afirma que Austria tiene lo que él aparentemente considera como leyes estatutarias y constitucionales únicas, que protegen a los animales de ser matados “cualquiera sea el modo indoloro y ‘humanitario’ con que sea causada esa muerte”:
  • §6 [1] Derecho Animal: Se prohibe matar a cualquier animal sin una buena razón
  • §222 [3] Derecho Penal: Se prohibe matar a los animales vertebrados sin ninguna buena razón.
  • Constitución: El Estado protege la vida de los animales como cohabitantes de los humanos.
Balluch ignora el hecho de que usar animales para la explotación institucionalizada constituye una “buena razón” para matar animales en lo que a la ley concierne y en cuanto a lo que se aplica a Austria, lo cual, hasta donde yo sé, no se ha convertido en un país vegano. Él aparentemente no es consciente de que muchas leyes contra la crueldad en animales tienen previsiones semejantes y que la ley de Austria no es única en ningún sentido.

Balluch menciona la prohibición de 2005 en relación al no uso de grandes simios no humanos en experimentos en Austria. Dejando de lado que los vivisectores austriacos ya habían dejado prácticamente de usar grandes simios antes de que la prohibición fuera promulgada, la noción de que los grandes simios son más “como nosotros” que otros humanos y que son por lo tanto merecedores de una mayor protección legal, refuerza el especismo, en vez de disolverlo. 

Ciertamente me alegra que los viviseccionistas en Austria no puedan usar grandes simios no humanos para experimentación en el futuro, pero prevengo a los defensores de los animales contra hacer campañas por cualquier legislación sobre la fundamentación de que algunos no humanos “son más iguales que otros” en razón de su semejanza con los humanos. Es la sensibilidad el único criterio requerido para adquirir personalidad.

“Activismo de dos pistas”= “Activismo de la pista errada”

El análisis de Balluch es similar al de otros neobienestaristas. Por ejemplo, en un ensayo reciente, distribuido por “Vegan” Outreach, Norm Phelps promueve lo que él denomina el “activismo de dos vías”, el cual involucra el apoyo a las reformas bienestaristas. Según Phelps, esas reformas hacen que la gente sean “mucho más receptivas a un mensaje vegano”. Afirma que aquellos que apoyan el enfoque abolicionista prefieren la consistencia teórica a los resultados prácticos. Como Balluch, Phelps simplemente presupone que la reforma bienestarista perjudica la industria. Como Balluch, él parece no tener la menor idea del manejo económico que está por detrás de la reglamentación bienestarista.

Por ejemplo, Phelps acepta la afirmación de que la campaña de la HSUS referida a la jaula en gestación es ejemplo de un esfuerzo que “estropeará económicamente” a los productores de carne. Tal vez Phelps debería leer el reporte de la reporte de la HSUS acerca de las jaulas de gestación, el cual afirma que los estudios europeos indican que:

La productividad de las cerdas es mayor en los alojamientos en grupo que en las jaulas individuales, como resultado de la reducción en el porcentaje de heridas y enfermedades, una más baja incidencia de nacimientos de fetos muertos, y un más rápido retorno al ciclo de gestación después del parto. Los sistemas de alojamiento en grupo que emplean el ESF [alimentación electrónica de las cerdas] son particularmente económicos… La sustitución de las jaulas de gestación por los alojamientos en grupo con ESF reduce levemente los costos de producción y aumenta la productividad.

La HSIS cita estudios que demostrando:
«Que el costo total por lechón vendido es 0.6 % menor en los ESF sistemas en grupo, mientras que la ganancia para el criador es 8 por ciento más alta, por el incremento de la productividad… que, en comparación con las jaulas en gestación, los sistemas de alojamientos en grupo con ESF disminuyeron el tiempo de trabajo un 3 % y aumentaron un poco la ganancia por cerda por año… [y que] lo ahorrado en la granja de cerdas puede ser invertido en la granja de engorde, donde el costo por unidad de peso disminuyó 0,3%. Es solo este cambio en los costos lo que se reflejaría en el precio minorista del cerdo.»
HSUS concluye:
«Es probable que los productores que adopten el alojamiento en grupos con ESF van a poder aumentar la demanda de sus productos o cobrar un precio que les va a hacer ganar una ganancia extra. Una encuesta del año 2003 reveló que el 77% de los consumidores de Iowa comprarían productos porcinos provenientes de las empresas cuyos proveedores criaran y sólo procesaran sus cerdos en condiciones humanitaria y medioambientalmente saludables.»
Además de eso, Balluch y los otros neobienestaristas parecen no entender que vivimos en un mundo de recursos limitados. Todo dólar y todo minuto que empleemos en la promoción de reformas bienestaristas representan menos recursos disponibles para la educación vegana no violenta y creativa. Entonces no se trata de un activismo en “dos pistas”, si una de esas pistas está equivocada.

Finalmente, Balluch afirma que yo apoyo la reforma bienestarista incremental en Lluvia Sin Truenos, pero que yo soy demasiado limitado en lo que considero que es la reforma abolicionista. Sus comentarios sugieren que estoy a favor de la reforma bienestarista y esto no es correcto. En mi libro argumento que los animalistas deben concentrarse en el veganismo y en los esfuerzos educacionales no violentos a fin de minar el paradigma de la propiedad. Argumenté que si los defensores querían perseguir la reforma, deberían al menos perseguir prohibiciones de los componentes institucionales de la explotación que sean significativos, dentro del contexto de una campaña que reconociera el valor inherente de los animales no humanos y fuese explícitamente presentada al público como parte de un conjunto de esfuerzos para abolir todo el uso de animales.

La propuesta de Balluch, debería resaltarse, no atiende siquiera estos criterios. Por un lado, afirma que una reforma bienestarista “es un paso rumbo a los derechos animales sin perjudicar significativamente las industrias de de explotación animal”. Una campaña de este tipo no atendería necesariamente los criterios que presenté en Lluvia Sin Truenos. Por otro lado, él parece afirmar que los animalistas deberían apoyar cualquier reforma, inclusive las etiquetas de producción “humanitaria” para la “carne feliz”, porque cualquier reforma bienestarista probablemente constituirá más apoyo para el bienestar animal que, según Balluch, conducirá en la dirección de los derechos animales. Estas campañas no solo no reducirán incrementalmente la condición de propiedad de los no-humanos; ellas la reforzarán.

Conclusión

En resumen, no hay nada nuevo en el enfoque de Balluch. Él está meramente proponiendo el paradigma neobienestarista, el cual ha dominado el movimiento en los EE.UU. y Gran Bretaña desde los años 90’, y que ahora, aparentemente, ha sido exportado a otras partes de Europa.

La noción de que nosotros debemos promover el bienestarismo para minar el bienestar es absurda y tiene que ser rechazada por aquéllos que se preocupan tanto en promover un mensaje moralmente significativo como en los resultados prácticos.

El enfoque neobienestarista no facilita ni una cosa ni otra. El enfoque abolicionista posibilita ambas.

Ser vegano no es es, como Balluch y otros sugieren, una cuestión de dolorosa abnegación e inmenso sacrificio. Es fácil, mejor para su salud y mejor para el planeta. Y, lo más importante, es la aplicación del principio de la abolición de la explotación de los animales no humanos en su vida diaria.

Si usted no está dispuesto a ser un vegano, simplemente enfrente el hecho de que no se preocupa lo suficiente en hacer una cosa que usted tiene el poder de hacer: decidir lo que lleva a su boca, o lo que viste, o lo que usa en el cuerpo. No pierda su tiempo y dinero apoyando organizaciones bienestaristas que le dicen que determinado abuso de animales es peor que otros y que si usted les envía una donación ellas resolverán el problema en su lugar.

No, siendo veganos ustedes no estarán resolviendo todos los problemas del mundo. No conseguirán salirse completamente de la explotación animal que impregna cada aspecto de nuestras vidas y que está presente incluso en la superficie de las carreteras, la pintura de nuestras casas, plásticos, y muchas otras cosas. Pero si la mayoría de nosotros saca los productos animales de nuestros platos, y deja de consumirlos de cualquier otra manera, la industria encontraría muy rápido alternativas a los subproductos baratos de origen animal.



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